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La prometida del General Divino - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 Un acuerdo para abortar la misión
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3: Un acuerdo para abortar la misión 3: Un acuerdo para abortar la misión Él se sintió algo confundido por estar aquí en una nueva realidad, pero no iba a aceptar ser humillado, ¿Verdad?.

Pero antes de que pudiera decir algo, Luna agregó con una leve compasión en su tono al notar el silencio de Armand, sobre todo su rostro un poco fruncido.

“Sé que cancelar el matrimonio es un duro golpe para ti, pero tienes que saber la diferencia entre nosotros”.

“Para que tomes conciencia, nuestros caminos nunca debieron haberse cruzado, te veo y no imagino una vida junto a ti, ¿acaso no tienes amor propio, quieres ser mi sirviente y estar siempre en casa?”.

Luego de suspirar continuó, “La verdad es que no me veo cuidando de un marido mantenido”, lo miró a los ojos e hizo un gesto de melancolía.

Armand no sabía si reír o llorar, “¿acaso esta niña lo estaba rechazando de tal manera que la culpa era de él?”.

“Si propones cancelar el matrimonio delante de mi abuelo, te pagaré generosamente en secreto para que no tengas que preocuparte por el resto de tu vida, puedes casarte con quien quieras en las montañas y vivir allí como un rey, solo déjame en paz”.

“Pero…”.

Luna hizo una pausa.

Su delicado rostro mostraba un toque descarado de frialdad.

Su tono se volvió aún más frío mientras continuaba: “Si decides utilizar a mi abuelo contra mí y obligarme a obedecer tu voluntad, ¡te arruinaré la vida!”, levanto sus delicadas manos e hizo un ademán de agarrar algo y apretarlo hasta hacer crujir sus dedos.

¡Amenazas y más amenazas descaradas en la cara del General Divino!

Julián comprendió que la bella señorita, proponía abortar la misión y decidió seguirle el juego para ver como sería este desenlace, antes de tomar acciones para modificar el resultado posteriormente.

Armand se mostró descontento con sus palabras y ensombreció levemente el rostro.

Él, siendo el General Divino, había reinado durante más de diez años en la Línea del Frente Occidental.

Incluso los generales enemigos se horrorizaban cuando se mencionaba su nombre, ahora estaba siendo humillado de esta manera.

¡Estaba siendo amenazado por una mujer muy soberbia, hermosamente bella pero muy soberbia!

El rostro de Armand empezó a suavizar sus facciones, no tenía por que enojarse, después de todo, era el abuelo de esta preciosa mujer quien había hecho el contrato con su maestro.

Aún así tenía otras ideas en mente para conquistarla, “Dicen que a una mujer se le conquista con detalles”.

Armand inhaló profundamente y respondió con calma: “Trato hecho”, luego dijo para si mismo, “tu siervo obedece tus órdenes mi princesa”.

La expresión gélida de Luna se relajó al oír la respuesta decisiva de Armand, alabó de corazón al hombre por ser consciente de sí mismo y de sus muy bajas condiciones.

Se puso las gafas de sol, tomó su costoso bolso y se levantó de su asiento.

“Vamos a ver a mi abuelo y recuerda que vas a ser tú quien rechace este acuerdo, ¡no lo olvides!”.

Julián pensó, “solo por tu belleza y un beso tuyo, puedo perdonar tus pequeñas ofensas” Los dos salieron a grandes pasos de la cafetería.

La presencia de Luna hizo girar cabezas en cuanto salió, puesto que una diosa caminando entre mortales era una escena realmente única; pero Julián estaba seguro de que no conocían bien el carácter de esta belleza.

En cuanto a Armand, que llevaba un jersey gris con pantalones vaqueros azules, fue ignorado por completo, a excepción de un par de ojos femeninos preciosos que casualmente observaban su aura.

Fuera de la cafetería había un Ferrari Spider rojo estacionado, que hacia juego con la belleza de la dueña.

Luna abrió la puerta, sellando aún más su imagen de diosa ante la gente.

