La prometida del General Divino - Capítulo 34
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34: Llegamos a la frontera norte 34: Llegamos a la frontera norte Pronto pasó el tiempo y, cuando ya casi era hora de partir, Felicia se acercó a Armand y le susurró al oído: “Amo Moore, su avión privado está listo en el hangar de la corporación Cielo Azul, para cuando lo disponga”.
Armand la miró.
En ese momento supo que había una ventana que podía aprovechar.
“Gracias” respondió con calma.
“Entonces debemos partir”.
Todos se dispusieron a acompañarlos hasta el aeropuerto militar; la despedida fue cargada de pesar.
Sobre todo, Luna que no quería dejar que Armand se fuera.
“Mi bella esposa, y pensar que hace menos de dos meses querías separarte de mí” le susurró suavemente.
Luna ruborizada hizo un puño y lo tocó suavemente en el pecho, entonces, Armand la abrazó, la besó apasionadamente y se despidieron.
Storm y Armand subieron al avión que los llevaría al cuartel fronterizo del norte; ordenaron a los pilotos no ser molestados hasta el aterrizaje en la base norte.
La tripulación asentía: era un vuelo largo.
Poco antes de que cerraran las puertas del avión, algo cambió el ritmo de la noche.
Una llamada discreta y breve llegó al auricular de Armand: una alerta de seguridad que apuntaba un movimiento inesperado en la ciudad que podría comprometer la ruta.
Fue un aviso fino, casi inaudible, y en esa voz Armand percibió la opción de una maniobra controlada.
Actuaron con la precisión de un reloj.
Cuando los últimos controles de seguridades del aeropuerto se relajaron tras una falsa rutina, Storm y Armand descendieron del avión con la rapidez de quienes practicaban desapariciones: se mezclaron con el personal nocturno, caminaron con pasos medidos hasta un punto de salida alternativo y, sin hacer ruido, cruzaron hacia la pista vacía.
Nadie reparó en ellos.
Saltaron —literalmente, con cautela y sigilo— hacia un coche negro que los esperaban en un lugar oscuro del estacionamiento.
El corazón de la operación latiendo a contrarreloj, se subieron al coche: Ariana al volante, Felicia en el asiento del copiloto.
Partieron en un trayecto furtivo hacia el aeropuerto comercial.
Nieve y lluvia helada atravesaban el parabrisas; por el retrovisor del Maybach, el aeropuerto militar quedó atrás, intacto.
Al llegar al hangar de la corporación Cielo Azul el ambiente era distinto: confianza y prisa medida.
Ariana, con su habitual timidez, que afloraba cerca de su amo, miró a Armand.
“Amo Moore, por favor, permítanos acompañarlo hasta el punto de salto”, dijo.
“Luego volveremos inmediatamente”.
Storm intervino en voz baja, casi en confianza: “Mi general, en el avión podremos ultimar detalles pendientes”.
Armand entendió.
Subieron al Gulfstream 800 como quien entra en una burbuja segura: un avión privado que acortaría el tiempo de viaje y les permitiría planificar con calma.
El viaje sería de unas siete horas hasta el punto de inserción, siendo un tiempo valioso para repasar cada fase Durante el vuelo, la conversación táctica-operativa se volvió detallada y precisa.
“Coordenadas del punto de salto” dijo Storm: “56.412N, 120.304E.
Ventana segura entre las 06:40 y las 07:10 locales.
Vientos en altura: 15 nudos del noroeste.
Temperatura: -12”.
“Confirmo” respondió el piloto con calma.
“No hay tráfico civil previsto en esa franja”.
Armand trazó el cuadro en voz pausada: “Reglas de compromiso: exposición mínima.
Equipo de inserción en dos equipos: grupo A (Storm y reconocimiento por radar) establece perímetro; grupo B (Armand, y Felicia brinda soporte) salta a 3 kilómetros al este del DZ principal para crear distracción si es necesario.
Ventana de retorno: 20 minutos desde el primer contacto.
El avión hará una pasada rasante y regresará a Ciudad del Dragón en ruta directa”.
Ariana añadió: “Comunicaciones: canal cifrado primario hacia la base local y canal de emergencia por satélite.
Si perdemos señal, usamos la perla de alerta” indicada, tocando discretamente el colgante que Storm llevaba.
“Un pulso y la unidad de respaldo harán eco a nuestras mentes”.
“Pilotos” preguntó Armand, “¿podrán simular un fallo técnico en la zona si necesitamos una cobertura?
Queremos que parezca que el avión se vio forzado a retroceder”.
“Podemos hacer la pasada simulando una pérdida de rumbo programada y retorno por falla de sistema” confirmó el capitán.
“Bien”, concluyó Armand.
“Prioridad uno: vidas.
Prioridad dos: información y pruebas”.
Se repasaron contingencias médicas, puntos de reabastecimiento y un plan de extracción alterno vía terrestre en caso de que las defensas aéreas nos impidieran volver.
Cuando terminaron las fases del plan, Felicia se acercó a Armand con paso contenido.
