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La Princesa Oculta En La Academia Alfa Solo Para Chicos - Capítulo 313

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Capítulo 313: #Capítulo 313 – Entre lobos

Las cosas se calientan rápido entre Luca y yo mientras me arrastra de vuelta entre los árboles, tumbándose velozmente en el suelo y llevándome con él. Gimo contra la boca de Luca mientras me besa con fuerza y rapidez; su mano se desliza por debajo de la pequeña chaqueta de Daphne, encontrando la piel de mi espalda, mientras la otra se enrosca en la parte de atrás de mi cuello, atrayéndome hacia él.

Me pierdo más y más en él con cada beso ardiente, mis manos se mueven primero por su pelo y luego forcejean con los botones de su camisa mientras jadeo contra sus labios, apretándome más contra él. Y mientras mis dedos se afanan con el primer botón de su camisa, y luego con el segundo, deseando deslizar las palmas de mis manos contra su cuerpo, me doy cuenta de que Luca y yo… no hemos hecho esto en mucho, mucho tiempo.

Que simplemente no hemos tenido tiempo; que he estado absorta en Jackson y que, además, el pleno invierno y las clases nos han mantenido realmente separados.

¿Pero ahora que tenemos este momento aquí, en el bosque? ¿Y puedo saborearlo, sentir de nuevo cómo su boca se mueve, caliente, sobre la mía?

Dios, cómo lo deseo. Muchísimo, muchísimo.

Luca gime, apartando la mano de mi cuello y tirando apresuradamente de mi falda para encontrar el bajo. Cuando por fin se abre paso entre los pliegues de la tela, su mano deslizándose primero por mi pantorrilla y luego por mi muslo, la intensidad es tal que hace que el beso se rompa, que mi cabeza caiga hacia atrás mientras sus dedos bordean mis bragas, agarrándolas, deseando desesperadamente arrancarlas.

Levanto la cabeza de nuevo, un poco mareada por la intensidad, y muevo las caderas en su regazo hasta que siento su dura erección presionando contra mí. Luca gime, se estremece y presiona un beso en mi cuello. Entonces abre la boca y siento cómo aprieta sus caninos, ya extendidos, contra la suave piel de esa zona. Un fuerte escalofrío me recorre ante eso y mi loba aúlla, desesperada y ansiosa a la vez, presionando en el borde de nuestro vínculo.

Me vuelvo hacia ella, sin entender, mientras se agita de un lado a otro en mi alma, con un gemido en la garganta porque… ¿qué? ¿Por qué está…?

Pero entonces frunzo el ceño, al darme cuenta de que…

—Luca —digo, apartándome un poco de él. Le acuno la mejilla con la mano y mi pulgar recorre su labio inferior.

Me mira, con los ojos entornados por el deseo. No dice nada, solo me mira fijamente y luego se inclina hacia delante, queriendo de nuevo mi boca sobre la suya. Pero yo me aparto y niego con la cabeza, con el ceño cada vez más fruncido. —¿Luca, dónde está tu lobo?

—¿Qué? —pregunta, volviendo en sí con un parpadeo y frunciéndome el ceño a su vez—. ¿De qué estás hablando?

Me aparto de él, girando la cabeza, intentando recordar, pero…

¿Hubo… alguna vez? ¿Un momento en que nuestros lobos conectaran, como lo hacen el de Jackson y la mía cada noche?

—El vínculo —murmuro, terriblemente confundida y de repente un poco asustada—, mi loba está buscando al tuyo… ¿dónde… dónde está él?

Luca se sobresalta y luego se limita a mirarme fijamente; el ambiente cambia en un instante. —¿De qué estás hablando?

—Luca —susurro, inclinándome hacia delante. Una sonrisa fugaz aparece en mis labios, pero desaparece rápido, reemplazada por la preocupación—. Mi loba solo quiere conectar con el tuyo cuando estamos… juntos. ¿Por qué te contienes?

—¿Por qué quieres hacer eso? —pregunta, mirándome como si estuviera loca.

Me quedo quieta, y la preocupación y un poco de vergüenza me invaden porque… no sé, porque Luca me mira como si hubiera dicho algo… sucio. —¿De qué estás hablando? —susurro—. ¿Por qué no iba a quererlo?

Entonces Luca se mueve, me levanta de su regazo y me sienta a su lado en el suelo, al mismo tiempo que se gira para mirarme de frente. —¿Quieres que nuestros lobos… se encuentren? ¿A través del vínculo?

—Pues sí —digo, mordiéndome el labio, completamente confundida—. ¿Por qué…? O sea, ¿por qué no lo han hecho? ¿Estás… conteniéndote?

Entonces su rostro cambia y sus labios se aprietan en una línea severa. —¿Por qué? ¿Es eso lo que haces con él?

—¿Qué? —Mis ojos se abren de par en par por la acusación en su voz, por el miedo celoso.

