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LA NUEVA ERA - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - Capítulo 34: El Precio de Ser Fuerte
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Capítulo 34: El Precio de Ser Fuerte

Marcos, después de revisar la comida y asegurarse de que todo estaba en perfecto estado, comentó:

—Tengo que hacer un conteo de suministros con las chicas. Me pregunto cómo hacerlo.

Lara agradeció a Ana por ayudarla a revisar toda la cabaña.

—Gracias a eso, encontramos algo muy útil: ropa y una lavadora.

Ana pensó por un momento sobre la utilidad de la ropa y la lavadora.

—¿Y por qué es tan útil la ropa y la lavadora? —preguntó Ana.

—¿No lo has notado? El fuerte olor que sale de nuestros cuerpos —respondió Lara.

Ana, sorprendida, le dijo:

—Sí, pero… ¿estás segura? Hay que ver si la ropa nos queda.

Lara pensó por un momento, luego se acercó a Ana y, sujetándole el cabello, le dijo:

—Tranquila, son grandes, pero podemos pensar en una solución.

Con voz temblorosa y algo agitada, Ana le preguntó:

—¿Por qué me agarras el cabello? Eso no es importante.

Lara, con una sonrisa traviesa, comenzó a molestar a Ana diciendo:

—Son tan grandes que seguro podrías usarlos como armas —mientras sacudía los pechos de Ana.

En ese momento, Ana le respondió molesta:

—¡Eso es mentira! Solo lo dices porque mis pechos son más grandes. ¡Para ya!

Al escuchar eso, Lara se quedó quieta, soltó los pechos de Ana y observó los suyos. Al notar que Ana tenía razón, se enojó y comenzó a mover los pechos de Ana con más fuerza, gritando:

—Si estás tan orgullosa, ¿por qué no me ayudaste a liberar el estrés?

Después de un rato, Ana cayó de rodillas al piso, preguntándose por qué Lara hizo eso.

—¡Eso dolió! No hacía falta que lo apretaras mientras lo sacudías con tanta fuerza.

Lara le dijo:

—La próxima vez no me hagas enojar. Está bien, voy a ver qué hace Marcos. Tú ven conmigo, Ana.

Ana le respondió:

—No voy a hacer nada. Voy a ver qué hace Silvia —mientras pensaba que no dejaría que alguien le tocara los pechos de nuevo.

Cuando Ana llegó donde estaba Silvia, se acercó a ella y le preguntó qué hacía sentada allí.

Silvia respondió:

—Estoy apreciando la vista. Miré los alrededores y, al no notar ningún peligro, vi este lugar y quise disfrutar de la hermosa vista del bosque. Siéntate y aprecia el paisaje conmigo, Ana.

—Hace mucho que no apreciaba un paisaje, capaz que no tenga otra oportunidad para hacerlo —dijo Ana.

Silvia sonrió y respondió:

—Es hermoso.

—Sí, es hermoso —contestó Ana.

En ese momento, Silvia, con una voz un poco tímida, comentó:

—Sí, está bien. Bueno, ya sabes sobre el mutante Corrosivo…

—Bueno, en realidad, me quedé paralizada del miedo. No volverá a pasar —respondió Ana.

Silvia respondió:

—Está bien tener miedo, más cuando nadie esperaría pelear con algo así.

—Tienes razón. Es solo que, en ese momento, al ver eso… y cuando lo mataste, el olor a podrido que emanaba de su cuerpo y cómo se derretía poco a poco, digamos que me dejó una impresión fuerte —dijo Ana con voz baja.

—Sí, me lo imagino. Es mucha presión y es demasiado, pero tienes que hacerlo para sobrevivir. Es un alivio que Marcos y Lara sean fuertes, pero sabes, les tengo envidia. Son tan fuertes que lograron encargarse de los mutantes por sí solos. Fue Marcos contra Demoledor y Lara contra Umbral, y lo lograron. Quisiera ser así, en lugar de una científica. Bueno, eso es lo que pienso —comentó Silvia.

Ana respondió:

—Nunca lo vi así. Yo siempre quise ser científica por mi abuelo y me gustaba estar en mi laboratorio. Por eso no entiendo cómo te tienes que sentir, Silvia, pero si te hace sentir mejor, a mí también me gustaría ser más fuerte para ayudar más.

Silvia miró a Ana y, con un suspiro, le preguntó:

—¿Estás bien con el grupo de Marcos?

Ana no entendió bien la pregunta y respondió:

—Sí, confío en todos ustedes, pero me tomó un poco de tiempo. Me ayudaron con Ricardo y no tuve la oportunidad de saber cómo son o qué piensan, ya que creo que todos están llevando una carga distinta.

Silvia le respondió:

—Tienes razón. Me refiero a que, en estos momentos, no somos muy útiles y más bien estorbamos al grupo. Por eso quiero aprender a pelear contra los zombies. Cuando conocí a Marcos, le dije que tenía mucha información sobre los zombies, pero eso era una mentira. Lo que sé de ellos son las experiencias que viví cuando estuve en el grupo de Juan, y siempre me duele recordar lo duros que fueron esos momentos. Por eso quiero ser fuerte como Marcos y Lara.

Ana le contestó:

—No lo sabía, pero si es así, ¿por qué elegiste ser científica y no otra cosa antes de que todo esto del virus ocurriera?

Silvia le contestó:

—Esos son mis problemas y mis asuntos —rápidamente se levantó—. Creo que Marcos y Lara están en la cocina. Voy a ir con ellos, te recomiendo que vengas también. No es seguro estar aquí sola por mucho tiempo.

Ana vio cómo Silvia se alejaba, sintiendo que algo no estaba bien. Se preguntaba por qué Silvia parecía tan infeliz consigo misma y qué estaba ocultando. Rápidamente, decidió ir a donde estaban los demás.

Marcos se acercó, preocupado, y le preguntó:

—¿Estás bien, Ana? Te estamos esperando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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