La prisionera del Alfa - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 Capítulo 12 Cena de tregua
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12: Capítulo 12: Cena de tregua 12: Capítulo 12: Cena de tregua Violeta siguió a Jack por los pasillos, girando aquí y allá, hasta que llegaron a su despacho.
Era una habitación muy grande y bien organizada, lo que impresionó a Violeta.
Parecía ser un hombre muy responsable y un Alfa ordenado.
Al pasar por la puerta, escuchó un chasquido que supo que provenía de la llave.
Había cerrado con llave.
Ella miró hacia atrás sorprendida, ya que no se imaginaba que esa medida fuera necesaria.
Había dicho que nadie iba a molestarlos.
—No te preocupes, no te voy a hacer nada —dijo deteniéndose frente a ella— Por mucho que quisiera.
Jack siguió caminando de nuevo, dejando a Violeta un poco desconcertada.
—Pero necesito asegurarme de que no harás ninguna estupidez, como intentar huir de nuevo.
Tenemos que llegar a un acuerdo, ¿recuerdas?
Así que perdóname por no confiar en ti.
Estoy seguro de que conoces la sensación —comentó parándose detrás de una silla y sólo entonces Violeta se dio cuenta de que había todo un festín preparado para ellos.
¿Había hecho todo eso por ella?
Había todo tipo de comida en la mesa y Violeta escuchó como su estómago rugía.
No era que no hubiera estado comiendo.
Ahora que lo pensaba, en realidad la alimentaban muy bien como prisionera.
Pero ver toda esa comida le hizo recordar lo bueno que era tener una buena comida.
Jack le acercó la silla para que se sentara y eso hizo que Violeta se avergonzara.
Nunca la habían tratado así.
Y menos por alguien que se suponía que era su enemigo.
Comenzaron a comer en silencio, sin que ninguno quisiera empezar la conversación.
En realidad era agradable disfrutar del ambiente con la sola presencia del otro.
Ambos sabían que en cuanto empezaran a hablar, esa agradable sensación se acabaría.
Violeta se estaba poniendo nerviosa, ya que no sabía qué le depararía el futuro.
—Entonces, dijiste que tenías algo que proponerme…
—dijo ella para empezar, mirándolo con cautela.
Aquella luz baja hacía que la habitación fuera muy romántica y aquel hombre tan guapo que tenía delante, dando un sorbo a su copa de vino, no ayudaba a que su cerebro se comportara adecuadamente.
Jack tragó el vino y la miró.
—Creo que podemos dejar la proposición para el final.
Quería saber más sobre ti.
Y tú puedes preguntarme sobre las cosas que quieras saber de mí, si tienes algo, por supuesto.
Hagamos una tregua esta noche.
¿Qué dices?
Violeta lo consideró.
Por supuesto que tenía muchas cosas que quería saber de él, pero también sabía que no confiaban el uno en el otro, así que ¿quién podía garantizar que él no mentiría?
—Por supuesto que tenemos que ser sinceros —declaró él completando, como si pudiera leer su mente.
—Bien.
¿Qué quieres saber?
—preguntó Violeta rindiéndose a su sonrisa.
Jack volvió a beber el vino mientras elegía lo que debía preguntar primero.
La lista de preguntas que tenía era interminable.
—¿Qué haces en tu casa?
Quiero decir…
¿En tu día a día?
Violeta se sorprendió con esa pregunta.
—¿No me vas a preguntar nada sobre mi manada o por qué estoy aquí?
—preguntó atónita.
Jack negó con la cabeza.
—Ahora no.
Como dije, quería saber más sobre ti.
Violeta se sintió conmovida por eso, así que dio un enorme sorbo a su vino antes de responder.
—Bueno, en realidad no hago nada.
Entreno, ayudo a mi padre con algunas tareas inútiles.
Ahora que lo pienso, no soy muy útil.
Jack entrecerró los ojos, intrigado.
—¿Y qué te gustaría hacer si tuvieras la oportunidad de elegir algo?
Cualquier cosa…
—continuó.
Violeta se quedó mirándolo, dándose cuenta de que su vida no era nada emocionante.
Lo único que hacía era entrenar para contener su loba interior y vivir a la sombra de Arden.
Nunca había conseguido nada realmente.
¿Tenía algún pasatiempo?
—Bueno, esa es una pregunta muy bonita.
Una que no sé cómo responder.
Creo que nunca he pensado en ello.
Me gusta pintar un poco.
¿Eso cuenta?
—Sí, por supuesto.
Es un pasatiempo muy bonito en realidad —respondió Jack, poniéndole mucha atención a ella.
Lo que estaba haciendo que Violeta se sonrojara incontroladamente.
Menos mal que la habitación estaba algo oscura.
—¿Y tú?
A pesar de que debes trabajar mucho, ¿tienes algún pasatiempo?
—preguntó Violeta.
El vínculo de pareja era demasiado fuerte para ella como para ignorarlo.
Era tan fácil hablar con él, como si no tuviera ninguna preocupación, ningún miedo.
