La prisionera del Alfa - Capítulo 93
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- Capítulo 93 - 93 Capítulo 93 La habitación oculta
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93: Capítulo 93: La habitación oculta 93: Capítulo 93: La habitación oculta Violeta notó que el palacio fue invadido tan rápido como un tsunami arrasando con todo lo que había delante.
En un momento estaban entrando solos y al siguiente, muchos de los miembros que iban con ellos estaban dentro del edificio, asegurándose de que los guardias no los detuvieran a los tres.
Violeta vio a Lucinda luchando contra dos hombres a la vez, a Mark y Fiona poniendo unas maderas para cerrar la puerta y a Dave ayudando a quitar a alguien del camino de Lance.
No sabía qué hacer.
Se suponía que debía seguir a Lance a la habitación oculta, pero de repente el vestíbulo principal del palacio estaba saturado y lleno de gente y lobos peleando.
Violeta hizo levitar a una mujer que intentó golpearla y la lanzó al otro lado de la sala con un golpe contra la pared.
Lance también se vio envuelto en una batalla individual con alguien que Violeta no reconoció, pero algo llamó su atención en ese mismo momento.
Jack estaba siendo atacado por tres hombres y dos lobos.
Estaba rodeado por ellos.
De alguna manera se las arregló para distanciarse de ella y de Lance y Violeta no podría llegar a él a tiempo.
Cerrando los ojos para concentrarse, Violeta sintió que su energía sobrenatural salía de su mano y formaba un escudo invisible alrededor de Jack.
Los lobos lo atacaron, sin saber de su protección y chocaron sus hocicos contra este, sintiéndose perturbados de por qué no eran capaces de golpear a Jack.
Se miraron unos a otros, junto con los demás humanos de alrededor, como si no tuvieran ni idea de qué tipo de broma era esa.
Violeta quiso reírse, pero entonces se le ocurrió algo.
Podía usar su escudo para llegar ella y los otros dos a la sala oculta sin que los atacaran.
Lo único que tenía que hacer era acercarse a Jack y Lance para que pudieran caminar a su lado.
Pero el lugar era un completo caos.
No sabía cómo la situación se le había ido de las manos tan rápidamente.
Había guardias y personal del palacio saliendo de cada una de las salidas del pasillo.
La puerta de entrada estaba finalmente cerrada con un enorme trozo de madera, lo que significaba que ya no podía entrar nadie.
Ni los aliados.
Lo cual era una pena.
Tendrían que enfrentarse a los enemigos sin contar con nadie de fuera.
—¡Lance, Jack!
Vengan aquí, voy a usar el escudo sobre nosotros —gritó y menos mal que aún estaba en su forma humana, de lo contrario no podría comunicarse con esos detalles.
Jack y Lance la miraron, y ella tuvo que esperar para que dieran unos pasos más hacia ella y pudiera extender el escudo que tenía ahora alrededor del cuerpo de Jack.
Jack la miró, ya consciente de por qué todos los que estaban alrededor no podían alcanzarlo, pero a Lance le costaba luchar contra el hombre.
Mientras Jack caminaba hacia ella, Violeta trataba de concentrarse y hacer que el escudo los rodeara a todos.
Le costaba mucho hacerlo, ya que tenía que usar más energía y además sostener la protección invisible mientras la atacaban por todos los rincones.
—Tenemos que salir de aquí —susurró, mientras Lance entraba en el círculo protegido.
Jack asintió, sabiendo ya lo que quería decir.
Silbó y algunos de los guardias de los Rebeldes lo miraron.
Habían hablado de eso antes de salir de la mansión, así que todos sabían cuál era el plan.
Lucinda y los demás fueron en su dirección y comenzaron a atacar y alejar a los demás de su camino.
Violeta tenía los ojos puestos ahora en la salida que Lance le había señalado.
Una vez que llegaran allí, sería más fácil llegar a la habitación secreta de Arden.
Lo único que tenían que hacer era esperar que no se encontraran con más gente por el camino.
Violeta, Jack y Lance comenzaron a correr, porque Violeta podía sentir una brecha en el escudo ahora.
Se estaba cansando de sostenerlo alrededor de los tres.
Nunca se había dado cuenta de que el pasillo era tan grande.
Cuando casi estaban llegando a la puerta, un hombre apareció justo delante de ella y Violeta apenas podía creer su mala suerte.
Estaban tan cerca.
Se agachó bruscamente, pero Lance siguió caminando.
—Es Jeffrey.
Vamos, está de nuestro lado.
He hablado con él antes de venir —explicó Lance.
—Es mi amigo y nos está ayudando.
Vamos, ustedes dos.
Violeta pensó que Jack pensaría que era una trampa de Lance, pero lo cierto es que la sorprendió asintiendo y continuando también su camino.
Jeffrey sacudió ligeramente la cabeza y los dejó pasar:
—Vayan, yo me quedaré aquí para vigilar la puerta —dijo Jeffrey, cerrando la puerta tras ellos.
Desactivando el escudo, Violeta dejó caer los brazos a los lados, respirando profundamente, ya que ahora estaban en un pasillo desierto.
Deberían estar a salvo durante un tiempo.
Lance estaba tomando la delantera, entrando y saliendo de pasillos en los que ella nunca había estado.
Pero Violeta no tenía tiempo para analizar el camino que estaban tomando, tenía que seguir a Lance sin perder la concentración.
Jack estaba justo detrás de ella cuando llegaron a un lado más oscuro y frío del palacio.
Podía sentir que iban a un nivel inferior, aunque era difícil de decir.
El camino no tenía ventanas y se estaba poniendo muy oscuro.
—Nunca había estado por aquí —susurró detrás de Lance.
—Sí, estamos bajo la oficina de Arden.
Creo que podría tener un pasaje secreto a este lugar, pero no puedo estar seguro.
Aunque nos llevaría mucho tiempo buscar.
Violeta miró de izquierda a derecha encontrando todo realmente interesante.
Era una gran idea, en efecto, tener una habitación oculta bajo su despacho.
Pero Lance tenía razón, no tendrían tiempo de averiguar dónde estaba o cómo abrirla.
Y había algo más de lo que debían preocuparse.
Gwen debería estar dentro de la oficina.
Y estaban haciendo lo mejor que podían para evitar encontrarse con ella.
Tras unos minutos bajando, Violeta empezó a sentir la piel de gallina.
No podía saber si era por las frías paredes que los rodeaban o si era el miedo lo que finalmente actuaba.
De repente, Lance se detuvo y ella casi chocó con él.
Cuando levantó la cabeza, pudo ver una gran puerta de madera al final de un pasillo solitario.
—Ahí está —susurró Lance.
Ella miró hacia atrás para comprobar si Jack seguía detrás de ellos.
—Entren ustedes —dijo a ella y a Lance—.
Yo estaré aquí vigilando la puerta.
Si viene alguien, puedo entretenerlo.
Cuídense y llámenme si necesitan ayuda —sugirió, ya cambiando a su apariencia de lobo negro.
Violeta asintió y lo miró por última vez, caminando después al lado de Lance.
—¿Estás lista?
—preguntó su hermano y pudo percibir la aprehensión en su voz.
Era bueno saber que no era la única que sentía eso, pero tenían que recomponerse.
Si estaban en lo cierto, estaban a punto de enfrentarse en unos segundos al hombre que los había criado y mentido toda su vida.
Y ella no tenía ni idea de cómo acabaría eso.
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