La Princesa Oculta En La Academia Alfa Solo Para Chicos - Capítulo 344
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Capítulo 344: #Capítulo 344 – La mudanza
Cuando abro los ojos por la mañana, todavía demasiado temprano, reprimo un gemido porque no estoy segura de haber pegado ojo. Solo he estado entrando y saliendo de la consciencia, despertándome con ansiedad cada quince minutos o media hora, con miedo a perderme algo.
Suspiro, profundamente decepcionada, porque ni siquiera me he sumido lo suficiente en el sueño como para entrar en el estado de sueño con Jackson, como habíamos planeado.
Mi loba bufa, decepcionada. «Podríamos haber conseguido la marca», masculla, enfadada.
«De todas formas, solo habría sido una marca de sueño», le respondo con un suspiro, levantando un dedo y viendo mi pequeña minimarca brillar con la poca luz que hay en el nicho con la cortina cerrada. Mi loba se adelanta, inspeccionando el pequeño corte del mordisco en mi dedo, que parece brillar casi plateado.
«Sí, es un buen comienzo», murmura ella con aprobación.
Sonrío un poco, contenta de que ella esté contenta, pero dejo caer mi mano sobre el pecho de Jackson para que mi barbilla descanse sobre él y pueda contemplar su rostro perfecto. Lo estudio en paz, agradecida por su naturaleza estoica que le permite dormir a pesar de casi cualquier cosa, así como por la energía inagotable que sé que le hará despertar como nuevo.
Jacks. De verdad que es alguien especial, ¿no?
«Sí, muy bueno», dice mi loba, merodeando hacia adelante a través del vínculo e inspeccionando al lobo gigantesco de Jackson mientras él también duerme. Ella trota a su alrededor como una reina pirata bastante complacida con el botín que tanto le ha costado capturar, pavoneándose. «Y pronto», dice, deteniéndose ante la cara del lobo y bajando el hocico para olfatearlo bien, «tendremos una marca y entonces estaremos completas».
«Dos marcas», le recuerdo, suspirando y girando la cabeza para mirar la cortina que cae sobre la entrada del nicho.
Pero mi loba se queda un poco quieta antes de darse la vuelta y regresar a través del vínculo, cerrándolo a su paso.
«¿Qué?», le pregunto, frunciéndole el ceño interiormente. «¿Qué tiene de malo esa idea?».
Ella sacude el pelaje como si intentara quitarse el agua, incómoda. «El lobo de Luca…», murmura, girando en un círculo ansioso. «No está listo para eso…, es demasiado asustadizo y salvaje. Y el de Jackson…».
Mi loba mira con anhelo a través del vínculo hacia su compañero, aquel al que se ha vuelto muy cercana.
—Lo matará —susurro en voz alta, sabiendo que es la verdad.
Mi loba da un aullidito triste de confirmación, dándome la razón. «Primero la marca de Jackson», dice, decidida. «Es lo que quiero. Y luego…, cuando el lobo de Luca esté listo, conseguiremos también la suya».
Dudo ante esto, sabiendo tan bien como mi loba que la Diosa me ha puesto un plazo y que ninguna de las dos queremos arriesgarnos a perder a Luca; a perder a ninguno de los dos. Aun así, ella me da un mordisquito por dentro.
«Primero la de Jackson», susurra, segura. «Es la única manera».
Asiento, aceptando nuestro pequeño plan interno y suspirando al darme cuenta de que necesito tener una conversación muy real con mis dos parejas. Que es justo decirles lo que está pasando para que puedan estar preparados. Mientras exhalo, Jackson se sobresalta.
—¿Con quién hablas? —pregunta, con voz ronca y confusa.
—Solo con mi loba —digo, frunciéndole el ceño, de repente ansiosa—. ¿Puedes… oírnos?
—No lo sé —murmura, somnoliento y confuso—. No lo creo. ¿Has dicho que ibas a matar a alguien?
