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La prisionera del Alfa - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 Capítulo 26 Una práctica diferente
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26: Capítulo 26: Una práctica diferente 26: Capítulo 26: Una práctica diferente —¿Qué demonios estás haciendo?

—gritó Violeta en cuanto se recuperó del golpe y se levantó.

¿En qué estaba pensando Morgana?

¿Había llevado a Violeta hasta ese lugar para matarla?

—Jack me pidió que te entrenara.

Dijo algo de que eras una hechicera.

Realmente no le creí —explicó Morgana, acercándose de nuevo a Violeta.

—¿Y por qué necesitas golpearme?

Yo no he hecho nada.

Fue su idea —dijo Violeta retrocediendo.

Su espalda volvió a chocar con la puerta y se sintió acorralada.

—Bueno, esta es mi forma de entrenarte.

Si realmente eres una hechicera, tenemos que provocar tus poderes, ya que nunca los has usado —respondió Morgana poniendo los ojos en blanco, como si estuviera afirmando lo obvio.

—Estoy bastante segura de que puedes provocarlos con otra táctica —afirmó Violeta con los dientes apretados.

Estaba haciendo todo lo posible para no caer en los trucos de Morgana.

No podía perder el control de nuevo dentro de la mansión de Jack.

No tendría una segunda oportunidad.

—Sí, puedo.

Pero prefiero esta manera.

No dijo que tuviera que emplear tus métodos para esto, así que así es como vamos a trabajar —declaró Morgana y volvió a levantar la mano.

Violeta sintió la misma energía que la tiraba del suelo, hacia Morgana.

Intentó mirar hacia abajo, sin embargo, su cuerpo estaba inmovilizado.

Parecía petrificado.

Sus ojos pudieron ver sus piernas flotando un poco por encima del suelo y estaba siendo arrastrada en dirección a Morgana sin caminar.

¿Era eso posible?

¿Podría también hacer eso ella?

Violeta casi se rio.

Esa idea se le estaba metiendo en la cabeza.

No podía ser una hechicera.

Esa era una de las ideas más descabelladas que había escuchado.

Cuando Morgana estuvo frente a ella, Violeta la miró fijamente a los ojos y solo entonces se dio cuenta de que el iris púrpura era realmente luminoso, como si estuviera brillando.

—Vamos a ver cuánto tiempo puedes aguantar —dijo Morgana y agitó la mano y Violeta sintió que su cuerpo zumbaba y se golpeaba contra la mesa.

Los jarrones y los libros que había encima cayeron al suelo.

Unas cuantas velas se apagaron cuando Violeta voló por encima de ellas.

—¿De verdad vas a estropear todo tu despacho nada más para provocarme?

—preguntó Violeta con una sonrisa burlona.

Si Morgana quería provocarla, ella haría lo mismo.

Morgana curvó los labios en señal de desaprobación.

—Esa es una de las ventajas de ser bruja.

Puedo chasquear los dedos y todo estará en orden —comentó.

Violeta se levantó de nuevo y miró a Morgana.

—¿De verdad necesitas hacer esto o solo quieres vengarte de mí por intentar matar a Jack?

—preguntó.

Morgana soltó una carcajada que daba mucho miedo.

—Sabes, si pudiera vengarme de ti por eso, ya estarías muerta hace mucho tiempo —aseguró Morgana de forma amenazante.

Y Violeta realmente creyó sus palabras.

Morgana podía ser realmente aterradora cuando protegía a Jack.

Eso hizo que Violeta pensara en algo.

—¿Por qué estás tan preocupada por él?

¿Lo amas o qué?

¿Estás enojada conmigo porque soy su compañera?

—preguntó con curiosidad.

Morgana se burló.

—Por favor, niña.

No soy tan vanidosa.

Si amara a Jack, probablemente lo tendría cuando quisiera.

Pero ese no es el caso.

Y no estoy enojada contigo, simplemente no confío en ti, no me gustas y no considero que debas quedarte aquí con tan poca supervisión.

Violeta se sintió realmente avergonzada por esa estúpida pregunta.

Y el hecho de que Morgana dijera que podía tener a Jack cuando quisiera hizo que quisiera saltarle al cuello.

—Bueno, aparentemente esto no está funcionando.

Así que tal vez debería pasar al siguiente nivel —dijo Morgana, y Violeta no tuvo tiempo ni de parpadear.

Su cuerpo volvió a levitar desde el suelo y Morgana la lanzó contra la pared, con mucha más fuerza esta vez.

Violeta dejó escapar un gemido cuando sus costillas se estrellaron contra la fría pared.

Casi pudo oír cómo se rompían.

Estaba con las rodillas y las manos en el suelo, en una posición muy vulnerable.

