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La Novia Sustituta del Alfa Furioso - Capítulo 8

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8: Conoce tu lugar 8: Conoce tu lugar (LOCKE)
—¿Alguna noticia de la familia Oriental?

—pregunto, reclinándome en mi silla y mirando a Derrick.

Mi amigo ha estado muy retraído estos últimos días.

Ha pasado una semana desde que regresamos del Este, y todavía estamos trabajando en localizar y reunir a los miembros restantes de la familia real a los que se les perdonó la vida.

—Hemos tenido noticias del hermano del Rey Gideon.

Estaba de viaje durante el ataque y ahora mismo está regresando del reino de los lobos que hay en el mundo humano.

Quiere conseguir la liberación de Ravenna.

—Bueno, eso no va a pasar —tamborileo con los dedos sobre el escritorio—.

Asegúrate de que si aparece por aquí, no se reúnan nunca.

—Bella me dijo que la reina comentó que ni el padre de Ravenna era capaz de distinguirlas.

¿Estás seguro de que su tío podría?

Quizá deberíamos dejar que se vean, así tendrán pruebas de que tenemos a Ravenna, sea quien sea en realidad.

Las palabras de Derrick tienen sentido.

Permitir una única reunión supervisada podría beneficiarnos.

Sin embargo, pienso estar presente.

No me fío de que mi pareja no se vaya de la lengua.

El simple hecho de pensar en ella hace que frunza el ceño.

No entiendo a esa mujer.

Diga lo que le diga, la trate como la trate, lo acepta todo sin una sola queja.

Cuando me mira, sus ojos siempre están vacíos.

Ni ira, ni angustia, absolutamente nada en ellos.

Invadido por una extraña emoción, me pongo de pie de un salto y me acerco a la ventana para mirar al exterior.

Para mi irritación, ella está allí.

Ravenna…

No, esa mujer está paseando sola por el jardín.

Mi madre siempre se encargó de los jardines del castillo, pero después de que falleciera, nadie más se molestó en hacerlo.

Sigo a mi pareja con la mirada.

Se sienta en uno de los bancos rotos, estira las piernas y se las frota.

¿Le duelen las piernas?

De repente, da un respingo y se levanta para examinar el banco.

Pasa la mano por la madera y se detiene en el punto donde estaba sentada.

Sé que el banco tiene una grieta.

Tonta.

Ni siquiera se molestó en comprobarlo antes de sentarse.

Se envuelve en el abrigo y cruza los brazos como si intentara entrar en calor.

Frunzo el ceño, irritado.

Si tiene frío, ¿por qué no se pone algo de más abrigo?

Ese abrigo parece demasiado fino.

Aunque, pensándolo bien, ¿acaso el clima en el Este no es siempre cálido?

Probablemente no esté acostumbrada al frío.

Me apoyo en la ventana, con los brazos cruzados.

¿Por qué está tan delgada?

No paso nada de tiempo con ella.

Ha pasado una semana y no he compartido ni una sola comida con esa mujer.

Prefiero comer en mi despacho o mientras trabajo.

Le llevan la comida a su habitación.

¿Qué estará comiendo?

En ese momento, veo una figura familiar que se apresura a seguirla.

Es Sigrid.

Por su lenguaje corporal, está claro que Sigrid la está regañando.

La mujer inclina la cabeza y asiente.

Luego sigue a Sigrid de vuelta al interior del castillo.

—¿Estás escuchando, Locke?

La voz de Derrick me devuelve la atención a la habitación.

—¿Decías algo?

—Estaba preguntando cómo se llama —me lo quedo mirando—.

¿El nombre de quién?

—Tu pareja, la reina.

No es Ravenna, así que ¿quién es?

—¿Acaso importa?

—Me encojo de hombros, recordando sus delgados hombros y esa espesa y exuberante melena recogida en lo alto de su cabeza.

Camina con elegancia.

Pero hay un vacío en sus suaves ojos castaños.

La muñeca perfecta.

Ese pensamiento me incomoda.

Derrick frunce el ceño antes de intercambiar una mirada con Edgar.

—¿A qué te refieres con que si importa?

Por supuesto que importa.

Es tu pareja.

Y no es Ravenna.

No tenemos nada en su contra.

Es inocente.

—Es del Este —me enderezo y vuelvo a mi escritorio—.

Apenas se la puede llamar inocente.

El Este es responsable de proteger a los rebeldes que mataron a nuestros padres, ¿recuerdas?

El rostro de Derrick se ensombrece.

—Nunca lo olvidaré.

Mi madre y mi padre estaban de visita en el Reino Oriental en una misión diplomática.

Los padres de Derrick los habían acompañado.

Los cuatro fueron asesinados dentro del recinto del palacio.

En lugar de asumir su responsabilidad, la familia real del Este intentó hacerse con el control del Norte.

Fracasaron estrepitosamente, y de no haber sido yo tan joven, les habría hecho pagarlo con creces.

Derrick respira hondo antes de continuar.

—Pero esa mujer no es responsable de nada de eso.

Y es tu pareja destinada, Locke.

No te lo tomes tan a la ligera.

Vuestros lobos están conectados.

¿Le has puesto la marca?

—No, y no pienso hacerlo.

