LA NUEVA ERA - Capítulo 35
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Capítulo 35: El Reto del Combate
Después de un rato, todos se sentaron en la mesa de la cocina. Marcos tomó un respiro y dijo:
—Hoy todos tomarán un baño, ya que apestamos demasiado. Lara encontró ropa limpia. Elijan una muda de ropa que les quede bien y usenla. Es recomendable tener dos mudas de ropa en la mochila.
Silvia, con una sonrisa, dijo:
—¿Así que seguro piensas que usemos ropa corta y que muestre más la piel?
Marcos le respondió:
—Es una buena opción con respecto a la movilidad del cuerpo, pero elijan ropa cómoda para moverse. Bueno, con eso creo que queda claro. Ropa cómoda no es lo mismo que ropa provocativa, Silvia.
Silvia no dijo nada. Ana preguntó:
—¿Nos bañaremos con turnos?
Marcos respondió:
—No hay mucha agua, así que harán lo siguiente: Lara, Silvia y Ana se bañarán juntas, y luego yo me bañaré solo.
Silvia dijo:
—¿Por qué, Marcos? ¿Tú tienes la bañera solo para ti?
Marcos respondió:
—Es simple, estoy seguro de que nadie va a querer bañarse conmigo, así que yo las observaré.
Silvia se quedó callada y, con tono resignado, dijo:
—Esta vez me ganaste.
Marcos, con una sonrisa, dijo:
—Mientras las chicas se bañan, yo arreglaré las armas y haré guardia en el tendido.
Lara dijo:
—Bueno, dejando esto claro, hay otra cosa que quiero decirles: Marcos y yo estuvimos hablando y pensamos que sería bueno enseñarles técnicas de defensa personal que puedan usar contra los zombis. ¿Qué dicen, Ana y Silvia?
Ana respondió:
—¡Sería una excelente idea! ¿Silvia, no piensas lo mismo?
En la mente de Silvia, solo podía pensar que no podía desperdiciar esta oportunidad para mejorar, así sus posibilidades de ser útil aumentarían.
—Sí, estoy de acuerdo —dijo Silvia con una voz firme.
Marcos dijo:
—Es una buena noticia. Bueno, chicas, elijan su ropa y váyanse a bañar. Yo estaré en la cocina. La bañera está en el segundo piso, ya saben. Así que disfruten el agua.
Después de que las chicas eligieron su nueva muda de ropa, Silvia, antes de subir para ir a bañarse, se acercó a Marcos y le dijo:
—Si se te ocurre espiarnos, te corto la salchicha. Y no estoy bromeando.
Marcos, que nunca había sentido tal presencia de Silvia, se sintió abrumado. Nunca pensó que Silvia le daría tanto miedo. Marcos respiró hondo y dijo:
—Ya basta, Silvia. Para de jugar. ¿Para qué quiero espiar a alguien como tú?
Silvia, al ver la reacción de Marcos, decidió desabrocharse algunos botones de la camisa de laboratorio de Ana, dejándose ver sus pechos.
Marcos, al notar eso, se apartó por el impacto.
—¿Qué haces, Silvia? —preguntó Marcos.
Silvia, con una sonrisa pícara, dijo:
—¿Era el que no le atraen las chicas como yo, Marcos? ¿Por qué estás tan rojo? No me digas que te avergüenza ver un poco los pechos de una mujer, pero si has estado viajando con Lara y Ana. Además, Ana los tiene bien grandes, y Lara está en punto medio, y yo, que soy talla G. ¿Te avergüenzas?
Marcos pensó para sí mismo: ¿Qué puedo decir? Estoy en jaque mate.
Silvia, con una sonrisa diabólica, se acercó a Marcos, pero en ese momento sintió que alguien le agarraba el cuello. Lara apareció y le preguntó a Silvia si estaba lista, que no la esperaría más. Al ver que estaba vistiendo en el lugar equivocado, Lara decidió ayudarla un poco cuando llegaran a la bañera.
Silvia, al notar la voz de Lara y sentir su agarre, sólo le respondió que ya estaba por ir.
Lara, con una sonrisa, le dijo:
—Te ayudaré.
Silvia, respirando hondo y sintiendo miedo de lo que Lara le iba a hacer, dijo:
—Disculpa.
Lara, sonando diabólicamente y, agarrando a Silvia, la levantó y la arrojó escaleras abajo, donde estaba Ana.
Lara le dijo a Marcos:
—Cuídate mejor.
Marcos, sin saber qué hacer, solo respondió:
—Lo haré.
