La Novia Sustituta del Alfa Furioso - Capítulo 20
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20: Nada entre nosotros 20: Nada entre nosotros (LOCKE)
Fue Sigrid quien me señaló que Corrine no se había transformado ni una sola vez para ir a correr desde que llegó al Norte.
Sigrid había sugerido que quizá mi pareja era tímida.
Yo ya había planeado mostrarle a Corrine esta playa y hacer que corriera aquí, pero no me había dado cuenta de que la razón de su reticencia a transformarse era porque nunca antes se lo habían permitido.
Estoy empezando a preguntarme qué rencor podría haberle guardado la Princesa Ravenna a Corrine.
Mi pareja es muy leída, tiene una educación excelente y sabe cómo comportarse.
Si la estaban preparando para ser la Sombra de la princesa, tenía que ser perfecta en ese papel.
Las Sombras no son algo inaudito en los reinos de los lobos, pero suelen estar ocultas para ser utilizadas en momentos de peligro.
Por lo que tengo entendido, la existencia de Corrine era conocida por todos en ese palacio.
He pasado bastante tiempo en la misma habitación que la Princesa Ravenna, aunque no interactuáramos, y puedo ver una marcada diferencia entre ellas.
Corrine es grácil y silenciosa.
Se mueve con una elegancia admirable y regia.
Ravenna era altiva.
Le gustaba la atención masculina y no le daba reparo demostrarlo.
Tenía una veta de crueldad que presencié a menudo, pero Corrine trata al personal del castillo con amabilidad.
Aunque no confía en ellos, no arremete contra ellos.
Solo han pasado unas pocas semanas, pero ha conseguido ganarse el corazón no solo de los trabajadores del castillo, sino también de las aldeas cercanas.
No sé si se da cuenta de lo mucho que ha logrado.
Mantiene un perfil bajo y trabaja con diligencia, casi como si tuviera algo que demostrar.
Siempre pensé que era un adicto al trabajo, pero Corrine parece decidida a superarme.
Cuando mi madre era reina, iba con mi padre a las afueras del reino para luchar contra los monstruos.
Era una de las guerreras más fuertes del Norte, y su presencia era necesaria en el Velo.
Como resultado, tenía menos tiempo para gestionar el funcionamiento interno del castillo, pero lo intentaba.
A mi padre nunca le importó si ella era capaz de gestionar el castillo o el reino.
Juntos, se las arreglaban.
Pero lo que Corrine está haciendo es diferente.
Ella no puede luchar en la frontera, pero el trabajo que está haciendo dentro del reino no es menos impactante.
Está introduciendo cambios en los que nunca había pensado.
Aunque el Reino del Lobo del Norte es rico en gemas y oro, también es pobre.
No tengo tiempo para supervisarlo todo.
Pero en solo un par de semanas, mi reina ha logrado hacer lo que Bella nunca pudo.
Rothan me ha dicho que ha pedido ciertos artículos del reino humano, libros sobre oficios que no existen en nuestro reino.
No sé qué está planeando, pero Rothan parece bastante impresionado.
Dudo que la Princesa Ravenna hubiera puesto la misma cantidad de esfuerzo que esta mujer.
Quizá no fue lo peor haberla traído aquí en lugar de a la princesa.
Observo cómo la transformación se apodera de ella, y cuando su loba se yergue ante mí, no puedo evitar quedarme mirándola.
Puede que Corrine sea idéntica a Ravenna en su forma humana, pero su forma de loba no podría ser más diferente.
Tiene un anillo de pelaje blanco alrededor del cuello y en la punta de la cola.
Es un aspecto muy singular.
Nunca he conocido a un lobo que tenga dos colores diferentes.
Veo la aprensión en sus ojos cuando me acerco a ella y, cuando le paso la mano por la cabeza, sus párpados se cierran y se apoya en mi caricia.
—Impresionante —resoplo, asombrado por su magnífico animal.
Ella gruñe, con un matiz de orgullo en el sonido.
Luego se da la vuelta como si quisiera que le viera la cola.
En nuestra forma de lobo, son nuestras bestias las que tienen el control.
La tranquila personalidad de Corrine ha pasado a un segundo plano; su loba quiere pavonearse y presumir de lo bonita que es.
La diversión me inunda.
Paso los dedos por su pelaje, maravillado de lo exquisita que es su loba.
Se frota contra mí antes de salir disparada a la carrera por la orilla.
Cuando me mira por encima del hombro, casi con coquetería, muestro los dientes en una sonrisa.
Echando a correr, me despojo de mi piel humana, transformándome en mi lobo y persiguiéndola.
Le muerdo brevemente los tobillos y ella aúlla feliz antes de intentar dejarme atrás.
Nunca la había visto divertirse tanto y, aunque no me importa, a la vez sí.
Negándome a examinar estos sentimientos confusos, la derribo al suelo, mordiéndole juguetonamente el cuello y luego la cola.
Ella me lanza una dentellada en un movimiento inesperado y me quedo impresionado.
Escabulléndose de debajo de mí, sigue corriendo y no tengo más remedio que volver a perseguirla.
Mi lobo se está divirtiendo, y yo también.
No recuerdo la última vez que estuve tan despreocupado.
Aunque participo en las carreras de la manada, nunca he desempeñado más que un papel superficial.
Al fin y al cabo, soy el alfa y el rey.
Tengo una imagen que mantener.
Pero cerca de esta mujer, que es mi pareja, ¿realmente tengo que mantener algo?
La atrapo una vez más y ruedo con ella por el suelo antes de acicalarla agresivamente.
Ella yace quieta bajo mi cuerpo, dejándome hacer lo que me plazca, antes de morderme de repente la pierna y volver a escabullirse.
