La Nuera Enérgica y el Montañés - Capítulo 199
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Capítulo 199: 199 La espátula rota
«Su Qingyue, eres pobre», se dijo a sí misma. Si fuera rica, se compraría un montón de ropa para ponerse y no tendría que preocuparse por eso.
Pronto podría ganar dinero, pero en el tiempo que tardara en conseguirlo y comprar ropa nueva, sería muy incómodo no tener nada con qué cambiarse…
Al final, admiró su propia moral superior.
No debía aceptar regalos tan íntimos del hermano de su esposo, o la verían como una mujer libertina.
Envolvió las cuatro pequeñas piezas de nuevo en la bolsa de tela y la colocó bajo el edredón de algodón donde dormía.
Al salir de su habitación, vio al segundo hermano bañándose. Solo le echó un vistazo de un segundo, desvió la mirada de inmediato y, «asustada», regresó a su habitación.
No podía seguir mirando al segundo hermano bañarse; de lo contrario, en cualquier momento podría acabar con una hemorragia nasal.
Cuanto más intentaba no mirar, más nítida se grababa en su mente la imagen del cuerpo de su segundo hermano con solo ese vistazo.
Esta vez, mientras se bañaba, en lugar de darle la espalda, estaba de cara a ella.
La última vez le vio la espalda; esta vez, el frente.
Mientras se bañaba, seguía llevando solo esos calzoncillos grandes.
Sus rasgos faciales eran firmes, como tallados a cuchillo; sus ojos, profundos y oscuros; su pelo negro y húmedo, pegado al cuerpo; una figura comparable a la de los modelos de la Antigua Grecia, alto y fuerte, con músculos tonificados y tensos por todas partes. ¡Se notaba su poder a simple vista!
Su rostro lucía una barba áspera y rebelde y, aunque no era convencionalmente guapo, ¡parecía un hombre rudo, salvaje e indómito!
Nunca antes había visto a un hombre con una figura tan estupenda y masculina como la de su segundo hermano, y no pudo evitar querer babear por él.
Rígidamente, decidió no… no mirar más.
Era una persona con principios.
Xiao Yishan llenó dos cubos de agua y los colocó a su lado para bañarse. Pensó que su esposa se le quedaría mirando como la última vez.
Al principio pensó que su esposa tenía cierto interés en su figura, pero descubrió que esta vez no solo no lo miraba, sino que incluso le daba la espalda a propósito.
No estaba mirando en absoluto.
Su profunda mirada se ensombreció.
Su apariencia ya estaba arruinada, y ni siquiera dejarse crecer la barba a propósito podía ocultar la cicatriz de su mejilla izquierda.
Si a su esposa ni siquiera le interesaba su cuerpo, realmente no sabía qué podía usar para atraerla.
Xiao Yuchuan, que estaba friendo verduras en la cocina, salió justo cuando iba a decir que su cuñada había mejorado al no quedarse mirando el cuerpo de su segundo hermano.
Pero Qingyue, que le estaba dando la espalda, de repente se dio la vuelta, incluso movió un taburete hasta ponerlo bajo el alero y se sentó con la mirada fija en su segundo hermano.
Xiao Yuchuan lo vio y se enfadó: —¿Su Qingyue, no tienes vergüenza? El segundo hermano se está bañando, ¿no te bastó con lo de la última vez?
—¿Cómo lo sabes? —admitió ella con sinceridad—. No, no he visto suficiente. Lo mejor sería que el segundo hermano se quitara también los calzoncillos para que pudiera ver. —En cuanto a la decencia, ya había salido volando.
Al oír esto, la desolación en los ojos de Xiao Yishan se desvaneció al instante, y las comisuras de sus labios se curvaron ligeramente hacia arriba de forma inconsciente.
—Su Qingyue, tú…, tú… —la señaló Xiao Yuchuan con la espátula—. Tú… —siguió diciendo durante un buen rato, sin poder añadir nada más.
—¿Qué «tú» ni qué ocho cuartos? —resopló ella con frialdad—. ¿Acaso mis ojos no son míos? ¿A quién miro yo te incumbe? —En esta vida no pensaba ponerse las cosas difíciles a sí misma: si quería mirar, miraría. ¿Qué había de malo en ello?
—¡Vieja apestosa, ten cuidado que te pego! —amenazó Yuchuan, al que le temblaba todo el cuerpo de la ira.
—Adelante —dijo ella, mostrando dos dedos—. ¡Ni siquiera te tengo miedo! —Si él se atrevía a ponerle una mano encima, ella le enseñaría cómo se escribe la palabra «muerte».
—¡Ya verás! —gritó él y, enfadado, golpeó el marco de la puerta de la cocina con la espátula antes de darse la vuelta para seguir friendo las verduras.
—¿Por qué golpeas la espátula con tanta rabia? ¿Y si la rompes? ¡Cuesta dinero! —le gritó ella desde lejos.
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