La Princesa Oculta En La Academia Alfa Solo Para Chicos - Capítulo 415
- Inicio
- La Princesa Oculta En La Academia Alfa Solo Para Chicos
- Capítulo 415 - Capítulo 415: #Capítulo 415 – Revelación completa
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 415: #Capítulo 415 – Revelación completa
Jackson me gruñe en la cara, aunque yo no me muevo ni un centímetro, sin miedo alguno. Porque aunque el miedo y la ira lo recorren ante esa confirmación, sé que nada de esto va dirigido a mí. A mi abuela, quizá…, pero no a mí.
—Oye —susurro, mientras levanto una mano y le ahueco la mejilla con la palma—. ¿Este? ¿Este estúpido compañero? Lo odio.
Jackson me mira fijamente durante un largo rato antes de que una risa lo sacuda. —¿En serio?
Asiento enérgicamente. —Apesta, Jacks. Es muy cruel, ha asesinado a su primo esta noche y antes me ha pegado un puñetazo…
Jackson se endereza de golpe, con los ojos llameantes. —¿Te ha pegado un puñetazo?
Sonrío con un poco de suficiencia y giro la cara para enseñarle la mandíbula amoratada. —¿El regicidio te parece bien, pero el puñetazo es donde pones el límite?
Suelta un gruñido, profundo y auténtico, mientras se inclina hacia mí y agarra los barrotes con las manos. —Venga, vamos a sacarte de aquí, y luego volveré para matarlo.
—Jacks —digo, un poco frenética, cubriendo sus manos en los barrotes con las mías. Al menos, tanto como puedo—. No…, todavía no.
Levanta la cabeza bruscamente para mirarme, de nuevo sorprendido. —¿De qué estás hablando? ¡Tenemos que irnos, Ariel!
—No, por favor —suplico, mientras mi loba aúlla su desesperación para que él vea la intensidad de lo que sentimos—. Es que… están pasando muchas más cosas, Jackson. ¿Podemos tomarnos un minuto y pensarlo bien antes de hacer pedazos esta jaula y escapar?
—¿Qué otra cosa podríamos querer hacer, Ariel? —pregunta Jackson, inclinándose para apoyarse en la jaula y acercar su cara a la mía—. ¿Aparte de sacarte de este puto sitio?
Me muerdo el labio y me encojo de hombros. —Mmm…, ¿destruir Atalaxia y poner fin a la guerra?
Jackson se me queda mirando un momento como si estuviera loca. Luego niega con la cabeza, una vez, con fuerza. —Nop. No es nuestro trabajo. Voy a sacarte de aquí.
Vuelve a apretar sus manos en los barrotes de hierro y yo le doy un manotazo en ellas. —¡Sí que es mi trabajo! ¡Lo es! ¡Son mi gente y mi nación las que están amenazadas por Atalaxia!
—¡Y a mi compañera la tienen en una jaula!
—Por favor, Jacks —suplico, negando también con la cabeza—. Por favor, déjame que te lo cuente todo. Y luego decidiremos.
Suspira y agacha la cabeza. —Me estás… matando, pequeña.
—Lo sé, bebé —susurro, levantando la mano de nuevo para ahuecarle la mejilla. Él suspira y apoya la cara en mi mano, llenándome el corazón de alegría—. Ese… también es mi trabajo.
A Jackson se le escapa una risa y luego mira a su alrededor. —¿Tenemos tiempo? ¿Viene alguien?
—No lo creo —digo, negando con la cabeza—. Están muy ocupados esta noche intentando resolver un asesinato, aunque todo el mundo ya sabe quién fue.
Jackson enarca una ceja ante eso, pero lo deja pasar. —Si pasa algo raro, Ariel —dice, con voz baja y seria—, voy a hacer pedazos estos barrotes y a sacarte de aquí. ¿Vale?
—Vale —digo, aceptando sus condiciones.
