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La prisionera del Alfa - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 Capítulo 34 Una oferta atrevida
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34: Capítulo 34: Una oferta atrevida 34: Capítulo 34: Una oferta atrevida Violeta estuvo llorando y sollozando durante tanto tiempo que perdió la noción del tiempo.

Su vida había terminado.

Había perdido la oportunidad de escapar y también había perdido a Jack.

Jamás aceptaría volver a entrenar con Morgana, así que reconocer y mejorar sus poderes también estaba descartado.

¿Qué le quedaba?

Iba a vivir una vida infeliz, sin poderes, sin el hombre que amaba, sin libertad.

Porque tenía muy claro que dondequiera que fuera -a casa con la Manada Diamante o prisionera en la mansión de Jack- sus pensamientos y deseos nunca serían tenidos en cuenta.

Pero lo que más hería su corazón era Jack.

No podía dejar de pensar en él, en cómo la miraba con tristeza y rabia en los ojos.

Sabía que sería difícil confiar el uno en el otro, sobre todo porque él tenía aún más razones para dudar.

Después de todo, había sido ella la que había intentado matarlo.

Él nunca le había hecho nada parecido.

De hecho, solo le pagaba con amabilidad y tolerancia.

¿Estaba pidiendo demasiado?

¿El hecho de que solamente quisiera que él confiara en ella era una locura?

No podía dormir meditando sobre eso.

Le dolía la cabeza mientras intentaba decidir qué hacer.

Tenía que hacer algo para demostrarle a Jack que le era leal.

Quería demostrarle que su amor era algo real, que no era fingido.

¿Qué podía hacer?

No sabía.

Mirando la luna llena, Violeta se sumergió en los recuerdos de ella y Jack estando juntos, cómo se sentía natural y predestinado.

Le causó risa recordar cómo había considerado ignorar ese sentimiento.

Ahora le parecía un pensamiento delirante siquiera pensar en eso.

Era imposible.

El vínculo que tenían era demasiado fuerte.

Nunca podría tener la fuerza para ignorarlo.

Un golpe suave en la puerta la sacó de sus ensoñaciones.

¿Quién podría ser en ese momento?

Ya era demasiado tarde.

Pero la persona no esperó a que abriera la puerta.

El hombre entró en la habitación antes de tocar por segunda vez y Violeta abrió los ojos con incredulidad.

—¿Qué estás haciendo aquí?

Jack estaba de pie frente a ella, claramente borracho y abatido.

Aquellos ojos verde-grisáceos la miraban con la mirada más lastimera.

Violeta sintió que su corazón se encogía de dolor.

¿Cómo podía ser tan hermoso y desagradable al mismo tiempo?

No quería verlo, y ahora que estaba frente a ella, solo quería consolarlo, a pesar de que ella era la herida y la ofendida.

—¡Violeta, lo siento!

—exclamó Jack agarrando sus mejillas con sus manos suavemente.

Todo el cuerpo de Violeta se estremeció con su tacto.

—Soy el hombre más estúpido de este continente.

No sé por qué siempre actúo así cuando estás involucrada —se disculpó mirándola a los ojos.

Violeta se esforzó por no mirarlo, pero era realmente difícil cuando él tenía su cara tan cerca de la suya.

—Solamente pensar en que te vayas me hace ser irracional.

Sé que teníamos un acuerdo.

Que no pude recordar cuando Morgana mencionó a ese hombre.

Violeta examinó su postura y su rostro.

Parecía sincero.

—Perdóname, por favor.

Yo…

te prometo que esto no volverá a pasar.

Jack bajó los ojos a sus labios y Violeta tragó saliva.

Aquello era un golpe bajo.

No pudo resistir que la mirara de esa manera.

Jack puso una de sus manos alrededor de su cintura y la acercó a su cuerpo.

Violeta no trató de apartarlo, no trató de evitarlo.

Lo quería.

No le importaba nada mientras estuviera dentro de su abrazo.

—Ya no puedes hacerme daño así, Jack.

Yo…

—dijo, sintiendo de nuevo el nudo en la garganta y los ojos le ardían de tanto llorar.

Jack le acarició las mejillas y el pelo, observando su rostro.

—Siento haberte hecho llorar y sufrir de este modo.

De verdad que lo siento.

No podré perdonarme por eso.

Nunca.

Siento haber sido un imbécil —declaró y eso hizo reír a Violeta.

Era tan lindo verlo disculpándose con ella mientras se descalificaba a sí mismo.

—Por fin algo en lo que ambos estamos de acuerdo —comentó ella mirándolo fijamente.

Una sola lágrima corrió por su mejilla y Jack se la limpió con el pulgar.

—Lo siento…

—susurró de nuevo mientras bajaba la cabeza.

Depositó un beso muy suave y gentil en los labios de Violeta, mientras abrazaba su cintura aún más fuerte.

Ella podía sentir lo mucho que él no quería que se escapara de sus brazos.

No era un beso urgente, pero sí muy descarnado.

Era como si fuera posible tocar sus sentimientos en el aire.

Eso no podía ser únicamente la fuerza del vínculo.

Violeta pudo sentir cómo sus sentimientos se ponían sobre la mesa mientras sus lenguas se envolvían en una danza muy lenta y dulce.

El sabor de ese beso de disculpa era diferente.

Eso fue suficiente para que Violeta entendiera que su vínculo de lobo no se limitaba a algo físico.

Era emocional, era puro, era real.

En realidad, podía sentir sus sentimientos en su beso, en la forma en que sus manos la agarraban y apretaban.

No de modo sexy, sino como si él no quisiera que se escapara.

Como si tuviera miedo de que, si se soltaba de ella, se desvanecería ante sus ojos.

Cuando se separaron, Violeta tuvo de repente una iluminación.

Ella sabía lo que tenía que hacer.

—Jack…

quiero hacer algo.

Él la miró con curiosidad.

—¿Qué es?

—preguntó con cariño.

—Quiero ir a casa y encontrar algo para demostrar que Arden no es un buen líder.

Estoy segura de que puedo encontrar algo útil para incriminarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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