LA NUEVA ERA - Capítulo 37
- Inicio
- Todas las novelas
- LA NUEVA ERA
- Capítulo 37 - Capítulo 37: Sombras del Pasado
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 37: Sombras del Pasado
Al lado de un fuego oscuro, Ricardo recuerda a su hermano mientras piensa en dónde encontrarlo. Ricardo recuerda haber visto el símbolo del laboratorio donde trabajaba su hermano en la ropa del grupo de Marcos.
—Una de esas chicas tiene que saber qué le pasó a mi hermano… —murmura para sí mismo.
—¡Vengan aquí! Quiero saber dónde fueron y por qué no los hemos encontrado todavía —grita Ricardo con impaciencia.
Uno de sus hombres se adelanta y le responde:
—Señor, hemos perdido el rastro del grupo de Marcos… No sabemos dónde estarán.
Ricardo lo mira fijamente y, con una voz seria y amenazante, le pregunta:
—¿Y qué piensas hacer para solucionarlo?
El hombre traga saliva y responde con temor:
—No lo sé, señor. Por favor… los hombres están cansados. Desde que salimos del laboratorio no hemos encontrado nada y no hemos parado de buscar.
Ricardo lo observa por un momento y luego pregunta:
—Dime, ¿eres bueno peleando?
—¡No, por favor, señor! Juro que lo haré mejor —responde el hombre, desesperado.
Ricardo asiente levemente.
—Eso espero… porque si no, tendrás que pelear contra mí.
Después de eso, Ricardo se sienta junto al fuego y vuelve a sus pensamientos.
“Marcos era bueno negociando, pero nunca pensé que supiera usar mapas… fue mi error darle algunos mapas.”
En ese momento, una figura aparece y hace que Ricardo deje de pensar.
—Tú… ¿qué haces aquí? —pregunta Ricardo, dirigiendo su mirada a Luis.
Luis sonríe con burla.
—Jaja, ¿no te alegras de verme, Ricardo? Vamos, soy un viejo amigo.
Ricardo suspira.
—En realidad, creo que tengo demasiadas cosas en la cabeza como para pensar en mis amistades.
Luis lo observa con interés y responde:
—Sí, ya lo estoy viendo. Pero hombre, te conozco desde antes de que todo esto pasara. Dime, ¿qué te molesta tanto?
Ricardo se cruza de brazos y dice con frustración:
—En realidad, estoy enojado conmigo mismo. Dejé escapar a unas personas que me habrían ayudado a encontrar a mi hermano.
Luis lo mira con curiosidad.
—Ya veo… Tu hermano… Bueno, te conozco desde hace años, pero nunca me contaste quién es tu hermano.
Ricardo se queda en silencio por un momento y luego, con una expresión seria, le dice:
—Tienes razón… ¿Te gustaría saber por qué mi hermano no está conmigo?
Luis sonríe levemente y asiente.
—Seguro. A ver, cuéntame, dime lo que pasó.
Ricardo comienza a relatar un poco de su pasado, contando que, desde niño, vivió en las calles mientras cuidaba a su hermano, que en aquel entonces era solo un bebé. Con voz firme pero con un dejo de melancolía, admite que tuvo que trabajar hasta el cansancio para darle a su hermano una mejor educación y una vida más digna, distinta a la que él había llevado.
—Trabajé de todo —dice con un suspiro—. Fui vendedor ambulante, albañil… incluso peleador.
Fue en ese mundo de peleas donde te conocí, (nombre). Gracias a las peleas y al dinero que ganaba con ellas, pude pagar toda la educación de mi hermano, desde la primaria hasta la universidad. Para lograrlo, entrenaba todos los días, a veces sin dormir, sacrificando todo lo que tenía. Sin embargo, cuando empecé a ganar mis combates, rápidamente conseguí el cinturón mundial. Esa victoria me trajo fama y riqueza, pero también atrajo la atención de muchas personas… algunas de ellas peligrosas.