Jugamos así un rato hasta que Corrine por fin empieza a bajar el ritmo.
Me doy cuenta de que ahora está cansada.
Sin embargo, no quiere parar, así que es mi trabajo asegurarme de que lo haga.
Lanzándole una dentellada, le bloqueo el paso.
Retrocede unos pasos, reacia a volver a su forma humana.
Cuando vuelvo a chasquear los dientes a modo de advertencia, me lanza una mirada de enfado antes de desplomarse en el suelo.
Soy el primero en destransformarme.
—Ya es suficiente —le digo—.
Tenemos que volver al castillo.
Resoplando, cierra los ojos y la observo volver a su forma humana.
Cuando termina, tropieza hacia delante y la sujeto en mis brazos.
—Yo… —Lucha por decir algo, pero entonces se desmaya.
No me sorprende.
Si nunca antes ha participado en las carreras de la manada, tiene sentido que no esté acostumbrada a mantener su forma de loba durante tanto tiempo.
Sostengo su cuerpo inmóvil en mis brazos, contemplando sus rasgos relajados.
Su respiración es constante.
Se desmayó por agotamiento, eso es todo.
Sigrid nos está esperando cuando volvemos y sonríe al vernos.
—¿Se lo ha pasado bien?
Me encojo de hombros.
—Parecía bastante feliz.
—Bien —dice con decisión—.
Lo complementa, Su Majestad.
Me quita de los brazos a la mujer dormida mientras yo frunzo el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Mientras que usted es frío y racional, ella es comprensiva y amable.
Ella ablanda sus asperezas.
—No necesito que nadie me ablande —me irrito, y la mujer mayor se ríe entre dientes.
—Por supuesto que no, pero es su pareja perfecta.
Me alegro de que la haya traído aquí.
Y sé que no soy la única que piensa así.
Miro a la persona inmóvil en sus brazos y dudo.
¿De verdad me está cambiando esta mujer tan menuda?
Y lo que es más importante, ¿quiero que lo haga?
No creo que esté actuando de forma diferente a la normal, pero quizá debería ser más cauto con ella.
—¿Cómo está comiendo estos días?
Sigrid sonríe radiante, depositando a mi pareja en la cama.
—Está mucho mejor.
El curandero está viendo un progreso notable.
Parece que ahora quiere ponerse bien, así que su cuerpo la acompaña.
Es increíble cómo la mente ayuda en el proceso de curación.
Quizá tenga algo que ver con la creciente relación que tiene usted con ella.
Frunzo el ceño.
—No pasa nada entre nosotros.
Sigrid no está de acuerdo.
—Son compañeros destinados.
Por supuesto que pasa algo entre ustedes.
No hay necesidad de negarlo.
—¿Desde cuándo te has vuelto tan habladora?
—gruño, y ella enarca una ceja.
—Puedo irme si es un problema.
Sacudiendo la cabeza, murmuro: —No es eso lo que quería decir.
En fin, ¿dices que ahora come mejor?
—Hemos introducido algunos alimentos grasos y es capaz de retenerlos.
El Curandero Pat me dijo que le comunicara que, si desea intentar tener un hijo, ella podrá concebir.
—¿Y su cuerpo?
¿Podrá soportar el esfuerzo?
Hace unas semanas, no me habría importado cómo su cuerpo soportaría el esfuerzo de gestar un hijo.
Pero ahora, después de ver lo frágil que es en realidad, no sé si someterla a ese estrés es una buena idea.
—Si concibe, tendrá que ser vigilada y cuidada, pero el Curandero Pat cree que debería ser lo suficientemente seguro con la cantidad adecuada de vigilancia —titubea—.
Los ancianos se están pronunciando al respecto y lo llamaron para preguntarle.
Por eso me lo dijo.
Un gruñido se forma en mi interior.
Los ancianos de la manada son los jefes de las familias nobles.
Mi padre siempre los mantuvo a raya, pero desde que llegué al poder, se han vuelto más entrometidos, sobre todo durante mis constantes ausencias cuando lucho en el Velo.
La única razón por la que no protestaron por mi decisión de traer a la Princesa Ravenna como reina fue porque era de sangre real.
Quieren preservar la santidad de los linajes reales y nobles.
Comprendo la importancia, ya que mis padres también creían en ello.
Por eso no les he revelado la verdadera identidad de Corrine.
Si descubren que no es de sangre real, pedirán la disolución inmediata del matrimonio.
Aunque puedo evitarlo porque es mi pareja destinada, no cambia el hecho de que cualquier hijo que tenga no será de sangre pura.
Debo admitir que este pensamiento me molesta, pero fue mi decisión traerla con fines políticos y no puedo echárselo en cara.
Solo un puñado de individuos conocen la verdadera identidad de Corrine.
Pienso mantenerlo así.
—Todavía no he decidido si quiero tener un hijo con ella.
Sé que a Corrine le dije otra cosa, pero ver cómo se desmayaba después de mantener su forma de loba durante más de una hora me dio qué pensar.
Sería mejor esperar a que esté más sana.
No confío en que las palabras del Curandero Pat no estén influenciadas por la presión de los ancianos.
Corrine se remueve y Sigrid se acerca a ella.
—Querrá cambiarse de ropa.
—Déjala en paz.
Está cansada.
Puedes retirarte por esta noche, Sigrid.
Sigrid se va, y yo me quito la camisa antes de meterme en la cama.
Tomando el pequeño cuerpo de Corrine en mis brazos, me acurruco a su alrededor.
Mientras me hundo en el sueño, siento que su cuerpo se estremece.
Cuando abro los ojos, sigue dormida, con la respiración profunda.
Quizá solo lo he imaginado.
Me dejo llevar por el sueño, con mi lobo satisfecho.
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