Eran sólo ellos dos y Jack la hacía sentir que era capaz de hacer y ser cualquier cosa que quisiera.
—Realmente no tengo mucho tiempo para eso, pero me gusta dar un paseo por el bosque, observar la naturaleza, ver la luna…
Violeta se acordó al instante de su tatuaje.
Repentinamente, quiso saber todo el significado que había detrás de él.
—¿Por eso tienes un tatuaje de la luna?
—preguntó interrumpiéndolo.
Jack parecía un poco sorprendido por su repentino interés, sin embargo, eso no parecía molestarle en absoluto.
En realidad, cualquiera podría decir que él también estaba disfrutando de tener esa conversación con ella.
—En parte, sí.
Aunque el tatuaje no es realmente tan significativo como podrías pensar.
A pesar de que me encanta ver la luna, es el símbolo de los Rebeldes —explicó.
—Ah…
Eso tiene sentido.
Es muy bonito.
Ya lo dije, lo siento…
—No hace falta que te disculpes.
Ya sabes…
—dijo Jack mientras se levantaba de la silla.
La cena ya había terminado y Violeta no se había dado cuenta.
El tiempo pasaba sin que ella se diera cuenta.
—Realmente quería cambiar la idea que tienes de mí.
No sé qué historias habrás oído, pero estoy bastante seguro de que puedo demostrarte lo contrario.
Pero…
Jack se detuvo de espaldas a ella y Violeta estaba ansiosa de que la mirara de nuevo.
Sus ojos la reconfortaban, y le gustaba lo que sentía cada vez que él la analizaba.
—¿Pero…?
—preguntó animándolo a continuar.
—No puedo dejarte ir —respondió mirándola—.
Como no me dices nada, no puedo tomar esa decisión yo solo.
Tenemos un consejo aquí, que me ayuda a decidir algunas cosas con respecto a la manada.
Violeta frunció el ceño.
—¿Un consejo?
¿Qué quieres decir?
¿No eres tú el Alfa?
¿Por qué necesitas ayuda para decidir algo?
Arden sí tenía una especie de consejo que le ayudaba a tomar decisiones sobre las reglas y ese tipo de cosas, pero Arden siempre tomaba la decisión final; algo que Violeta no entendía muy bien cómo funcionaba.
Ella casi nunca estaba al tanto de los asuntos de la Manada Diamante.
Era como si pensaran que ella no podía aportarle nada útil, por lo que la mantenían al margen, diciendo que eran “sólo negocios”.
—Así es.
Pero tenemos algunas reglas aquí, lo que me hace apelar a ellos en algunas ocasiones.
Como se trata de un caso de casi intento de asesinato, no puedo tomar la decisión por mi cuenta.
—Entonces, ¿qué significa?
¿Todo este tiempo van a decidir si me van a matar o no?
¿Me engañaste para que creyera que eras el dios todopoderoso aquí o algo así?
—exclamó Violeta estallando de rabia.
Seguro que la iban a matar.
Contaba con el afecto de Jack hacia ella para escapar de la muerte.
Pero ahora…
—Tómalo con calma.
No he dicho que sea el dios de nada.
Aunque en cierto modo lo soy.
Pero tienen que aprobar mi decisión en esta ocasión especial, porque eso nunca había ocurrido.
Siempre había matado a los que intentaban asesinarme, así que…
Violeta siguió escuchando con atención.
—He pensado en algo, por eso he decidido hablar contigo primero.
Te mantendré aquí como sirviente, trabajando para nosotros, así podremos vigilarte.
—¿Qué?
—gritó Violeta.
Jack levantó las cejas.
—Realmente no creías que ibas a salir de aquí, ¿verdad?
—preguntó incrédulo— Quiero decir…
que estoy intentando mantenerte con vida.
Violeta se dio cuenta de que no tenía elección.
Esa era su nueva realidad.
Volver a casa estaba fuera de discusión.
Al menos hasta que Arden decidiera rescatarla.
Si es que alguna vez lo hacía.
—Lo entiendo —dijo en voz baja—.
¿Crees que lo aceptarán?
—Si soy yo quien lo pide, probablemente.
Pero tienes que ayudarme, ¿sabes?
Si sigues queriendo matarme, o incluso lo intentas, no tendré otra opción que matarte.
No seré tan misericordioso contigo dos veces.
Sus ojos la estudiaban profundamente.
Violeta podía sentir la electricidad que esa acción provocaba en ella.
Jack dio un paso adelante y se detuvo frente a ella.
Bajó su cuerpo para mirarla a los ojos y, una vez más, Violeta sintió que sus músculos temblaban al mirarlo fijamente a los ojos.
—Así que te aconsejo que lo consideres cuidadosamente.
Una vez que se convoque la reunión con el consejo, puedo prometerte que haré todo lo posible para persuadirlos.
Pero tendrás que pensar en lo que quieres para tu futuro.
Porque en este momento no tienes muchas opciones.
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