La prisionera del Alfa - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 Trayendo de vuelta la loba
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16: Capítulo 16: Trayendo de vuelta la loba 16: Capítulo 16: Trayendo de vuelta la loba Violeta se quedó en la oficina de Jack durante toda la mañana.
Resultó que la reunión no era muy importante.
Sólo hablaba con algunos miembros de la manada sobre una cosecha que había salido mal y habían perdido mucha comida.
A Violeta le impresionó lo bien que se expresaba Jack y cómo era capaz de reconfortar a los miembros de su manada.
En realidad, era un líder muy agradable.
Violeta no pudo apartar los ojos de él durante toda la reunión, intentando hacer como si no le interesara en absoluto cada vez que sus miradas se cruzaban.
Cuando se dirigía a la cocina para devolver la bandeja de su almuerzo, Violeta chocó con alguien en el pasillo, dejando caer todos los cubiertos y dejando un gran desastre.
—¡Lo siento mucho!
—repetía Violeta mientras se ponía en cuclillas para recoger todo y limpiar la alfombra— No te vi venir, fue mi culpa.
—Debería saber que algo así pasaría por culpa de alguien como tú —dijo alguien.
La voz de la persona venía por encima de la cabeza de Violeta, que seguía en el suelo limpiando todo.
Esa frase hizo que Violeta levantara la vista, dándose cuenta de que no esperaba que alguien le dijera eso.
Se estaba acostumbrando a que todo el mundo en la mansión la recibiera y la tratara con amabilidad.
¿Quién le estaba hablando de esa manera?
Al levantar la vista vio a una chica joven, probablemente más joven que ella, muy hermosa, pero claramente insoportable y mimada.
Tenía los brazos cruzados con una postura muy imponente, mirando a Violeta con desprecio.
—¿Alguien como yo?
—repitió Violeta, todavía incrédula.
—Sí, ya sabes, alguien estúpida y crédula como tú.
Violeta apretó los ojos.
—¿Por qué soy alguien estúpida y crédula, si se puede saber?
La chica se burló.
—Vamos.
No puedes ser tan tonta, ¿verdad?
Debes pensar que Jack te deja vivir sólo porque eres su pareja.
Pero no te dejes engañar tan fácilmente.
Esto no tiene nada que ver.
—¿De verdad?
—preguntó Violeta poniéndose de pie para mirar fijamente a los ojos de la chica.
Podía sentir que la sangre le empezaba a hervir de rabia y su corazón latía agresivamente dentro de su pecho.
En el fondo, si se concentraba mucho, Violeta podía escuchar a su loba interior rugiendo de furia.
Eso casi hizo que Violeta se emocionara.
Por primera vez después de haber sido atrapada, podía sentir la presencia de su loba.
Quizás la droga ya no hacía tanto efecto.
—Sinceramente, ni siquiera debería hablar contigo.
No vales la pena.
Sólo quería advertirte que te alejaras de Jack.
Violeta frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—preguntó apretando los puños, sintiendo un repentino deseo de golpear la cara de aquella chica.
El rugido dentro de su cuerpo era cada vez más fuerte.
La joven dio unos pasos hacia delante, encarando a Violeta muy de cerca, con su nariz casi rozando la de Violeta.
—Jack es mío.
No me importa esta mierda de parejas.
Si yo fuera tú, me alejaría de él, si no quieres traer más problemas a tu vida.
Los músculos de Violeta temblaban demasiado ahora y podía sentir que sus poderes volvían a aflorar.
Era como la primera vez que perdió el control.
Todos los de la manada Diamante estaban muy sorprendidos, especialmente ella.
Esa chica estaba provocando a Violeta más allá de lo que se consideraba seguro.
Violeta no podía controlarse ahora.
Las drogas que le inyectaron podían haber confundido su organismo de alguna manera y como la loba interior estaba dormida por mucho tiempo, el efecto secundario podría ser catastrófico.
Tenía que salir de ahí.
—Deberías decírselo a él, no a mí.
No puedo controlarlo.
No es mi culpa si él prefiere estar con alguien como yo.
Tal vez el problema seas tú —dijo Violeta con una sonrisa burlona.
Pero eso hizo que la chica se volviera loca.
Empujó a Violeta, haciéndola caer al suelo.
Algo de la bandeja en el suelo le hirió la mano, tal vez un cuchillo y eso fue la gota que colmó el vaso de Violeta.
Tampoco había nadie alrededor.
Y ella podía sentirlo.
Su loba interior.
Iba a transformarse.
Y no sería capaz de controlarlo.
—¡Aléjate de mí!
—exclamó en voz baja, tratando de concentrarse.
—De ninguna manera —declaró la chica empujándola hacia atrás mientras intentaba levantarse.
Pero de repente Violeta estaba de nuevo en pie.
Solo que ya no eran pies.
Eran sus cuatro patas peludas.
Violeta oyó que su voz era un rugido en lugar de palabras.
Quiso advertir a la chica que corriera, que se alejara de ella.
Los ojos de Violeta recorrieron el pasillo, esperando que alguien viniera a rescatarla.
La chica que estaba frente a ella también cambió a su forma de lobo y ahora se preparaba para atacar a Violeta.
Violeta volvió a rugir con fuerza, intentando decirle a la chica que se alejara, pero ella lo entendió claramente como una amenaza.
