La Novia Que Él Abandonó En Su Noche de Bodas - Capítulo 355
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Capítulo 355: Capítulo 355: ¡¿Me lo merezco?
—¡Achís!
De camino al Grupo MRC, Claire soltó un fuerte estornudo de repente.
La pilló por sorpresa, pero lo despachó con un resoplido de fastidio sin darle más importancia.
En cuanto el semáforo se puso en verde, arrancó y siguió su camino.
De la nada, un patinete eléctrico se lanzó a la carretera y, justo en ese momento, su teléfono sonó a todo volumen a través de los altavoces del coche. La combinación de ambas cosas le dio a Claire un susto de muerte. Por suerte, no iba a mucha velocidad, por lo que esquivarlo no le costó demasiado.
Con todo, el momento pasó, pero se quedó con los nervios ligeramente de punta.
Una vez que recuperó el control del coche, logró contestar la llamada a través del manos libres Bluetooth justo antes de que se cortara.
—¡Debbie! Has tardado en contestar. ¿Es que ya no me quieres, eh?
Era Alyssa Grant, que llamaba otra vez. Últimamente, las dos habían estado charlando bastante.
Principalmente, porque Claire había tomado la iniciativa.
¿La razón? Su segundo hermano, Adrian, se había movido demasiado rápido. Claire no quería espantar a Alyssa, así que había estado contactándola más a menudo, intentando preparar el terreno de antemano.
Con el tiempo, Alyssa también empezó a llamar por iniciativa propia.
Es verdad lo que dicen: hablar de verdad une a las personas.
Un año atrás, Claire jamás habría creído que llegaría a ser amiga de una hija de la familia Grant de Jadewick.
En aquel entonces, la propia Claire tenía una reputación bastante problemática. Y, debido a los cotilleos, había asumido que Alyssa no era más que una chica alocada y fiestera que se pasaba las noches de bar en bar.
Pero resultó que para saber cómo es alguien en realidad, hay que llegar a conocerlo.
Al fin y al cabo, los cotilleos solo son cotilleos.
Algunas personas sí que son tan malas como las pintan los rumores.
Pero a muchos otros simplemente se los malinterpreta, y se les retrata de forma injusta.
No todo es blanco o negro. La mayor parte del mundo vive en una escala de grises.
Claire se sentía agradecida por haber podido conocer a la verdadera Alyssa.
Escuchar el tono familiar y juguetón de Alyssa la relajó e incluso la hizo reír un poco. ¿Aquel pequeño susto? De repente, le pareció más una anécdota divertida que compartir.
Claire no le dio mayor importancia, pero Alyssa se había asustado de verdad.
—¡No me digas! ¿Estás bien?
—Estoy bien, de verdad. Solo ha sido un tipo en un patinete eléctrico que ha decidido que el carril era su pasarela personal. Me ha dado un sustillo, eso es todo. Ni siquiera lo he rozado. No ha sido nada.
La voz de Claire sonaba calmada y la velocidad del coche era estable, así que no parecía que hubiese sido nada importante.
Alyssa por fin soltó un suspiro de alivio. —Menos mal. Si te hubiera pasado algo por mi culpa, por llamar en mal momento, jamás me lo perdonaría.
Y no lo decía por decir. Teniendo en cuenta que la familia Grant ya la desaprobaba, y que su nombre parecía casi un mal augurio, si Claire hubiera salido herida, Alyssa no habría podido soportarlo.
Puede que el cambio de humor de Alyssa fuera demasiado evidente, pero Claire, por supuesto, lo notó.
—Oye, de verdad que no es culpa tuya —respondió ella con dulzura—. La verdad es que tu llamada probablemente me ha salvado. De lo contrario, seguiría dándole vueltas, muerta de miedo. Soy muy asustadiza.
Ni siquiera era mentira.
Aunque se sentía más segura desde que había vuelto a casa, Claire todavía no bajaba la guardia.
Adrian la había rescatado del borde del abismo una vez y, desde entonces, ella había aprendido a valorar de verdad el hecho de seguir con vida.
Y no solo por ella misma, sino porque no quería darles a quienes la menospreciaban un motivo para decir: «Te lo dije».
Así que, cada vez que sufría un pequeño accidente, por instinto, regresaba a aquel rincón oscuro de su memoria.
¿La llamada de Alyssa? Puede que no pareciera gran cosa, pero la sacó de ese estado de golpe. Tras aquello, la voz de Alyssa sonó algo mejor. —Si lo dices en serio, entonces quizá empiece a llamarte más a menudo.
