La Princesa Oculta En La Academia Alfa Solo Para Chicos - Capítulo 321
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Capítulo 321: #Capítulo 321 – Torbellino
Pero en cuanto empiezo a tirar de mi vínculo con Luca, siento un inmediato… alto. O un tapón, o una… presa o algo.
Me vuelvo hacia mi compañero, frunciendo el ceño al mirarlo. «Luca», le digo, directamente en su mente, haciendo que sus ojos se vuelvan hacia mí. «¿Puedes abrir el vínculo, por favor? Esto es… importante para mí».
Él aprieta un poco los dientes, mirándome profundamente a los ojos. «Todo esto me está asustando, Ariel».
Echo un vistazo a todos los que nos observan y luego vuelvo a mirarlo. «Por favor, Luca», le digo, dejando que oiga a mi pequeña loba gemir su diminuta súplica. «Creo que es importante que… lo sepamos».
Luca suspira y aparta la vista de mí, pero poco a poco siento cómo cae el muro, cómo se abre nuestro vínculo, como ocurría mucho más a menudo al principio de nuestra relación. A ver, no es como aquella noche en el bosque, pero es mejor que hace unos instantes. Le envío a Luca una cálida oleada de agradecimiento y luego vuelvo a mirar el pequeño tronco, concentrándome en él mientras me conecto. Mientras empiezo a tirar, como hago con Jackson.
El calor dentro de mí se activa, concentrándose en el tronco, pero para mi total sorpresa, algo… más empieza a agitarse también.
Y por todo el pequeño claro, un ligero viento empieza a soplar, cálido como una brisa de verano.
Jadeo un poco en el mismo momento que Luca, y nuestras miradas se cruzan mientras ambos recordamos simultáneamente la sensación que solíamos notar cuando me tocaba: ese cosquilleo en mi piel y en la suya, ese cosquilleo que sigue ahí, pero al que simplemente… no sé, nos acostumbramos o algo.
Ese cosquilleo del que nunca, jamás, me di cuenta de que se siente exactamente como una brisa soplando sobre la piel desnuda.
Se siente exacta y precisamente como este aire que se mueve a nuestro alrededor ahora mismo.
—Joder —susurra Luca, mirándome conmocionado.
Mi cara se ilumina con una sonrisa y le sonrío radiante. —Joder, y tanto.
Luca no puede evitarlo entonces; su propio rostro esboza una sonrisa y niega con la cabeza, asombrado, mientras me mira.
—¿Qué? —pregunta Jesse, de pie junto a su mamá con la manta ignífuga en las manos, preparado—. ¿Qué está pasando? No lo entiendo.
—Es esta brisa —digo, riendo un poco mientras giro la cara hacia ellos—. Eh… creo… creo que la estamos provocando nosotros.
—¿De verdad? —dice mamá, mirando a su alrededor, con el deleite estallando también en su rostro—. ¡¿Sois vosotros?!
—Sí —digo riendo.
—Experimenta —apremia Cora, dando un paso entusiasta hacia mí—. ¿Puedes… pararlo y reanudarlo?
Hago lo que me dice, mordiéndome el labio y concentrándome un poco, jugando con el vínculo y con cuánto puedo tirar de él y empujarlo. Primero, lo detengo por completo para que la brisa se desvanezca a nuestro alrededor. Luego tiro con fuerza, y luego más fuerte, dejando que azote el aire.
Mi sonrisa regresa mientras miro los árboles, viendo cómo sacude las hojas; una brisa besada por el sol de verano, igual que el cálido aroma veraniego de Luca: albaricoques, asfalto caliente y brisa marina.
—¡Ah! —chilla Cora, acercándose a mí, con expresión emocionada mientras ella también mira a su alrededor—. ¡Otra pequeña diosa del clima en la familia! ¡Oh, Ariel, esto es genial!
—No soy una diosa del clima —digo, riendo—. Solo puedo… crear un poco de viento cálido.
—¿Puedes jugar con la temperatura? —insiste Rafe desde detrás de mí. Le echo un vistazo por encima del hombro y me encojo de hombros, intentándolo. Pero no pasa nada; si acaso, el viento solo se vuelve más cálido.
—Vale, vale —dice Cora, tendiéndome la mano, riendo—. Puedes parar. Las implicaciones de esto son asombrosas, en realidad; creo que el calor en el aire proviene de Ariel, pero el movimiento —el viento— es del propio Luca, lo que en cierto modo tiene sentido…
—En realidad —dice Jackson, avanzando con vacilación. Todos nuestros ojos se vuelven hacia él mientras la cálida brisa sigue soplando—. Eh… ¿podemos… probar algo?
Sus ojos se vuelven hacia mí y lo miro fijamente, sintiendo de inmediato lo que está pensando. Mi loba se pone en pie de un salto, un instinto la impulsa hacia adelante, como antes, cuando supe que debía experimentar pasando la magia de Jackson a Rafe y Jesse. Brinca en mi alma como un zorro en la nieve, increíblemente emocionada.
