Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La prometida del General Divino - Capítulo 23

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La prometida del General Divino
  4. Capítulo 23 - 23 Los ángeles tienen un pequeño problema
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

23: Los ángeles tienen un pequeño problema 23: Los ángeles tienen un pequeño problema Apenas Grecia tomó el dispositivo para escuchar la voz preocupada de Luna: “¡Amiga, están bien?

¿Dónde están?” Grecia disimuló la alegría al responder: “Luna, estamos bien.

No te preocupes: anoche hubo algunos problemas en el restaurante, pero ya está todo resuelto.

Armand también estaba preocupado; te lo llevaré para almorzar cerca de la Corporación Luna”.

Luna espetó con un hilo de resentimiento: “¿Dónde está ese irresponsable?

¿Cómo cree que hoy voy a desayunar?”.

Luego, bajando la voz: “Amiga, hoy amanecí con malas noticias y ya me duele la cabeza; no sé qué voy a hacer”.

Todos, con los sentidos aguzados por la quietud del lugar, pudieron escuchar la conversación.

Armand tomó suavemente el teléfono, casi acariciando la mano de Grecia, para consolar a su esposa: “Hola, mi hermosa y dulce esposa.

No te preocupes por el desayuno; te lo haré llegar a la oficina.

Y sobre los fondos para empezar la obra, ayer me encontré con una amiga que podría apoyarnos; me dijo que estaría encantada de colaborar”.

Luna respondió con dulzura contenida: “Dime, ¿a qué amiga te refieres?”.

“A Felicia Thomas”, contestó Armand.

“Le daré instrucciones a Leia para que te lleve a verla; hablarán sobre la asociación.

No te preocupes más, por favor, me angustia verte así”.

“¿Felicia Tomás?” dijo Luna, sorprendida.

“¿La presidenta de Cielo Azul, la corporación más grande de Ciudad del Dragón?” “Sí” confirmó Armand.

“Es lo mínimo que puedo hacer por mi bella esposa”.

La frase abrió una grieta en el hielo que rodeaba el corazón de Luna; un rubor oscuro le subió hasta las mejillas.

“¡Jum!” masculló.

“Es lo mínimo que debes hacer, después de haberme abandonado”.

Puso una mirada lastimera que Armand no pudo ver.

“Gracias”, fue un susurro casi inaudible que Armand pudo percibir agradablemente.

“Pásame con Grecia; le tengo cosas que decir”.

Armand devolvió el teléfono a Grecia sin perder la sonrisa: “Esposa mía, espero que me ames mucho más”.

Al otro lado de la línea, Luna dejó que un tono carmesí tiñera sus mejillas”.

Mientras Grecia y Luna conversaban, Armand volvió su atención a Ariana con gesto profesional: “Ven, acércate; Quiero tomarte el pulso.

Percibo cierta inestabilidad en tu energía”.

Ariana le ofreció el brazo y él lo sostuvo con suavidad.

Sin rodeos pidió: “Muéstrame el abdomen, por favor.

Creo que hay un desequilibrio en tu meridiano principal; puede deberse a tu forma de cultivo”.

Estaban en la terraza con la piscina caliente; el vapor envolvía las figuras y difuminaba los contornos.

Ariana sintió el calor del rubor invadirle el cuello y las mejillas.

Mostrar el abdomen implicó apenas apartar la toalla hasta descubrir la piel húmeda por el vapor.

La mezcla de vergüenza e ilusión la dejó temblorosa; mordió el labio y se acercó a Armand mientras los demás observaban con respiraciones contenidas.

Armand entrecerró los ojos y palpó con profesionalidad: “Uhm… esto podría empeorar.

Puedo tratarlo con un par de sesiones de masaje; además te daré el libro de cultivo para artistas marciales en el reino del verdadero qi.

Te servirá para corregir y fortalecer tu entrenamiento de fuerza interna”.

Ariana asintiendo, la sonrisa apenas perceptible; por dentro su alegría ardía como brasas.

Armand, al contemplarla totalmente desnuda, murmuró su pensamiento en voz baja: “Esta mujer es una verdadera belleza”.

