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La Princesa Oculta En La Academia Alfa Solo Para Chicos - Capítulo 333

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Capítulo 333: #Capítulo 333 – Juntos

Me quedo mirando a Jackson durante un largo, largo momento, sin saber qué hacer o cómo expresar este miedo completamente nuevo y mantener mi dignidad.

—Ariel —dice Jackson de nuevo, con el ceño cada vez más fruncido mientras me pasa una mano reconfortante por el pelo, recorriendo los largos y húmedos mechones—. ¿Qué pasa? ¿De qué estás hablando?

Lentamente, bajo la cabeza y la mirada, alejándome un poco de él, lo justo para poder verlo bien, con las yemas de mis dedos aún rozando la piel de su cintura. Y cuando consigo ver bien el cuerpo entero de Jackson, no sirve de… absolutamente nada para calmar mis miedos recién nacidos.

—Jackson —murmuro, alzando la vista hacia su cara para luego volver a bajarla—. Jacks…, no va a caber.

Se queda completamente quieto durante unos largos momentos mientras lo miro, pero luego estalla en carcajadas. Levanto la cabeza de golpe, clavando la mirada en sus ojos, sin entender muy bien por qué no se lo está tomando tan en serio como yo.

Niego con la cabeza con fervor, suplicándole que vea los hechos de la biología tal y como son. —Jackson, soy una persona pequeña…

—¡Ariel!

—Es… ¡solo proporcionalmente! ¡No va a caber!

Ahora se ríe con más ganas, atrayéndome de nuevo hacia él, rodeándome con sus brazos y abrazándome con fuerza.

—¡Lo digo en serio, Jacks! —grito, desolada y horrorizada al sentir una vez más su masa contra mi cuerpo, intimidantemente grande—. ¡¿En serio no entiendes de física?! Hay una cantidad de espacio limitada…

—Ariel —gruñe Jackson, su risa se desvanece un poco mientras lleva una mano a mi cara y me acuna la barbilla, haciendo que lo mire. Sigue sonriendo y niega ligeramente con la cabeza—. Va a caber, ¿vale?

—No va a…

Vuelve a gruñir y baja la otra mano, deslizándola por mi brazo hasta que agarra la mía. Luego las levanta juntas, las desliza entre nuestros cuerpos y no se detiene hasta que mi palma queda plana contra él, con mis dedos curvándose alrededor de la gran anchura de su polla. —Confía en mí, Ariel…, va a caber.

Mi pecho sube y baja rápidamente con mi respiración ansiosa, mientras mi mano empieza a moverse, tanteando experimentalmente su gran longitud. Mis ojos se abren de par en par cuando presiono mi mano primero en la base de su polla y luego la recorro hasta la punta, sorprendida no solo por su longitud y grosor, sino también por lo increíblemente suave que es la piel y lo dura que está por debajo.

Fascinada, vuelvo a mirarla, moviendo la mano sobre ella, lenta y experimentalmente. Y aunque sigo, con toda la razón, intimidada…, el calor se enciende en mi centro. Un fuerte escalofrío recorre a Jackson cuando vuelvo a subir la mano hasta la punta, rodeándola por completo con los dedos para ver si se juntan al otro lado.

No lo hacen. Ni de puta coña.

Jackson respira hondo y de forma entrecortada, y yo levanto la vista hacia su cara, curiosa, observando su expresión mientras muevo mi mano lentamente sobre él, acostumbrándome a este nuevo aspecto de mi compañero. —¿Qué se siente?

—Se siente —gruñe, luchando claramente por controlarse— como si estuviera a unos ocho segundos de echarte sobre mi hombro, Ariel, y llevarte a la cama.

Esbozo una amplia sonrisa, pero luego me muerdo el labio, volviendo a mirar hacia donde mi mano se mueve de nuevo, lentamente, hacia abajo y luego hacia arriba. —¿Cómo sabes que cabrá?

—Porque —gruñe con voz gutural—, fuiste hecha para mí, Ariel. Igual que yo para ti. Cada parte de tu cuerpo encaja con el mío, y especialmente esta. Es imposible que no quepa.

—No lo sé —murmuro, volviendo a mirar la gruesa polla de Jackson y mordiéndome el labio, llena de dudas. Quiero decir, no sé qué me esperaba: es una persona gigantesca, ¿por qué no iba a ser gigantesca cada una de sus partes? —. Es que es… muy grande…

—Solo hay una forma de averiguarlo —espeta Jackson, y entonces ahogo un grito y vuelvo a estallar en carcajadas cuando se agacha y me encaja el hombro con firmeza en la cintura, me rodea las rodillas por detrás con un brazo mientras se pone de pie y, con un gesto rápido, cierra la ducha.

—¡Ni siquiera nos hemos lavado el pelo! —chillo, riéndome tan fuerte que apenas puedo respirar.

—A la mierda lavarnos el pelo —gruñe Jackson, saliendo del baño a grandes zancadas, empapado y sin molestarse siquiera en coger una toalla—. Tengo otras cosas en mente.

