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La prometida del General Divino - Capítulo 39

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  4. Capítulo 39 - 39 La rebelión de la facción del Rey Lobo
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39: La rebelión de la facción del Rey Lobo.

39: La rebelión de la facción del Rey Lobo.

Cuando Armand salió de la sala de emergencias, el patio central aún olía a humo y desinfectante.

Storm, Amaya y la pequeña Reyna lo esperaban en la penumbra, como si hubieran sido detenidos por el tiempo.

Reyna, con la carita sonrosada por la recuperación, se incorporó al verlo: «Papá, ya estoy bien», dijo con esa voz que atraviesa cualquier corazón.

Armand la tomó en brazos y la meció unos instantes, sintiendo la ligereza de su respiración.

El gesto amortiguó la tensión que le bullía en las sienes; por un par de latidos fue padre antes que jefe.

Storm le hizo una señal a Amaya para que la siguiera; Armand entendió y, con Reyna apoyada contra su pecho, se acercó a Penélope, que acababa de despertar y buscaba con los ojos a su hija.

“Señora Sosa” dijo él, con voz templada.

“Hablaremos con calma, pero ahora hay cosas urgentes que atender”.

Penélope lo miró con el rostro aún pálido, y cuando oyó la voz de Reyna gritar «¡Mamá, encontré a papá!», su cuerpo se vino abajo en un sollozo que era mezcla de alivio y quebranto.

Armand besó la frente de Reyna, posó la niña en brazos de su madre y, mirando un segundo más a Penélope, dejó que la nostalgia le punzara la garganta.

“Vuelvo pronto” susurró a la niña.

“Te lo prometo”.

Reyna se volvió hacia Armand con ojos rojos a punto de llorar y los brazos extendidos, “Vuelve pronto, papito”, Armand al ver sus pequeños ojos, no pudo resistir y acercándose le dio otro beso en la frente, “Eres una buena niña de papá”, con esto se volvió para ir con Storm, no sin antes mirar hacia Penélope.

Ella pudo ver en él, una mirada llena de amor hacia su hija, con una leve tristeza asomando.

Al separarse, llamó a Storm: “Organiza al ejército del norte.

Quiero destruir el batallón de avanzada antes de que se consolide.

Y Amaya: gracias por ayudar; te restauro a tu puesto de capitán.

Apoyarás a la coronel Pantera.

Yo te daré las herramientas para rescatar a tu familia después de superar esto.

Amaya se arrodilló, las lágrimas surcándole las mejillas, con una mezcla de gratitud y herida abierta.

“Si lo logra, le dedicaré mi vida entera” murmuró.

“Serás tú quien los rescate” respondió Armand.

“Te daré lo que necesitas; no te pediré más de lo que puedas pagar”.

Sacó su teléfono y le mostró un mensaje: «Ubicación confirmada.

Sin movimiento por ahora».

Amaya lo miró, incapaz de disimular la sorpresa y la esperanza.

Armand siguió revisando y reanimando a las personas que estaban en las camillas, con el agua que preparó, la mayoría eran súbditos de Rey Lobo, por lo que mostraban una fortaleza física, que superaba con creces a la de los soldados comunes, esto lo descubrió, entonces pensando para mismo, “¿Será que Nataniel los habrá sometido?”, cuando ya había terminado de tratarlos y se encontraba ensimismado en sus pensamientos, llevaron donde Armand a una mujer hermosa sí, de cabello blanco con la piel lozana y de facciones definidas, muy parecida a la niña que había rescatado, que hace poco estuvo en una cápsula de vidrio.

Armand la vio y quedó embelesado con el aura y la belleza de esta mujer, cuando la tomó por la muñeca para insertar un poco de Reiki, notó que tenía una gran fortaleza interior, casi más poderosa que la de él, lo que lo dejó atónito, murmurando para sí mismo, “¿Quién es esta diosa?”, luego sintió que su energía que estaba en calma comenzó a despertar, luego abrió los ojos y el azul de sus ojos, cautivó el corazón de Armand que comenzó a latir fuertemente.

Ella lo tomó fuertemente de las muñecas, “Por favor ayúdeme a encontrar a mi hija”, como si despertara de una pesadilla, su desesperación, a los ojos de Armand la hacía ver más hermosa, una mezcla entre lo salvaje, protectora, dulce y preocupada por la niña.

Con una gran sonrisa le dijo, “Cálmate, tu hija está bien, en unos momentos vendrá para verte, nosotros los estamos recatando del cautiverio en el que estaban”, luego de pensar en algo más continuó, “puedes ver tu misma, a todos los que están aquí, preocupados por el bienestar de los rescatados, ya no sufrirán más”.

