La prisionera del Alfa - Capítulo 64
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- Capítulo 64 - 64 Capítulo 64 Trote matutino
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64: Capítulo 64: Trote matutino 64: Capítulo 64: Trote matutino Violeta podía sentir que estaba soñando, pero, aunque hacía todo lo posible, no podía despertarse.
En su sueño, Arden iba detrás de ella y de Jack, y cuando este intentaba protegerla, moría en su lugar.
Ella gritaba dentro de su cabeza para despertar, pero su cuerpo estaba inmerso en esa pesadilla.
Cuando Arden llegaba a matarla, después de ver cómo asesinaba a Jack delante de ella, finalmente se despertó sobresaltada, llena de sudor y también de lágrimas.
Ni siquiera sabía que era posible llorar mientras se dormía.
Jadeando compulsivamente, Violeta tomó un vaso de agua al lado de la cama y lo bebió para calmarse un poco.
El sueño era muy real.
¿Podría ser que ella también tuviera el poder de predecir?
Esperaba que no.
Si ese era el caso, su futuro con Jack estaba condenado.
Tratando de recomponerse y sintiendo una opresión en el pecho, Violeta sintió una repentina necesidad de ver a Jack.
Se había quedado dormida de tanto llorar y se sentía muy mal por haberle hecho creer que no confiaba en él.
Quería hacer las paces con él, pero era demasiado tarde en la noche.
Tendría que esperar hasta que llegara la mañana.
Tratando de volver a dormir, Violeta se revolvió en su cama hasta que vio el primer rayo de sol que entraba por su ventana.
Fue entonces cuando decidió levantarse y empezar el día.
Mantenerse acostada no le hacía ningún bien.
Se cambió de ropa y salió del dormitorio, considerando si debía buscar a Jack.
Tal vez estaba demasiado ocupado por la mañana.
Probablemente, no era una buena idea tratar de tener una conversación ahora.
Así que salió a correr después del desayuno, aprovechando el tiempo para disfrutar del clima y del viento en la cara para despejar su mente.
Era realmente agradable disfrutar de la mañana como una persona normal.
Contemplar el paisaje le hizo olvidar por un momento todo el lío que estaba pasando en su vida.
Gwen, Arden, la Manada Diamante, Jack…
Nada estaba bien.
No tenía ninguna idea de lo que sería su vida en el futuro y eso la ponía muy ansiosa y preocupada.
¿Cómo podría alguien vivir en paz sin tener una perspectiva para el futuro?
Y lo que era aún peor, ahora tenía una amenaza que se cernía sobre su cabeza.
Violeta se quedó fuera casi toda la mañana, decidiendo volver a casa solo porque empezaba a tener hambre de nuevo.
No comió demasiado antes de correr y ya era casi la hora de almorzar.
Después de ducharse, bajó a comer y preguntó por Jack, pero nadie parecía saber dónde estaba.
Cuando estaba a punto de ir a su oficina, se encontró con Lucinda.
—¡Hola, chica!
¿Cómo estás?
—preguntó Lucinda con una gran sonrisa.
—Hola…
—respondió Violeta, pero no con la misma alegría—.
¿Has visto a Jack hoy?
—Jum…
sí lo he visto hace un rato, pero no sé dónde está ahora.
Lo siento.
Violeta encogió los hombros, haciéndose ya a la idea de no verlo ese día.
Al fin y al cabo, estaba enojado con ella.
—¿Está todo bien?
Con ustedes dos, quiero decir…
—preguntó Lucinda de forma solidaria.
Parecía un poco incómoda por hacer esa pregunta a pesar de que eran buenas amigas.
—Bueno…
La verdad es que no —respondió Violeta con sinceridad—.
¿Crees que se está escondiendo de mí?
De alguna manera Violeta se dio cuenta de que Lucinda no quería decir eso, pero sus acciones hablaban por ella.
Lucinda fingió estar confundida.
—No, ¿por qué iba a esconderse de ti?
Estoy segura de que aparecerá pronto.
No te preocupes.
Violeta sonrió.
—Eres una terrible mentirosa.
Pero no pasa nada.
Esta vez sí que he metido la pata —dijo mirando al suelo.
—Vamos, Vi.
Todo irá bien.
Solo dale algo de tiempo.
No pienso que el jefe sea muy bueno con todo esto de las relaciones.
Violeta asintió.
Al parecer, ella tampoco lo era.
Cuando estaba a punto de decir algo más, Morgana apareció detrás de Lucinda.
—Violeta, ¿puedo hablar contigo un segundo?
Violeta pareció sorprendida por un momento, pero se recuperó rápidamente.
Le dijo a Lucinda que se juntarían más tarde y siguió a Morgana hasta el jardín.
El tiempo seguía siendo muy agradable, pero algunas nubes empezaron a aparecer delante del sol, creando una atmósfera nublada.
—¿Está todo bien, Morgana?
—preguntó aprensiva.
—Sí —dijo la mujer cruzando los brazos y deteniéndose a mirar a Violeta—.
En realidad, quería contarte algo.
Sobre Lance.
Violeta abrió más los ojos.
—¿Lance?
¿Qué pasa con él?
—Fue visto esta mañana a unos kilómetros de aquí por algunos lobos de una manada aliada, pero nadie pudo atraparlo.
Solo quería advertirte que tengas más cuidado en los próximos días.
—¿Por qué?
¿Crees que intentará hacer algo?
—No creo que lo haga, pero nunca se puede ser demasiado cuidadoso.
Ya sabes, mantente alerta.
—¿Ya lo sabe Jack?
—preguntó ella con curiosidad.
¿Por qué no era él quien se lo decía?
¿Estaba tan enojado con ella que ni siquiera era capaz de advertirle sobre algo así?
—Sí, lo sabe.
—¿Te ha pedido que me lo digas?
—preguntó Violeta mirando dentro de esos ojos morados.
—En realidad, sí.
Me pidió que te lo dijera a ti, ya que salió apurado para tratar de encontrar al hombre en persona.
—¿Qué?
—preguntó, eso la había pillado desprevenida—.
¿Fue a buscar a Lance solo?
—Sabes que Jack hace lo que quiere, ¿verdad?
Traté de detenerlo, pero fue inútil.
—Oh, Dios mío…
—murmuró Violeta murmuró para sí misma.
¿Qué podía pasarle?
¿Iba a matar a Lance?
Pero también había algo más que la intrigaba.
Lance había sido visto cerca un día después de que ella recibiera la carta de Arden.
¿Podría ser que él fuera el que la hiciera llegar a ella?
¿Estaba al lado de Arden después de todo?
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