—Con Jackson —espeta Luca, torciendo la boca—. ¿Acaso vosotros, no sé, conectáis a través de vuestras almas, de lobo a lobo o algo así?

Me enderezo, frunciéndole el ceño a Luca, todavía completamente sorprendida de que el ambiente haya cambiado tan radicalmente en los últimos treinta segundos y sin que me guste nada hacia dónde va esto. Me cuadro de hombros y entrecierro los ojos hacia mi compañero. —Esto no va de lo que yo haga con Jackson —espeto, mirándolo fijamente—. Te estoy preguntando por ti. Por tu lobo.

Luca frunce el ceño, aparta la mirada y encoge los hombros, pareciendo por encima de todo… perdido y cohibido. —¿Podemos… dejar a mi lobo fuera de esto? —murmura.

—¿Por qué? —pregunto, en apenas un susurro.

—Porque te lo he pedido —espeta Luca, mirándome de reojo con enfado.

Me siento aún más recta, mirando fijamente a mi compañero, nada acostumbrada a que me trate con esta frialdad. Pero mientras lo observo, me doy cuenta de que Luca está siendo desagradable conmigo ahora mismo porque… esconde algo. Porque está herido o asustado.

Reprimo mi propia ira, tomando nota mental de hablar sobre este particular método de confrontación más adelante, y en su lugar me centro en el verdadero problema: el hecho de que no estoy segura de haber… conocido nunca al lobo de Luca. Excepto aquella vez que perdió los estribos por completo el día que descubrió que tenía otro compañero; cuando se transformó y él y Jacks se atacaron mutuamente.

Miro fijamente a mi compañero, intentando entenderlo mientras él mira de mal humor hacia los árboles, esforzándose por controlar su respiración. Mientras lo hace, me concentro en nuestro vínculo, en mi pequeña loba de oro rosado a la que tanto quiero, que es una gran amiga para mí, mientras ella empuja el vínculo con el hocico, forzándolo a convertirse en un puente entre nuestras almas.

Es mucho… más difícil que con Jackson, que siempre ha sido tan abierto conmigo.

Luca se estremece y se gira para fulminarme con la mirada con un poco más de fuerza. —¿Qué estás haciendo? —gruñe.

No respondo mientras mi loba se mueve lentamente a través del puente del vínculo hacia su lado, dando un empujoncito al muro que encuentra allí.

—¿Quieres parar ya? —espeta.

Solo giro la cabeza y lo miro fijamente, totalmente confundida y completamente curiosa. —Luca —susurro, inclinándome y poniendo una mano en su brazo—. Ella no irá más allá si no quieres, pero… deberías dejarnos entrar.

Luca gruñe, apartando de nuevo la mirada de nosotras, y para mi sorpresa, las lágrimas asoman al borde de sus ojos. Mi loba gime en lo profundo de su garganta y se acurruca en el otro extremo de nuestro vínculo, con su cuerpo cálido presionado contra el muro de su alma. Y yo me acerco más a Luca, haciendo lo mismo, alineando mi cuerpo con el suyo tan cerca como me lo permite y apoyando la cabeza en su hombro, simplemente… estando cerca. Estando cerca de mi compañero, a quien amo, pero de quien ahora me doy cuenta de que quizás nunca me ha dejado entrar del todo.

Permanecemos así durante mucho, mucho tiempo, conmigo apretada y cálida contra el costado de Luca. Siento cómo su pecho se contrae con lágrimas contenidas, lo oigo sorber por la nariz, pero le doy su espacio, haciendo como si no me diera cuenta.

—Mira —dice Luca cuando su respiración se ha calmado, aunque su voz sigue ahogada—. Lo siento…, no es culpa tuya, ¿vale? Y no es que no quiera estar cerca de ti de esa manera. Es solo que… no puedo.

—Vale —susurro, haciendo todo lo posible por entender mientras mi loba se gira de nuevo hacia el muro y lo empuja con el hocico. Pero incluso mientras lo hace, podemos sentir que el muro es de Luca; que él lo levantó. Que lo fortalece y debilita a voluntad para decidir qué emociones me transmite y qué palabras.

Y ahora mismo, es adamantino: de piedra y hierro, sin que nada lo atraviese.

Pero aun así, es suyo. Así que no es que no pueda…, es que no quiere.

—Es que… —murmura Luca, negando con la cabeza y dejándola caer—. Mi lobo no es como el de los demás, ¿vale? No es… seguro.

—¿A qué te refieres? —susurro, asustada por él.

Luca suelta un largo suspiro y las lágrimas vuelven a escaparse de sus ojos. Mi loba deja escapar un pequeño aullido, llamando al suyo por encima y a través del muro, desesperada por que la oiga.

Pero yo no digo ni una palabra, cediéndole el espacio a Luca.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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