Las chicas entraron en la bañera, y Marcos, al escuchar las puertas cerrarse, solo pudo sentirse aliviado, sin saber qué hubiera pasado si Silvia y Lara no se hubieran detenido. ¿Cómo es posible que las chicas den tanto miedo? Hasta un mutante se cagaría en los pantalones al sentir su aura.
Lara dijo, sumergiéndose en el agua:
—Es increíble poder relajarse un poco. No recuerdo la última vez que me sentí tan limpia.
Silvia asintiendo, disfrutando del momento.
—Hay que charlar un poco. ¿Qué tema les gustaría hablar?
Lara, sumergiéndose aún más en el agua, le comentó:
—Tengo una pregunta para ti, Silvia.
Silvia, un poco pensativa, se preguntó si Lara la mataría en ese momento, pero solo pudo decir:
—¿Qué preguntas, Lara?
—¿Cómo es que sabías los nombres de los zombis mutantes? ¿Quién les puso esos nombres?
Silvia, algo avergonzada pero aliviada de poder contar la verdad, le explicó:
—Yo les puse esos nombres. Los mutantes no tienen nombres, y yo fui la primera en dárselos.
Lara dijo:
—¡Ah! Por eso tenían esos nombres tan extraños. ¿Cómo se te ocurrió?
Silvia se sonrojó tímidamente y explicó:
—Mientras trabajaba en mi laboratorio, solía mirar películas de zombies y a veces jugaba juegos. Por eso les puse esos nombres, me parecían apropiados para ellos.
Lara se rió y dijo:
—No me lo esperaba.
Silvia respondió:
—Cambiemos de tema, por favor. ¿Ana, puedes cambiar el tema?
Ana, nerviosa por la mirada de Silvia, empezó a pensar qué decir.
La conversación se volvió más personal y relajada. Hablaron sobre sus cuerpos, sus inseguridades y cómo habían cambiado desde que comenzó la crisis. Ana compartió cómo siempre había sido consciente de su apariencia debido a su trabajo en el laboratorio, mientras que Lara habló sobre cómo la supervivencia había cambiado su perspectiva sobre lo que realmente importaba.
—Es extraño, pero en medio de todo este caos, he aprendido a apreciar mi cuerpo por lo que puede hacer, no solo por cómo se ve —dijo Lara, recibiendo la aprobación de las demás.
Después de salir del baño, las chicas se acercaron a Marcos, quien estaba revisando algunos mapas y suministros que habían encontrado en la casa.
Marcos, al notarlas, se sorprendió de su apariencia.
—¿Se ven tan bien? —les dijo, halagándolas—. Pero por favor, váyanse a bañar, huelen a pantano.
Marcos les dijo que no era para tanto y que iría a bañarse en ese mismo instante.
Lara notó que Marcos había arreglado las dos armas y había encontrado balas para ambas. Además, estaba marcando las rutas más seguras en el mapa para no tener problemas cuando salieran de la cabaña.
—Esto es sorprendente —dijo Silvia—. Me gustaría saber cómo es que Marcos sabe darle mantenimiento a las armas de fuego.
Ana dijo:
—Me gustaría poder usar el rifle a presión, ya que parece ser más fácil de usar.
Lara respondió:
—Puede que sea fácil, pero la eficiencia será un problema. Eso sirve solo para ralentizar a los zombis, o ni siquiera eso.
Ana contestó:
—Es una pena, pero las balas que Marcos encontró no son para el rifle a presión.
Silvia le preguntó a Ana:
—¿Cómo sabes eso? ¿Acaso ya habías disparado con rifles a presión?
Ana respondió:
—Sí, lo he hecho antes con mi abuelo. Le gustaba la caza de aves, y por eso conozco las balas. Me llevaba con él cuando íbamos a pasar el rato juntos.
—¡Es fabuloso, Ana! Entonces sabes cómo usarlos, ¿no? —preguntó Silvia.
Ana respondió, un poco preocupada:
—Sí, lo sé, pero me pregunto si todavía funciona.
Lara dijo:
—Dejemos eso para Marcos, él sabrá qué hacer. Mientras tanto, me pregunto cómo es que sabe hacer mantenimiento a las armas de fuego. Incluso si sus habilidades no son buenas en esta área, podría ser muy útil. Marcos podría crear armas de fuego limitadas. Será interesante ver si es posible. Bueno, lo averiguaré después.
