La Pequeña Esposa Secreta del Multimillonario - Capítulo 88
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- Capítulo 88 - 88 CAPÍTULO 88 El desacuerdo entre Raven y Kevin
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88: CAPÍTULO 88: El desacuerdo entre Raven y Kevin 88: CAPÍTULO 88: El desacuerdo entre Raven y Kevin —Bueno, tengo una gran oportunidad de inversión —sonrío.
—¿Quieres que invirtamos en el bufete de la señorita Crosby?
—pregunta Kyler.
Joder, directo al grano.
Eso no me gusta.
Ni siquiera pude usar mi encanto.
—Sí —asiento.
—¿Cuánto?
—pregunta él.
—Diez millones de dólares.
Kyler frunce el ceño.
—¿Por qué?
—pregunta.
—Se lo debemos, crio a mis dos preciosas hijas sola, y no a dos hijas cualquiera, tienen sangre de los Jacobs corriendo por sus venas…
—le digo.
—Votemos…
Levanten la mano los que estén a favor de la inversión —dice Kevin.
McKenzie: levanta la mano.
Catherine: levanta la mano.
Abuela: levanta la mano.
Abuelo: no levanta la suya…
Kyler: no levanta la mano.
Niklaus: levanta la mano.
Alexis: no levanta la mano.
Kevin: no levanta la mano.
Kennedy: no levanta la mano.
—Vamos, son crueles…
Papá, esta es la madre de tus nietas, con quien planeo casarme —le digo.
—Bueno, podrías haber empezado diciendo que quieres casarte con ella, y la cantidad es demasiado…
¿Qué tal un millón de dólares?
—pregunta mi padre.
—No es suficiente.
No le hemos dado ni un céntimo para las niñas en cinco años…
Riley tiene asma grave y tuvo que pagar las facturas del hospital ella sola.
Por algo que hizo la abuela, no pudo conseguir el trabajo de sus sueños.
Además, ¿qué me dicen del hecho de que cada uno de ustedes le ha dado a los hijos de Niklaus más de novecientos mil millones y Aria solo tiene un par de meses?
—les pregunto.
—¡Raven!
Sabes que es diferente, Aaron será el cabeza de familia algún día…
—dice Papá.
—¿Ah, sí?
Si no recuerdo mal, mis hijas son mayores que Aaron, lo que significa que, si quisieran, podrían hacerse con el control de la empresa —fulmino a mi padre con la mirada.
—El chico tiene razón, sus hijas son mayores —dice el Tercer tío.
Mi padre mira a mi tercer tío.
—¿En serio, hermano?
Mi hijo no se lo merece, dejó embarazada a una chica fuera del matrimonio y ¿aún tiene el descaro de soltar tonterías?
—escupe mi padre.
—Si no recuerdo mal, ¿tú hiciste lo mismo?
—replica el Abuelo.
—¡Papá!
—ruge Papá.
—Mamá me crio sola durante cuatro años y se burlaban de mí y me acosaban por no tener padre, y sé a ciencia cierta que nunca intentaste compensarlo, me endosaste al tercer tío a la primera de cambio…
Es ridículo pensar que me apoyarías ahora, al menos yo quiero estar en la vida de mis hijas, a diferencia de ti —lo fulmino con la mirada.
—¡Raven!
Nunca te abandoné.
Tuviste elección y elegiste quedarte…
—me dice.
—Tenía cuatro malditos años.
¡No deberían haberme dado a elegir!
—espeto.
Él pone los ojos en blanco.
—Vale, fui un padre terrible, ¿estás contento ahora?
—¿Por qué diablos estaría contento?
A mi padre no le importo un bledo, la única vez que me presta atención es cuando hago algo mal —le pregunto.
—¡Raven, ya es suficiente!
—ruge Papá.
—Está bien, Raven…
Sacaré de mis fondos personales e invertiré tres millones de dólares en Crosby y asociados…
¿Y haré saber a la gente del sector que es mi abogada personal?
—dice Niklaus.
—Gracias.
Niklaus, no tienes por qué hacer esto —le agradezco a mi primo.
—No olvides que es la hermana de Zelina…
Piénsalo como que le echo una mano a mi cuñada —me dice con una sonrisa.
—Gracias, Niklaus…
Hago una reverencia y salgo de la sala de juntas.
—Raven, detente ahí mismo.
Dejo de caminar, me doy la vuelta y miro a mi padre.
—Raven, siento no haber estado ahí cuando eras más joven…
Te pido disculpas.
—Su disculpa llega veinte años tarde.
—No me importa tu disculpa…
Solo quiero estar ahí para mis hijas…
de la forma en que tú no lo estuviste para mí —le digo.
Él me fulmina con la mirada.
—¿He dicho que lo siento, qué más quieres?
—pregunta.
—¿Qué tal si reconoces a tus nietas?
—le digo.
—¿Qué te hace pensar que no las he reconocido?
—pregunta.
Parecía genuinamente confundido.
—Pasando tiempo de verdad con ellas, como lo hace mamá…
Es curioso que el tercer tío pase más tiempo con tus nietas que tú —le digo.
—Vale, ¿qué tal si voy a cenar esta noche para pasar tiempo con ellas?…
¿Qué les gusta?
¿Se lo compro?
—me dice.
—A Robyn le encantan las muñecas y el maquillaje, y a Riley le encantan los ordenadores, le encanta hackear.
Estoy seguro de que puedes conseguirles lo que les gusta —le digo.
No podía culparlo por intentarlo.
Él asiente.
—Por supuesto…
Prometo que estaré allí.
—No hagas promesas que no puedas cumplir…
Con tu trabajo, cualquier cosa podría pasar —le digo.
Él suspira.
—Vamos, Raven, lo estoy intentando…
—Veremos si apareces más tarde, y entonces veré si has cambiado —le digo antes de alejarme.
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