Y de repente… sé que esto va a funcionar.
Con entusiasmo, le tiendo la mano.
Luca duda, empezando a cerrar un poco el vínculo.
—Por favor —suplico, negando con la cabeza hacia él—. No te asustes. Esto es… esto es parte de lo que soy.
Luca me mira fijamente durante un largo momento, pero luego asiente, reabriendo el vínculo.
Jackson toma mi otra mano y giro la cabeza hacia él, una cálida impaciencia creciendo en mi interior.
—¿Qué estáis haciendo? —susurra Cora, confundida y fascinada. Mi mamá está a su lado con las manos en las mejillas, emocionada.
—Ponte en marcha, polvorilla —murmura Jackson, inclinándose para darme un beso en la frente.
Me inclino un poco hacia él, sin poder evitarlo, mientras se me escapa una risita.
Pero entonces dirijo la mirada a la pila de leña que tengo delante; no al pequeño tronco, sino al grande.
Y la prendo en llamas.
Un pequeño grito ahogado brota del grupo mientras todos se giran para mirarla, observando cómo el fuego ruge, mucho más potente y alto de lo que debería para esa pequeña pila de leña. Y entonces invoco también el don de Luca: el viento, la brisa, el oxígeno que él proporciona.
Y lo añado a la mezcla.
Las llamas rugen, alcanzando más altura, y empiezan a girar, con el viento absorbido desde todas las direcciones hacia ellas. Una alegría intensa y entusiasta crece en mi pecho y, con cada latido, pulsa por todo mi cuerpo mientras observo las llamas ascender más alto en el aire, llevadas por las olas del viento de Luca, impulsadas por la energía que Jackson me da.
Mis llamas, mi calor… mi magia.
Mía.
—Hala —susurra Rafe detrás de mí, asombrado e impresionado. Pero no lo miro, a nadie. No tengo tiempo ni interés en nada más, nada que no sea la tormenta de fuego que danza ante mí.
El torbellino de llamas gira, pulsando al ritmo de mi corazón. Mi sangre canta mientras el vórtice asciende hacia el cielo, danzando cada vez más alto, impetuoso, ardiente y lleno de gracia. Es algo salvaje y apasionado: una canción, un baile, una loba impetuosa corriendo por un bosque, a lo largo de un acantilado, desesperada por estar viva y libre y por estirar las patas.
«Somos nosotras», susurra mi loba, aulladoramente complacida y tan llena de alegría como yo. «Nosotras en nuestra forma más pura, elemental».
En algún lugar siento y oigo aullar también al lobo de Jackson, tan orgulloso y fiero que podría estallar.
Asiento, con lágrimas en los ojos, con el rostro vuelto hacia el brillante remolino de fuego que tengo delante, lamiendo el cielo, girando y girando en el viento que le trae oxígeno, engullendo el combustible que lo alimenta.
Pero de repente siento que se acerca otro lobo, uno que siempre he conocido, desde que era una niña, que nunca ha dejado de formar parte de mi vida. Se acerca con paso sigiloso, atraído por la llama de mi alma, calentándose en ella.
—Eh, yo… creo que se supone que debo formar parte de esto —murmura Jesse, acercándose a mí. Giro la cabeza hacia él, apartando por primera vez los ojos del torbellino de llamas, pero sin miedo a que hacerlo me haga perder el control. Al fin y al cabo, es mío. Hace lo que yo le ordeno.
—Venga, Jess —digo, riendo e inclinando la cabeza hacia él.
Jesse me sonríe radiante, pero se acerca más y extiende una mano. —Esto es tan raro, Ari —murmura, haciendo que me eche a reír. Pero entonces me rodea suavemente la base del cuello con la mano y juntos nos giramos hacia el fuego.
Siento su magia añadirse a la mía inmediatamente, pero cuando tiro de ella… no, no la controlo, no tengo el poder de usarla. En cambio, siento que la magia de Jesse se mueve a través de mí según sus propios caprichos. Juntos, volvemos la vista hacia el fuego que arde ante nosotros.
Y ambos soltamos un grito ahogado medio segundo antes que los demás.
Porque las llamas se oscurecen, adoptando la forma y el tinte de las sombras de Jesse. La llama no se apaga, en absoluto. En cambio, solo pierde su luz brillante y resplandeciente. Conmocionada y fascinada, observo cómo las llamas oscurecidas, de todos los tonos de gris y negro, adoptan a su vez diferentes formas, conteniendo de repente los animales hacia los que tienden las propias sombras de Jesse: lagartos trepando por el humo, pájaros de fuego surcando el aire y lanzando salvajes gritos silenciosos, poderosos caballos con los ojos y las crines en llamas.
El aliento se me corta de inmediato porque es… la visión más increíble que he visto jamás, y con diferencia la más hermosa.
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