Mientras tanto, Marcos, en el agua tibia, pensaba:
Todo lo que ha pasado es muy preocupante. Si nos encontramos con Ricardo de nuevo, no sé qué pasará. Y si nos encontramos con el científico del que habló Ana, ¿será que podrá crear una cura o darnos algo útil, una información? Cuanto más lo pienso, más me duele la cabeza. También tengo que encontrar a mis padres. Esto parece no tener fin.
Me pregunto qué estarán pensando las chicas sobre esto…
Lara cree que está muy consciente de nuestra situación y las posibilidades de supervivencia. En teoría, es la persona en la que más confío, y con más tiempo he pasado desde que empezó el virus. La ciudad… o el mundo está hecho un desastre.
Silvia me ha mostrado ser una persona de confianza y está dispuesta a cooperar siempre en situaciones críticas. Pero en estos momentos, también he notado que está algo distante y sumergida en sus pensamientos. No sé cómo debería hablar con ella.
Y luego está Ana, es algo callada y reservada. Diría que no es la persona en la que más confío, pero es alguien que nos está ayudando y está dispuesta a colaborar tanto en situaciones extremas como en otras.
Bueno, no importa qué pase, voy a confiar en las chicas. Ahora son como mi familia. Mañana tendré que enseñarles algunas técnicas de combate. Lara dijo que quería hacer una demostración. Me pregunto qué clase de demostración será.
Después de un rato, Marcos bajó las escaleras vistiendo ropa deportiva bastante cómoda. Al ver que las chicas estaban mirando las armas y que Lara estaba hablando sobre cómo deberían empezar a practicar las técnicas mañana, Marcos se acercó y les preguntó:
—¿No era que íbamos a hacer una demostración de combate? Eso es lo que me dijiste.
Lara respondió:
—Eso es lo primero, y espero que estés preparado para morder el polvo.
Marcos sonrió y respondió:
—Si estás tan segura, es que he mejorado mucho mi pierna para hablar de esa manera.
Lara replicó:
—Sí, está mejor, y si no me crees, pídele a alguien que te quite los vendajes para que lo veas por ti mismo.
En ese momento, Silvia le dijo a Lara:
—Si querías que Marcos te viera mejor, solo lo habrías pedido.
Marcos y Lara, avergonzados, dijeron:
—No es eso.
Silvia se rió. No pudo evitarlo, y Ana también comenzó a reír.
Marcos, tosiendo por unos minutos, luego le pidió a Lara que se sentara para revisar su pierna. Al verla detenidamente, Marcos notó que realmente había sanado muy rápidamente.
Lara le dijo:
—Mañana verás cómo me vas a morder el polvo.
Marcos le contestó:
—Descansa, así estaré seguro de aplastarte cuando esté en mi mejor condición.
Lara sonrió y le dijo:
—Si estás tan seguro de poder vencerme, ¿qué tal una apuesta?
Marcos preguntó:
—¿Qué tienes en mente?
Lara respondió:
—El ganador podrá pedirle cualquier cosa al perdedor, cuando quiera.
Marcos, respondiendo con una sonrisa, dice:
—Está bien, espero que estés lista para mi favor.
Lara responde, con una mirada desafiante:
—Pero para que sea válido, Marcos, pelearás en el lugar que yo elija y prepararé el terreno.
Marcos, con una ligera incomodidad, contesta:
—Eso es un poco injusto, ya que tú elegirías el lugar y lo arreglarías a tu gusto.
Lara, con una sonrisa de desafío, responde:
—¿No eras tú el que dijo que deberías estar en tu mejor condición?
Marcos, sintiendo el desafío de Lara, acepta:
—Está bien, pero la derrotaré en tu terreno.
Silvia y Ana, que habían estado calladas hasta ese momento, reaccionan con sorpresa.
Ana, curiosa, pregunta:
—¿Quién crees que ganará?
Silvia responde con una sonrisa:
—No tengo ni idea, pero apoyaré a Lara, ya que podría manipularla para hacer que Marcos haga algo vergonzoso. Jajaja.
Ana, suspirando al ver cómo Silvia se comporta como siempre, se pregunta en su mente: ¿Qué será lo que realmente oculta Silvia?
Marcos saca a todos de sus pensamientos al decir:
—El sol se está ocultando, y mañana tendremos un día muy cansativo por delante. Así que vamos a descansar. Yo tomaré la primera guardia.
Las chicas se acuestan en una de las habitaciones de la cabaña y cierran los ojos. Algunas intentan descansar, mientras que otras se sumergen en sus pensamientos, preguntándose qué será lo que realmente sucederá.
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