La Novia Sustituta del Alfa Furioso - Capítulo 37
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37: Acechando a Corrine 37: Acechando a Corrine (LOCKE)
No hay ningún registro de que Erik tenga un hijo.
Tardo dos días en confirmar ese dato, y me sume en una espiral.
Camino por las calles de esta ciudad humana, sintiéndome abrumado por todo lo que está pasando.
Los últimos ocho años me han pasado factura.
También me han mostrado un lado de mí mismo que me provoca náuseas.
Ocho años es mucho tiempo para examinar mis interacciones con Corrine.
Fui muy cruel con ella al principio.
Nunca se quejó.
Nunca dijo una palabra.
Pero no fue porque no sintiera el dolor y la humillación.
Fue porque no tenía otra opción.
Sé lo diferente que es el mundo humano de la vida al otro lado del Velo.
Si Corrine ha vivido aquí todos estos años, no ha tenido ninguna restricción.
Soy un hombre muy arraigado a la tradición.
¿Querrá dejar alguna vez esta vida y volver conmigo?
No creo que eso vaya a pasar.
E incluso si la convenciera, ¿qué podría ofrecerle?
¿Cómo podría creerme?
Siempre he sido un hombre seguro de mí mismo.
Ser un rey poderoso inspira confianza.
Siempre he sido capaz de conseguir que la gente haga lo que quiero.
Pero ahora, cuando se trata de esta mujer, no tengo ningún control sobre ella.
No puedo olvidar la mirada de sus ojos, el miedo nauseabundo, el odio.
Me detengo en seco en la acera; mi lobo está desdichado.
Rothan y Sigrid no han podido encontrar la dirección de la casa de Corrine.
Conseguí confirmar que no reside en el palacio, así que debe vivir en otro sitio, pero Erik tiene sus datos personales protegidos.
La única forma de encontrarla a solas será dar con ella y seguirla a casa.
Pero estará alerta.
Estoy seguro de que se esconderá en el palacio, donde nadie pueda acercársele….
El pensamiento apenas ha cruzado mi mente cuando diviso un rostro familiar caminando por la calle.
Me quedo quieto.
¿Estoy viendo cosas?
Es Corrine.
Lleva una chaqueta de cuero y pantalones negros.
Su ropa es ceñida y tiene un aspecto peligrosamente sexi, muy diferente de la mujer recatada que recuerdo.
Está ocupada ajustándose unos guantes oscuros mientras cruza la calle.
Durante unos instantes, la miro fijamente, hipnotizado.
Ya no hay nada débil o frágil en ella.
Se mueve con una confianza que nunca antes le había visto.
Se ha cortado su hermoso pelo oscuro y ahora es de un tono castaño claro, y las puntas le rozan los hombros mientras camina con determinación.
Este nuevo aspecto, este atuendo… no puedo evitar pensar que todo le sienta bien.
Pero ¿adónde va a estas horas de la noche?
Mira por encima del hombro antes de meterse a toda prisa por un callejón.
La sigo con cuidado, asegurándome de mantenerme a sotavento en todo momento, al otro lado de la calle, oculto tras los árboles.
Se para frente a una ventana y saca un extraño aparato antes de llevárselo al ojo.
Hace un chasquido.
Me resulta extrañamente familiar.
Tardo un par de segundos en darme cuenta de que lo he visto antes en alguna parte.
Los humanos hacen retratos con él.
¿A quién le está haciendo retratos?
Una cámara.
Así es como se llama.
Permanece allí durante unos cuantos chasquidos más antes de bajar el aparato y comprobar algo en su parte trasera.
Una vez satisfecha, guarda la cámara en un pequeño bolso que lleva en la cadera y sale a toda prisa del callejón.
Vuelve por donde ha venido, y me doy cuenta de que, a estas horas de la noche, el único lugar al que puede ir es a casa.
Si la sigo, podré averiguar dónde vive.
A pesar de la oportunidad, siento un destello de irritación.
¿Por qué Erik no la mantiene en el palacio, donde estaría a salvo?
¿Por qué vaga por ahí de esta manera?
Podría pasarle cualquier cosa.
Corrine ha dado un par de pasos cuando se detiene y mira a su alrededor, claramente inquieta.
Sigo escondido detrás de un árbol al otro lado de la calle, pero debe de haber sentido mi presencia.
Sin embargo, no mira en mi dirección.
Primero, sus ojos se desvían por encima de su hombro y, luego, inclina la cabeza hacia atrás y mira hacia el tejado del edificio junto al que se encuentra.
Sigo su mirada y no veo nada.
Pero cuando echa a correr, un mal presentimiento se forma en la boca de mi estómago.
Algo la tiene nerviosa.
Es entonces cuando veo a alguien saltar desde un lado del edificio y lanzarse en su persecución.
Un gruñido sale de mi garganta y corro tras ellos.
Todavía hay humanos en las aceras, así que no puedo transformarme en mi forma de lobo.
