La prisionera del Alfa - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 Capítulo 20 Un rol estúpido
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20: Capítulo 20: Un rol estúpido 20: Capítulo 20: Un rol estúpido Violeta no podía dejar de pensar en el hombre que había aparecido en su puerta unas horas antes.
Tardó un rato en calmarse y darse cuenta de que se había ido definitivamente.
Si alguien había sabido que ella había tenido ese encuentro, se enteraría pronto.
Sólo esperaba no haber dicho nada que la incriminara aún más.
Cada vez que ocurría algo, le entraba la ansiedad de que su muerte estaba cerca.
No podía vivir así.
Tenía que tomar pronto una decisión que cambiara su vida.
No podía vivir como una prisionera para siempre.
¿Pero qué lado iba a elegir?
Violeta estaba tendida en su cama, mirando al techo, cuando un golpe la sacó de sus pensamientos.
Su corazón empezó a latir como un tambor.
Ahora estaba condenada.
Simuló estar durmiendo cuando una voz conocida llegó desde el otro lado.
—Violeta, soy Lucinda.
Abre la puerta.
Suspirando aliviada, Violeta se levantó de la cama y le abrió la puerta a la mujer.
—Jack me ha pedido que te lleve a su habitación.
Quiere mostrarte algo —susurró Lucinda para que nadie pudiera oírla.
—¿Por qué susurras?
No hay nadie aquí.
Y además, ¿por qué tengo que ir a su habitación?
Violeta se sentía nerviosa de repente.
Nunca había ido a su habitación.
¿Y por qué ahora?
¿Qué quería él de ella?
—Estoy susurrando porque no queremos que nadie invente más chismes sobre ti.
Y no sé lo que quiere.
Yo aún cumplo órdenes aquí —dijo Lucinda sonriendo con cariño—.
¡Ahora vamos!
Lucinda le dio la espalda a Violeta para que la siguiera y Violeta aprovechó para alisarse el pelo y el vestido de flores.
En realidad, no estaba vestida para encontrarse con él, aunque sí presentable.
Sólo le dieron ropa bonita, pero si hubiera tenido la oportunidad de cambiarse, habría elegido algo con un poco más de tela.
Sus piernas estaban demasiado expuestas, pero Lucinda caminaba muy rápido, y cuando Violeta pensó en pedirle que se cambiara de ropa, ya estaba frente a la puerta de Jack.
Lucinda tocó tres veces y su voz les dijo que entraran.
Agarró a Violeta por el brazo y metió a la chica dentro, cerrando la puerta justo después, sin dar tiempo a Violeta a pensar o decir nada.
—¿Qué…?
—exclamó dijo sobresaltada, sorprendida por la forma en que Lucinda se limitó a empujarla dentro y se fue.
—Buenas noches, Violeta.
Jack miraba por la ventana, con una camisa negra informal y unos jeans, lo que hizo que Violeta se acordara de sus sueños.
Sacudió la cabeza, tratando de concentrarse.
Apartó la mirada, poniendo atención por primera vez al espacio que la rodeaba.
Su habitación era mucho más grande que la de ella y estaba realmente bien organizada y limpia.
Tenía una estantería con muchos libros en una pared, una mesa con algunos papeles y una lámpara, un armario y su cama.
Violeta tragó saliva y volvió a mirarlo.
Tenía el pelo mojado por la ducha y su olor llegaba directamente a las fosas nasales de Violeta.
¿Qué iba a hacer atrapada en esa habitación con él?
Los ojos de Jack la penetraban, lo que hizo que Violeta se sintiera acalorada por dentro.
La miró de arriba a abajo, dedicando unos segundos más a sus piernas desnudas.
Ella sabía que no era buena idea ir con ese vestido a su habitación.
—Buenas noches —respondió finalmente—.
¿Por qué me has llamado aquí?
—He tenido un día muy malo y ¿adivina qué he escuchado hace un rato, cuando por fin creía que el día había terminado?
Violeta volvió a tragar saliva.
—No lo sé.
¿Qué has oído?
—preguntó en voz baja, sintiéndose muy poco segura.
—Llegó a mis oídos que tuviste una visita en tu habitación esta noche preguntando cosas sobre mí.
Me hizo preguntarme qué le habrás dicho.
—No he dicho nada —declaró Violeta en su defensa—.
Dijo que era un espía de la Manada Diamante, pero no creo que lo fuera.
—Eres muy inteligente.
No lo era —declaró Jack.
Violeta pareció sorprendida, aunque ya era algo que sospechaba.
—Fuiste tú, ¿verdad?
¡Me estabas poniendo a prueba!
—exclamó asombrada.
Podía sentir que su corazón ya se apretaba.
—En realidad, no lo era.
No era consciente de ello hasta hace un par de horas.
Pero no puedo decir que no me impresionó que realmente tuvieras la oportunidad de traicionarme, pero no lo hiciste.
Violeta miró dentro de sus ojos.
¿Qué estaba tratando de decir?
—Sabes…
No somos gente con suerte.
El destino realmente se rio de nosotros al ponernos a los dos como enemigos en esta vida.
Pero, ¿realmente puedes luchar contra esto?
—preguntó Jack señalándolos a los dos, y Violeta estaba más que segura de que se refería a esa energía que los recorría dentro de la habitación.
Era asfixiante.
Frustrante.
Intimidante.
Pero también satisfactorio.
Si pudiera acercarse a él, tocarlo…
Violeta bajó la cabeza, sintiéndose alterada de repente.
Ya no tenía sentido ocultarle esa información, así que decidió sincerarse.
—Realmente no puedo hacer nada.
—¿Qué quieres decir?
—preguntó Jack, su voz sonaba muy curiosa y urgente.
Pero Violeta no tuvo el valor de mirarlo a los ojos mientras lo explicaba.
—La Manada Diamante tiene una regla sobre las parejas.
No podemos establecer vínculos con ellos.
Está extremadamente prohibido.
Ella levantó la vista de inmediato cuando la voz de Jack salió tan impactada y sorprendida como ella esperaba.
—¡¿Qué?!
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