La Oscura Venganza de una Novia Abandonada: ¡Hasta que la Vida Nos Separe! - Capítulo 165
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Capítulo 165: El abogado 2
—Olive, ¿podemos continuar más tarde? —preguntó Zane, mientras le daba un golpecito en el hombro al conductor para que se detuviera. Su cabeza se giró de inmediato hacia la ventanilla, con el teléfono aún pegado a la oreja derecha, mientras examinaba el bloque de apartamentos de afuera.
El edificio parecía la crème de la crème de este barrio de baja categoría; todavía poco impresionante para sus estándares, pero claramente lo mejor que esta zona tenía para ofrecer.
Bentley de verdad debía de haber huido para salvar el pellejo, refugiándose en la mediocridad para haber elegido un lugar así para vivir, después de haber residido en un condominio caro en su país…
Zane había investigado a fondo, y el resultado no había hecho más que confirmar sus suposiciones.
Tras pagarle al conductor, salió del coche y miró a su alrededor por costumbre, escaneando el entorno con una alerta entrenada.
Se fijó en las tiendas baratas que vendían provisiones para el día a día, un local de comida que a sus ojos ni siquiera calificaba como restaurante, y otros detalles de la calle: aceras agrietadas, pavimento irregular y calles que no estaban del todo asfaltadas, pero que eran transitables.
Nadie parecía estar observándolo, o al menos no de la forma en que estaba entrenado para detectarlo.
—¡¿Zane, qué estás haciendo?!
Zane suspiró al oír el grito dramático de su hermana por teléfono.
—Te dije que habláramos más tarde… —masculló mientras entraba en el recinto casi inexistente, pues la casa se encontraba incómodamente cerca de la calle.
De inmediato, se dirigió hacia la estrecha verja de metal, algo oxidada, que claramente conducía al hueco de una escalera.
¿Sin ascensor? Se le escapó otro suspiro, al tiempo que notaba el repentino silencio de Olive. Seguramente intentaba adivinar qué estaba haciendo o dónde se encontraba.
—¿Dónde estás? —preguntó ella, y él exhaló por la boca mientras contemplaba la polvorienta escalera.
—En un lugar importante. ¿Podemos hablar más tarde? Estoy ocupado…
—¿Ocupado? Por haberte preguntado sobre tu historia con Gianna, ¿no?
Zane resopló con cansancio. —Ya te respondí a eso… fechas, todo… Ahora sabes más que los medios de comunicación.
Olive bufó. —¿Entonces tienen razón al tacharte de insensato?
—Olive…
—Creo que tienen razón… —insistió Olive, ignorando el tono de advertencia en la voz de su hermano—. ¿Cómo has podido?
Zane puso los ojos en blanco. —¿Vas a montar otra vez el numerito?
Había perdido la cuenta de cuántos «¿cómo has podido?» había oído desde que le cogió la llamada. Ahora deseaba no haberlo hecho.
Pero no tenía forma de saber que esa era la razón de sus cinco llamadas perdidas.
Subió el primer escalón, maldiciendo por lo bajo al ver cómo estaba construido.
«¿Qué estúpida constructora diseñó esto?», murmuró para sus adentros, mientras sus largas piernas subían sin problemas la pendiente de cemento.
—Si al menos hubieras confiado en mí…, yo habría…
—¿Habrías qué…? Entonces solo eras una adolescente. ¿Podemos dejarlo ya…? Estoy a punto de entrar en una reunión…
—¡Y ahora está saliendo con ese Noah Newman! —continuó Olive como si él no hubiera dicho nada.
Zane se detuvo a mitad de un escalón. —¿Conoces a Noah?
El tono de su hermana al mencionar a su rival tenía un deje de familiaridad.
—¡Por supuesto! ¡Es un mujeriego!
—¿Y?
—Bueno, es un canalla con las chicas, en realidad no le importan… Es como—
—En otras palabras, alguien como yo…
La exasperación de Olive crepitó a través del teléfono. —¡Tú eres diferente!
Zane rio por lo bajo. —Solo porque soy tu hermano. Sea como sea, Gianna es adulta y parece que él le gusta…
—Suenas como si te pareciera bien…
¿Acaso tenía otra opción por el momento?, se preguntó Zane. No podía sonar como un tonto enamorado delante de su hermana pequeña, que además lo veía como un mentor.
—No me digas que te estás rindiendo…
—Olive, leíste las noticias… ella perdió a nuestro… a su hijo.
—También era tu hijo, Zane…
Zane hizo una pausa, dejando que el peso del dolor y la depresión lo inundara antes de reprimirlo de nuevo.
—Olive, ¿podemos hablar de esto más tarde? —Su voz se había vuelto sombría y su hermana lo notó, suspirando.
—Vale. ¿Te preparo la cena esta noche…? Puedo ir a la mansión, ¿o prefieres que siga manteniéndome alejada?
Zane suspiró. —Ya no vivo en la mansión. En cuanto a la cena… —se humedeció el labio inferior, mirando de reojo el tramo de escaleras que aún le quedaba por subir.
No sabía cuándo acabaría de lidiar con el abogado de Gianna; mejor no darle esperanzas a Olive. —No estoy seguro de que acabe a tiempo…
—Vale. Adiós.
Zane suspiró de nuevo cuando la llamada terminó. Le había cancelado la cena más de tres veces seguidas… pero en realidad no era culpa suya, con todas las reuniones a las que tenía que asistir.
Aun así, sabía que tenía que sacar tiempo para ella. Quizás aún pudiera llegar esta noche.
Con esa posibilidad en mente, subió corriendo el resto de las escaleras, de modo que cuando llegó al descansillo del cuarto piso, estaba jadeando.
Cansado, recorrió arrastrando los pies los pocos metros que lo separaban de la puerta del apartamento, la última del pasillo. Y llamó.
Entonces oyó murmullos en el interior, seguidos de unos pasos apresurados que se dirigían a la puerta.
Incluso antes de que se abriera, Zane ya sabía que era Spider.
Enarcó una ceja cuando vio a Spider sosteniendo una pistola, metida en su cintura, con el dedo ya apoyado en el gatillo, listo para disparar.
—¿Hay alguna razón por la que ya tengas el arma fuera? —preguntó Zane, entrando en el apartamento.
—El abogado es un paranoico… Cree que le hemos traído la muerte a su puerta.
Zane alzó la otra ceja. —¿Y por qué iba a pensar eso?
Spider se encogió de hombros. —Ni idea. Todavía no ha hablado… Su mujer nos sirvió café y galletas… bueno, algo que sabe a eso…
Entonces hizo una pausa, como si acabara de darse cuenta de la presencia de Zane. —¿Así que no te volviste?
—¿Por qué iba a hacerlo?
Spider rio entre dientes, guiándolo más allá de la puerta hacia la sala de estar. —Una pena, mi querido amigo. Al menos eso es lo que piensa Gianna.
Zane no dijo nada; se limitó a poner una expresión neutra justo cuando sus ojos se encontraron con los sorprendidos de Gianna.
Claro. Realmente había esperado que volviera al país.
—¿Zane Whitman?
Apartó la mirada de ella hacia Bentley, que se había puesto de pie lentamente, como si estuviera en estado de shock.
Zane se metió las manos en los bolsillos y enarcó una ceja como respuesta.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Bentley. Zane no era su cliente.
—La misma razón que ellos… —dijo Zane, tomando asiento en el mismo sofá en el que estaban sentados Spider y Gianna.
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