El comentario quedó suspendido en el aire cálido; El ruido del agua llenó el silencio.

Storm reaccionó y, con un gesto juguetón, jaló a Ariana para sumergirla de nuevo.

Armand claramente con alegría contenida.

“Me cambiaré y prepararé el desayuno”, anunció, dejándolas murmurar entre sonrisas.

Más tarde llamado para desayunar; envió también las viandas de Luna a las oficinas de la Corporación Luna.

El desayuno obtuvo elogios y miradas halagadoras por su sazón.

“Ahora, por favor, esperen en la habitación principal; tengo que revisarlas y con un pequeño masaje aliviaré sus molestias”, indicó Armand.

Todas lo miraron sorprendidas.

Grecia, juguetona, le sacó la lengua: “¿Acaso quieres aprovecharte de nosotras?” Armand mantuvo la calma y explicó con tono profesional: “Puedo aprovechar la situación, depende de ustedes si van o no.

Pero necesitan estabilizar su energía; las ayudaré a redireccionar sus flujos para que aprovechen mejor su poder”.

Lo que siguió fue una sesión íntima y cuidadosamente profesional: manos que masajeaban con firmeza, aceites que deslizaban y olían a sándalo, respiraciones sincronizadas y miradas que se demoraban un segundo de más.

El contacto cercano, las caricias dirigidas a aliviar nudos musculares, compartir y alinear energía reiki, y la complicidad en la habitación vaporosa dejaron una sensación de cosquilleo en la epidermis de los cuatro: una atmósfera cargada de insinuación, en algunos casos explícita, habiendo superado el borde de lo permitido.

Cuando Armand terminó ya casi era mediodía, todas estaban más relajadas y con las mejillas coloreadas por la mezcla de calor y timidez.

Cada gesto había sido profesional, pero la proximidad física y las sonrisas cómplices se transformaron en gratitud visible.

“Muchas gracias, Amo Moore” susurró Ariana, y, sin pensarlo, le dio un beso en los labios.

Grecia y Storm siguieron el gesto con la naturalidad de quien agradece más que una cura física: un agradecimiento que fue beso en la mejilla y, en el caso de Grecia, un beso breve e intenso en los labios.

La escena quedó envuelta en pudor y satisfacción; nadie pronunció más palabra.

Armand se quedó con una leve sonrisa en los labios, rozándolos con la lengua, antes de retirarse a cambiarse.

Al medio día, como había prometido, Armand organizó un almuerzo en la sede de la Corporación Cielo Azul para cerrar los términos de la asociación y consolidar los fondos destinados a la construcción del hospital.

Leia gestionó la reserva y acompañó a Luna; la atmósfera era formal, pero cargada de pequeñas corrientes suaves.

Felicia Thomas los recibió en una sala acristalada con vistas a la ciudad.

Vestía con elegancia sobria: un traje que remarcaba su figura y una sonrisa de entidad segura.

Durante la presentación del proyecto —planos, cifras y cronograma— Felicia escuchó con atención y, en más de una ocasión, buscó la mirada de Armand con evidente interés.

Mientras describían el impacto social del hospital, Felicia se inclinó hacia Armand para confirmar detalles financieros.

Su cercanía era cálida; le rozó la mano al pasarle un documento y su mirada permaneció un instante más de lo estrictamente profesional.

Luna notó toda la atención: esa inclinación leve del rostro, la minuciosa atención que Felicia le dedicaba a Armand.

Pudo sentir un pequeño vuelco en su pecho, una punzada que mezclaba gratitud y algo parecido a celos.

“Armand” dijo Felicia con voz baja, cuando los demás hablaban de permisos municipales.

“Valoro mucho tu compromiso.

Con un respaldo así, la obra será orgullo para ambas corporaciones”.

Luna logró observar, por un segundo, un encantamiento que parecía posarse en la expresión de Felicia; sus ojos brillaron con un interés que iba más allá del acuerdo.

Armand mantuvo la compostura: profesional, atento, y con un gesto para Luna que le aseguró que, en público, las cosas estaban claras.