—Vale —suspira él, dejándose caer al suelo e indicándome que haga lo mismo para que podamos hablar. Yo sonrío mientras obedezco, sentándome frente a mi compañero y mirándolo con una sonrisa radiante a través de los barrotes de mi jaula—. Odio esto con todas mis fuerzas.
—Sí, pero te quiero por escucharme —digo, inclinándome para tomarle las manos—. Entre otras mil cosas.
Jackson suspira, se lleva una de mis manos a la boca y la besa. Y yo empiezo a contárselo todo.
Tardo mucho, mucho tiempo en contárselo todo, y las lunas en la Tierra de la Oscuridad culminan su recorrido por el cielo mientras le cuento a Jackson lo de Elias y Pippa, y lo de Gabriel y su pobre lobo corrupto, y la vida de las mujeres atalaxianas, y lo de Faiza, y el cianuro, y que Ben esté aquí, y todo lo que ha pasado esta noche.
Jackson me sujeta la mano casi todo el tiempo, con la mirada fija en mi palma mientras escucha, recorriendo sus líneas con uno de sus dedos. Solo me interrumpe unas pocas veces cuando necesita más información o si me he saltado algo, pero la mayor parte del tiempo mi compañero, mi cariño, simplemente me deja hablar y escucha con atención. Como siempre hace, tomándome muy en serio, considerando mis pensamientos, observaciones y opiniones. A medida que hablo, nuestros lobos se acurrucan juntos; el suyo forma un círculo perfecto alrededor de la mía. Ella estira su hocico sobre la pata de él, completamente contenta.
—Y bien… —digo al final, estudiando los anchos hombros de mi compañero, la coronilla de su cabeza oscura—. ¿Qué piensas de todo eso?
Se toma un momento antes de alzar sus preciosos ojos de zafiro hacia los míos. —No puedo decir que me entusiasme la repentina aparición de un nuevo y guapo compañero.
—Un nuevo, guapo y asesino compañero con inclinaciones muy machistas. Sinceramente, Jacks, él… no es una amenaza para nosotros. Ni para nuestra relación.
Jackson me enarca una ceja. —Y, sin embargo, quieres quedarte.
Suspiro y me acerco a él, deseando de repente con desesperación que Jackson doble estos barrotes para que yo pueda colarme y acurrucarme en su regazo. —Jackson —digo, muy seria. Él me mira a los ojos—. ¿Al final de esto? Somos tú y yo.
Parpadea una vez; creo que está sorprendido.
—Lo digo en serio —digo, apretándole la mano y sosteniéndole la mirada—. He tenido tiempo para pensar aquí dentro —el tiempo es lo único que tengo—, y ¿cuando vuelva a casa? Eres el único compañero que quiero. No quiero a Gabriel…, y no quiero a Luca, ¿vale? Solo te quiero a ti. Tú y yo, y eso es todo, para siempre.
Jackson traga con fuerza, y puedo ver cómo la esperanza lo inunda.
Giro la cabeza hacia un lado, un poco sorprendida por su silencio. —¿No es eso lo que tú también quieres?
Él asiente lentamente. —Pero… no quiero atarte a esa promesa, Ari. No si ese no es el destino que tu abuela escribió para ti.
—Sí, bueno… —suspiro, frustrada—. La Abuelita y yo tenemos que hablar. Pero lo que dijo fue que quería que tuviera las marcas de mi compañero…, no que viviera en una especie de cuarteto extraño. Y por eso no quiero huir ahora mismo, Jacks…, porque… —Me muerdo el labio—. Creo que necesito explorar la conexión mágica entre Gabriel y yo. Creo que mi abuela me dio este vínculo no porque piense que él sea un gran partido para mí, sino porque su magia puede aportar algo a la mía.
Jackson suspira y aparta la mirada. —Sería más fácil si fuera feo.
Me río un poco, apretándole la mano. —Nadie es tan guapo como tú.
