LA NUEVA ERA - Capítulo 28
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Capítulo 28: Zombis Mutantes: Nuevas Amenaza
Después de dos horas de caminata, Marcos y sus compañeras llegaron al borde de un bosque denso y oscuro. Marcos sonrió con una mezcla de alivio y determinación.
—Detrás de este bosque está la ciudad —dijo, señalando el bosque oscuro—. No hay otra ruta más corta que esta.
—Es un alivio —respondió Ana, dejando escapar un suspiro.
—Ya estaba empezando a disfrutar de esta caminata —bromeó Silvia, estirando las piernas cansadas—. ¿Quién necesita un gimnasio con estos caños nuevos, eh?
Todos rieron suavemente, relajando un poco la tensión.
—Sigamos —dijo Lara con seriedad—. Cuanto más rápido lleguemos, mejor.
El grupo avanzó hacia la zona más húmeda del bosque. No se escuchaba nada, y el ambiente era tétrico. Los árboles no producían ningún sonido, y la oscuridad bajo las hojas hacía que fuera más difícil ver con claridad.
—Estén atentos —advirtió Marcos, levantando una mano para señalar que todos debían parar—. No me gusta nada este lugar.
En ese momento, Lara susurró con urgencia:
—¡Escóndanse! ¡Escuché algo!
Marcos y las chicas le hicieron caso de inmediato, escondiéndose detrás de un árbol grande. Lara señaló hacia una zona oscura del bosque, donde apenas se podía ver algo moviéndose entre las sombras.
Desde esa oscuridad emergieron tres tipos de zombis mutantes. Silvia, con la voz baja y temblorosa, dijo:
—Conozco a esas variantes… Son letales.
Marcos asintió, susurrando:
—Dime lo que sabes.
—El primero, al que llamamos “Umbral”, es increíblemente rápido y puede esconderse en la oscuridad. Atacan desde las sombras, y son muy difíciles de ver hasta que es demasiado tarde —explicó Silvia, manteniendo la mirada fija en el zombi que se movía furtivamente entre los árboles.
—El segundo es “Demoledor”. Son más grandes y fuertes, capaces de derribar puertas y muros. Su resistencia al daño es excepcional, así que enfrentarlos de frente sería un suicidio —continuó, observando al gigante zombi que avanzaba con pasos pesados.
—Y el último es “Corrosivo”. Atacan con sus manos, pero también pueden lanzar un líquido corrosivo desde la boca como último recurso. Ese líquido puede quemar a través de materiales y piel, obligándonos a estar en constante movimiento —finalizó Silvia, señalando al zombi que exudaba un líquido brillante y peligroso.
Marcos la miró con asombro.
—¿Cómo sabes tanto sobre ellos?
Silvia suspiró profundamente.
—Lo aprendí del grupo de Juan. Antes de que tú y Lara se unieran a nosotros, yo viajaba con Juan. Estas variantes mataron a varias personas de ese grupo. Juan usó a esas personas como carne de cañón para escapar con un pequeño grupo de seguidores. Agradezco que Juan esté muerto.
Marcos no dijo una palabra al escuchar eso. Miró a Lara y dijo:
—Estoy sorprendido por tu buen oído, Lara. Gracias a eso nos salvamos antes de que nos vieran. Pero tenemos un problema: esos zombis bloquean nuestro camino y no podemos desviarnos. Tardaríamos más y no sabemos si nos encontraremos con otros peligros. Además, nuestros suministros de comida no creo que sean suficientes.
Ana asintió, con determinación en sus ojos.
—No queda otra que pelear, pero…
Silvia intervino, mirando a Marcos.
—Hay que pensarlo bien. Necesitamos una estrategia.
Marcos asintió.
—No puedo obligar a nadie a pelear, así que quiero saber si están de acuerdo en combatir contra esas cosas.
Lara, Ana y Silvia respondieron al unísono:
—¡Estamos de acuerdo!
Se produjo un momento de silencio. Entonces, Silvia rompió la tensión con una sonrisa.
—Si muero, te atormentaré por el resto de tu vida, Marcos.
Marcos frunció el ceño.
—¿Por qué harías eso?
Silvia se rió suavemente.
—Estoy bromeando. Nunca haría eso a un amigo. Así que, ¿cuál es el plan?
Marcos esbozó una sonrisa y explicó:
—Yo pelearé contra el “Demoledor”, siendo el que más experiencia tiene en combate es mi responsabilidad.
Las chicas intercambiaron miradas de preocupación. Ana, con voz temblorosa, preguntó:
—¿Estás seguro, Marcos? Es que los “Demoledores” son extremadamente peligrosos.
Marcos asintió con firmeza.
—Sí, estoy seguro. Tenemos que hacerlo. Lara, ¿puedes encargarte de los “Umbrales”?
—Sí, puedo hacerlo —respondió Lara con determinación.
Silvia advirtió:
—Lara, ten mucho cuidado. Los “Umbrales” tienen otra habilidad: pueden sacar unas púas muy afiladas en las manos. Si una de ellas te alcanza, el daño será grave.
—Gracias por el dato, Silvia —dijo Lara agradecida.
Silvia continuó:
—Ana y yo nos encargaremos de los “Corrosivos”. Pero, ¿qué armas usaremos?
Marcos explicó:
—Haremos unas lanzas de madera con punta y usaremos el terreno a nuestro favor. Cualquier cosa que pueda darnos ventaja, úsenla. He hecho varias lanzas, y en una de ellas he atado el cuchillo que conseguimos en el intercambio con Ricardo.
Marcos entregó la lanza con el cuchillo en la punta a Ana y a Silvia.
Marcos miró a Lara con unos ojos de determinación. Lara, al darse cuenta de la mirada de Marcos, comprendió el mensaje de inmediato y respondió:
—Lara y Marcos estaremos bien, no hace falta el cuchillo.
Ana preguntó:
—¿Por qué nos das la única arma real?
Marcos respondió:
—Ustedes son científicas y sé que no están acostumbradas al combate. Es mejor que ataquen al zombi por sorpresa.
Silvia asintió.
—Es cierto, pero eso no será un problema. Aceptaré el cuchillo ya que sé que tienes razón.
Ana y Silvia le dieron las gracias.
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