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La prisionera del Alfa - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 Capítulo 11 Tratada como una princesa
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11: Capítulo 11: Tratada como una princesa 11: Capítulo 11: Tratada como una princesa Llorar era algo que Violeta no había experimentado habitualmente, a pesar de ser muy emotiva.

Pero durante su vida, era difícil recordar un día en el que hubiera llorado por algo realmente triste.

Ahora era como si todas sus emociones fueran demasiado para ella y el hecho de no saber cómo comportarse delante de Jack era la gota que colmaba el vaso.

Cuando Jack salió furioso de su celda, Violeta dejó que todas sus emociones se desataran y cuando se dio cuenta, las lágrimas ya corrían por sus mejillas.

Violeta lloró hasta quedarse dormida, exhausta y débil.

En algún momento de la noche – ¿o era la tarde?

– Violeta se despertó con un ruido en la puerta, y cuando abrió los ojos, vio a dos guardias frente a ella.

—Levántate.

Te vamos a llevar a otro sitio —indicó uno de ellos y Violeta se levantó, aun tratando de entender lo que estaba pasando.

Hizo lo que le ordenaron y salieron de la celda.

—¿A dónde me llevan?

—preguntó asustada, sabiendo que nunca responderían a una prisionera, especialmente a una que intentó matar a su líder.

Pero sorprendentemente, el otro le dio una respuesta muy detallada.

—Jack nos pidió que te lleváramos a tu habitación.

Te vas a quedar ahí y vas a esperar a que él vaya a hablar contigo.

Violeta se detuvo conmocionada.

—¿Él hizo qué?

—preguntó incrédula.

Sin embargo, no se lo repitieron, sólo siguieron caminando delante de ella, indicándole el camino.

Violeta se sentía muy frágil y le temblaban un poco las piernas, pero hizo lo posible por mantenerse erguida y pretender que no le había afectado.

¿Realmente iba a quedarse en una habitación?

¿Por qué el repentino cambio de opinión de Jack?

¿Era una trampa?

Mientras seguía a los hombres hasta su destino, no pudo evitar examinar la mansión.

Vio a unos cuantos miembros haciendo su vida, entrando y saliendo de sus habitaciones, y sorprendentemente, todas las personas con las que se topó la saludaron.

Violeta se quedó atónita.

¿Por qué iban a hablar con alguien que había intentado matar a su líder?

¿O no lo sabían?

¿O tal vez sabían que ella era la pareja de Jack?

No tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre eso porque se detuvieron frente a una puerta del pasillo.

Violeta casi chocó con los guardias.

—Este será tu dormitorio a partir de ahora —manifestó uno de ellos, señalando la puerta.

—El dormitorio de nuestro líder está por allá —añadió el otro hombre señalando otra puerta al final del pasillo—.

No intentes hacer ninguna estupidez, porque tenemos guardias por toda la mansión.

—Deberías estar agradecida por la oportunidad que te está dando.

Aunque él es muy generoso, Jack nunca haría esto por alguien que pretendía matarlo —concluyó el otro guardia y abrió la puerta para que Violeta pasara.

—Alguien te traerá algo de comida más tarde, así que no intentes salir de aquí sola.

Violeta no estaba segura de quién había dicho la última frase porque ya no los miraba.

En cuanto entró en la habitación, se quedó con la boca abierta.

Era una habitación enorme y preciosa, totalmente equipada y con una decoración muy delicada y clásica.

—Es tan bonita…

—murmuró, aunque ya no había nadie más ahí.

Había una cama gigante con un colchón muy suave y acogedor.

Violeta soñaba con tener una buena noche de sueño.

Pero más que eso, ella quería tomar una ducha.

En la esquina de la habitación, había otra puerta que llevaba a un baño.

Jack le había dado una suite.

Una muy similar a la que tenía en el palacio.

Corrió al baño y tiró su vestido a la basura, porque no soportaba seguir mirándolo.

¿Quién sabe cuánto tiempo había estado dentro de ese calabozo?

Pero entonces le vino a la cabeza un pensamiento repentino: ¿Qué iba a ponerse?

No había traído nada.

¿Era posible que Jack le trajera algo?

Volvió a la habitación y abrió un cajón de la cómoda.

El mueble tenía algo de ropa doblada y limpia y olía muy bien.

Violeta sacó de él una camisa blanca, que parecía ser un poco grande para ella y unos jeans que no sabía cómo, pero habían acertado con la talla.

Y por fin se metió en la ducha caliente, que casi la hizo llorar de nuevo.

Era difícil creer que por fin era libre.

No exactamente libre, pero sí fuera de ese calabozo, lo que ya era un muy buen progreso.

