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La prisionera del Alfa - Capítulo 65

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  4. Capítulo 65 - 65 Capítulo 65 Una disculpa sincera
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65: Capítulo 65: Una disculpa sincera 65: Capítulo 65: Una disculpa sincera Violeta esperó todo el día a que Jack volviera.

La estaba volviendo loca no saber nada de él durante horas.

Y el hecho de que se hubiera ido solo tras Lance no tenía ningún sentido para ella.

¿Por qué iba a hacer eso?

¿Por qué no le había pedido a nadie que lo acompañara?

Había tantos enemigos escondidos y alguien podría tomarlo como rehén o incluso matarlo.

Era demasiado peligroso.

Decidió esperarlo en su habitación.

No le importaba que no le hablara, ni que siguiera enojado con ella.

Lo único que quería era asegurarse de que estaba bien en cuanto volviera.

Podía sentir en su piel exactamente lo que él debió sentir el día anterior, cuando ella trató de ocultarle la carta.

El hecho de que saliera tras Lance sin decírselo la hizo sentirse muy molesta.

Ahora más que nunca, estaba segura de que había metido la pata hasta el fondo.

Se mordió casi todas las uñas hasta que apareció Jack.

Abrió la puerta y se asustó al ver que ella lo esperaba ahí.

—¿Qué haces aquí?

—preguntó cerrando la puerta.

—Te he esperado todo el día.

¿Tienes idea de lo preocupada que estaba?

—¿Por qué estabas preocupada?

Solo salí —respondió encogiéndose de hombros y quitándose la camisa, haciendo que Violeta se sonrojara involuntariamente.

—Sé lo que fuiste a hacer.

Me lo dijo Morgana.

Él la miró con esos ojos intensos y ella se preguntó si había hecho lo correcto al enfrentarse a él de esa manera.

—Ahora sé lo enojado que estabas conmigo por tratar de ocultarte cosas.

Pero no tenías que hacerlo para vengarte de mí.

Estaba aterrorizada de que te hubiera pasado algo —afirmó bajando la cabeza, incapaz de mirarlo a los ojos.

Pero, aun así, podía sentir su mirada atravesando todo su ser, como si fuera capaz de leer sus pensamientos.

—No lo hice para vengarme de ti.

Simplemente, salí en cuanto me enteré de la noticia.

No estabas en casa, así que le pedí a Morgana que te lo dijera.

Estaba claro que seguía molesto con ella y ahora incluso parecía ofendido por sus duras suposiciones.

—¿Lo encontraste?

—preguntó Violeta temiendo la respuesta.

Jack tomó su toalla y algo de ropa para darse una ducha.

—No, no lo encontré —dijo claramente molesto con eso.

Violeta no quiso preguntar nada más, así que se quedó callada.

Y al ver que ella dejaba de hablar, Jack entró al baño para bañarse.

Pero Violeta no se movió.

No salió del dormitorio.

Todavía tenía que disculparse con él.

Y tal vez después de la ducha, estaría un poco más tranquilo.

Tardó unos largos minutos ahí y ella casi se estaba quedando dormida cuando por fin salió, esta vez completamente vestido.

Se estaba frotando el pelo mojado con la toalla, y si no fuera por el extraño ambiente que había entre ellos, Violeta se habría dejado seducir por esa simple acción.

No pareció sorprenderse de que ella siguiera allí, sentada en su cama.

Pero tampoco le dijo nada.

Actuaba como si ella no estuviera ahí.

—¿Puedo hablar contigo antes de irme?

—preguntó en voz baja, porque aún estaba reuniendo valor para disculparse.

En realidad, le resultaba muy difícil pedir perdón.

Sabía que se había equivocado, pero admitirlo seguía siendo una tarea difícil para ella.

Jack se sentó en una silla y la miró, respondiendo solo con un movimiento de cabeza.

Ella se aclaró la garganta antes de empezar.

—Quería decir que siento lo de anoche.

Sé que lo que hice no estuvo bien y no voy a tratar de inventar excusas por ello.

Sinceramente, pensé que sería mejor no preocuparte con todo eso, ya que siento que te estoy abrumando con muchas cosas últimamente.

Jack pareció conmoverse por eso.

«Tal vez no esperaba que ella fuera tan honesta», analizó ella.

Pero ella no quería justificarse.

Quería que él creyera que confiaba en él, sin miedo.

Que le confiaría su vida.

—No me estás agobiando —dijo él mirándola fijamente a los ojos—.

No entiendo por qué piensas eso.

Ya he dicho que estamos juntos en esto.

Violeta miró al techo y respondió.

—Lo sé.

Realmente lo sé.

Pero siento que, si ni siquiera yo puedo soportar mi vida en este momento, ¿por qué lo harías tú?

Tú ya tienes tus propios problemas como Alfa y yo solo llegué a tu vida para echarte encima todos estos otros problemas.

Ella estaba abriendo su corazón a él.

Eso es lo que ella realmente opinaba sobre lo que estaba sucediendo.

—Sé que soy un desastre ahora.

Y sé que estoy descargando mis frustraciones en ti.

No es justo.

—Eso no me importa.

Quiero que cuentes conmigo, que sepas que estaré aquí cuando las cosas se desmoronen.

De la misma manera que quiero pensar que estarás aquí para mí si lo necesito —explicó Jack.

Sus ojos eran tan transparentes, y Violeta podía sentir lo sincero que era su amor por ella.

Realmente la hacía sentir amada.

Y ella quería hacer lo mismo por él.

—Lo seré.

Lo soy —afirmó.

Se levantó de la cama y fue hacia él, sentándose en su regazo y rodeando su cuello con los brazos.

Olía muy bien y tal vez debería haberse quedado en la cama para terminar su conversación antes de acercarse demasiado a él.

Era difícil pensar correctamente con sus labios tan cerca de los suyos.

—Sé que he sido horrible al demostrarte eso.

Te prometo que lo haré mejor para demostrarte que yo también te quiero de la misma manera y que puedes contar conmigo.

Siento haberte hecho sentir que no confío en ti.

En realidad, eres la única persona en la que confío en este momento —concluyó con una tímida sonrisa.

Jack le acarició la mejilla con el pulgar y le acercó la cabeza para poder darle un beso.

Fue un beso suave y sincero y solo entonces se dio cuenta de lo mucho que echaba de menos esa intimidad entre ellos.

—Lo siento mucho —susurró ella una vez más contra sus labios.

—No pasa nada.

Sé que las cosas están agitadas entre nosotros, esperemos que podamos atravesar la tormenta juntos, ¿no?

Violeta asintió, pero en el fondo se preguntaba si serían capaces de hacerlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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