La prisionera del Alfa - Capítulo 61
- Inicio
- Todas las novelas
- La prisionera del Alfa
- Capítulo 61 - 61 Capítulo 61 Una carta misteriosa
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
61: Capítulo 61: Una carta misteriosa 61: Capítulo 61: Una carta misteriosa Estuvieron fuera la mayor parte de la tarde y Violeta se sentía mucho mejor.
Jack tenía una manera de calmarla, de hacerla sentir mejor cada vez que estaba triste, aunque reconocía que últimamente ella no le daba demasiado crédito a sus intentos.
Jack era increíble para ella, siempre preocupado y pendiente de su bienestar.
Pero ella había estado tan al límite con los últimos acontecimientos, que no parecía capaz de manejar sus sentimientos y acciones.
Por eso sintió ganas de disculparse con Jack por haber sido una idiota anteriormente.
Menos mal que él la comprendió y no se lo tomó demasiado en serio.
Hicieron las paces y volvieron a la mansión cuando el sol se estaba poniendo.
Violeta estaba deseando darse una ducha y tirarse en su cama.
Le dolía la cabeza como si alguien le estuviera martilleando el cráneo desde dentro.
El día había sido demasiado para ella.
Todavía no podía quitarse de la cabeza la expresión de Gwen.
Y aunque se esforzaba por no culparse a sí misma, era difícil creer que su hermana se hubiera convertido en alguien tan frío.
Al llegar a la mansión, alguien llamó a Jack en cuanto aparecieron y este se fue a ver qué pasaba.
—Ve a ducharte.
Estaré ahí en unos minutos, podríamos comer algo —sugirió.
Violeta asintió y subió las escaleras a toda prisa.
Pero cuando casi estaba llegando a la cima, escuchó que alguien la llamaba desde la planta baja.
Se giró para ver quién era y se encontró con que Lucinda venía en su dirección.
—¡Violeta!
Por fin estás en casa.
La mujer parecía agitada y nerviosa.
—¿Lucinda?
¿Qué pasa?
¿Está todo bien?
—preguntó un poco preocupada.
Su amiga siempre estaba sonriendo y con una expresión brillante.
Pero ahora miraba de izquierda a derecha para ver si venía alguien.
Acercó su cabeza a la de Violeta y susurró para que nadie pudiera oírla.
—Has tardado tanto en volver…
Alguien ha dejado una carta para ti.
—¡¿Qué?!
—exclamó Violeta sorprendida.
O tal vez conmocionada.
¿Quién le enviaría una carta?
Ya no tenía a nadie más.
Y todas las personas con las que tenía contacto pertenecían a los Rebeldes, así que no era necesario que le enviaran una carta.
—¿Quién ha sido?
—preguntó con la cabeza empezando a dolerle aún más.
Todas las opciones posibles cruzaron su mente, pero una era más absurda que la otra.
No debía ser Gwen.
La chica le había pedido que desapareciera de su vista, así que ¿por qué iba a enviarle una carta a Violeta así de repente?
¿Especialmente ahora después de la muerte del Sr.
Brown?
Las otras dos opciones sonaban aún más ridículas en su cabeza que la primera.
Lance y Arden nunca arriesgarían sus vidas para enviarle algo y no tendrían una razón para hacerlo.
¿Verdad?
—No lo sé —respondió Lucinda—.
Estaba en mi turno y el cartero vino con la correspondencia.
Cuando vi tu nombre en una de las cartas, le pregunté quién lo había enviado, pero parecía tan confundido como yo.
Dijo que no sabía cómo había aparecido esa carta ahí, ya que no había remitente.
Violeta la miró con una extraña sensación en el estómago que empezaba a crecer.
—¿Sin remitente?
Lucinda asintió.
—Es raro, ¿verdad?
¿Tienes alguna idea de quién puede ser?
—No.
No…
quiero decir, no tengo a nadie más, ¿verdad?
—contestó Violeta mirándose las manos—.
De todas formas, ¿dónde está la carta?
—La puse en tu cama.
Violeta se giró y empezó a caminar hacia su habitación, pero se detuvo bruscamente recordando algo.
Volvió a mirar a su amiga y susurró: —No le digas a Jack nada de esto, ¿de acuerdo?
—Violeta…
—empezó a hablar Lucinda, quien estaba a punto de quejarse, pero Violeta le hizo un gesto con la mano.
—No digas nada.
Primero veré de qué se trata.
No hay necesidad de preocuparlo sin una razón.
Lucinda tragó saliva, obviamente en contra de lo que había dicho Violeta.
Violeta giró en uno de los pasillos, y cuando Lucinda se perdió de vista, empezó a correr.
Su corazón estaba acelerado y empezaba a sentirse mal de nuevo.
No podía imaginar quién le había enviado la carta, pero tenía un mal presentimiento.
Irrumpió en su habitación y cerró la puerta, visualizando ya el trozo de papel sobre su colchón.
Con las manos temblorosas, Violeta la tomó, pero incluso antes de abrirla, ya podía saber de quién era.
La letra no podía engañarla.
La había visto durante toda su vida, así que no podía equivocarse esta vez.
Sintiendo que iba a vomitar en cualquier momento, Violeta abrió el sobre y sus piernas fallaron inmediatamente, haciéndola caer sentada en la cama.
—Dios mío…
—murmuró para sí misma una vez que sus ojos se posaron en la carta.
Era de Arden, tal y como ella esperaba.
Pero lo que estaba escrito en su interior no eran palabras agradables.
No es que ella creyera que él le diría cosas buenas, pero tampoco esperaba que fuera una amenaza.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com