—¡Pues claro! —sonrió Claire—. No tengo muchos amigos. Si a ti te parece bien, me encantaría hablar contigo todos los días.
Esbozó una sonrisa pícara. Por supuesto, no había olvidado que Adrian y su padre también habían llegado a Jadewick.
Pensar en el motivo de la visita de Adrian la ponía un poco nerviosa, pero, a la vez, extrañamente entusiasmada.
—Ah, por cierto, Alyssa, ¿dónde andas hoy? ¿Alguna novedad fuera de lo común?
—¿Dónde si no? Sigo atrapada en el plató. Acabamos el proyecto en un par de días. ¡Y yo aquí, pringando como una empleada más, uf!
Resulta que es una verdad universal: por mucho que te guste tu trabajo, la simple mención de la palabra «trabajo» puede provocar un pavor colectivo.
Alyssa no era una excepción.
Se había metido a actriz en parte por llevarle la contraria a su familia; menospreciaban la industria del entretenimiento y ella quería demostrar que se equivocaban.
Pero, por el camino, le había acabado gustando. Interpretar todos esos papeles —espadachina, general, consorte de palacio— le daba la oportunidad de vivir otras vidas. Vidas completamente diferentes a la suya.
Así que sí, quejarse del trabajo era una cosa; vivir para él era otra muy distinta.
Claire se rio por lo bajo ante sus quejas dramáticas. —Vaya, pensaba que quizá tenías el día libre o algo.
—¿Un día libre? ¿Yo? —Alyssa sonó como si la idea la ofendiera—. De eso nada hasta que termine de rodar las escenas que quedan. Y, aun así…, por extraño que parezca, tampoco es que quiera un descanso.
Su voz bajó un poco, y todo lo que había estado conteniendo comenzó a aflorar.
—Claire, en serio, a veces te envidio muchísimo. Creo que mi familia me está organizando algo otra vez… Estoy casi segura de que los Grant intentan casarme con alguien. ¡Y ni siquiera sé con quién! A lo mejor debería esconderme cuando termine el rodaje. Es un asco…
Sus quejas se transformaron en algo parecido a un gemido. Aunque intentara tomárselo a la ligera, Claire notaba que estaba conteniendo las lágrimas.
Por un segundo, Claire se planteó seriamente decirle que huyera, sin más; aunque el elegido por los Grant fuera su propio hermano.
Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, Alyssa ya estaba pensando en planes de escape por su cuenta.
—Claire… ¿y si agarro a un tipo cualquiera por la calle y me caso deprisa y corriendo? ¿Hacemos un acuerdo prenupcial, le firmo un contrato de un año, aguanto el chaparrón y luego desaparezco?
—Eh… ¿La verdad? Podría funcionar, sí.
El cerebro de Claire sufrió un pequeño cortocircuito, sobre todo porque el coche acababa de pararse frente al edificio de MRC. Por un instante, se olvidó incluso de abrir la puerta.
Y entonces soltó de sopetón: —¿Qué te parece mi hermano?
—¿Tu hermano? ¿Te refieres a Adrian?
—Sí, él.
—…
Hubo un silencio espeso al otro lado de la línea, hasta que Alyssa por fin soltó un gritito de pánico.
—¡Claire! ¿Te crees que soy tú o algo? ¡Mi mente no llega tan lejos, de verdad! Seamos realistas. Mira quién soy yo y quién es tu hermano. ¡No puedo presentarme sin más y casarme con Adrian! Digo, ¡¿acaso podría permitirme algo así?!
Esa reacción, totalmente irracional, tranquilizó a Claire de algún modo.
Se quedó en el coche, tanteando el terreno. —Pero… ¿y si es él quien acude a ti?
—¿Eh? —Alyssa se quedó de piedra un instante.
Claire improvisó una explicación vaga. —Bueno, ya sabes, él tampoco es un crío. Mis padres también le están metiendo prisa. Seguro que también están planeando algún matrimonio concertado para él. Si buscas a alguien que te ayude a salir del paso… mi hermano también necesita una «socia». A lo mejor podríais… no sé, ¿aliaros? Claro, si a ti te parece bien…
—¡¿Que si me parece bien?! ¡Ni me atrevería, Claire! ¡No estoy a la altura!
Alyssa prácticamente le gritó, cortándola antes de que pudiera terminar la frase.
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