Violeta estaba tan agotada que no pensaba en nada mientras se lavaba el pelo y se frotaba la piel.

Cada acción se hacía de forma automática, y en cuanto se cambió y volvió a su dormitorio, cayó en la cama y se durmió al instante.

No tuvo ningún sueño, simplemente durmió durante horas y horas.

Un ruido ligero y grave la despertó y tardó en identificar de dónde venía.

Violeta abrió los ojos y volvió a escuchar el sonido.

Alguien estaba golpeando la puerta.

Violeta saltó de la cama, sintiéndose mucho mejor después de haber dormido tan bien.

Casi podía sentirse revitalizada.

Si tan sólo pudiera despertar a su loba interior…

Definitivamente, se sentiría completa y renovada.

—Ya voy…

—contestó al escuchar otro golpe, esta vez un poco más fuerte y apresurado.

Giró la manilla y tiró de la puerta, sólo para ver a la única persona que no quería ver en ese momento.

O quizás nunca más.

Jack estaba al otro lado, mirándola con esos ojos perfectos que de hecho echaba de menos.

Ahora podía verlo con claridad, ya que había mucha luz y muchas lámparas iluminando el pasillo.

Además, estaba muy cerca y Violeta podía examinar cada detalle de su cara, sus brazos…

Violeta bajó la vista para observarlo y vio que tenía un tatuaje en el brazo derecho.

Era un dibujo de la luna y la letra R de forma muy distinguida y creativa.

Violeta pensó que era increíblemente bonito y que le daba un aire genial.

—¿Te gusta lo que ves?

—preguntó.

Su voz la sacó de su ensoñación.

—¡Lo siento!

—respondió sobresaltada— Solo estaba admirando tu tatuaje.

Es muy bonito.

Jack levantó las cejas hacia ella.

—Creo que esta faceta tuya es mucho mejor que la que me mostraste antes.

Ya sabes, halagándome y siendo agradable —dijo con una sonrisa burlona y Violeta no supo si sólo le estaba tomando el pelo o estaba siendo sincero.

—¿Te gustó tu habitación?

—preguntó amablemente, aún parado frente a la puerta.

Violeta supuso que sería mejor que ella también mostrara algo de cortesía, así que le hizo un espacio y le dijo que entrara.

Después de todo, era su casa.

Cuando pasó junto a ella, Violeta se estremeció con su aroma.

Olía tan bien.

Sacudió la cabeza y trató de concentrarse en su conversación.

—Sí me gustó, muchas gracias por sacarme de ese lugar —dijo sinceramente.

Jack la miró seriamente.

—Sí, realmente espero que no me hagas arrepentirme de haber tomado esta decisión.

Violeta pudo sentir cómo le ardían las mejillas con los ojos de él revisándola, analizando cada uno de sus movimientos.

—En fin, he venido a proponerte algo —continuó, dándole la espalda y comenzando a caminar por el dormitorio.

Violeta siguió sus movimientos con la mirada, incapaz de confiar en sí misma para acercarse.

—¿Proponerme algo?

—preguntó confundida— ¿Qué tipo de propuesta?

Él se detuvo para mirarla y sonrió.

—No la que yo querría, por desgracia —respondió.

Sus ojos casi podían comérsela viva, pero Violeta fingió no sentirlo— He tenido una idea para abordar tu caso, en lugar de matarte.

Violeta tragó saliva.

La conversación giró hacia una dirección completamente diferente.

—¿Qué te parece si lo hablamos durante la cena?

Sólo tú y yo.

Poner las cartas sobre la mesa.

La miró fijamente con ojos expectantes aunque profesionales, asegurándose de demostrarle que seguía siendo un líder.

Uno muy poderoso.

Cada vez estaba más claro que a Violeta le costaría mucho engañarlo.

Jack era extremadamente inteligente.

No se dejaría engañar por nadie.

Especialmente alguien como Violeta, con casi ninguna experiencia.

Aunque fuera su pareja.

¿Qué debía decir ella?

¿Debería cenar con él a solas?

¿Confiaba lo suficiente en sí misma para ello?

Violeta ya sabía la respuesta a esa pregunta, pero no tenía muchas opciones.

Tenía la oportunidad de negociar con él, así que fuera cual fuera el resultado, tenía que arriesgarse.

—De acuerdo entonces.

—Genial.

Como no queremos que nadie nos moleste mientras hablamos, podemos comer en mi despacho.

Nadie nos interrumpirá ahí —dijo Jack mientras se dirigía a la salida.

Nadie les interrumpirá.

Violeta reflexionó una y otra vez sobre eso mientras lo seguía afuera.

¿Era algo bueno o malo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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