LA NUEVA ERA - Capítulo 4
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4: La Historia de Lara 4: La Historia de Lara Mientras caminaba con Lara, la vista de la ciudad era un desastre: casas abandonadas, mercados destrozados y cuerpos esparcidos por todas partes.
Mi mente se llenaba cada vez más de angustia; los pensamientos me consumían y el temor de que mis padres estuvieran muertos aumentaba.
Trataba de mantenerme tranquilo.
Lara caminaba todo el tiempo detrás de mí, muy callada.
Tal vez mantenía distancia, pues soy un desconocido para ella.
Después de caminar durante horas entre las calles cubiertas de cadáveres y esconderse de los zombis, la angustia y los nervios me consumían.
“Lara,” dije, “se está haciendo de noche.
Vamos a descansar en un edificio abandonado.” Marcos contestó: “Sí, está bien.
Vamos.” En el edificio, mientras comíamos un poco, le pregunté a Lara si le gustaba la música para intentar conocerla mejor.
Lara respondió: “Sí, mi favorita era la música electrónica.
La solía escuchar con frecuencia.
¿Y a ti qué tipo de música te gusta, Marcos?” Marcos contestó: “Qué bueno, a mí también me gusta la música electrónica.
La solía escuchar después de entrenar con mi padre.” Lara casi sonrió.
“Qué coincidencia.
¿Cómo era tu padre, Marcos, si no te molesta que te lo pregunte?” Marcos dijo: “Era alguien muy hábil en las técnicas de supervivencia.
Me contó que su padre le enseñó, pero que falleció cuando yo era muy pequeño, por una enfermedad.
Bueno, eso fue lo que me dijo, aunque no solía hablar mucho del abuelo, siendo sincero.” Lara lo miró y contestó: “Se nota que tu padre te enseñó bien, si has logrado sobrevivir hasta ahora.” Marcos, con una sonrisa, contestó: “Sí, mi padre solía sonreír mucho y le encantaba enseñarme técnicas de supervivencia.
También me enseñó técnicas de combate cuerpo a cuerpo y otras cosas.
¿Y qué hay de ti?
¿Cómo era tu familia?” Lara, por un minuto, miró al piso y suspiró.
Luego, con voz temblorosa, dijo: “Toda mi familia murió a manos de los zombis.
Mi madre, mi padre y mi hermana…
todos murieron frente a mí, y no pude hacer nada para salvarlos.” Marcos la miró fijamente, sintiendo un nudo en el estómago.
“Lo siento.
No era mi intención.
Lo siento mucho, de verdad.” Lara, con lágrimas en los ojos, comenzó a relatar su historia: “Cuando empezó el brote, toda mi familia estaba en un parque.
Los zombis comenzaron a salir de la nada.
Mi padre y mi madre empezaron a correr mientras me agarraban de la mano, junto a mi hermana.
Después de un rato, encontramos un lugar seguro con otras personas.
No conocíamos a nadie, pero uno de ellos comenzó a decir que sabía qué hacer y manipulaba a todos.
Mi familia y yo no entendíamos qué estaba pasando, teníamos miedo.
Mi padre decía que todo estaría bien.
Después de unos días, la gente comenzó a comportarse de manera extraña.
Mi familia era la única que aún actuaba normalmente.
Las demás personas estaban aterradas y se aferraban a la esperanza que ese tipo les daba.
Les decía que todo iba a estar bien y que tenía un plan para salir de allí.
Solo tenían que escucharle.
Todo eso eran mentiras, pero casi todos confiaban en él.
Incluso algunas mujeres ofrecían su cuerpo para que les prometiera que seguirían vivas, y hombres que creían que al seguirlo estarían a salvo.” “Los pocos que no estaban de acuerdo con él fueron trasladados al segundo piso.
Allí estábamos, mi familia y unos pocos más.
Fue en un descuido de la puerta de entrada que entró un zombi diferente.
Era más grande y fuerte.
La gente de abajo entró en pánico, y empezaron a subir al segundo piso.
El edificio no tenía salida de emergencia, así que no había escapatoria.
Cuando todos llegaron al segundo piso, las personas y mi padre preguntaron qué sucedía, pero nadie respondía.
