La Nuera Enérgica y el Montañés - Capítulo 210
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Capítulo 210: 210 La gente honesta sufre desventajas
—Tonterías —dijo ella, echándole un vistazo al peine que tenía en la mano—. ¿De dónde sacaste este peine?
—Lo robé —dijo él con una sonrisa pícara, levantando el peine en su mano y entregándoselo—. Esposa, es para ti.
Ella no lo aceptó. —¿Te has convertido en un ladrón? No quiero nada robado.
—Si yo fuera un ladrón, entonces tú serías la esposa de un ladrón —dijo, agarrándole la manita y envolviéndola alrededor del peine—. El otro día, cuando volví tarde de vender la mercancía, fui al pueblo no solo para comprar un jin de cerdo, sino principalmente para comprarte este peine.
Mientras hablaba, puso cara de disculpa, le tomó la mano y le besó el dorso. —Estos días… me he dado cuenta de que cada mañana te peinas con los dedos. Esposa, es culpa mía no haber podido comprarte un peine. Llevo tiempo queriendo comprarte uno, pero últimamente siempre ha sido mi segundo hermano el que ha estado ganando dinero. Quería regalarte un peine con mi propio dinero, así que no lo compré hasta anteayer, cuando gané treinta monedas de cobre y fui al pueblo a comprarte un peine de madera por nueve centavos.
Ella retiró la mano que le había besado y se frotó ligeramente el dorso con la otra. —Una cosa es que me regales un peine, pero no hay necesidad de que andes besándome porque sí.
—Solo te he besado el dorso de la mano, y eso ya es ser educado. —Se le quedó mirando los labios—. Esposa, también quiero besar tu boquita.
—¿Quién fue el que dijo que si no se lo suplicaba, no me besaría?
Él se puso serio de inmediato. —¡Jamás diría algo así! —Nunca admitiría que le había besado su boquita la noche que tuvo fiebre. Sabía dulce y su corazón se consumía de anhelo. Si hubiera sabido que la boquita de su esposa sabía tan bien, nunca le habría pedido que le suplicara que la besara.
Ella asintió, comprensiva. —Sí, esas palabras no las dijiste tú. Las dijo un perro.
—Esposa, que yo no soy un perro…
—Entonces eres un cerdo.
—¡Oinc, oinc! —De inmediato, imitó el sonido de un cerdo, haciendo que ella no pudiera aguantar la risa.
—Esposa, estás sonriendo —dijo él, feliz—. Entonces, lo de que me supliques para que te bese ya no cuenta…
—Claro que cuenta. Un caballero cumple su palabra.
—Pero yo no soy un caballero, soy… —Frunció el ceño, poco dispuesto a llamarse a sí mismo un canalla.
—Quien no cumple su palabra no es un hombre —añadió ella.
Él protestó de inmediato. —Esposa, si quieres ver si soy un hombre o no, solo tienes que tocar y comprobarlo. Con solo una mirada a tu boquita, ya me pongo duro… —dijo, agarrándole la manita y guiándola hacia su entrepierna.
—¡Ejem! —Xiao Yishan, que acababa de entrar en la casa con una carga de agua, tosió fuerte con cara seria.
Asustada, Su Qingyue retiró la mano a toda prisa.
Xiao Yuchuan, descontento, miró de reojo a su segundo hermano. —¿Por qué tenías que volver justo ahora, segundo hermano? Mi esposa estaba a punto de tocarme.
El rostro de Su Qingyue se ensombreció. —No digas tonterías, ¿cuándo he querido yo tocarte? Has sido tú el indecente.
Era evidente que Xiao Yishan creía a Qingyue, ya que se limitó a lanzar una mirada fría a su tercer hermano. —No seas siempre tan frívolo.
—Segundo hermano, solo porque seas el hermano mayor no significa que siempre tengas la razón —resopló Xiao Yuchuan—. ¿Qué esposo en este mundo se comporta como es debido con su propia esposa?
Yishan no pudo rebatirle. En realidad, deseaba poder ser como su tercer hermano, que coqueteaba descaradamente con su esposa y se tomaba libertades con ella, pero él simplemente no era capaz…
Xiao Yuchuan incluso empezó a sermonear a su segundo hermano. —Segundo hermano, en estos tiempos que corren, la gente honesta siempre sale perdiendo.
—… —Xiao Yishan, en silencio, vertió el agua de los dos cubos en la gran tinaja, uno tras otro—. Falta otra carga de agua para llenar la tinaja. Tú vas a traer la que falta.
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