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LA NUEVA ERA - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 El Laboratorio de la Perdición
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12: El Laboratorio de la Perdición 12: El Laboratorio de la Perdición Después de matar al zombie mutante, seguimos nuestro camino y, por fin, llegamos al laboratorio.

Al estar cerca, Ricardo mandó a su grupo a descansar frente a la entrada ya vigilar si había algo cerca.

Se acercó a uno de sus hombres y le susurró algo al oído.

Dirigiéndose a Juan y su grupo, que ahora eran seis personas, les pidieron que lo acompañaran adentro.

Luego, les pidieron a Marcos ya las chicas que también lo acompañaran al laboratorio.

Marcos tuvo un mal presentimiento, y las chicas también, pero aceptaron porque era una muy buena oportunidad para escapar.

Marcos y las chicas no iban a desperdiciar esta oportunidad.

Al estar dentro del laboratorio, Juan sonó de manera perturbadora y le apuntó a Ricardo en la cabeza.

Pidió a sus hombres que apuntaran a Marcos ya las chicas.

Juan le explicó a Ricardo que lo tomarían de rehén y lo usarían para dirigir a su grupo.

—Marcos, a ti te mataré ya tus compañeras las tomaré como juguetes para mí y mis hombres.

Pero no te preocupes, las mataré para que se junten cuando termine con ustedes, chicas.

Marcos miró a Juan con furia, mientras las chicas le decían que preferían morir antes de ser juguetes.

Marcos se percató de que Ricardo estaba sorprendentemente tranquilo, como si ya lo tuviera planeado.

Ricardo comenzó a hablar y le preguntó a Juan si le podía decir algo a Marcos.

Juan, con una sonrisa burlona, ​​dijo que fuera rápido, que lo quería matar de forma lenta y dolorosa mientras veía cómo sus chicas eran usadas frente a sus ojos.

Ricardo miró a Marcos, que estaba apretando los dientes por las malditas palabras que salían de la boca de Juan, y le dijo a Marcos que se calmara, que no dejaría que nada le pasara a él ni a su grupo, ya que necesitaba hablar con Silvia.

Marcos, confundido, le preguntó a Ricardo qué asunto tenía con Silvia.

—Primero tendrás que matarme para llegar a tu grupo —respondió Marcos.

Ricardo no dijo nada, pero entusiasmado al ver el valor de Marcos, a pesar de su condición.

Luego comenzó a explicar que su hermano trabajaba con armas biológicas y que él lo estaba buscando.

—Quiero a Silvia porque vi en fotos que me mandaba mi hermano que ella era muy cercana a él.

—le dijo.

Miró a Silvia y le preguntó si sabía dónde estaba su hermano.

Si no lo sabía, sacaría esa información a la fuerza.

Silvia, sin saber qué decir y sin recordar al hermano de Ricardo, dijo que no sabía de quién estaba hablando.

Ricardo, molesto, dijo que no le importaba lo que dijera Silvia.

—Yo mismo torturaré a tu grupo si es necesario para saber dónde está mi hermano —añadió, con voz fría.

Juan lo golpeó en la cabeza, diciéndole que él mandaba ahí.

Ricardo, sin inmutarse, sacó el celular que Marcos le había cambiado.

Con solo tocar un botón, se escuchó un disparo y, al minuto siguiente, alguien cayó al piso.

El Escape El cuerpo que cae al piso no es de Marcos ni de Ricardo, sino de Juan, quien recibe un disparo en la cabeza.

Juan cae al suelo.

Ricardo sonríe y dice, con voz fría: —Prepárense, porque ahora nadie va a salir con vida.

Marcos y su grupo empiezan a correr hacia un lado, buscando una salida.

Ricardo saca una pistola y se lanza a un costado mientras dispara a los cinco hombres que quedaban del grupo de Juan.

Los hombres de Juan, al ver a su líder muerto, se preparan para pelear, sabiendo que tal vez no saldrán con vida y preguntándose cómo pudo haber pasado esto.

Mientras ellos disparan hacia la pared donde estaba Ricardo, Marcos y las chicas ya están escapando.

Al ver que el laboratorio está lleno de zombis, deciden encontrar otra ruta mientras los zombis son atraídos por los ruidos de los disparos.

Los hombres que eran de Juan deciden pelear en el lugar, menos uno que grita que si va a morir, tendrá relaciones con una de las chicas.

Este se lanza hacia los zombis rápidamente, con la intención de abrirse paso y llegar a Marcos antes de que escape.

Los demás deciden aguantar en su posición, pero al ver que los hombres de Ricardo entran y se preparan para abrir fuego, se alistan para el combate.

Marcos y su grupo finalmente encuentran una ventana que pueden usar para escapar.

Marcos nota que uno de los hombres de Juan se aproxima hacia ellos, y se da cuenta de que está mordido por los zombis.

Marcos, al ver esto, decide cerrar la puerta detrás de ellos y hacer que las chicas bajen primero.

La primera en bajar es Lara, seguida de Ana.

Pero cuando le toca a Silvia, el hombre entra y la sujeta en el suelo.