Jackson levanta la cabeza y, con ella, una ceja. —No estoy seguro de ser «guapo», precisamente.
—Eres muy guapo.
—Luca es guapo —murmura Jackson, apartando la vista y, sospecho, ocultando un sonrojo—. Yo soy… atractivo.
—Estás buenísimo, Jacks —digo, arrugando la nariz—. Y eres rudo. Y muy sexy.
Jackson intenta ocultar su sonrisa y se sonroja con un precioso color frambuesa, lo que me hace reír.
—¿Sabías que Faiza se refiere a ti únicamente como «el guapo»?
—Anda ya, no lo hace.
—¡Que sí! —digo, riendo—. Como toda la prensa rosa. Vamos, Jacks, eres una belleza. —Le sonrío a mi compañero y vuelvo a tirar de su mano—. Así que, dejando a un lado que Gabriel es menos atractivo, ¿qué otras dudas tienes?
—Bueno, no me entusiasma que todavía no tengas mi marca —dice, suspirando y frunciéndome un poco el ceño, lo que solo lo hace… mil veces más atractivo. Me muerdo el labio, mirándolo de arriba abajo, tentada de mandar al diablo mi deber nacional y dejar que me saque de aquí. Y me lleve directo a la cama.
—Oh, tendré esa marca muy pronto —suspiro, sabiendo que tengo que ser buena. Por el bien de la nación.
—¿Quieres que te… ponga la marca ahora mismo? ¿A través de los estúpidos barrotes?
Arrugo la nariz y niego con la cabeza, a pesar de que mi loba se pone en pie de un salto y empieza a dar vueltas frenéticas, gañendo para mostrar su aprobación a la idea. —Cambiarías mi olor y el engaño se descubriría.
—Pero tendrías mi magia —señala él, ladeando la cabeza—. Y eso significa que podrías hacerlo saltar todo por los aires. Y entonces no habría necesidad de ningún engaño.
Le sonrío abiertamente. —Hay gente que me cae bien ahí dentro. Benny, Pippa y Elias.
—Bien, bien —dice, reclinándose sobre una mano mientras mantiene la otra firmemente unida a la mía—. Entonces pasemos a lo que de verdad me preocupa. Podrías morir, Ariel —afirma, sosteniéndome la mirada con total seriedad—. Si ese Gabriel es tan impredecible, violento y sediento de poder como dices, podría matarte. Y entonces… el mundo perdería su llama. Su entera razón de ser.
Se me encoje un poco el corazón al ver el lugar central que ocupo para Jackson, la idea de que cree que el universo se detendría en seco sin mí. Y aunque me parece ridículo —obviamente, no puedo ser tan importante—, veo el verdadero significado que se esconde tras sus palabras.
Que me quiere con desesperación. Y que desea que viva una vida larga y plena a su lado.
—Voy a conseguirlo, Jacks —susurro—. Un… un día más, y entonces nos iremos. ¿Vale?
Lentamente, él niega con la cabeza, odiando la situación. Odiando que vaya a concederme este trato, algo que ambos sabemos que hará, porque se lo he pedido. —Todos mis instintos me gritan que te saque de aquí ahora. Que te eche al hombro como hice en aquel Examen y te lleve a casa, Ariel.
Le sonrío con dulzura. —Y podrás hacerlo… mañana.
Él gime, apartando su mano de la mía por primera vez en horas y hundiendo la cara en su palma. —Eres una tortura.
—Y tú eres un ángel —susurro, y lo digo en serio, sonriéndole radiante.
—De acuerdo, pequeño demonio —dice, bajando la mano y fingiendo fulminarme con la mirada—. ¿Cuál es tu gran plan?
Me muerdo el labio y me enderezo, apretándome contra los barrotes. —Vale, sí, ayúdame con esto. —Y entonces empiezo, y mi compañero y yo nos quedamos despiertos hasta el amanecer perfilando un plan para poner fin a esta guerra y sacarnos a todos de aquí con vida.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com