Jackson tarda medio segundo en cruzar hasta el rincón, donde me baja con cuidado de su hombro y se ríe conmigo mientras me coge en brazos y luego me deposita con mucha delicadeza sobre las sábanas, con la cabeza empapada contra las almohadas. Pero todo se vuelve mucho menos divertido un momento después, cuando se sube a la cama conmigo y desliza una mano bajo mi cadera, dándome la vuelta para ponerme boca abajo.

Se me corta la respiración por el miedo porque… ¿qué?

—No te asustes —murmura Jackson, poniendo las manos en mis caderas y tirando suavemente de mí hacia atrás hasta que quedo de rodillas frente a él—. Confías en mí, ¿verdad?

Asiento al instante, porque lo hago, pero tengo que admitir que estoy asustada. Se inclina hacia delante, desliza una mano por mi estómago y la sube hasta mi pecho, usando ese apoyo para enderezarme, de modo que mi espalda queda pegada a su pecho mientras él se arrodilla detrás de mí con mis rodillas separadas. Y cuando baja la cabeza, aparta mi pelo y presiona un cálido beso en mi cuello, me doy cuenta de que no es que le tenga miedo a él…

Sino de… bueno, ¿me va a doler? ¿Y si se me da mal?…

—Para ya —me regaña Jackson, sintiendo todas mis vacilaciones y cortándolas de raíz antes de que se descontrolen—. No te va a doler y es imposible que se te dé mal. Eres mi compañera, Ariel. Yo te enseñaré.

Mi respiración se acelera mientras él deposita besos por mi cuello, en dirección a mi hombro. Su mano derecha me ahueca un pecho y su pulgar se desliza suavemente sobre mi pezón, haciendo que un pequeño jadeo se escape de mis labios. Su otra mano baja más, presionando caliente contra la piel de mi estómago, empujándome hacia él.

—Esto fue hecho para ti —murmura, deslizando esa mano entre nosotros y bajando su gruesa polla, de modo que ya no está apretada contra mi culo, sino que presiona entre mis piernas, rozando mi centro ardiente—. ¿Ves? Tu cuerpo lo desea, aunque tengas miedo.

Gimo, incapaz de negarlo, porque tiene razón. Jackson se desliza contra mí, dejándome sentir toda su dura y gruesa longitud, y a la vez, sentir lo húmeda y preparada que estoy yo. Me inclino un poco hacia delante, queriendo más, apretándome contra él. Pero Jackson me sujeta, tirando de mí de nuevo hacia su cuerpo y negando con la cabeza.

—Todavía no —gruñe, mientras sigue presionándose lentamente entre mis piernas, retirándose despacio para que yo gima al sentir toda esa polla deslizándose con dureza contra mi sexo.

Suelto un pequeño gemido de decepción, deseando ya más, pero Jackson solo se ríe, gira mi cabeza hacia él y me besa. Echo los brazos hacia atrás, entregándome por completo al beso mientras Jackson continúa su trabajo, moviéndose lentamente contra mí, dándome tiempo a aclimatarme a su tamaño y a su tacto, a darme cuenta de que no es aterrador en absoluto.

Que es, en cambio, un poco enloquecedor.

Jackson se frota con más fuerza contra mí, volviendo a colocarse y bajando las caderas para que la punta de su miembro presione con fuerza contra mi entrada. Gimo, mi boca se separa de la suya por la intensidad de la sensación, mientras mi cuerpo se inclina de nuevo hacia delante contra sus brazos y mis caderas se aprietan instintivamente hacia atrás, queriendo más, queriendo que él presione hacia dentro.

Jackson también gime, pero se mantiene bajo un estricto control y me sujeta con firmeza mientras mi cuerpo intenta inclinarse hacia delante. Aun así, empuja hacia delante, solo un poco, de modo que esa gruesa y dura polla se desliza —apenas un par de centímetros— dentro de mí. Mis ojos se cierran con fuerza y mi boca se abre en un gemido mientras pierdo inmediatamente todo el control, toda la noción de mí misma. Veo estrellas tras la oscuridad de mis párpados cerrados, mis caderas presionan más hacia atrás, queriendo más… más…

Pero mi compañero gruñe, apartándose. Ahogo un grito de consternación, abro los ojos de golpe y me giro hacia él para preguntarle por qué ha parado…

Pero Jackson ya está en movimiento, girándome más hacia él, cogiéndome la pierna por detrás de la rodilla y rodeando su cadera con ella, al tiempo que me inclina con cuidado hacia atrás para que mi espalda se hunda en el colchón y él se tumbe encima de mí, apoyando su peso en el antebrazo que coloca junto a mi cabeza.

—Así no —murmura Jackson, dándome un suave beso en la boca mientras yo le rodeo el cuello con los brazos—. No en tu primera vez. Más tarde… —deja que la palabra se desvanezca, que yo misma complete la idea. Pero no tengo tiempo para eso, no mientras enrosco la pierna con fuerza alrededor de su cadera, alzándome hacia él, hambrienta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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