Solo veíamos el terror en sus caras y sus esfuerzos por cerrar la puerta lo más rápido posible.
El monstruo no tardó en aparecer.
Su mano atravesó la puerta como si fuera de papel, matando a dos personas en el proceso.” “Cuando el monstruo entró, todos se desbordaron de pánico.
Mi padre actuó rápido y nos dijo que saliéramos por la ventana.
Nos movimos a otro salón, caminando por una parte que sobresalía del segundo piso.
Cuando llegamos a otra habitación vacía, solo faltaba mi madre para entrar.
Una persona, que estaba en el piso lidiando con el zombi, vio a mi madre y alertó a todos.
Mi padre, apresurado, la ayudó a entrar y nos dirigimos rápidamente hacia las escaleras que llevaban a la azotea.
Las escaleras que bajaban estaban llenas de zombis.
La persona que había visto a mi madre intentó hacer lo mismo, y muchos otros también, pero el zombi mutante los alcanzó, acabando con ellos, rompiendo las paredes hasta llegar al piso donde estábamos.” “En la azotea, con mi padre, madre y hermana, sabíamos que debíamos encontrar una forma de escapar.
Sabíamos que era cuestión de tiempo antes de que el zombi llegara.
Mi padre vio una manguera de emergencia, y mi madre señaló un callejón vacío.
Mi padre bajó la manguera y me pidió que bajara primero.
Cuando terminé de bajar, le pidió a mi hermana que lo hiciera también.
Mi hermana, a la mitad del camino, vio una mano atravesando el estómago de mi madre.
El zombi nos había encontrado.
Mi padre gritó que nos apuráramos mientras se abalanzaba sobre el monstruo, pero el zombi acabó con él.” “Mi hermana y yo, sin saber qué hacer, comenzamos a correr, llorando.
Ella me empujó, y fue entonces cuando me di cuenta: el zombi mutante había lanzado una barra de metal que atravesó la cabeza de mi hermana.
No entendí qué pasó, pero mi familia se desvaneció frente a mí.
Me levanté y corrí, sin pensar en nada más que el miedo, la desesperación, y los recuerdos de cómo mi familia murió.
Después de un tiempo, me alejé y me escondí en un mercado.
Tenía comida, pero la soledad y el dolor me devastaron.
Cuando se me acabó la comida, comencé a caminar por los lugares en busca de suministros, y fue allí donde te encontré, Marcos.” Marcos, con el rostro marcado por el impacto, no sabía qué decir.
Se quedó allí, mirando a la persona frente a él, con el corazón lleno de pesar.
Caminó hacia Lara, quien estaba sumida en lágrimas, y la abrazó.
No encontraba palabras, solo podía abrazarla con fuerza, sin importar lo que sucediera.
Lara, en ese momento, sintió que todo lo guardado salía de golpe.
Empezó a llorar desconsoladamente, desahogando todo el sufrimiento acumulado.
Aunque apenas conocía a Marcos, sentía que podía confiar en él, y el abrazo fue todo lo que necesitaba en ese momento.
Lazos en la Oscuridad Después de que Lara sacara sus penas y se quedara dormida, comencé a pensar en todo el dolor que había sentido hasta ahora.
Todo lo que había pasado debió agotarla tanto física como mentalmente.
Es una locura lo que debió haber sufrido.
¿Qué hubiera pasado si un grupo de supervivientes la hubiera encontrado en ese estado y si tenían malas intenciones?
No quiero ni imaginarlo.
¿En qué estás pensando, Marcos?
Bueno, lo mejor es que me duerma y deje que Lara descanse.
Muy temprano en la mañana, retomamos nuestro viaje.
Lara asintió con la cabeza, visiblemente incómoda por lo que había sucedido la noche anterior.
Mientras avanzábamos por las calles, la incomodidad entre ella y yo se hacía cada vez más obvia.
En una parada para tomar agua y recargar energías, Lara rompió el hielo, pidiendo disculpas.
Dijo que no quería incomodarme, que solo necesitaba desahogarse, y que sabía que soy un recién conocido y no se sentía lo suficientemente cercana como para tener esa confianza, pero que estaba muy agradecida de que la hubiera escuchado.
Marcos respiró profundo y dijo: “Está bien, desde ahora somos compañeros.
