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La prisionera del Alfa - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 Capítulo 21 Fruta Prohibida
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21: Capítulo 21: Fruta Prohibida 21: Capítulo 21: Fruta Prohibida —¡Es obvio que no escuché bien!

—exclamó Jack sobresaltado.

Violeta casi se ríe de su expresión.

Estaba absolutamente sorprendido.

Y confundido.

—¿Cómo es que eso es una regla?

¿Por qué prohibirían algo así?

—preguntó empezando a revolverse el pelo por la frustración— ¡No tiene ningún sentido!

—Bueno, yo no era la que hacía las reglas —respondió Violeta en su defensa.

Le molestaba un poco que él reaccionara de esa manera sobre la forma en que ella tenía que vivir.

A ella tampoco le gustaba esa estúpida regla.

Y muchas otras.

Pero como no podía hacer nada al respecto, simplemente lo aceptaba.

Jack tardó un rato en recuperarse.

—Está bien.

Haré lo posible por entender tu versión de la historia.

Lo siento.

Es que me tomó desprevenido —comentó Jack disculpándose al ver lo incómoda que estaba Violeta.

—No hay mucho que entender.

No sé por qué prohibirían eso, simplemente es lo que hay —explicó Violeta en contra de su voluntad.

—Entonces, ¿cómo procrean?

¿La gente de tu manada no se casa, ni tiene hijos?

—Sí lo hacen.

Pero el gobierno hace las uniones.

Ellos deciden con quién debemos casarnos.

Jack resopló con frustración.

—¡No me digas que estás de acuerdo con esto!

Quiero decir…

¿Realmente tiene algún sentido para ti?

—¡No, no lo tiene!

—gritó Violeta de vuelta.

Era bastante consciente de que estaba descargando toda su frustración y rabia en él, sin embargo, no le importaba— Pero no puedo hacer nada, ¿verdad?

Así son las cosas.

La manada tiene reglas y tengo que obedecerlas.

—Lo entiendo.

Aunque puedes hacer algo al respecto —dijo con la voz más baja, intentando con todas sus fuerzas mantener la calma nuevamente.

Violeta podía entender cómo se sentía, pero el hecho de que no pudiera luchar contra eso la molestaba aún más.

—¿Qué quieres decir?

—preguntó poniendo los ojos en blanco.

Jack se dirigió de repente hacia ella con pasos firmes, con sus ojos verdes grisáceos mirando fijamente su alma.

Violeta no tuvo mucho tiempo para prepararse para eso.

En un abrir y cerrar de ojos, los brazos de Jack la rodeaban por la cintura y su espalda se apoyaba en la pared de atrás.

Su nariz tocaba la de ella y Violeta casi podía sentir sus labios rozando los suyos también.

Su aroma llegó a su nariz y embriagó sus sentidos.

El peso de su cuerpo ejercía una ligera presión contra el de ella, haciéndole sentir cosas desconocidas.

Pero muy buenas.

—Lo que quería decir es que puedes hacer algo con esta estúpida regla.

Ahora estás viviendo con los Rebeldes, y aquí no tenemos este tipo de cosas.

De hecho, respetamos mucho este vínculo.

Violeta se estaba concentrando mucho en sus palabras, pero eso estaba siendo algo muy difícil de hacer.

Casi imposible.

Sobre todo, con las manos de él apretando su espalda y su voz hechizando sus oídos.

Jack bajó la cabeza y le tocó ligeramente el cuello con la boca y Violeta casi dejó escapar un gemido.

¿Qué le estaba haciendo?

¿Cómo es que no podía moverse?

En realidad, no quería hacerlo.

Sólo quería que él continuara con lo que estaba haciendo.

Se sentía como si fuera magia.

Las piernas le flaqueaban, el corazón le latía demasiado rápido, el bajo vientre le ardía y trataba de atraerla hacia él.

Era como si la pequeña distancia entre sus cuerpos tuviera que terminar.

Y tenía que terminar rápido.

Ella no podía aguantar más.

Sus labios dejaban rastros de besos por su cuello y sus orejas y sus manos se movían ahora por su costado y sus costillas.

—¿Qué se siente?

—preguntó su voz metiéndose en uno de sus oídos mientras susurraba a través de él.

Violeta ya no podía pensar bien.

—Mmm…

Es buenísimo.

