La prisionera del Alfa - Capítulo 28
- Inicio
- Todas las novelas
- La prisionera del Alfa
- Capítulo 28 - 28 Capítulo 28 Emociones encontradas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
28: Capítulo 28: Emociones encontradas 28: Capítulo 28: Emociones encontradas —¡Santo cielo, casi me matas del susto!
¿Qué haces aquí?
—preguntó Violeta quejándose y se puso en cuclillas para recoger el cepillo.
Jack tenía las manos dentro de los bolsillos y estaba mirando la luna, muy concentrado.
Violeta se quedó ahí, solo admirando su imagen, también calmando su corazón después del susto que le dio.
Parecía cansado.
—Lo siento.
No era mi intención irrumpir en tu dormitorio sin pedirte permiso.
Pero no quería que nadie me viera afuera tratando de entrar —explicó sin mirarla.
—Está bien.
No me importa…
—dijo encogiéndose de hombros.
Se sentó en la cama, esperando a que Jack dijera finalmente lo que quería con ella.
Él ni siquiera la miraba.
—¿Puedo ayudarte en algo?
—preguntó en voz baja.
—No estoy seguro —respondió simplemente.
Violeta frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Bueno, creo que eres la principal razón de mis problemas, así que no estoy seguro de cómo podrías ayudar.
—¿Cómo soy yo la razón de tus problemas?
¿Qué he hecho yo ahora?
—preguntó Violeta a la defensiva.
—No lo hiciste.
Lo siento, no me refería a eso.
Yo…
parece que no puedo sacarte de mi cabeza.
Ese es el problema.
Violeta sintió que su corazón ardía.
¿Era eso lo que significaba estar enamorado?
Quería decir que ella tampoco podía dejar de pensar en él, pero dado el rumbo de la conversación, no parecía algo acertado para decir en ese momento.
Así que se quedó en silencio.
—Sigo teniendo este conflicto interno conmigo mismo y parece que no puedo llegar a un consenso.
—Lo siento, no te entiendo —dijo Violeta con impaciencia—.
¿Puedes ser un poco más directo?
¿Por qué tenía que decirlo todo enigmáticamente, como si ella tuviera que entender lo que quería decir?
Y Jack la miró de repente, aparentemente sorprendido por su respuesta.
—Lo que intento decir es que…
—empezó a explicar mientras se giraba para mirarla, aunque sus ojos se posaron inmediatamente en su rostro y pasaron de estar molestos a preocupados—.
¿Qué te pasó?
Sacó sus manos del bolsillo y se dirigió directamente hacia Violeta, sujetando sus mejillas con sus manos con mucha precaución y suavidad.
—No fue nada.
Morgana me ha llevado hoy al entrenamiento —mintió.
No le parecía bueno contarle los detalles de esa tarde.
—¿Práctica?
¿Te ha hecho daño?
—preguntó Jack incrédulo.
Sus ojos escudriñaban cada parte del cuerpo de Violeta, tratando de encontrar algo como un moretón o una herida.
Encontró los de los brazos, pero las costillas estaban cubiertas, lo cual era bueno.
Porque se volvió loco después de eso.
—¿Por qué diablos tuvo que lastimarte así?
¿Qué pasó?
Violeta respiró profundamente.
Tenía muchas ganas de que él continuara con la otra conversación.
Quería saber a qué se refería al decir que ella era la razón de sus problemas.
—Estoy bien.
No fue nada —dijo ella, tratando de calmarlo.
—¿Cómo que no fue nada?
Estás llena de moretones por todas partes.
Eso no es lo que le pedí —expresó, mientras caminaba de un lado a otro dentro del dormitorio, descargando su ira sobre sus pasos.
—Ya he dicho que estoy bien.
No soy tan frágil.
Y puedo defenderme —declaró con mucha firmeza.
Le gustaba que la trataran con cuidado, pero también quería que él reconociera su fuerza y su poder.
Podía protegerse sola.
Él se detuvo y la miró, sorprendido.
—Sé que puedes.
Es que…
me duele verte así.
Violeta sintió un nudo en la garganta.