Y si quieres, puedes quedarte conmigo todo el tiempo que necesites.
Yo y mi familia no somos de abandonar a la gente que necesita ayuda, así que te protegeré.” Lara lo miró, sonrojada por las palabras de Marcos, y con una sonrisa pícara dijo que ella también lo protegería a él y que juntos encontrarían una cura para la humanidad.
Esa iba a ser su meta: ayudar a Marcos a encontrar a sus padres y luego buscar una cura para la humanidad.
Marcos, al ver su expresión llena de vida y sus ojos azules como el cielo, pensó que era un objetivo muy noble.
Después de unos días caminando, descansando, evitando a los zombis e incluso matando algunos de manera inteligente usando trampas de caza que Marcos había aprendido de su padre, se dio cuenta de que Lara era muy rápida y sabía usar el terreno a su favor, algo impresionante.
Después de matar algunos zombis, Lara comenzó a ganar más confianza en sí misma, lo cual ayudaba a levantar el ánimo y a dejar de lado su dolor, sabiendo que ahora tenían un objetivo más grande.
Marcos y Lara encontraron un lugar para descansar, un pequeño gimnasio vacío, que parecía perfecto para ellos.
Marcos dijo: “Descansemos aquí por una noche.
Es más que suficiente y, además, parece muy seguro.” Lara asintió con la cabeza, agotada, ya que llevaban días caminando y enfrentándose a los zombis.
Marcos y Lara arreglaron el lugar y se prepararon para dormir.
De repente, Marcos se despertó al sentirse sorprendido por una mano que le tapaba la boca.
Era Lara, que había escuchado un ruido y le pidió que no hiciera ruido.
Era medianoche cuando Lara me despertó.
Nos escondimos detrás de unos objetos en el lugar, vigilando en silencio para asegurarnos de que no fueran zombis.
Escuchamos voces.
Cuando vimos una luz de linterna, notamos que eran personas.
Miré a Lara y le pregunté qué pensaba.
Lara dijo que no sabía, pero sugirió que viéramos qué tipo de personas eran.
Al entrar, nos dimos cuenta de que eran un grupo grande, de al menos 25 personas.
A los pocos segundos, se dieron cuenta de nuestra presencia.
Sin poder hacer nada, levantamos las manos y dijimos que estábamos a salvo, que no estábamos infectados ni nada.
El líder del grupo se presentó: “Me llamo Juan.” Cautivos del Destino Juan rápidamente analizó a Marcos y a Lara y preguntó: “¿Qué saben hacer?
Si no saben hacer nada, los mataré en este momento.” Marcos y Lara se quedaron pensativos, observando su entorno en busca de una solución.
Juan hablaba en serio, y la tensión en el aire era palpable.
Lara pensaba: “¿Qué hacemos?” mientras Marcos buscaba alguna forma de salir de esa situación.
Juan miró con disgusto a Marcos y Lara y dijo: “Si no me responden antes de que cuente hasta tres, dense por muertos.
1, 2…” Marcos, decidido, levantó la voz: “¡Espera!
Las personas de tu grupo están lastimadas y no parecen tener a nadie que sepa hacer primeros auxilios.
Mi compañera y yo podemos ayudarlos con eso.” Juan pensó por un momento, observando a ambos, y luego dijo: “Está bien, pero antes de nada, dejen sus mochilas en el piso.
Mi grupo y yo las revisaremos y se las devolveremos después.” Marcos y Lara se miraron con disgusto y enojo, pero no tenían otra opción.
Decidieron seguir las órdenes.
Mientras Marcos se encargaba de dar los primeros auxilios, Lara lo observaba, aprendiendo paso a paso.
Después de un rato, Lara logró hacerlo por su cuenta, siguiendo las instrucciones de Marcos.
Tras atender a casi todas las personas del grupo de Juan, ambos decidieron tomarse un descanso.
Poco después, uno de los hombres de Juan apareció y les tiró sus mochilas.
Les dijo que algunas cosas se quedarían con ellos y que, a partir de ahora, deberían acompañarlos para seguir sanando a los miembros heridos de su grupo.
Marcos y Lara se sintieron frustrados por el trato que les daban.
Sabían que los veían como herramientas útiles, pero decidieron no resistirse.
Seguir las órdenes de Juan parecía ser la mejor opción para no crear más problemas y, quizás, aumentar sus posibilidades de supervivencia.
Lara le murmuró a Marcos: “¿No crees que sería mejor escapar?” Marcos negó con la cabeza.
“No, esperemos.
Vamos a ver si podemos viajar con este grupo hasta la ciudad más cercana.
De esa forma, tendremos más posibilidades de sobrevivir con ellos, aprovechando que van hacia allá.” Lara asintió en silencio, aunque no estaba completamente convencida.
Mientras tanto, una mujer escondida observaba su conversación con atención, tratando de captar cada palabra.
Un Nuevo Aliado Mientras la mujer que había estado escuchando la conversación de Marcos y Lara se alejaba, ellos se preparaban para dormir, ya que el día siguiente sería largo.
Cuando el sol se asomó, nuestros protagonistas se levantaron y se prepararon para continuar.
Revisaron sus suministros y objetos.
Marcos comentó que le habían quitado parte de las latas de comida y su confiable navaja, que había usado para eliminar a los zombis.
—A mí también me quitaron parte de mi comida y dos botellas de agua —dijo Lara.
Marcos escuchó que se reían a sus espaldas.
Una parte del grupo de Juan se había quedado con sus cosas, reduciendo sus suministros.
Mientras Lara iba a reclamar, muy enojada, Marcos la detuvo, diciendo: —Ellos tienen armas.
Nosotros estamos en desventaja, no podemos hacer nada.
Juan llamó a todos para salir y comenzar la caminata hacia otra zona.
—Agarré tus cosas, Lara —le dijo Marcos—.
Vamos con los demás del grupo de Juan para evitar problemas.
Lara asintió con la cabeza, algo molesta por lo que les habían hecho, pensando que no les perdonaría por robarles los suministros.
Mientras la mujer oculta observaba todo eso con atención, continuaron caminando con el grupo de Juan.
Aunque el trato que recibían no era el mejor, se dieron cuenta de que el grupo de Juan era muy seguro.
Cada vez que aparecía un zombi, Juan mandaba a uno de sus hombres a acabar con él.
Después de unas horas caminando, todos estaban cansados, pero Juan quería seguir.
Un hombre mayor pidió un minuto para descansar, y Juan le dijo que sí.
El hombre se sentó, pero en ese instante, Juan le disparó en la cabeza, diciendo que era un estorbo.
Luego hizo una señal para los demás, como avisando que si alguien quería descansar, eso les pasaría.
Marcos y Lara, al ver esa escena, quedaron atónitos.
No tenían palabras para expresar el sentimiento de horror que les envolvía al ver a Juan.
Juan, notando sus miradas, sacó una sonrisa y dijo: —Sigan, si no quieren ser los siguientes.
Marcos y Lara no tuvieron opción.
Después de caminar todo el día, llegaron a un pueblo, y Juan decidió parar en un laboratorio que vio a lo lejos.
Una vez allí, dijo: —Marcos, Lara, revisen a los heridos y después pueden descansar.
Mientras tanto, no hagan preguntas.
Marcos y Lara solo dijeron que sí, ya que no sabían qué les podría pasar si desobedecían a Juan.
Después de revisar a todos los heridos, Lara decidió explorar el laboratorio para ver si encontraba algo útil.
Al encontrar algo, decidió llamar a Marcos.
Cuando le mostró lo que había encontrado, Marcos se quedó asombrado: una computadora vieja.
—¿Sabes usarla?
—preguntó Lara.
Marcos contestó: —No, nunca había visto un equipo tan viejo.
En ese momento, la mujer que los había estado escuchando hizo su aparición, diciendo: —Yo sé usar esa computadora.
Marcos y Lara se dieron vuelta rápidamente para ver quién era.
La mujer se presentó como Silvia y les dijo que era una científica y que sabía cómo usar ese equipo viejo.
Marcos y Lara no sabían qué pensar de ella.
No la conocían y no sabían nada sobre su pasado.
Antes de que uno de los dos pudiera hablar, la mujer les dijo que los había estado escuchando todo el camino y que sabía todo lo que habían dicho y hablado a escondidas de Juan.
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