Ser el centro de atención hizo que mi hermano estuviera en riesgo. A pesar de ello, él logró terminar la universidad y consiguió un trabajo en un laboratorio, donde poco a poco fue ascendiendo de puesto. En esos tiempos, todo parecía ir bien, aunque yo recibía constantemente cartas de amenaza en las que advertían que iban a matar a mi familia.
Cada pelea que tenía se volvía más difícil. Mis oponentes usaban drogas para potenciar sus habilidades en el ring, pero aun así los vencí sin recurrir a ninguna sustancia. Mi hermano, siempre tan amable y optimista, pensaba que yo era el mejor. Me apoyaba en todo: preparaba mi comida, seguía conmigo las dietas, me ayudaba a mantener el orden en casa… Era un joven increíblemente inteligente. Yo lo amé como un padre ama a su hijo, pues lo había cuidado desde que era un bebé.
Por eso, cuando me dijo que sería transferido a otro laboratorio subterráneo en otra ciudad, me preocupé. Pero ese era su trabajo, y no podía hacer nada para evitarlo.
Después de despedirse de sus compañeros de laboratorio en la ciudad donde estábamos hospedados, tomó un avión hacia su nuevo destino. Yo me quedé, ya que tenía más peleas por ganar.
Y ahora… solo quiero encontrarlo para saber si está bien.
Luis observa a Ricardo y, con una sonrisa burlona, dice:
—Se nota que tuviste un camino duro hasta el éxito… pero ahora el dinero no vale nada.
Ricardo asiente levemente y responde:
—Sí, tienes razón… pero mi única prioridad es encontrar a mi hermano.
Luis lo mira con curiosidad y pregunta:
—Oye, en la historia que me contaste… nunca mencionaste a tus padres. ¿Qué pasó con ellos?
Ricardo, con una expresión fría, responde sin titubear:
—Los maté a todos.
Luis se queda en silencio por un momento, pero no muestra sorpresa.
Después de unas horas, Ricardo y sus hombres llegan a un depósito de autos usados. Tras meditar un buen rato, decide que sus hombres descansen allí mientras él piensa en otro plan.
Ricardo se sienta solo, reflexionando sobre cuál sería la mejor manera de encontrar al grupo de Marcos. Entonces recuerda algo:
“En las negociaciones les di mapas que mostraban la condición actual de los bosques y otros lugares… pero las ciudades cambiaron. Eso significa que los mapas de Marcos están desactualizados. Si se están guiando por ellos, podrían estar siguiendo rutas erróneas… eso nos dará ventaja. Bien, ya tengo un plan. Me dirigiré a la ciudad más cercana.”
En ese momento, Luis se acerca y dice con una sonrisa confiada:
—Amigo, tengo una pequeña idea que quizás te ayude a encontrar más rápido a esas personas.
Ricardo, intrigado, pregunta:
—¿Cuál es tu idea?
Luis suelta una leve risa.
—Jaja, estuve revisando los vehículos y creo que podríamos llevarnos cuatro con nosotros. Hay bastante combustible, así que podríamos recorrer una mayor distancia sin desgastarnos tanto. ¿Qué te parece?
Ricardo se queda pensativo por un momento y luego responde:
—No suena mal… ¿Qué vehículos recomiendas que usemos para recorrer más distancia?
Luis sonríe con seguridad.
—Jajaja, en eso no hay problema. Pensé que podríamos usar unas camionetas. Las reforzaremos y con eso podremos recorrer una mayor distancia sin inconvenientes.
Ricardo asiente y da su orden con voz firme:
—Hazlo. Quiero todo listo antes de que anochezca. Mañana temprano salimos antes del amanecer. Mientras tanto, que los hombres descansen.
—Entendido, lo haré de inmediato —responde Luis sin dudar.
Ricardo observa a Luis y piensa para sí mismo:
Luis es mi única familia aparte de mi hermano. Sin él… probablemente perdería la cabeza.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com