Sonrío, contenta al darme cuenta de que simplemente me ha oído mal cuando he susurrado mis pensamientos en voz alta. —Sí, he descubierto que Jesse ha estado robando de mi colección de bocadillos. Está sentenciado a muerte.
Jackson gruñe ante eso, acariciándome el pelo, siempre apoyándome aunque no crea que sea un delito capital. Sonrío, acurrucándome más contra él, adorando el pequeño sentido del humor que se está dando a conocer a su manera.
Estamos en silencio unos minutos, ambos quedándonos un poco traspuestos, antes de que la profunda voz de Jackson me despierte de nuevo. —¿Estás lista para todo esto, pequeña?
—No —digo al instante, sabiendo que es la verdad—. Pero voy a hacerlo de todos modos. Es nuestro deber, y para lo que nos han entrenado.
—¿Hay algo que pueda hacer para mejorarlo? —pregunta, mirándome desde arriba.
—Energía —suspiro, bastante dramática, haciéndole reír mientras empieza a pasarme energía inmediatamente a través de nuestro vínculo—. También una marca, por favor —digo, echando la cabeza hacia atrás y exponiéndole el cuello.
Esto le hace reír aún más fuerte, dándome la vuelta en la cama para que quede presionada debajo de él, justo como me gusta. —Demasiado poco tiempo y demasiada gente en esta habitación para eso —murmura.
—Oh, vamos —suspiro, sonriendo y acurrucándome contra él—. Solo un mordisquito…
—No es como lo he planeado, Princesa —gruñe, enrollando su mano en mi pelo y exponiéndome de nuevo la garganta, pasando su lengua una sola vez a lo largo de ella de una manera que me hace estremecer y que mis rodillas flaqueen por completo.
Pero ambos suspiramos cuando oímos la cama de Rafe crujir al otro lado de la habitación, oímos sus mantas moverse y luego sus pies tocar el suelo momentos antes de que unos pasos comiencen a cruzar la habitación.
—Supongo que es hora de irse —susurro, mirando a los ojos de Jacks con mucho miedo en los míos.
—No te separes de mí, problemillas —murmura, mirándome a los míos con una gran fe—. Te mantendré a salvo.
Me inclino, besando a mi compañero y creyéndole por completo.
El viaje de un día en tren por el sur del Valle de la Luna fue malo, pero, sinceramente, ¿comparado con este camión?
Gimo cuando pasamos por otro bache y salgo disparada contra el costado de Luca, siseando cuando mi espalda golpea de nuevo un punto de la pared que sé que me va a dejar un bonito moratón morado.
—¿Estás bien? —murmura, pasando sutilmente un brazo a mi alrededor para sostenerme.
—Creo que planearon estos estúpidos transportes para tíos grandes —digo, echando una mirada furiosa al camión cubierto de lona en el que estamos metidos al menos cuarenta de nosotros.
—Sí, bueno —murmura Tony desde mi otro lado, inclinando la cabeza para que solo yo pueda oírle—. No creo que previeran que el ejército fuera infiltrado por pequeñas mujeres con magia.
Me río, solo un resoplido, antes de que pillemos otro bache y me sacuda de nuevo. Mi risa muere, reemplazada inmediatamente por un ceño fruncido.
Jackson y Rafe están en la parte delantera del camión, desde donde pueden ver por el parabrisas, porque, al parecer, esta es su pequeña legión. Se llevaron a Jesse con ellos, porque querían su opinión, pero hay otro camión detrás comandado por Blythe con un grupo un poco más pequeño, y luego Ben y el resto de los Embajadores han sido enviados a una zona de mando diferente.
—¿Qué vas a hacer tú aquí, Tony? —pregunto, mirándole con el ceño fruncido—. ¿Cómo vas a usar tus increíbles habilidades de asesino si estás en primera línea?
—Oh, creo que me han reasignado por el momento —dice Tony, mirándome con bastante seriedad—. No tenemos acceso a la realeza atalaxiana por ahora, así que todas mis formidables habilidades están en barbecho. Hasta que pueda ser de utilidad, creo que mi único papel es ser tu extintor.