¿Significaba eso que la quería?
¿O que había sentido algo por ella?
¿Por qué no podía decirlo?
—Sin embargo, aparentemente tenías razón.
Soy una hechicera —dijo Violeta y él la miró con mucha intensidad.
—¡Lo sabía!
Entonces, ¿cómo lo descubriste?
—preguntó mientras se sentaba en la cama a su lado.
Y entonces, así como así, Violeta se lo contó todo.
Al principio no quería hacerlo, pero la forma en que él parecía sinceramente interesado en lo que ella tenía que decir, la hizo querer compartir todo con él.
Sintió que por fin alguien había considerado sus historias importantes por primera vez y eso era tan bueno.
Es cierto que Jack volvió a enojarse mucho cuando ella le explicó cómo Morgana hacía despertar sus poderes, sin embargo, cuando le contó lo que había hecho, se relajó.
—Así que ahora tengo que leer todos estos libros —señaló los libros sobre su cama.
—Eso no parece muy prometedor —comentó haciendo una mueca divertida.
Violeta se rio, encontrando muy simpático cómo reaccionaba a su tarea.
—¿Podemos volver a lo que estabas diciendo antes?
—intentó volver al primer tema de la conversación.
—No recuerdo lo que estaba diciendo —dijo Jack encogiéndose de hombros, pero Violeta no le creyó.
—Estabas hablando de tu conflicto interno, y de cómo no puedes llegar a un consenso, y de cómo se supone que yo soy la razón de todos los problemas de tu vida —respondió Violeta enumerando cada punto de la conversación anterior.
Jack la miró con ojos ardientes.
Ella echaba mucho de menos esos ojos.
La forma en que miraban fijamente su alma y cómo la hacían sentir poderosa, sexy, hermosa e inteligente.
Jack tenía una manera de hacer que Violeta se sintiera la mujer más brillante y feliz del planeta cuando estaba cerca de ella.
—Bueno, lo que intentaba decir es que me estoy volviendo loco solo por pensar en ti.
Y cuando necesito alejarme, no puedo evitar querer volver.
—¿De verdad?
Suponía que yo no era nada más que una aventura para ti —dijo Violeta intentando poner cara de circunstancias.
Era difícil fingir indiferencia cuando lo único que quería era besarlo.
—¿Eso es lo que dedujiste de mis acciones?
—preguntó frunciendo el ceño.
—Sí, bueno…
Aparentemente, no eres muy bueno para mostrar tus verdaderas emociones —murmuró ella con una sonrisa.
Eso pareció molestarlo.
—¿Es así?
Se apoyó en ella y cuando Violeta intentó escapar por el lado, la agarró por la cintura y la apretó contra el colchón con su propio cuerpo.
—Tal vez debería trabajar en eso.
No quiero que nadie suponga que no me expreso correctamente.
Odio que me malinterpreten —dijo con una sonrisa traviesa en los labios.
Se estaba poniendo muy caliente dentro del dormitorio.
Sus jeans rozando sus piernas desnudas, sus manos alrededor de su cintura apretando sus costados…
—¡Ay!
—gritó ella cuando él le tocó las costillas.
—¿Qué?
¿Te he hecho daño?
Ni siquiera empecé —dijo preocupado mientras escaneaba su cuerpo una vez más en busca de otra herida.
—Es solo…
mis costillas.
Tal vez no necesites demostrar tu punto de vista con tanta determinación esta noche —explicó ella con cara de dolor.
Jack le agarró la camisa y se la levantó bruscamente, tirándola al suelo.
Ni siquiera pareció fijarse en la ropa interior de Violeta.
Ella se moría de ganas de preguntarle quién había elegido esas prendas para ella, pero, en cambio, él parecía muy preocupado por sus moretones.
—Voy a matar a Morgana —dijo contra sus dientes apretados.
—Ya he dicho que estoy bien —repitió Violeta mientras le agarraba la cara y le hacía levantar la vista.
Llevó su cuerpo hacia delante, agarrando sus labios entre los dientes y tirando de él sobre su cuerpo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com