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La prisionera del Alfa - Capítulo 81

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  4. Capítulo 81 - 81 Capítulo 81 Un tenso giro
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81: Capítulo 81: Un tenso giro 81: Capítulo 81: Un tenso giro Los ojos de Jack pasaron de Violeta, a Lucinda y finalmente se detuvieron en Lance.

Violeta pudo sentir que el ambiente se enfriaba al instante.

No sabía qué hacer.

Era evidente que Jack estaba enfurecido con ella, no solo por haber traído a Lance a su territorio, sino por no habérselo contado.

—Lucinda, llévate a Violeta adentro —afirmó sin mirar a Violeta.

—Jack, déjame explicarte, por favor.

—Ahora, Lucinda —enfatizó, ignorándola.

Lucinda miró a Violeta y le pidió perdón mientras tocaba el hombro de Violeta y tiraba de ella hacia delante.

Pero Violeta no iba a dejar a Lance a solas con Jack.

Y menos cuando estaba claramente enojado.

—No voy a ir a ninguna parte, ¿de acuerdo?

—aclaró apartando la mano de Lucinda de su hombro—.

Te dije que me iba a encontrar con él de nuevo, no estoy haciendo nada a tus espaldas —explicó, aunque nadie se lo pidió.

Jack aún no la estaba mirando.

Tenía sus agudos ojos fijos en Lance, que también lo miraba sin expresión.

—Está bien, Vi.

Solo entra.

Hablaremos, de hombre a hombre —dijo Lance por detrás de ella.

Ella tragó saliva y lo miró.

—¿Estás seguro?

—Sí, está bien.

Estoy seguro de que no me hará nada mientras estés dentro —bromeó con una sonrisa.

—No estés tan seguro —murmuró Jack con ojos enfadados.

—No se arriesgaría a perderte solo por mí —comentó Lance provocándolo y Violeta lo miró aterrada.

¿Por qué estaba empeorando aún más las cosas?

¿No podía ver que Jack estaba a punto de asesinarlo?

Pero las palabras de Lance parecieron tener una especie de impacto en Jack, porque su expresión se suavizó de alguna manera.

—Jack, vamos.

Entremos y hablemos de esto, ¿de acuerdo?

Deja que se vaya —suplicó Violeta.

Pero el hombre se mostró inflexible.

—Solo vamos a hablar, Violeta —dijo Jack con los dientes apretados—.

Es una tregua.

¿Verdad?

Levantó las cejas hacia Lance, en señal de amenaza.

O él aceptaba, o Jack haría lo que tuviera que hacer.

—Por supuesto —confirmó Lance—.

De hecho, ha sido una tregua por mi parte desde hace tiempo.

—Sí, claro —afirmó Jack burlándose—.

Violeta, ¿puedes ir ahora con Lucinda, por favor?

Violeta no tenía ganas de ir.

No quería dejar a los dos solos.

La conversación podría subir de tono, podrían discutir y llegar a una pelea.

¿Y entonces quién los separaría?

Podrían matarse el uno al otro.

Jack estaba muy enojado y Lance aún estaba herido.

—Prométeme que no le harás nada —pidió acercándose y le agarró la cara, haciendo que le mirara.

La intensidad y la fuerza que salían de esos ojos eran demasiado, pero ella lo sostuvo de todos modos.

—He dicho que es una tregua, Violeta —afirmó Jack con impaciencia.

—Prométeme —insistió ella.

—Bien, lo prometo.

Ahora vete —concluyó él mirando de nuevo hacia otro lado.

Sintiendo que estaba dejando su corazón fuera entre los dos, acompañó a Lucinda al interior de la mansión, dejando a ambos hombres atrás para hablar de lo que quisieran hablar.

No podía calmarse, su corazón latía como un tambor, sus manos temblaban y empezaba a tener ganas de vomitar.

Confiaba en Jack y sabía que no iba a romper su promesa.

Pero aun así, no podía mantener la calma mientras hablaban fuera.

¿Por qué Jack quería hablar con él a solas?

¿Por qué ella no podía formar parte de la conversación?

Lucinda también parecía estar incómoda, pero no lo dejó ver.

Incluso por obligación, se esforzaba por no mostrar ninguna emoción.

Le dijo a Violeta que esperara en su cama mientras ella iba a la cocina a buscar un té para que Violeta se calmara.

Violeta pensó que también era una oportunidad para que su amiga tomara aire a solas y diera sentido a todo lo que había sucedido en esos pocos minutos en que conoció a Lance.

Lucinda volvió unos minutos después con una taza de té en la mano y se la ofreció a Violeta.

Violeta no tenía ganas de beberla, ya que su estómago le hacía señales de que le devolvería todo lo que había metido dentro, pero Lucinda insistió.

Mientras Violeta bebía el té, observó a Lucinda caminar de un lado a otro dentro de su habitación, casi haciendo un hoyo en el piso.

—Lucinda —llamó Violeta, sacando a su amiga de sus propios pensamientos.

Parecía realmente perdida.

Violeta nunca la había visto así.

—¿Estás bien?

—preguntó.

Lucinda negó con la cabeza de forma agresiva y Violeta pensó que estaba tratando de convencerse de ello.

—Yo…

sé lo que pasó ahí abajo.

Lucinda la miró con ojos asustados.

—Entonces…

tenía razón —murmuró Lucinda y Violeta apenas pudo escuchar su voz—.

Es mi pareja, ¿verdad?

Violeta confirmó con una suave sonrisa.

—¡Dios mío!

—exclamó Lucinda derrumbándose en la silla cerca de la ventana—.

¿Cómo puede ser?

¿Cómo he podido tener tan mala suerte?

—¿Qué quieres decir?

—preguntó Violeta frunciendo las cejas—.

¿Desgracia por qué?

Lance es un buen hombre, Lucinda.

—No me refería a eso.

Sé que lo es.

Pude sentir que estaba siendo honesto.

Violeta sintió que su corazón se tranquilizaba por esas palabras.

Tal vez el vínculo de pareja le dio a Lucinda la seguridad que Violeta necesitaba para saber que Lance estaba siendo sincero.

Era bueno saber que otra persona también lo creía.

Tal vez Lucinda podría ser un complemento para ayudar a Violeta a convencer a Jack sobre él.

Si salían vivos de su pequeña charla.

Pero Violeta sacudió la cabeza tratando de olvidarse de eso por un momento.

—¿Qué te preocupa entonces?

¿Por qué tienes mala suerte?

Lucinda la miró con los ojos llorosos.

—¿Cómo voy a estar con alguien que es perseguido, buscado por un hombre malo muy poderoso que quiere matarlo?

Lo siento…

—expresó Lucinda disculpándose por decir eso de Arden.

Pero a Violeta ya no le importaba— Y para terminar, ¡mi Alfa lo odia a muerte!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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