Le dice que quería tocarla desde hacía mucho tiempo, que le encantaba su cuerpo y que ahora tendrá lo que siempre quiso antes de transformarse en zombi.

Marcos, lleno de furia, le da varias patadas en la cara, liberando a Silvia de sus manos sin que ella sufra heridas graves.

—Baja con las demás —le ordena Marcos—.

Y corre lo más rápido que puedas.

Silvia, con el rostro enrojecido por la rabia y el miedo, dice que no lo dejará allí.

En un acto de valentía, agarra un pedazo de metal con punta y, con fuerza, apuñala al hombre en el ojo.

El hombre grita de dolor, pero al momento de caer, Silvia se desploma de rodillas por la tensión.

Marcos, sabiendo que no puede perder esta oportunidad, la toma de inmediato, la levanta y, sin pensarlo dos veces, salta por la ventana.

El hombre, aún en su agonía, les grita que los seguirá a pesar de todo.

Dice que no importa si se transforma en un zombi por las mordidas, que los encontrará y serán suyos.

En ese instante, Ricardo aparece y, sin dudar, le dispara varias veces en la cabeza al hombre de Juan.

Ricardo, furioso al ver que Marcos y las chicas lograron escapar y sabiendo que no puede ir tras ellos debido a que su grupo está lidiando con los zombis, se queda frustrado y furioso.

Marcos y las chicas, después de alejarse lo más posible del lugar, deciden hacer una pausa para respirar.

Silvia, con una voz suave y avergonzada, le pide a Marcos que la baje.

Marcos, nervioso al escucharla, acepta y la baja con cuidado.

Las otras chicas miran a Marcos y, entre risas, lo tapan de “mujeriego”.

Marcos, rojo de vergüenza, les aclara que todo es un malentendido y que no tiene tiempo para eso.

Les recuerda que aún están muy cerca del lugar y que deben seguir caminando.

En el bosque Después de haberse alejado lo más posible del laboratorio, Marcos y su grupo se adentraron en el bosque, buscando un lugar seguro para esconderse y descansar.

La oscuridad del bosque ofrecía un manto protector, pero también incrementaba el nivel de alerta en todos ellos.

El grupo encontró un claro rodeado de árboles altos y frondosos.

Marcos señaló el lugar con una mezcla de alivio y precaución.

—Aquí podemos descansar un poco —dijo, bajando a Silvia con cuidado.

El suelo estaba cubierto de hojas secas que crujían bajo sus pies, y la brisa nocturna traía consigo el susurro de las ramas y el canto distante de los grillos.

La luz de la luna se filtraba a través del denso follaje, creando sombras danzantes que envolvían a los cuatro supervivientes.

Marcos encendió una pequeña fogata con ramas secas y hojas.

Su luz parpadeante iluminaba los rostros cansados ​​pero determinados de sus compañeros.

El calor del fuego les proporcionó una sensación de confort en medio de la fría noche.

—Necesitamos hablar —dijo Marcos, rompiendo el silencio.

—Tenemos muchos desafíos por delante, pero ni siquiera hemos comenzado a buscar una cura.

Debemos mantenernos fuertes y unidos.

Lara ascendió, su rostro iluminado por el resplandor del fuego.

—Estamos haciendo todo lo que podemos, pero debemos mantenernos alerta y apoyarnos mutuamente.

Silvia, aún recuperándose del reciente enfrentamiento, añadió: —Ricardo no se detendrá.

Ahora sabemos que tiene sus propias motivaciones, y no podemos confiar en él.

Ana, abrazando sus rodillas, murmuró: —Siempre supe que la humanidad podía ser despiadada, pero esto es…

diferente.

Debemos seguir adelante por los que ya no están con nosotros.

Marcos se acercó a Silvia, mirándole los ojos llenos de determinación.

—Silvia, necesitamos saber más sobre los trabajos del hermano de Ricardo.

Cualquier información puede ser crucial.

Silvia asintiendo, pero su rostro mostraba confusión.

—No recuerdo a su hermano.

Puede que lo haya visto alguna vez, pero no estoy segura.

El grupo se sumió en un breve silencio, procesando la información.

Las llamas de la fogata danzaban con el viento, proyectando sombras inquietantes en los árboles circundantes.

—Tenemos que ser cuidadosos —dijo Marcos finalmente—.

No sabemos lo que nos espera, pero sé que juntos somos más fuertes.

Lara, con una sonrisa cansada, añadió: —Hemos pasado por mucho, y todavía tenemos un largo camino por recorrer.

Pero tengo fe en nosotros.

El grupo avanzó en silencio, reafirmando su compromiso mutuo.

Sabían que el camino por delante estaría lleno de peligros, pero mientras tuvieran esperanza y el uno al otro, podrían enfrentar cualquier adversidad.

Marcos miró a sus compañeros, sintiendo una oleada de gratitud y determinación.

—Descansen mientras puedan.

Mañana seguiremos adelante, más fuertes y más unidos que nunca.

Mientras el fuego seguía crepitando suavemente, el grupo cerró los ojos, dejándose llevar por el cansancio y la esperanza de un nuevo amanecer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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