LA NUEVA ERA - Capítulo 22
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
22: El Último Testimonio 22: El Último Testimonio Marcos, explorando la cabaña, encontró un libro escondido debajo de una de las tablas del piso.
Al abrirlo y leer algunas páginas, su expresión se tornó seria.
Cerró el libro lentamente y se sentó en el suelo, pensativo.
Sabía que debía compartir esto con las chicas.
Mientras tanto, afuera de la cabaña, Lara, Silvia y Ana entrenaban sus habilidades de combate.
—Lara ha mejorado… pero aún son incapaces de golpearme.
Qué pena —comentó con una sonrisa desafiante.
—¡Ya casi lo logramos!
Solo un poco más —respondió Ana con determinación.
Silvia, agotada, bufó.
—Deja de mentirte a ti misma… Lara solo está jugando con nosotras.
En ningún momento se tomó la pelea en serio… ¡Mierda!
Me duelen las piernas y los brazos con tanto entrenamiento.
Lara sonrió con confianza.
—Creo que por hoy tomaremos un descanso.
La clase ha terminado.
Ana cayó al suelo completamente exhausta tras el esfuerzo físico.
—No pude conectar ni un solo golpe… —se quejó Silvia, recostándose en el césped—.
Además, hice casi cien abdominales y cincuenta sentadillas como castigo… Lara se alejó del grupo mientras reflexionaba sobre el entrenamiento que Marcos les había impuesto.
Ana y Silvia habían mejorado físicamente, eso era innegable, pero lo que realmente le molestaba era la diferencia en la exigencia.
“Cuando Marcos me entrenó, me hacía correr con pesas de entre 10 y 100 kilos, además de un mínimo de 200 a 300 abdominales y sentadillas… y eso en tres series de 100 cada una.
Sin contar los ejercicios de brazo, que prefiero no recordar… ¡Y él hacía todo como si fuera un día normal!” Suspiró y se dirigió a la cabaña.
—¿Marcos?
¿Estás en la cocina?
—preguntó con una sonrisa.
Marcos levantó la vista desde la mesa del comedor.
—No.
Encontré algo importante… Su tono serio hizo que Lara frunciera el ceño.
—¿Qué encontraste?
¿Y por qué tienes esa cara?
Marcos tomó el libro y lo puso sobre la mesa.
—Ahora sé qué les pasó a las personas que vivían en esta cabaña… Lara lo miró con sorpresa.
—Si puedes avisar a las demás para que vengan a ver esto, sería lo mejor —dijo Marcos con firmeza.
Lara asintió, sintiendo una extraña inquietud en el pecho.
—Voy de inmediato.
Después de unos minutos, todos estaban sentados en el comedor.
En ese momento, Marcos, con una voz firme, dijo: —Les mostraré un libro.
Silvia frunció el ceño y respondió: —Un libro?
No creo que signifique mucho, no con lo serio que estás ahora.
Ana, sí.
—Sí, pienso lo mismo.
Lara, sin paciencia para interrupciones, las miró con severidad.
—¡Cállense y veamos qué contiene!
Marcos, al abrir el libro, se da cuenta de que es un diario.
Con curiosidad, comienza a leer: Hoy es un día muy especial.
Mi abuelo y mi abuela están pensando en ir al pueblo más cercano a conseguir comida.
Creo que aprovecharé la oportunidad para comprar algunos lápices de colores y caramelos.
Al llegar al pueblo, todo parece normal, tanto la llegada como el regreso.
Mi abuelo aceptó comprarme los lápices y los caramelos.
Mi abuela está en la cocina preparando algo para comer, mientras él lee el periódico.
A veces creo que mi abuelo todavía se siente triste por la muerte de mis padres.
Ellos murieron en un accidente de auto.
Mi abuelo sigue teniendo pesadillas con ese día, ya que fue el único que sobrevivió.
Mi abuela y yo nos quedamos en la cabaña esa noche porque había tormenta, pero mis padres tenían asuntos de trabajo importantes y no tuvieron más opción que salir.
Mi abuelo les advirtió que era peligroso, pero no le hicieron caso.
Él también subió al auto con ellos, pero a mitad del camino el vehículo tuvo una falla…
y, a pesar de sus esfuerzos, mis padres murieron.
Mi abuelo dice que hizo todo lo posible para ayudarlos, incluso perdió un brazo en el accidente.
Yo era solo un bebé.
Mi abuela me cuenta lo sucedido, pero me hubiera gustado conocerlos.
Mis abuelos me han criado desde entonces, y ahora tengo diez años.
No sé por qué, pero de repente, una noche, unos monstruos irrumpieron en nuestra cabaña.
Mi abuelo y mi abuela me escondieron en el armario.
No sé exactamente qué pasó después.
Solo escuché disparos de la escopeta de mi abuelo afuera…
y luego, el silencio.
Han pasado alrededor de veinte días desde entonces.
Ya no tengo ganas de seguir aquí.
Extraño a mis abuelos.
Por eso, trataré de llegar al pueblo.
Está bastante lejos, así que tardaré un máximo de un día en llegar.
La ciudad está mucho más lejos, a unos veinte días de camino, así que solo iré al pueblo y pediré ayuda.
No sé qué está pasando, pero dejaré este diario aquí, por si alguien lo encuentra y puede ayudarme.
Por favor, cualquiera que lea esto…
solo quiero encontrar a mis abuelos.
De parte de Sofía, nieta de Martín Gustavo y Priscila Montero.
Marcos, después de leer eso, dice que tiene sospechas de que los zombis mutantes acabaron con la vida de los abuelos de la niña.
—Eso no es bueno —responde Lara—.
Puede estar en peligro viajando sola a la ciudad.
—Puede estar muerta —dice Ana con voz fría.