“Amo Moore” dijo en voz baja, “deseo conversar un tema en privado, por favor”.
“Claro” le respondió.
“Guíame”.
Felicia lo condujo a la habitación posterior, un reservado con luz tenue.
Y habló con seriedad: “Quisiera que me evalúe para iniciar mi cultivo y estar a la par con sus ángeles.
Sé que hay riesgos, pero confío en usted”.
Armand la miró con calma profesional y afecto protector.
“Existe una forma de ayudarte” dijo, “pero requiere tu consentimiento y el compromiso con un método que combina respiración guiada y una transmisión energética muy controlada.
Entonces Felicia con un rubor que se encendía en su corazón e iba subiendo hasta sus delicadas mejillas, desvió su mirada y murmuró, “Estoy de acuerdo, cualquier método que use usted, estoy segura de que será una bendición”, luego con la mirada que parecía perdida, subió la mirada hacia los ojos de Armand e inmediatamente levantó sus níveos brazos para rodear el cuello de Armand, entonces se acercó suavemente hasta pegar sus labios en un beso apasionado que cada fue subiendo la intensidad.
Felicia respirando con dificultad, su pecho estaba agitado y sus labios estaban entreabiertos, parecía completamente perdida, destrozada, con el rostro enrojecido y los ojos vidriosos, antes de que sus pensamientos se perdieran, susurró sin aliento, “Yo…
nunca imaginé que se podría sentir de esta forma”, su voz temblorosa, mezcla de un sensual placer y escalofrío que recorrió todo su cuerpo y sus sentidos.
Su mente antes serena y reservada como hija de una familia con muchos recursos y dedicada, ahora se deshacía en una bruma de éxtasis, por la intimidad de labios que la reclamaban en las zonas más sensibles de etéreo cuerpo, la expresión de su rostro, que estaba lleno de asombro, incredulidad, un toque de vergüenza innata por el acto, todo esto envuelto por un deslumbrante calor de la lujuria.
“Eres hermosa y tienes el sabor a primavera, mi dulce Felicia”, susurró Armand y luego se perdió entre la bruma de la pasión y el deseo, entonces Felicia, con los ojos vidriosos, ronroneó, “¡Ah!, amo Moore, gracias por su gentileza, ¡haaaaan!”, pasó cerca de dos horas hasta que se calmaron las olas y los vaivenes del amor, entonces Armand le dio la píldora blanca de la salud y con el fuego que aún se encendía en sus Cuerpos, se posicionó detrás de Felicia, la tomó por su delicada y delgada cintura, luego subió sus manos suavemente hacia la parte superior del abdomen.
Cuando la píldora llegó a su estómago, la energía se concentró a la altura de las manos de Armand, que luego la dirección hacia sus meridianos entonces pudo sentir la apertura de sus dos meridianos, ahora que había completado el pedido de Felicia, Armand le susurró en la sensible oreja, “Ya tienes dos meridianos abiertos, ahora solo debes practicar bajo la dirección de Ariana, para hacerte más fuerte, espérame hasta que vuelva del norte”.
Entonces Felicia con la respiración entrecortada y su hermoso pecho agitándose susurró, “Amo Moore, voy a extrañar practicar artes marciales con usted”, Armand con una sonrisa felina respondió, “También voy a extrañarte, pero no debes descuidar tu entrenamiento, te necesito siempre junto a mi”, Felicia con una sonrisa amplia y la mirada dulce, “Amo Moore, por favor vuelve pronto, que lo estaremos esperando en casa”, luego de una leve pausa ronroneó, “Amo Moore,recuerda que se lleva mi corazón y tiene que devolverlo para seguir viviendo”.
Julián sintió un rastro de electricidad que circulaba ferozmente por su columna vertebral, entonces despertó en él una emoción intensa, “Ahora eres mi ángel” dijo con una voz áspera, los hermosos ojos de Felicia se pusieron vidriosos y sus labios se separaron en un grito silencioso, sus delgados e inocentes dedos apretaron y arañaron las sábanas, arqueando el cuerpo, mientras intentaba procesar la sensación abrumadora, entonces comenzó una nueva oleada de emociones que siguió por un buen tiempo.
Toc, toc, toc, vino un sonido desde la puerta, entonces se escuchó la dulce y sumisa voz de Ariana, “Amo Moore estamos cerca del punto de salto, la coronel Storm ya tiene listo su equipo”, Armand con una voz resuelta respondió suavemente, “Ariana, en un momento estoy con ustedes”.
Felicia aún se encontraba acurrucada en su abrazo y se mostraba renuente a dejarlo ir, como una niña mimada que no quería separarse de su más preciado y amado ser.
Mientras tanto, la operación en el frente comenzó con violencia.
En la línea norte detectaron cohetes tierra-aire que alcanzaron al avión militar que despegó en Ciudad del Dragón, donde viajaba la tripulación que Armand y Storm habían dejado.
Una cadena de explosiones arrasó varios terrenos de cultivo en la zona.