El almuerzo concluyó con un brindis moderado.

Felicia aseguró la colaboración financiera y, antes de despedirse, estrechó la mano de Armand con una presión que resistió un suspiro más.

Luna, por su parte, sintió la mezcla de alivio por la ayuda prometida y de recelo por el pequeño brillo que vio en los ojos de la presidenta de la corporación Cielo Azul.

De regreso a la mansión Crown, el ambiente se ensombreció levemente por las noticias de seguridad: Storm ya había tomado previsiones.

Esa misma tarde, el comandante se reunió con la guardia y trazó un plan para blindar la propiedad.

Storm se movía con la eficiencia de quien conoce cada centímetro de la mansión: asignó puestos en miradores, reorganizó las patrullas, reforzó las entradas con barricadas móviles y promovió puntos de observación elevados.

Instaló señales silenciosas para comunicación rápida entre equipos y colocó señales luminosas con códigos que apenas los iniciados comprenderían.

A las puertas asignó a los mejores hombres del área de seguridad de la familia Crown, los de mayor disciplina y repartió armamento no letal para inmovilizar intrusos si era necesario.

También ordenó a la guardia que se limiten las salidas de la familia, designando corredores seguros y rutas de evacuación hacia la sala de seguridad.

“Nada se deja al azar” les dijo.

“Si vienen por la fuerza, sepan que la mansión no caerá por descuido.

Preferiblemente repelerlos antes de que crucen el jardín”.

Su programa de defensa incluye una red de apoyo con los vehículos estacionados en puntos estratégicos para cortar rutas de escape y equipos de refuerzo listos para intervenir.

Storm además dejó a Leia al mando de la defensa inmediata en caso de que alguien consiguiera burlar la primera línea.

Esa noche, durante la cena en la gran sala, Armand, Leia, Luna, Hagrid y el viejo amo Crown conversaban cuando Storm avisó por el intercomunicador: “Detecto movimiento en la lejanía”.

Primero llegaron exploradores que cayeron antes de gritar; la segunda ola también fue neutralizada con rapidez.

Pero pronto un convoy de cerca de veinte vehículos irrumpió en los caminos hacia la mansión y detuvo su avance en la entrada.

De ellos descendieron luchadores corpulentos, de casi dos metros y miradas feroces.

Las defensas exteriores, perfectamente posicionadas gracias a Storm, resistieron lo suficiente para contener la primera embestida, aunque la avalancha de combatientes abrió paso hasta que un hombre anciano, de túnica negra y barba blanca, emergió con paso sereno y voz afilada.

“Todos los que viven aquí están sentenciados a muerte.

Salgan y no presenten resistencia” anunció con tono seco.

Leia fue la primera en avanzar, hasta que la mano de su general la detuvo: “Aún no estás lista para enfrentarlo; espera mi señal”, le urgió Armand.

Ciro Shadow, el hombre de barba blanca, ordenó a sus hombres atacar.

Eran una manada.

Armand, con frialdad, soltó el hombro de Leia: “Acaba con esos arrogantes y déjame al anciano”.

Luna cerró los ojos cuando los atacantes se abalanzaron; Sintió el brazo firme de Armand rodearla, un ancla entre el caos.

Leia saltó y, con un par de patadas precisas, envió a dos de los primeros al suelo casi diez metros atrás y derribó a varios más.

La sorpresa se reflejó en el rostro de Ciro: sus doce hombres más fuertes cayeron fuera de combate.

Irritado, Ciro se lanzó contra Leia con una velocidad feroz; el puño silbó en el aire.

Cuando estuvo a punto de darle, una sensación de ardor frenó su golpe y, al mirar al suelo, vio un prendedor en forma de flor caer entre sus pies.

“¿Quién lanzó esto?” preguntó, incrédulo.

¿Casualidad, o algo más en juego?

Pensó.

La noche se tensó.

Storm, desde un flanco, ordenó el cierre de líneas y la preparación para lo que vendría: su defensa había evitado el desastre mayor, pero el desafío apenas comenzaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo