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LA NUEVA ERA - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Fortalezas Ocultas
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9: Fortalezas Ocultas 9: Fortalezas Ocultas Al asomarse el sol, después de que el grupo de Marcos descansara por todo lo que les pasó con Juan, se levantaron y revisaron si tenían comida.

Marcos dijo que solo tenía agua, y Lara respondió lo mismo.

Silvia revisó su mochila y comentó: —Tengo cinco latas de duraznos y dos botellas de agua.

El resto son algunos equipos de investigación.

Ana agregó: —Yo tengo latas de pescado y algunas de carne.

Si quieren, puedo compartirlas.

Tómenlo como un agradecimiento por ayudarme con lo del otro día.

Marcos lo aceptó, sabiendo que la caminata sería agotadora.

—Estamos muy agradecidos, Ana —dijo—.

Solo tomaremos una lata de pescado.

Tras un rato, todos terminaron de comer.

Marcos, consciente de la importancia de conocer sus habilidades, les propuso: —Creo que deberíamos compartir nuestras habilidades.

En esta situación, conocernos mejor nos ayudará a distribuir tareas más fácilmente.

Ana y Silvia dudaron un momento, pero aceptaron.

—Tú primero —dijo Silvia.

Marcos asintió y comenzó: —Tengo habilidades de supervivencia y primeros auxilios.

Además, aprendí algo de combate cuerpo a cuerpo con mi padre.

Luego, miró a Lara, dándole paso para que continuara.

—Soy muy rápida y sé usar el terreno a mi favor —explicó ella—.

Pero me falta experiencia en combate.

Solo he peleado con zombis normales y siempre con la ayuda de Marcos.

Silvia tomó la palabra: —Soy científica.

Conozco algunas cosas sobre los zombis y quiero crear una cura para el virus.

No tengo habilidades cuerpo a cuerpo, pero estoy dispuesta a aprender.

Finalmente, Ana reveló su historia: —Yo también soy científica.

Aprendí de mi abuelo, quien era un investigador destacado y conocido por crear vacunas contra virus letales.

Por ejemplo, él encontró la cura para la gripe aviar.

Además, tengo conocimientos avanzados en computación, pero me gustaría aprender algo de defensa personal.

Aunque, siendo sincera, mi cuerpo es muy débil.

Marcos se mostró intrigado.

—¿Tu abuelo fue el científico que encontró la cura para la gripe que acabó con la mitad de la población hace 50 años?

Ana asintió con nostalgia.

—Sí, él mismo.

Me enseñó todo lo que sabía.

Por eso quise ser científica, para poder ser como él.

Por desgracia, murió cuando inició el brote.

Marcos y Lara intercambiaron miradas.

Querían saber más sobre la pérdida de uno de los científicos más importantes de la humanidad y por qué su nieta estaba sola en un edificio abandonado, tratando de encontrar una cura con recursos limitados.

Pero Ana bajó la mirada.

—No puedo contarles más.

Me duele demasiado recordarlo.

Marcos y Lara entendieron su dolor y no insistieron.

Silvia, que había permanecido callada hasta ese momento, se levantó de golpe y dijo con seriedad: —Prepárense.

Juan está aquí…

y tengo un mal presentimiento.

Sombras en el Hospital Juan caminó hacia Marcos y le dijo que se prepararan.

—Tú y tu grupo tendrán que explorar algunas zonas que vi en el mapa en busca de recursos.

¿Entendido?

Marcos asintió, enojado.

Sabía que si cometía un error, Juan cumpliría con lo que había dicho.

“No puedo permitir que eso pase,” repitió en su mente, preparado para cualquier cosa que pudiera suceder.

Lara y Silvia miraron con disgusto a Juan, pero sabían que, aunque quisieran matarlo, no podían.

Ana, que solo estaba observando, pensó que Juan era una mierda de persona.

Recordando que su abuelo le dijo que solo estuviera con buenas personas, decidió quedarse en el grupo de Marcos por ahora.

—Partiremos en 10 minutos —dijo Juan, alejándose del lugar.

Después de 20 horas caminando sin descanso, Juan decidió hacer una parada y le pidió a Marcos que explorara el hospital que tenían enfrente.

Marcos empezó a caminar hacia el hospital y, a su espalda, iban Lara y Silvia.

—¿En verdad van a acompañarme?

—preguntó Marcos.

—¿No es obvio?

—respondió Silvia con una voz juguetona.

—Donde tú vayas, yo iré —agregó Lara.

Luego, llamó a Ana para que los acompañara si no quería quedarse con el otro grupo.

Ana miró a Juan y a sus hombres y pensó que, a pesar del cansancio, prefería el grupo de Marcos.

Al entrar al hospital, el grupo notó una atmósfera escalofriante y un olor a podredumbre que hacía casi imposible seguir recorriendo los pasillos.

—Sigamos, cuanto más rápido terminemos, mejor —dijo Marcos—.

Si encontramos un lugar sin olor, el grupo puede tomar un merecido descanso.

Las chicas, al escuchar eso, se alegraron, pero la alegría duró poco.

Mientras caminaban por el hospital y veían las habitaciones, solo encontraban cadáveres en estado de descomposición.

El grupo, al ver esa escena, solo pudo pedir disculpas en silencio por las personas que murieron en el hospital, esperando que descansaran en paz.

—¿Qué harás si logras escapar de Juan?

—preguntó Ana.

—Buscaré a mis padres y, después de eso, ayudaré a Lara a crear una cura —respondió Marcos.

—No te olvides de mí —dijo Silvia—.

También ayudaré a hacer la cura.

Mis conocimientos como científica serán muy útiles.

Ana se quedó callada al escuchar la respuesta de Marcos y luego preguntó: —¿No piensas que tus padres podrían estar muertos?

Marcos se quedó en silencio y, con una voz firme, respondió: —No.

Mis padres no morirán tan fácilmente.

Si fuera el fin del mundo, sé que encontrarían la forma de seguir vivos.

Ana se asombró por la respuesta de Marcos y se quedó callada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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