Le sonrío. —¿Mi extintor?
—Sí, para apagarte cuando te pones al rojo vivo…
Me echo a reír, pero Luca gruñe, atrayéndome sutilmente hacia él.
—Oh, supéralo, Grant —dice Tony, poniendo los ojos en blanco—, o la gente va a suponer que no estoy bromeando. Echa un vistazo a donde la mano de Luca se ha envuelto alrededor de mi cintura. Luca duda, pero luego suspira y la baja, dándose cuenta de que Tony tiene razón.
—Luca —le digo, volviéndome para fruncir el ceño a mi compañero—. ¿Por qué dejas que te moleste? Sabes que está bromeando.
—¿Está bromeando, Ari? —dice Luca, mirándome con cierta urgencia—. Te tira los tejos todo el tiempo…
—Sí —le digo, interrumpiéndole, con el ceño cada vez más fruncido—, pero… es Tony, solo lo dice para hacerme reír. No pasa nada entre nosotros. Solo es mi amigo.
—Si él pudiera elegir —murmura Luca, enarcando una ceja hacia mí—, no estaría tan metido en la friendzone.
Pero yo niego con la cabeza, fulminando a Luca con la mirada, sin entenderle en absoluto. Quiero decir, tiene acceso directo a mis emociones; sabría si tuviera algún sentimiento romántico hacia Tony. Pero entonces desvío la mirada hacia su pecho, preguntándome si…
Mi loba sale al trote, inspecciona y… sí. Su muro está levantado, el vínculo bloqueado.
—¿Cómo podemos hablar? —pregunto, dándole un golpecito en el pecho—. ¿Si tienes el muro levantado?
—Ari —gruñe Luca, mirando a su alrededor con ansiedad—. No hagamos esto aquí.
Frunzo el ceño, empezando a cabrearme con él por seguir sin dejarme entrar. Mi loba gruñe, con el pelo erizado, y se mueve rápidamente a través del vínculo hasta que llega al muro, donde se alza sobre sus patas traseras y empieza a arañarlo con vehemencia con sus garras, como si estuviera cavando.
Luca jadea y se gira hacia mí, sorprendido.
—¿Qué estáis haciendo vosotros dos? —murmura Tony, observándonos con fascinación.
Ignoro a Tony y le enseño los dientes a Luca, que me frunce el ceño pero derriba el muro.
Mi loba se gira en cuanto lo hace, lanzando una pequeña mirada fulminante a su lobo al otro lado; su intención es bastante clara. «Deja esto abajo por tu propio bien».
Sin embargo, antes de que Luca pueda replicar, todos notamos un ligero cambio de marcha en el camión y la ralentización de nuestro ritmo.
—Por fin —suspira Tony, y levanto la vista para verle negar con la cabeza—. Ya hemos llegado.
—Gracias a Dios —murmuro, enderezando los hombros y deseando estirarme. Luca envía una cálida pulsación a través del vínculo, y la siento con una viveza que me hace sonreír y darme cuenta de lo reservado que ha estado en los últimos meses. Me vuelvo para sonreírle, esperando que sienta lo mucho que me encanta tenerlo por completo, sin bloqueos, sin interrupciones.
Él me sonríe, sintiendo toda mi alegría. Sutilmente, pasa una mano por mi espalda, haciéndome saber que lo pilla, que lo entiende y que lo siente. Me apoyo sutilmente en esa mano, adorando la experiencia de compartir emociones con él, no solo palabras.
Tony es el primero en bajar del camión y se gira para tenderme una mano y ayudarme a bajar, la cual acepto de buen grado.
Sin embargo, en el momento en que mi pie toca el suelo, levanto la cabeza de golpe, porque un olor muy, muy familiar acaba de llegar a mi nariz.
—¡Ari! —llama una voz profunda, llena de felicidad y alivio.
Mi cara se ilumina con una sonrisa mientras me giro hacia el hombre que ha pronunciado mi nombre.
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