—¿Qué estás diciendo, Ana?
—pregunta Lara.
Silvia le responde que tanto ella como Ana son científicas, y es muy probable que la niña haya muerto al intentar llegar al pueblo.
Marcos contesta que es lo más probable, y que además no sabemos cuándo fue que dejó la cabaña ni cuánto tiempo ha pasado.
Lara se sienta, pero dice con voz baja, mientras empieza a temblar: —Hay una posibilidad de que esté viva.
Marcos responde que es una posibilidad, pero muy baja, ya que al no saber el tiempo que abandonó la cabaña, es imposible saber si sigue viva, y además, la cantidad de zombis es abrumadora.
Ana pregunta si Lara está consciente de cuántos zombis hemos matado en total mientras los enfrentábamos en la cabaña.
Lara responde que no sabe con certeza el número, pero que eso no importa.
—Sí importa —dice Silvia—.
Porque eso reduce las posibilidades de supervivencia de una persona, sin importar quién sea.
Y alguien sin conocimientos no duraría ni un día.
Lara pregunta, frustrada: —¿Entonces la damos por muerta?
—Mierda —responde, y rápidamente sale del lugar.
Marcos se levanta de su asiento y dice que irá con ella, ya que él es quien mejor conoce a Lara.
Ana está de acuerdo con Marcos.
—También estoy de acuerdo —dice Silvia.
Marcos encuentra a Lara en las escaleras al segundo piso y se sienta a su lado.
Le pregunta si está recordando a su familia, por eso quiere ir a buscarla.
—No es eso —responde Lara—.
Sino todo esto, la situación, el caos… y además, a pesar de todo lo que hemos hecho, lo que hemos mejorado, pudimos vencer a mutantes muy fuertes, pero no pudimos salvar a una niña.
Me duele pensar que, a pesar de todo lo que hemos logrado, seguimos siendo débiles.
—Lo sé —responde Marcos—.
Yo también me siento igual.
Al no poder ayudar a las personas inocentes… ¿Recuerdas a todas las personas que Juan mató cuando viajábamos con él?
Me afecta recordar que no pude hacer nada para ayudarlas.
Solo pude ver cómo morían, pero eso significaba que si seguíamos vivos, teníamos que ayudarles a escapar de la caminata.
Los insultos de los guardias de Juan fueron una mierda, lo sabes, pero ahora todo ha cambiado.
No puedo dejar que corran peligro por una persona de la que no sabemos si está viva.
¿Lo entiendes, Lara?
—Sí lo entiendo, pero es frustrante —responde Lara.
—Ya lo sé, pero sabes cómo me dijiste que puedes ayudarme a cargar con mi peso, y me recordaste que no estoy solo.
Te recuerdo que me tienes a mí para ayudarte a cargar con todo —responde Marcos.
—Tienes razón, si cargamos todo esto solos, terminará mal —contesta Lara.
Marcos la abraza y le dice que vuelvan con las demás, que tiene buenas noticias.
Lara le hace caso, y ambos regresan a sentarse donde estaban.
Marcos dice: —Logré reparar la pistola, y tenemos 10 balas.
Con respecto al rifle, como sé que no le haría nada a los zombis, decidí cambiarle el calibre.
Tuve que crear todo el sistema de cerrojo y lo transformé en un rifle .22.
Las balas serán de 22 mm.
A pesar de que no funcionen contra los zombis, funcionarán contra humanos en caso de emergencia.
—Es sorprendente —menciona Ana.
Silvia dice que eso les da más chances de sobrevivir contra los humanos que estén locos.
Lara dice que sí, que si la humanidad ya se ha vuelto así, sería el gobierno o algo similar; tienen que estar haciendo algo.
Marcos responde que aumentamos las posibilidades de supervivencia, pero que tendremos que encontrar una forma de saber qué le pasa al mundo y qué están haciendo para detener el virus.
Lara pregunta cuándo partirán y si van a la ciudad, por el científico que mencionó Ana.
Marcos dice que ese es el plan, pero que Ricardo nos ha jugado una mala pasada.
—¿Qué pasó?
¿Por qué dices que Ricardo nos jugó una mala pasada?
—pregunta Silvia.
Marcos responde que los mapas que Ricardo nos dio en el intercambio no están actualizados, especialmente en lo que respecta a las ciudades.
La ciudad más cercana que está en los mapas es el pueblo mencionado en el diario de Sofía.
—Pero, ¿los mapas los revisaste en el intercambio?
¿Cómo es posible que te engañaran?
—pregunta Ana.
Marcos responde que no revisó muy bien los mapas hasta ahora, que vio algunos lugares conocidos, pero no en lo que respecta a las ciudades, ya que las cosas han cambiado a lo largo del tiempo.
Lo único actualizado en estos mapas son los bosques y elementos de este estilo.
Quizás por eso pudimos escapar de Ricardo.
—¡Mierda, mierda!
¿Y ahora qué hacemos?
—pregunta Lara, frustrada.
Marcos le responde que cometió un descuido que nos pudo haber costado la vida, y que no lo volverá a cometer.
Nuestra tarea es llegar al pueblo.
Saldremos dentro de una hora; tenemos suficiente comida y agua para tres días, y el pueblo está a un día de viaje, así que prepárense.
Después de agregar todos sus objetos y prepararse para el viaje, Marcos, Lara, Ana y Silvia muestran gratitud, dando una oración por las personas de la cabaña, esperando que en su camino encuentren a Sofía con vida.
Agradecen todo el tiempo que las mantuvo a salvo y por haber tenido un lugar donde hospedarse.
—Vamos, chicas —dice Marcos con una sonrisa mientras mira por última vez el lugar, el más seguro en el que estuvieron y donde pudieron descansar tanto física como mentalmente.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com