La novia del rey vampiro - Capítulo 9
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9: Castigo 9: Castigo Punto de vista de Guisell El palacio amaneció con su caos habitual.
Hoy, una vez más, el agua para bañarse estaba helada, pero no tengo tiempo para lamentarme.
Tengo que llegar rápido a la habitación de Eira; ya esta gritando como una loca poseída.
Corro por el interminable pasillo de mármol, cuyas paredes altas están adornadas con tapices que ya ni miro, y al abrir la pesada puerta de su alcoba me encuentro con la escena que temía: las zapatillas de terciopelo de Eira que limpié con tanto cuidado ayer, están completamente manchadas de pintura azul.
—¡No puede ser!
—exclamo en un susurro, pero es demasiado tarde.
—¡Madre, mira lo que hizo Guisell!
¡Quiere arruinar mi cita con Emmet!
—grita mi prima, con una voz que corta como un cuchillo.
mi tía me mira con unos ojos de repulsión de odio y sin dudar ni un segundo.
Sus dedos se clavan en mi cabello con una fuerza brutal y comienza a arrastrarme por el frío pasillo, mi cuero cabelludo arde.
—¡Por favor, tía!
¡No sé qué pasó, yo no fui, lo juro!
—suplico, pero mis palabras se ahogan.
Siento el escozor de las lágrimas calientes que comienzan a humedecer mis mejillas.
Sé que es inútil; mi tía siempre le cree a Eira, su hija perfecta y aunque fuera mentira mi tia me odia tanto que le da igual si fui yo o no realmente.
De pronto, llegamos a un rincón oscuro y húmedo del palacio, cerca de los antiguos almacenes.
Como es costumbre, mi tía toma una vara fina y flexible que guarda allí.
Sin mediar palabra, empieza a golpearme los pies, las manos y la espalda.
El dolor es un latido agudo y ardiente que me hace gritar sin poder contenerme, las marcas ya no me importan solo me importa que me suelte antes de matarme, mi cuerpo delgado cada día aguanta menos el dolor.
Cuando logro levantar la mirada, entre las lágrimas, veo a Eira observándome desde la entrada, con una sonrisa burlona en sus labios.
¿Por qué son siempre así conmigo?
¿Qué les hice yo?
Esto lo hizo ella con sus amigas, como siempre, solo buscan ver como soy golpeada por mi tia.
—¡Rápido, Guisell, lárgate a la cocina antes de que vuelva a golpearte!
esta ves no tendré compasión de ti —me ordena mi tía.
Me paro como puedo, con el cuerpo adolorido, y me echo correr hacia la cocina.
Algunas de las sirvientas me miran con compasión, pero todas quieren ganarse el favor de mi tía y de Eira, así que rápidamente comienzan a darme órdenes.
—Ve a limpiar los establos —me dice una con dureza.
Pero no me importa.
Corro hacia allí, lo mas rápido posible antes que mi tia me vea y piense que no hago nada.
Los establos son mi refugio, los caballos son mis únicos amigos; a ellos les puedo cantar sin que se rían de mí, les puedo contar mis tristezas sin juzgarme, me encanta cepillar su pelo suave.
Al llegar al establo, ya me están esperando, y mi caballo favorito Luna, un corcel blanco como la luna llena que brilla con una luz plateada, se acerca y comienza a lamer mis heridas con su lengua áspera pero gentil.
Su cuidado me hace sentir un poco mejor.
Mientras lo baño y lo cepillo, le canto una canción tranquila, luego, los alimentos a todos.
Al ver la posición del sol, me doy cuenta de que es mediodía.
Imagino que Eira y mi tía ya se habrán ido a la ciudad.
Aprovecharé para ir a cortar algunas manzanas al árbol que está cerca del río.
Allí podré lavar mis heridas y nadar un rato para limpiar mi cuerpo y mi vestido, que está sucio y rasgado.
El alivio que siento al sumergirme en el agua fresca y limpia del lago es indescriptible.
El sol calienta mi piel mientras nado, lavo mi ropa y la exprimo para volver a ponérmela húmeda.
Luego, recolecto unas cuantas manzanas rojas y brillantes y las escondo en los pliegues de mi mandil para llevarlas a mi dormitorio.
Mi dormitorio no es más que un rincón en el sótano, junto a la lavandería, frío y húmedo, pero es el único lugar que puedo llamar mío.
Camino de vuelta al palacio disfrutando del aire puro y la calma, entrando por la parte trasera para no ser vista.
Las sirvientas deben estar descansando en las habitaciones delanteras, así que no hay nadie.
La tranquilidad es un bálsamo.
Una vez en el sótano, acomodo mis manzanas en una cajita de madera que encontré una vez y las envuelvo con un trapo para que estén frescas y no las vea mi tia o eira y así cuando me dé hambre las pueda comer .
Pero no puedo dejar de pensar en Emmet, en su mirada amable.
Es el hombre más hermoso que he visto en toda mi vida.
Espero verlo otro día, no sé cómo, pero lo anhelo.
El cansancio y la tensión del día me vencen y caigo en un sueño profundo.
En mis sueños, veo a Emmet en el horizonte, agarrado de la mano de una mujer de belleza etérea.
De pronto, los dos se acercan y se abrazan con cariño.
—Emmet, no, por favor —susurro en el sueño.
Despierto agitada, con el corazón acelerado, y veo a mi tía parada frente a mí, con los brazos cruzados y el rostro congestionado por la ira.
—Dime la verdad, ¿qué le dijiste a Emmet?
—me grita, señalándome con un dedo acusador.
—¡No dije nada, lo juro, tía!
¡Aquí he estado trabajando!
—respondo, tratando de calmarla.
— Mes estas causando problemas y no tendré otro opción mas que venderte pronto gisell y serás una esclava.
Así ya no darás más problemas —me dice con frialdad.
—¡No, tía, por favor, no!
—suplico, sintiendo cómo el pavor me atenaza el pecho, ser esclava en esta ciudad es lo peor, no me gustaria que abusaran de mi y me maltrataras mas de lo que hacen aquí.
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