Pero Morgana no sintió piedad en absoluto.

Volvió a hacer lo mismo, dos, tres veces.

Violeta estaba enfurecida.

Le dolía todo el cuerpo y podía sentir cómo su loba interior hacía mucha fuerza para luchar contra los sedantes.

Después de todo, le estaban inyectando una dosis mayor.

¿Iba a ser capaz de cambiar antes de que Morgana la matara?

Violeta no podía aguantar mucho más.

Podía sentir el sabor de la sangre dentro de su boca y el estómago le dolía mucho.

—¿Qué estás esperando, chica?

Muéstrame lo que tienes —gritó Morgana.

Violeta empezó a temblar intensamente, apenas podía mantenerse en pie.

Intentó levantarse, sin embargo, falló dos veces y se rindió.

—¿Qué?

¿Vas a matarme si no te lo muestro?

—No seas tan dramática.

Puedes curarte rápido —dijo Morgana con impaciencia.

—Bueno, no soy exactamente un lobo en este momento, ¿verdad?

¿O te has olvidado de que estoy drogada?

—gritó Violeta.

Eso pareció hacer que Morgana se diera cuenta de por qué le estaba costando más de lo que esperaba que Violeta mostrara algún signo de poder.

—Tal vez un poco de tortura psicológica entonces.

¿Qué dices?

—sugirió con una sonrisa malvada.

Violeta tragó saliva.

No podía confiar en sí misma para eso.

Después de todo, era extremadamente emocional.

Y eso era básicamente la clave para despertar a su loba interior.

La sonrisa de Morgana se amplió al ver la cara de miedo de Violeta.

—De acuerdo, eso me sirve —afirmó, acercándose de nuevo a Violeta.

Violeta seguía en el suelo.

Morgana se acercó a ella y se puso en cuclillas, mirándola fijamente a los ojos.

Sin embargo, era una mirada diferente.

Morgana le puso las manos en las sienes y no parpadeó.

Y, de repente, Violeta empezó a tener visiones de cosas que le daban mucho miedo.

Todas las pesadillas que había tenido en los últimos días, todos los momentos en los que se sintió asustada tras la muerte de sus padres y cada uno de los miedos que tenía se arremolinaban ahora dentro de su cerebro.

Era demasiado para soportarlo.

Dejó escapar un grito tan fuerte que le dolía la garganta.

Estaba en posición fetal, rogando a Morgana que se detuviera.

Pero la mujer no lo hizo.

Y Violeta decidió concentrarse en su loba interior.

Tenía que despertar.

Tenía que protegerse.

Ninguna droga debía impedirle ser ella.

Y entonces Violeta empezó a sentir un calor que crecía dentro de su cuerpo, una fuerza que nunca había sentido antes.

No era que estuviera perdiendo el control.

Era algo único, natural, como si todo estuviera ocupando su lugar, el que le correspondía.

¿Siempre había tenido esa energía en su interior?

No lo recordaba.

Y mientras se esforzaba por ignorar los recuerdos que se abrían paso dentro de su cabeza, Violeta se puso de pie.

Aunque si Morgana estaba sorprendida, no lo demostró.

Sus ojos seguían brillando y sus manos seguían en sus sienes.

Violeta podía sentir que sus músculos temblaban ahora.

Sus manos estaban cerradas en puños y toda la sangre que corría por sus venas ardía.

Se concentró en Morgana.

¿Qué podía hacer para impedir que la mujer la atacara?

Violeta cerró los ojos para pensar.

Era muy difícil hacerlo.

Las imágenes eran cada vez más fuertes.

Podía ver a sus padres.

Estaban jugando con ella en algún parque.

¿Qué ocurría a su alrededor?

Había mucha gente y parecían asustados repentinamente.

¿Los estaban atacando?

Violeta volvió a caer al suelo y se agarró la cabeza.

¿Qué estaba pasando?

¿Por qué sus padres parecían tan asustados?

¿Qué era ese ruido?

Violeta podía ver su forma de bebé llorando a gritos, esperando que su madre la tomara en brazos.

Pero el recuerdo era demasiado borroso y confuso.

Y entonces su madre se cayó al suelo, y su padre justo después, y Violeta se encontró sola e impotente.

Aquello fue la gota que colmó el vaso.

Con un ronco rugido, Violeta se puso en pie y levantó la mano, sintiendo que una poderosa fuerza surgía en su interior, y apuntó con la mano a Morgana, igual que antes.

Y Violeta vio cómo la mujer era lanzada al otro lado de la habitación.

Morgana la miró con ojos sorprendidos y se levantó del suelo enderezando su ropa.

—Supongo que Jack tenía razón.

Realmente eres una hechicera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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