Realmente genial en verdad —dijo Violeta con los dientes apretados, ya que temía hacer un sonido inapropiado mientras él seguía besándola.

—Puede ser mucho mejor que esto.

Sólo tienes que aceptarlo, permitirte ser mía.

No puedo soportarlo más, Violeta.

Escucharlo decir su nombre de esa manera sonaba tan bien.

Era dulce, sexy y extraordinario.

La forma en que la hacía sentir era algo fuera de todo lo que ella había soñado.

Y Violeta también estaba cansada de ignorar sus sentimientos, de intentar reprimir todo lo que sentía por Jack.

¿Por qué no podía tomar sus propias decisiones por una vez?

Era una mujer adulta, dueña de su propia vida.

No podía permitir que Arden la mandara más.

Tenía que ser ella misma.

Y si quería estar con Jack, al diablo con cualquier regla que la Manada Diamante creara.

Ya no estaba dentro de sus muros, así que podía hacer lo que quisiera.

Con un movimiento brusco, Violeta agarró el pelo de Jack y apartó su cabeza de ella.

Sus ojos estaban llenos de lujuria, oscurecidos como ella nunca había visto antes.

Durante una fracción de segundo, él la miró desconcertado.

¿Realmente iba a parar en ese momento?

—Ya somos dos —dijo ella antes de volver a atraer su cabeza hacia ella y posar sus labios sobre los de él.

Al principio, ella no sabía qué hacer, así que se sintió un poco incómoda.

Pero ese momento pasó como si nunca hubiera ocurrido.

Era como si la naturaleza siguiera su curso.

El cuerpo de Violeta parecía saber exactamente cómo moverse y actuar en esa situación y el poder que Violeta sentía sobre él era increíble.

Jack apretó al instante el cuerpo de ella dentro de sus brazos, lo que hizo que Violeta finalmente soltara un gemido.

Pero a ella no le importaba.

Lo deseaba desde hacía mucho tiempo y por fin lo estaba teniendo.

Jack empujó su cuerpo contra ella con más fuerza y Violeta pudo sentir su espalda contra la fría pared.

Pero eso tampoco la molestó.

Se sentía tan caliente que no importaba de todos modos.

Sus lenguas se movían en una danza muy desesperada dentro de sus bocas y todo su cuerpo pedía más.

Más de él.

Sus manos estaban por todas partes.

Su vestido estaba ahora levantado y ella podía sentir los dedos de él subiendo y bajando sus piernas, apretando y arañando.

De repente, Jack la agarró por el trasero y tiró de ella hacia arriba, rodeando con sus piernas la cintura de él.

Violeta gimió.

Se separaron un rato para recuperar el aliento, y Violeta se las arregló para quitarle la camiseta.

La visión de su pecho desnudo hizo que Violeta jadeara.

Efectivamente, estaba esculpido por Dios.

No había otra explicación para aquella perfección.

Jack volvió a reclamar su boca, desesperado por volver a sentir su sabor en sus labios.

Las uñas de ella arañaron su espalda con fuerza y Jack gimió su nombre.

—Violeta…

—¿Qué?

—preguntó ella sin aliento.

—¿Estás segura de que quieres esto?

No podré parar más.

—Te mataré si te atreves a parar —amenazó ella, indignada de que siquiera considerara eso.

Jack no dudó.

La apartó de la pared y se dirigió hacia la cama con ella todavía alrededor de él.

La arrojó sobre la cama, arrodillándose frente a ella.

Violeta no podía dejar de mirarlo.

Sus manos agarraron su vestido y lo arrancaron, arrojando la pieza lejos.

Violeta ni siquiera vio dónde cayó, porque un segundo después Jack ya estaba encima de ella.

Violeta tenía las piernas ligeramente abiertas, pero Jack consiguió ponerse en medio de ellas.

Sentir su peso encima de ella hizo que Violeta se excitara aún más.

Su duro miembro contra su pelvis también era algo realmente difícil de ignorar.

—Jack…

—susurró mientras sus manos recorrían su estómago.

Él tomó uno de sus senos en su mano y apretó mientras ella pronunciaba su nombre muy sexy.

Violeta volvió a gemir, levantando la cadera en su dirección instintivamente.

Él la miró fijamente a los ojos, comiéndosela viva sólo con una mirada.

—Te quiero ahora —concluyó, y eso fue más que suficiente para que Jack le concediera su deseo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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