La prisionera del Alfa - Capítulo 97
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- Capítulo 97 - 97 Capítulo 97 Un futuro esperanzador
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97: Capítulo 97: Un futuro esperanzador 97: Capítulo 97: Un futuro esperanzador Violeta no estaba segura de haber escuchado bien.
—¿Exiliada?
—repitió.
Lance asintió, pero les pidió a ella y a Jack que lo siguieran a una habitación vacía junto a su despacho.
—No quería que nadie escuchara esto todavía.
Aún no he hecho el anuncio oficial a la manada.
También tengo que ir a hacer la ceremonia de coronación primero, así que…
—comentó Lance comenzando a cerrar la puerta—.
Hablé con el consejo y querían que Gwen se pudriera en la cárcel.
Algunos de ellos incluso querían que fuera asesinada por su traición, ya que se asoció e incluso confabuló con un fugitivo.
Violeta sintió un escalofrío en la columna vertebral.
—Pero yo sugerí que, en cambio, la exiliaran de Crescent, como forma de castigo por lo que hizo.
Intenté utilizar el argumento de que tal vez se había sentido coaccionada a hacer todo eso, puesto que Arden era su padre y que nunca estuvo preparada para ser una Alfa después de todo.
—¿Y aceptaron así de fácil?
—preguntó Violeta.
—Por supuesto que no.
Me llevó un tiempo convencerlos de que ella no nos supone ninguna amenaza.
Aceptaron dejarla exiliada en un continente vecino, siempre y cuando no vuelva a poner los pies aquí.
—Vaya…
Nunca lo vi venir —dijo Violeta.
—Bueno, es mejor que la muerte —señaló Jack.
Lance asintió con la cabeza.
—¿Y cómo te sientes al ser el nuevo Alfa de la Manada Diamante?
—continuó la conversación.
—Bueno, debo admitir que da miedo, pero si algo bueno hizo Arden en su vida fue prepararme para este puesto.
Claro que tendré que cambiar muchas cosas, ya que él y yo no coincidíamos en casi nada, sobre todo en la forma de gestionar los problemas.
—Parece que ya lo tienes todo resuelto —pronunció Jack con una sonrisa.
—Siempre quise cambiar muchas cosas aquí, pero nunca tuve la oportunidad.
Empezando por algunas leyes estúpidas, como la de prohibir a los miembros casarse con sus parejas —declaró Lance levantando las cejas y miró a Violeta con una sonrisa de satisfacción.
—En eso no podría estar más de acuerdo —intervino Jack—.
Suena estúpido y no puedo ni imaginar por qué alguien estaría de acuerdo con eso.
Violeta se rió, recordando la primera vez que le contó eso a Jack.
En ese momento parecía sumamente desconcertado e incrédulo, como si eso fuera algo de otro universo.
—Ya veo cómo puedes beneficiarte de esta nueva ley —bromeó Violeta—.
Por cierto, ¿ya te has contactado con Lucinda?
Lance se limpió la garganta, intentando recuperar su pose de líder.
Violeta pensó que era lindo verlo ignorar sus emociones frente a ellos.
—Le pedí que se reuniera conmigo aquí cuando quisiera —explicó—.
Solo que no sé si aparecerá.
—Por supuesto que lo hará.
Tú eras el que la evitaba todo este tiempo —regañó Violeta.
—¿Qué?
¿Quién lo dice?
—preguntó Lance, sonando muy ofendido.
—Ella me dijo que tú la evitabas, como si pudieras olvidarte del vínculo haciendo eso.
Lance la miró sin palabras.
—Sí, olvidé decírtelo, pero Lucinda es peor que yo.
No creas que será el tipo de mujer que te obedezca.
Aunque seas su pareja —concluyó Violeta con una sonrisa.
Si Lance quería decir algo, ella no lo sabía, pero parecía haber olvidado cómo pronunciar las palabras de repente.
—Bienvenido al club, amigo —bromeó Jack.
—De todos modos, ¿qué piensas hacer?
¿Pedirle que se case contigo o qué?
—continuó Violeta.
Lance se encogió de hombros.
—Realmente no sé qué esperar —murmuró—.
Creo que ya veremos, ¿no?
En el fondo, Violeta sabía que, cuando Lance y Lucinda se juntaran por fin, cosa que estaba segura de que ocurriría muy pronto, Lucinda debería trasladarse a palacio para estar con él.
Pero al mismo tiempo, Violeta no sabía cómo reaccionaría Lucinda ante eso, teniendo que dejar atrás a los Rebeldes.
Al fin y al cabo eran su familia, así que tendría que ajustar toda su vida para estar con Lance.
¿Lo haría?
—Por cierto, quería hablar de negocios contigo —dijo Jack a su lado, sacando a Violeta de sus pensamientos.
Pero él estaba hablando con Lance, que parecía tan interesado y curioso como ella.
—Ayer le comenté a Violeta que quería hacerte una oferta de paz a ti y a la Manada Diamante.
Los Rebeldes tienen aliados en todo Crescent.
La Manada Diamante es una de las pocas excepciones en este momento —explicó Jack.
Lance aún parecía sorprendido.
—Sé que tienes muchas cosas en la cabeza ahora, pero veo que estás dispuesto a cambiar la forma en que funcionan las cosas aquí, así que creo que podríamos ser grandes aliados.
Condené la forma en que Arden dirigía a tu gente, por eso nunca nos llevamos bien.
Pero sé que será diferente contigo.
Entonces, ¿qué dices?
—preguntó Jack levantando las cejas esperando una respuesta.
Lance volvió a aclararse la garganta y le tendió la mano.
—Estaré encantado de convertirme en tu aliado, Jack.
Y puedes apostar que las cosas aquí serán completamente diferentes —dijo Lance sonriendo.
—Supongo que también volverás a derribar ese muro, ¿verdad?
—preguntó Violeta.
—Ya se ha hecho.
Lo están derribando mientras hablamos.
Violeta podía sentir que los fuegos artificiales estallaban dentro de ella ahora.
Todo estaría finalmente bien.
Un golpe en la puerta los sacó de su pequeño mundo.
—Entra —pronunció Lance.
Un anciano asomó la cabeza dentro de la habitación lo suficiente como para ser reconocido por su líder.
—Lance, hay una mujer que quiere hablar contigo.
Ha dicho que se llama Lucinda —dijo el hombre.
Violeta amplió su sonrisa al tamaño de su cara, mientras Lance le asentía.
—Bueno, supongo que esto es todo.
Deséenme suerte —comentó antes de salir de la habitación.
—Sí, supongo que pronto tendremos otra boda —afirmó Jack acercándose a Violeta y abrazándola por la espalda.
—¿Si?
¿Quién ha dicho que vamos a tener una en primer lugar?
—preguntó Violeta burlándose de él, sintiendo que sus brazos la rodeaban.
—Sabes, si alguien me hace una promesa, es básicamente imposible que se rompa —susurró Jack al oído, haciéndola temblar—.
Estás atada a mí para siempre, lo quieras o no.
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