Corrine parece haber llegado a la misma conclusión.
Zigzaguea entre algunos coches aparcados y cruza una calle, en dirección al oscuro bosque.
Al principio, pensé que solo la perseguían dos personas, pero caigo en la cuenta de que son más de dos.
Vienen de todos lados, vestidos con ropa oscura para camuflarse en la noche.
Los está conduciendo hacia los árboles de la zona, probablemente planeando transformarse y atacarlos.
Pero si son cambiadores, no podrá enfrentarse a todos a la vez.
Mientras los persigo, observo que su velocidad y su resistencia han mejorado.
Por mucho que me gustaría deshacerme de los que la siguen, decido esperar y ver qué piensa hacer.
Ver cuánto ha cambiado realmente.
Tengo la sensación de que esta puede ser la única oportunidad que tendré para averiguarlo.
Corrine los adentra más en el bosque, y cuento las figuras que la persiguen.
Son al menos ocho.
Claramente la estaban esperando.
Debían de saber dónde había planeado estar a esta hora exacta de la noche.
Finalmente se da la vuelta y se transforma en un abrir y cerrar de ojos: todo pelaje oscuro y ojos peligrosos y brillantes.
Cuando sus perseguidores también se transforman, ella suelta un gruñido bajo de advertencia, con el lomo erizado.
Sabe que la superan en número y cree que está sola.
Me oculto detrás de un árbol, observando y esperando.
Quiero ver qué va a hacer antes de involucrarme.
El primero salta hacia ella, y ella se agacha, haciendo que su atacante se estrelle contra el lobo que está detrás.
Mientras lo hace, se pone en pie de un salto y le hinca los dientes en la cola, arrancándosela.
Arqueo las cejas ante la naturaleza despiadada de su contraataque.
Es eficaz.
El lobo cae al suelo, aullando.
Pero ese era solo un lobo.
Todavía tiene que vérselas con los demás.
Cuando los demás se dan cuenta de que no va a ser un blanco fácil, convergen sobre ella todos a la vez.
Me enderezo.
Si creen que pueden tocarla mientras yo esté cerca, no tardarán en aprender una lección muy dolorosa.
Dos lobos saltan sobre Corrine, y estoy a punto de intervenir cuando veo que patea a uno de ellos con su pata trasera y muerde el hocico del otro que tiene delante.
Lucha sucio, me doy cuenta, sintiendo una punzada de orgullo.
Mientras los otros se abalanzan sobre ella, sé que ha llegado el momento de intervenir.
Está empezando a sentirse abrumada, incapaz de vigilar su espalda ante los ataques que vienen de todas direcciones.
Saliendo de mi escondite, voy a por los dos lobos que se acercan sigilosamente por detrás de ella.
Ni siquiera me molesto en transformarme.
Agarro a uno por el cuello y lo estampo contra el suelo de espaldas.
El sonido de su espina dorsal rompiéndose llena el claro.
Cae inerte.
Corrine mira por encima del hombro y, cuando me ve, sus ojos se abren como platos.
Sin embargo, no tiene tiempo de reaccionar más que eso porque otro lobo se lanza contra ella.
Mientras ella esquiva su ataque, el que pretendía tenderle una emboscada me enseña los dientes, con la saliva goteando de los afilados y puntiagudos bordes de sus colmillos.
Espero a que venga a por mí.
Está claro que cree que tiene más posibilidades que su compañero porque me ataca con toda su fuerza.
Le agarro la mandíbula y se la desgarro.
Cae al instante, con el cuerpo convulso y gorgoteos saliendo de su garganta.
Justo entonces, oigo un aullido de dolor y, al mirar, veo que uno de los lobos ha alcanzado a Corrine en el vientre.
Sus dientes se han hundido en la carne, y Corrine intenta deshacerse de él, pero se aferra.
El olor de su sangre impregna el aire, y la furia inunda cada una de mis células.
Aullando de rabia, cambio de forma en un instante y salto sobre el lobo.
Tras arrancarle la garganta, voy a por el que se acerca sigilosamente a Corrine por el otro lado.
Estos lobos no son nada comparados con los monstruos con los que lucho a diario.
En cuestión de minutos, los he despachado a todos, pero Corrine sigue en el suelo, con el cuerpo temblando.
Tiene la mirada perdida y, mientras corro a su lado, me maldigo a mí mismo.
¿En qué demonios estaba pensando al dejar que se encargara de ellos?
Estos individuos eran luchadores hábiles.
Aunque se deshizo de algunos, seguía siendo vulnerable.
Su sangre forma un charco a su alrededor.
Ese lobo la ha herido de gravedad en el vientre.
—Vuelve a tu forma humana, Corrine —le digo, ya en mi forma humana.
Ella me lanza una mirada aturdida, y veo un atisbo de miedo en sus ojos.
Le acaricio el pelaje, obligando a mi voz a mantener la calma—.
Vuelve a tu forma humana para que pueda llevarte con un sanador.
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