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La prisionera del Alfa - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 La loba ausente
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8: Capítulo 8: La loba ausente 8: Capítulo 8: La loba ausente Violeta comenzó a ponerse como loca.

Ni siquiera completamente enojada fue capaz de convocar a su otro yo.

El animal que había en ella había desaparecido.

No podía sentir nada.

Era como si nunca hubiera sido una mujer lobo en primer lugar.

Mientras intentaba pensar en lo que podría haber pasado, la puerta de madera se abrió bruscamente y Jack apareció frente a ella.

Violeta había perdido la noción del tiempo, ya que era difícil saber cuánto tiempo había pasado desde que la encerraron en aquella oscura habitación.

No podía ver si había salido el sol o no, así que los minutos pasaban y no podía llevar la cuenta.

Pero Jack se había cambiado de ropa y tenía el pelo mojado, lo que hacía evidente que se había duchado, lo que enfureció aún más a Violeta.

¿Cómo podía dejarla ahí, sin poder ducharse, cambiarse de ropa, ver la luz del sol y, más importante aún, quitarle sus poderes?

—¿Qué demonios me has hecho?

—gritó en cuanto se recuperó de esa visión.

Estaba extremadamente guapo con esa ropa negra.

—¿A qué te refieres exactamente en este momento?

—respondió él con esa expresión seria en el rostro.

¿Seguía enojado con ella?

—¿Qué le has hecho a mis poderes?

¿Por qué no puedo sentir nada?

—preguntó Violeta con el miedo marcado en su voz.

La frase salió de su boca con voz temblorosa, lo que hizo que Jack frunciera el ceño.

—No tienes que preocuparte.

Te han inyectado algo para suprimir tu lado lobo, pero no es permanente.

Es sólo una precaución.

—¿Precaución para qué?

¡No pueden hacerme esto!

—gritó.

—Bueno, perdóname por tomar las medidas necesarias para protegerme.

¿O quieres que te dé otra oportunidad para matarme?

—replicó enojado.

Violeta tragó con fuerza.

—¿Quién ha dicho que iba a matarte?

Jack se rió.

—Sí, te gusta mucho ofenderme, ¿verdad?

No soy estúpido.

No sé quién eres, pero no vendrías a mi casa con una daga encantada si no estuvieras intentando matarme.

Violeta no pudo encontrar las palabras para responder a eso.

En realidad, tenía mucho sentido.

—Te he dado mucho tiempo para reflexionar sobre lo que quieres decirme.

Así que…

intentaré preguntarte de nuevo.

¿Quién eres?

Violeta consideró no decirle nada.

Pero se sentía impotente, echaba de menos su casa y, por mucho que lo intentara, no se le ocurría una buena idea para escapar de aquel lugar.

Más que nunca, estaba indefensa.

Nadie iba por ella, no podía cambiar de forma y cada vez que Jack se acercaba, sentía cómo su lado humano se debilitaba.

No tenía ninguna oportunidad contra él.

Pero no le daría exactamente lo que quería.

—Soy Violeta.

Jack la miró fijamente, estudiando sus acciones, tal vez considerando si estaba mintiendo o no.

—Violeta…

—repitió y escuchar su nombre salir de su boca hizo que el corazón de Violeta latiera más rápido.

Se sentía tan bien.

—¿Me vas a decir de dónde vienes o tengo que adivinar?

—preguntó Jack, pero por lo que Violeta pudo ver, parecía que ya sabía la respuesta a esa pregunta.

Ella permaneció en silencio y eso enfureció a Jack.

—¿En serio quieres morir aquí?

¡No me importa si eres mi pareja o no!, ¡no dudaré en matarte si no te sinceras y me dices por qué estás aquí!

—le gritó, pero al ver que Violeta agrandaba los ojos, asustada, retrocedió.

Le dio la espalda y dio un fuerte puñetazo a la puerta, que hizo que el cuerpo de Violeta se contrajera.

Jack resopló y recuperó la compostura antes de volver a mirarla.

Violeta lo miró y se sintió muy confundida.

Era como si él sintiera dolor.

No por el puñetazo, sino por un dolor contradictorio.

—Siento gritarte, pero es que me estás presionando demasiado, ¿sabes?

No suelo negociar con gente que intenta matarme.

—Sí, conozco muy bien tu reputación.

No hace falta que me lo digas —murmuró Violeta para sí misma, pero él escuchó.

—¿Mi reputación?

—preguntó Jack sonando intrigado—.

Ahora tengo mucha curiosidad.

Realmente me gustaría saber qué tipo de reputación tengo dentro de la Manada Diamante.

Violeta abrió la boca conmocionada.

—¿Cómo…?

—¿Cómo sé que eres de la Manada Diamante?

—completó Jack la frase por ella—.

Sí, supongo que no fue muy difícil descubrirlo.

Tengo mis métodos, al igual que ustedes.

A Violeta le dolía mucho la cabeza.

¿Cómo se había enterado de su origen?

¿Qué significaba eso para ella?

¿Iba a matarla con toda seguridad, sin darle ninguna oportunidad?

¿Una oportunidad para qué exactamente?

¿Qué podía ofrecerle ella?

Jack avanzó unos pasos y se puso en cuclillas frente a ella, como la primera vez que intentó obtener información.

Su embriagador olor llegó a las fosas nasales de Violeta y casi se desmaya, dado que estaba muy débil.

Quizás el hecho de no tener ya presente a su loba interior hacía que su organismo se debilitara de alguna manera, como si le faltara una pieza para sentirse completa y poderosa.

—¿Por qué la Manada Diamante te enviaría aquí para matarme?

—preguntó Jack muy cerca de su cara.

Eso estaba haciendo que a Violeta le resultara muy difícil pensar con claridad.

Tenía que asegurarse de no decir nada valioso para él, pero el hecho de estar demasiado cerca la incapacitaba para hacerlo.

—¿Por qué estás tan seguro de que me enviaron?

—respondió ella, tratando de sonar segura.

Jack levantó las cejas.

—Tal vez vine aquí con mis propios motivos —siguió Violeta, y si la situación fuera diferente, se habría reído de eso.

¿Cuándo había sido capaz de hacer algo por sus propios motivos?

Siempre había seguido las órdenes de Arden, como una marioneta.

Nunca haría algo como matar a Jack porque le diera la gana.

Y la mirada de Jack reveló que él pensaba lo mismo.

—Sí, no lo creo —bajó la cabeza para ponerse a la altura de la de Violeta—.

Y tampoco creo que hayas huido de mí por tus propios motivos.

Violeta lo miró a los ojos, pero no era una buena idea.

Era como si él tuviera una especie de poder de persuasión sobre ella.

—¿Qué quieres decir?

—preguntó.

Él se acercó aún más a ella y sus labios casi se tocaron.

Inconscientemente, Violeta desvió su atención hacia sus labios.

—Quiero decir que querías lo mismo que yo cuando nos conocimos en la fiesta, pero algo te retiene.

¿Estoy en lo cierto?

Violeta apenas escuchó su pregunta porque sólo podía pensar en lo cerca que estaban sus labios de los de ella.

¿Iba a besarla de nuevo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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