Armand, que había planeado todo para minimizar las bajas, apretó los puños con rabia contenida.
“Storm” ordenó, “ve por los hombres que saltaron.
Si necesitas ayuda, presiona la perla”.
Storm aceptó y partió inmediatamente.
Armand caminó hacia la ciudad fronteriza para coordinar la respuesta y, en un instante de movimiento casi sobrehumano, desapareció entre la nieve para reaparecer en el lugar de un intercambio.
Allí encontró la brutalidad del combate: cuerpos, un disparo aislado y una niña temblando, cubierta de lodo y lágrimas.
Armand hizo lo que supo: neutralizó a los agresores con astucia para evitar más muertes y llevó a la niña al hotel donde se hospedaba .
La violencia del frente era materia de militares, pero la intervención sobrehumana y rápida salvó vidas.
Mientras tanto en la zona norte, cinco oficiales se reunían cerca a una roca cubierta de nieve y estaban planeando comunicarse con la base militar del norte, pero pronto uno de ellos vio que a la distancia se acercaba un camión militar, lo reconocieron por el escudo que llevaba y se alegró porque los venían a rescatar, sin embargo, el capitán de la tripulación sospechando que algo estaba raro, primero su avión fue derribado por un misil disparado desde la base militar, segundo el vehículo que venía a recogerlos.
Era un camión porta tropas, finalmente fueron ubicados rápidamente como si los estuvieran esperando, además pudo ver otros tres camiones que venían desde puntos equidistantes.
El capitán Zael, ordenó, “rápido, todos debemos estar alerta, puede que sean enemigos”, sacando sus binoculares se encaramó en el suelo cubierto de nieve y vio que efectivamente los camiones estaban llenos de soldados, que se acercaban estando todos armados y listos para atacar, “¿Será que el cuartel general del norte ha caído?”, murmuró.
Boom…
el camión que estaba más cerca explotó y nadie sobrevivió a semejante estruendo, luego un segundo camión también explotó y voló por los aires, sin dejar una sola persona con vida; Mientras el capitán y su tripulación estaban atónitos, tratando de ubicar de donde salió el disparo de la artillería pesada.
El tercer camión estaba girando para regresar, pero se escuchó un estruendo mayor, que destruyó todo en una radio de veinte metros; cuando de pronto el cuarto camión se detuvo, los soldados empezaban a salir raudamente, el capitán de la tripulación pudo ver una leve luz azulada que salía de un punto en una zona cercana a ellos y se dirigió hacia el camión que inmediatamente explotó con una mayor onda expansiva que las anteriores, entonces se quedó pasmado porque el disparo era de un rifle de francotirador, que en el mejor de los casos podría causar estragos en el motor, pero no debería tener una explosión que descongelara el hielo y dejaba un cráter de veinte metros de circunferencia.
El capitán de la tripulación estaba observando todo a detalle sin pestañear, pero no pudo ver en qué momento una silueta llegó hasta donde estaban la docena de sobrevivientes malheridos, entonces vio que la persona lo miró fijamente y le hizo la señal para que esperaran en su lugar, el capitán indicó a la distancia, reconociendo a la coronel Storm pudo dejar salir un suspiro de calma.
Storm, luego de reunir información, en poco más de dos segundos estuvo a dos pasos del capitán, que se levantó y saludó, “Saludos mi coronel pantera”, luego continuó, “Muchas gracias por su ayuda”, entonces su tripulación también saludó al unísono, “Saludos coronel Pantera”.
Luego de asentir y responder el saludo, Storm les entregó los abrigos de los soldados sobrevivientes y se los dio para que puedan ingresar a la ciudad, que seguramente debe ser tomado por el ejército invasor, aunque lo extraño para Storm era que los trajes eran del ejército del norte.
En ese momento dentro de la oficina del general del norte, estaba el coronel primero, Wilder conversando a través de un teléfono satelital, con el general Mardonio Abad, conocido como el general la sombra, “Mi general, mis soldados fueron a recoger los cuerpos del general Moore y su guardia personal que venían en ese avión militar, también pudimos asegurar el cuartel, con mis hombres y los que usted envió, el general del norte está muerto, junto a sus leales seguidores, mientras todos en la capital piensan que es el país de los monjes el que atacó nuestra base”, al otro lao el general Abad estiraba las comisuras de su boca acercándose hasta sus orejas, “muy buen trabajo, estaré llegando en unas dos horas para organizar toda la revuelta y enviar las buenas nuevas al presidente”.
En el cuartel general del norte, mientras tanto, conversaciones secretas se hacían por satélite: el general Abad, desde las sombras, celebraba los golpes y maquinaba el control de la narrativa.
El tablero geopolítico se movía.
Armand lo sabía: cada paso que daba por proteger a su gente era una puntada contra quienes querían arrebatarles el futuro.
Y en la villa, mientras un padre tomaba una píldora con manos temblorosas y lágrimas en los ojos, la red de confianza tejida por Armand seguía haciendo su trabajo: proteger el presente y sostener la esperanza.
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