Cuando la loba hizo un movimiento hacia ella, intentando morder el cuello de Violeta, esta la apartó con una fuerza innecesaria.
La chica cayó al suelo, golpeándose contra la pared.
Violeta fue muy consciente de los ojos asustados de la loba que tenía enfrente.
Empezó a sentir pánico en cuanto se dio cuenta de lo que había hecho.
Pero solo intentaba protegerse.
Violeta nunca había sido capaz de controlar la fuerza que tenía, era como si una energía muy fuerte empezara a arder dentro de sus entrañas.
La loba seguía mirándola, aparentemente considerando si valía la pena contraatacar.
Los ojos de Violeta iban de un lado a otro, tratando de encontrar una forma de salir de allí.
Si alguien veía que había atacado a un miembro de los Rebeldes, era como si estuviera muerta.
Jack no le daría una segunda oportunidad.
Cuando Violeta vio una ventana abierta al final del pasillo, su mente empezó a pensar en todas las posibilidades a las que podría enfrentarse si intentaba saltar.
Alguien podría atraparla y estaría muerta.
Podría conseguir salir de la mansión, podrían ir a por ella en la Manada Diamante.
Si al menos era capaz de llegar ahí antes de ser atrapada.
La cabeza le dolía como si alguien le estuviera clavando cien cuchillos en el cerebro.
¿Qué iba a hacer?
De repente, una voz vino de detrás de ella, y Violeta se giró agresivamente, preparándose para quien viniera a juzgarla o atacarla.
Pero era Lucinda.
Eso dio una sensación de calma al cuerpo de Violeta y pudo sentir que sus músculos se relajaban.
¿O estaría en contra de Violeta?
Si Lucinda estaba asustada, no lo demostró.
Pero Violeta se puso en posición de defensa.
Tenía muchas ganas de confiar en Lucinda, aunque era difícil saber exactamente lo que la mujer estaba pensando.
Violeta retrocedió unos pasos, cuando Lucinda se adelantó, en su dirección.
—Violeta, soy yo.
Lucinda —dijo la mujer con cautela, con ambas manos delante de ella, tratando de calmar a Violeta—.
No te haré nada.
Sólo transfórmate de nuevo, por favor.
Violeta casi lloró de alivio.
—Sólo respira.
Todo estará bien —continuó Lucinda, acercándose.
Cada uno de los huesos del cuerpo de Violeta le advertía que se mantuviera alerta, que pusiera atención.
No obstante, su corazón le enviaba señales de que debía confiar en aquella mujer.
Que todo iba a salir bien si lo hacía.
Todavía muy tensa, Violeta hizo lo que le dijo Lucinda, cerrando los ojos, haciendo todo lo posible para volver a su forma humana.
No quería atacar a Lucinda.
No podía.
Inspiró y espiró, intentando no pensar en la chica tendida al otro lado del pasillo.
Podría pensar en las consecuencias de eso más tarde.
Cuando su corazón empezó a latir en un compás más tranquilo, Violeta pudo sentir cómo su loba interior se relajaba y cedía, haciendo posible que volviera a transformarse.
Lucinda suspiró al ver la forma humana de Violeta de nuevo frente a ella.
—Gracias a Dios.
Vamos, salgamos de aquí —dijo, tirando de Violeta por el brazo.
—¿Pero qué pasa con ella?
No era mi intención…
—intentó explicar.
Tenía que hacerlo.
Aunque estaba bastante segura de que nadie la creería.
—¡Vamos!
Se pondrá bien.
Alguien la llevará a la enfermería.
Lucinda llevó a Violeta a su habitación y tan pronto como Violeta cruzó la puerta, sus lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas inmediatamente.
—¿Qué he hecho?
Ahora seguro que me matan.
Nadie creerá que no quería hacerle daño —dijo mientras caminaba de un lado a otro en su habitación, revolviendo su pelo.
Lucinda le ofreció un vaso de agua y la sentó en la cama.
—Violeta, mírame.
Violeta respiró profundamente e hizo lo que le dijeron.
Lucinda estaba frente a ella, con la mirada más seria pero reconfortante.
—He visto todo lo que ha pasado.
Kate no es alguien muy confiable.
Es una serpiente, para ser sinceros.
Abogaré a tu favor con Jack.
—¡No, no!
No puedes decírselo —exclamó Violeta quebrándose—.
Me matará.
—Lo siento, querida.
Pero es imposible que no se entere de esto.
No te preocupes…
—añadió Lucinda al ver la cara de miedo de Violeta.
—Ahora escúchame —continuó Lucinda—.
Hablaré con Jack sobre esto.
Le diré que ella te empujó y que sólo te estabas defendiendo.
Sólo trata de actuar con normalidad hasta entonces y trata de no perder el control.
—Realmente no puedo evitarlo…
—expresó Violeta en voz baja, sin poder explicar exactamente lo que quería decir.
—Sí, bueno, tendrás que esforzarte más, ¿bien?
Ahora voy a buscarlo, para evitar que el veneno de Kate se extienda por la manada.
Tú quédate aquí y no abras la puerta a nadie.
Lucinda se fue, dejando a Violeta sola.
Pasaron largos minutos mientras ella trataba de recomponerse, pensando en las posibles consecuencias que podrían ocurrir.
Un fuerte golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos.
—Violeta, abre la puerta.
Soy yo —dijo una voz.
La voz de Jack venía desde el otro lado y no parecía muy feliz.
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