“Sube”, dijo Luna antes de sentarse en el asiento del conductor.

Después de que Armand se sentara en el asiento del copiloto, Luna le recordó una vez más: “Recuerda, vas a decirle a mi abuelo que quieres cancelar el matrimonio concertado, no lo estropees…” ¡Ring!, ¡Ring!, ¡Ring!.

El repentino tono de llamada interrumpió a Luna.

Ella contestó de inmediato, pero en la conversación puso una mirada ansiosa en su hermoso rostro.

“Bien.

¡Voy enseguida!”.

Luna colgó el teléfono y pisó el acelerador al fondo, dejando marcas sobre el asfalto.

El repentino empujón, clavó a Armand en el asiento.

Este frunció el ceño y preguntó: “Señorita Luna, ¿Qué ha pasado?” Luna permaneció en silencio largo rato, solo mostró un rostro preocupado.

El viaje silencioso llevó a Armand hasta la entrada de la mansión Crown.

Luna lo miró entonces: “Mi abuelo ha sufrido una recaída, no digas ni una palabra, solo hablarás cuando sea necesario”.

Los dos entraron a prisa en la mansión.

A través de un pasillo amplio y largo, llegaron a una habitación espaciosa.

En el centro de la habitación había tres hombres de mediana edad.

Eran los tres hijos de Baldor Crown: Hagrid que era el padre de Luna, Garet, padre de Celeste, además de Bruno que era el padre de Derek.

Todos rodeaban una cama de madera de sándalo, y en la cama había un anciano que se retorcía de dolor sin cesar, era Baldor, el amo y cabeza de la familia Crown.

Junto a Baldor había otro anciano de cabello blanco, de aspecto profesional y profundo, con el equipo médico a su lado.

Luna se acercó a su padre con los nervios a flor de piel.

“Papá, ¿Cómo está el abuelo?”.

Hagrid susurró, “Afortunadamente el doctor Arthur está aquí, está haciendo todo lo posible para mantener el estado de salud de tu abuelo bajo control…” Antes de que pudiera terminar, el hombre vio a Armand detrás de Luna.

Frunció el ceño y preguntó: “Luna, ¿Quién es él?”.

Luna miró a Armand y dijo con cierto desdén: “Papá, es el hombre que mencionó el abuelo para casarse conmigo”.

“¡¿Es él?!”.

El desprecio en los ojos de Hagrid era visible y su rostro se oscureció.

Cuando se enteró de que su padre quería desposar a su hija con un hombre llamado Armand Moore, había enviado a sus hombres a investigar los antecedentes de este, hace poco leyó el informe de una sola página.

¿Un pobre joven que vivía en las montañas quería casarse con su preciada princesa?

¡Imposible!

A Armand no le molestó la mirada desdeñosa de Hagrid.

En cambio, miró fijamente al Dr.

Arthur.

El Dr.

Arthur era un famoso médico conocido por su experiencia y sus métodos.

Solía ​​​​viajar por todo el mundo y practicaba todo tipo de métodos medicinales que hacían maravillas en sus pacientes, de ahí su prestigioso título Médico Divino; pero siempre se mostraba humilde y decía que aún no era digno de ese título.

Estaba utilizando la acupuntura con el amo Crown, un método que practicó durante más de una década mientras viajaba por el extranjero y lo había aprendido de un viejo maestro alguna vez.

El método funcionaba de maravilla, pero según la percepción de Armand lo estaba utilizando de forma incompleta y estaba empeorando el estado del amo Crown.

El doctor Arthur sacó una larga aguja plateada tan fina como un mechón de cabello y la dirección era la aureola del amo Crown.

Julián revisó sus recuerdos, pudo ver que donde quería insertar la última aguja el doctor, podría comprometer la salud del viejo amo y dijo de repente: “Si hace eso, el amo Crown no vivirá mucho”.

Sus palabras sobresaltaron y aturdieron a todos los presentes, entonces Luna preguntó: “¿Eres médico?”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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