Es una prisionera política por encima de todo.

Edgar elige ese momento para intervenir.

—Sin la marca de emparejamiento, vuestro vínculo sufrirá.

—Eso es asunto mío.

Rothan se acerca al escritorio.

—Locke, esto no tendrá que ver con el hecho de que no tiene sangre pura de la realeza, ¿o sí?

Como siempre, Rothan da en el clavo.

Alzo la vista hacia él.

—Ella es mi problema.

Y yo sé cómo lidiar con ella.

—El primer paso sería dejar de referirte a ella como un problema —señala Edgar.

Le gruño.

—¿Es que no tenéis todos algo mejor que hacer?

Derrick empieza a responder, pero unos golpes en la puerta hacen que cierre la boca de golpe y mire por encima del hombro.

Rothan abre la puerta y entra Bella.

Veo que la expresión de Derrick cambia a la de un cachorrito de lobo perdidamente enamorado.

—¿Qué te trae por aquí, Bella?

Bella lo mira entrecerrando los ojos.

—Nada que sea de tu incumbencia.

¿No tienes que ir a mear a un árbol o algo así?

Edgar resopla y yo aprieto los labios.

Mi amigo de la infancia lleva ya dos años cortejando a Bella.

Si algo nos caracteriza a los lobos es que somos implacables una vez que sabemos lo que queremos.

A pesar de todos los rechazos que ha sufrido, mi amigo todavía cree que tiene una oportunidad.

También está haciendo todo lo posible por ahuyentar a los demás pretendientes de Bella, incluso marcar su territorio bajo la ventana de su dormitorio.

—¿Por qué?

—le guiña un ojo Derrick—.

¿Te está molestando alguien?

Creo que voy a darme otro paseo por delante de tu habitación.

—¡Ni se te ocurra, joder!

—Bella lo agarra de la pechera de la camisa y él le dedica una sonrisa de suficiencia.

—Uy, preliminares.

Quizá no deberíamos hacer esto delante del rey.

Bella lo aparta de un empujón.

—Largo.

Necesito hablar con Locke.

—No te preocupes, Bella.

Yo me lo llevo —dice Rothan, agarrando a Derrick del brazo y sacándolo de la habitación.

Edgar va tras ellos.

Cuando la puerta se cierra tras mis hombres, miro a Bella.

—Deberías darle una oportunidad.

Sois la pareja perfecta.

Él es un blando en toda regla, sobre todo cuando se trata de ti.

—Creo que no deberías preocuparte por hacer de celestina cuando tienes que lidiar con tu propia pareja.

Mi pequeña sonrisa se desvanece.

—¿Qué ha hecho?

—¿Qué son las semillas de Everence?

—¿Qué?

Pone las manos en jarras, con aire irritado.

—Semillas de Everence, Locke.

Llevé a tu pareja a las aldeas cercanas y le preguntó a Sigrid si podía conseguir algunas semillas de Everence.

¿Es algo típico del Este?

—No he oído hablar de ellas en mi vida.

Quizá deberías hablar con un botánico.

—Sean lo que sean, está intentando joder nuestro ecosistema.

Deberías hablar con ella.

Estudio a Bella.

—¿No te cae bien?

Se cruza de brazos.

—Me importa una mierda.

—¿Qué más ha hecho?

—Nada, por ahora, pero no me gusta que le ande haciendo preguntas a Sigrid.

Si necesita algo, debería acudir a mí.

No me fío de ella, Locke.

Esta conversación empieza a molestarme.

—Hablaré con ella.

¿Le has enseñado los libros?

—Le di el presupuesto del castillo.

Lo está revisando.

No es que sepa nada de esto —Bella pone los ojos en blanco—.

Parece una cabeza hueca.

Mira, si quieres que sea la reina, simplemente ponla en un rincón y dile que se limite a estar guapa.

El castillo funciona perfectamente sin su interferencia.

Un gruñido sordo se me escapa de los labios.

—Cuidado, Bella.

Sigue siendo la reina.

Exijo cierto nivel de respeto.

Bella hace una mueca y aparta la mirada.

—Si mereciera mi respeto, se lo daría.

No es de sangre pura.

Es una simple criada que encontraste por ahí y te trajiste aquí.

—¡Bella!

—alzo la voz con dureza—.

Sé que te he dado mucha manga ancha por aquí, pero, al fin y al cabo, eres una consejera de la reina.

No olvides cuál es tu lugar.

Bella frunce el ceño.

—Está bien.

Pero no me gusta que se entrometa en los asuntos del castillo cuando no sé cuáles son sus intenciones.

Dile que se ande con cuidado.

—Sale de la habitación como una furia, claramente descontenta.

Bella es la hija del anterior mayordomo.

Crecimos juntos, así que tenemos mucha confianza, pero siempre ha sido un poco arrogante.

Después de gestionar el castillo durante tantos años, probablemente no le gusta compartir la autoridad, pero no le queda más remedio.

No traje a Ravenna aquí solo para que se quedara de brazos cruzados y luciera bonita.

Necesita hacerse útil.

Por lo que he oído, sí que recibió cierto nivel de formación, así que quizá tenga algunas aptitudes.

Solo hay una persona que podría saber qué está pasando por la mente de esa mujer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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