La prisionera del Alfa - Capítulo 90
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- Capítulo 90 - 90 Capítulo 90 Pista en un papel
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90: Capítulo 90: Pista en un papel 90: Capítulo 90: Pista en un papel “Mi querida Violeta,
Asumo que has estado viviendo tus días de alegría y amor como te sugerí.
Sé que tu novio está intentando todo lo que está en su poder para evitar que vuelva a lo que es mío, pero la verdad es que solo se está engañando a sí mismo.
Estoy más cerca de lo que todos ustedes creen, e incluso con un montón de manadas tras de mí, nadie parece ser capaz de encontrarme.
Lo que solamente demuestra que todos ustedes están fuera de mi alcance.
De todos modos, escuché que estás tratando de persuadir a tu hermana, o debería decir, ex-hermana.
¿Es eso siquiera una cosa?
Te propongo que te detengas.
Mi Gwen es demasiado inteligente como para caer en ese estúpido discurso del amor y de “hacer lo correcto”.
Ella ya lo está haciendo.
Reconstruyendo las cosas que destruiste cuando huiste a los brazos de tu novio como una niña asustada y decepcionada.
Gwen tiene la fuerza para hacer lo que hay que hacer y pronto volveré al lugar al que pertenezco y del que no debería haberme ido en primer lugar.
Y después de hacer eso, vendré por ti.
Sabes que no tengo mucha tolerancia con los traidores, ¿verdad?
Con amor,
Papá.”
Violeta se dio cuenta de que su boca se abría en completo shock.
El hecho de que Arden pudiera seguir siendo sarcástico y bromear con esas cosas era algo fuera de su entendimiento.
Pero aun así, sintió el impulso de advertir a Jack y a Lance sobre ello.
No estaba pensando con claridad y tal vez se le escapaba algo de los ojos mientras leía el papel en sus manos.
Alejándose de la habitación sin siquiera cambiarse de ropa, Violeta corrió hacia el hospital, esperando poder encontrar a los dos ahí.
Pero no había nadie.
Lucinda estaba durmiendo y el médico dijo que acababan de irse.
Violeta se dirigió entonces al único lugar donde creía que podían estar.
Con la carta arrugada en la mano, Violeta entró en el despacho de Jack derrapando.
Como era de esperar, los dos hombres estaban ahí, hablando de algo que ella no se molestó en preguntar.
—Violeta, ¿qué ha pasado?
—preguntó Jack con ojos preocupados al verla entrar en la habitación.
—Yo…
—intentó hablar, pero necesitó detenerse para tomar aire—.
Yo…
Al ver que no le salían las palabras, Violeta se limitó a estirar la mano y entregarle la carta.
Lance la miró con ojos intrigados.
Jack dejó que se acercara y leyó el contenido del papel por encima de su hombro.
—¿Me estás tomando el pelo?
—estalló Lance al terminar.
Jack apretó el puño con la carta dentro de la mano.
—¿Cómo demonios ha conseguido meter esta carta en tu habitación?
—preguntó Jack más para sí mismo que para cualquiera de los presentes.
—Me hice la misma pregunta.
Peter está en el calabozo, ¿no?
Entonces no fue él.
Tal vez llegó por el correo y alguien lo puso en mi almohada —sugirió Violeta mientras también consideraba esa opción.
No era algo imposible.
—¿Cómo puede ser tan despreciable?
Llamándote querida y amenazándote justo después.
Es un monstruo —escupió Lance, acercándose a la ventana para contemplar la vista.
Violeta notó que sus manos temblaban ligeramente, pero no dijo nada.
Podía imaginar cómo se sentía Lance.
Debería ser aún más difícil para él.
Había luchado al lado de Arden durante años, y cuando Arden lo adoptó era lo suficientemente mayor como para entender algunas cosas.
Así que debía ser él el que se sintiera más traicionado.
—Voy a hablar con Peter.
Debería haberlo hecho ya —dijo Jack mientras salía del despacho sin siquiera mirarlos.
Parecía angustiado y a Violeta le preocupaba que fuera a cometer alguna imprudencia.
Pero ella no podía hacer nada para detenerlo.
Lance seguía mirando la ventana sin pronunciar palabra.
—¿Lance?
—murmuró ella, tratando de llamar su atención.
Pero él parecía estar demasiado lejos de ahí, así que lo intentó de nuevo, más fuerte esta vez.
—¿Lance?
¿Estás bien?
Lentamente, con los ojos todavía mirando más allá de las paredes, Lance se volvió hacia ella.
Parecía estar murmurando algo para sí mismo que ella no podía entender y sus ojos estaban vidriosos, como si estuviera tratando de resolver una pregunta matemática realmente difícil.
—¿De qué se trata?
—Solo estoy tratando de recordar algo…
—comentó él aún sin mirarla—.
La carta decía que estaba más cerca de lo que pensábamos, ¿no?
Violeta asintió, pero luego recordó que él no la miraba.
—Sí, ¿por qué?
—respondió ella.
—Una vez, escuché a Arden hablarle a alguien de una habitación secreta dentro del palacio.
Pero no puede ser…
—¿Qué?
¿Qué no podría ser, Lance?
Me estás poniendo nerviosa —afirmó ella quejándose, golpeando la mesa frente a ella.
Lance pareció salir de una hipnosis.
Parpadeó un par de veces mientras la miraba.
—Nunca he visto esta sala oculta, pero sé cómo llegar a ella.
Si es cierto que Arden tiene una guarida secreta dentro del palacio, ¿es posible que haya estado ahí todo este tiempo?
Violeta se quedó boquiabierta, aterrorizada.
—¿Qué?
—susurró.
Pero entonces la puerta emitió un fuerte sonido y ambos se giraron para ver qué era.
Jack había vuelto y parecía pálido y perdido.
—Jack, ¿qué ha pasado?
¿Está todo bien?
Cerró la puerta y caminó hacia su silla, donde simplemente se derrumbó.
—Peter está muerto.
Se suicidó.
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