De pronto, con la voz cada vez más grave, la mujer dijo, “Quiero ver a mi hija, ¡Ahora!”, Armand algo sorprendido, le respondió, “está bien, te llevaré con ella, ahora mismo, ponte de pie y vamos”, luego ordenó a la soldado que estaba cerca, “por favor, búscale un uniforme y abrigo para la señora”, el soldado hizo un saludo en conformidad e inmediatamente salió a buscar el uniforme.

Al escuchar de Armand, emitir esa orden, sintió una punzada cálida y leve en su corazón.

Mientras tanto Armand salió rápidamente porque fue solicitado por la llamada urgente de Storm.

Antes de que pudiera preguntar, una brisa fría les trajo un cambio de tensión: Storm se volvió, detectó algo y en un instante empujó a un soldado inconsciente al suelo.

Había infiltrados entre los soldados.

“Muy bien, entonces debemos limpiar nuestro ejército, para nuestra próxima operación”.

Entonces llegó un sargento e informó con tono cortado: “Jefe Militar Moore: la señorita Diana pide verlo”.

Armand respondió con un asentimiento y, mirando a Amaya, sonriendo con dureza contenida: “Apoya a la coronel Pantera.

Te evaluaré para que seas diez veces más fuerte”.

Ella, con orgullo quebrado, respondió al saludo y él se retiró.

El vehículo militar los condujo hasta el hotel.

Subieron a la suite donde estaban Selene —la hija de Diana— y los soldados de la tripulación.

Allí los esperaban un séquito imponente: cinco hombres en traje paramilitar que no respondían a ninguna bandera conocida.

Armand no perdió tiempo.

“Sargento Mónica, espere en el vehículo” ordenó secamente.

La sargento obedeció.

Uno de los extraños intentó seguirla, pero una esquirla —sutil, precisa— le atravesó la mano; gritó, y el hombre que se dirigía al grupo dio una muestra de control, señalando que se detuviera.

Diana, con la voz de quien aún conserva dignidad frente al terror, exigió: “Goliat, ¿Dónde está Selene?” Goliat, un hombre corpulento al que la ambición le había dado el rostro rudo, respondió con una carcajada que olía a brega.

“Ella está bien” dijo.

“Pero hoy haremos el ritual para que yo sea el nuevo Rey Lobo.

A partir de ahora mando yo”.

Diana, se puso blanca, pero con fiereza, se acercó a él con la mirada encendida.

“No lo permitiré” sentenció.

Goliat, que contaba con apoyo foráneo, quiso demostrar poder: ordenó que trajeran a Selene.

La niña corrió, atrapó el abrazo de su madre y murmuró en un hilo: «Mamá, me dijeron que te iban a rescatar».

La mezcla de alivio y mentira colgaba en el aire.

Goliat con una mirada oscura, “Diana, ahora tienes que casarte conmigo, para ser el nuevo Rey Lobo”, Diana estiro su hermosa comisura de sus labios, “Eso no sucedería, aunque fueras el último en la tierra”, Goliat estaba a punto de estallar, por la ira debido a la ofensa, cuando Armand, preguntó, “Ustedes tienen asuntos que resolver, ¿Dónde están, los soldados que estaban cuidando de la niña?”.

Goliat se volvió con más furia hacia Armand, “A mí, que me interesan unos simples gusanos”, ante esta respuesta, Armand caminó suavemente hacia la habitación, antes de que abriera la puerta, Selene con lágrimas en los ojos, gritó “Perdón, ellos quisieron defenderme, pero no tuvieron la fuerza para hacerlo”, Armand fue detenido por el hombre que estaba sujetando a Selene, pero en ese instante se quedó petrificado, Armand continuó y abrió la puerta, mientras el ambiente se estaba volviendo pesado.

al ver la escena, Armand se volvió, “¿Quién lo hizo?”, Selene apuntó hacia Goliat, “Él ordenó que los ejecutaran y Can obedeció”, dijo apuntando hacia el hombre que tenía la mano perforada, Can se encontraba sonriendo, al igual que Goliat.

Armand apareció delante de Can y con un toque de su dedo índice en su frente, este golpeó su cabeza fuertemente contra la pared, entonces los otros dos que quisieron reaccionar, sufrieron algo similar, Goliat estaba atónito, “¿Qué demonio, eres tú?”.

empezó a temblar, cuando Armand estaba sentado a su lado, “Ahora, cuéntame qué está pasando, si no quieres sufrir lo mismo que tus hombres y déjame decirte que aún estoy iracundo por mis soldados”.

Goliat, temblando empezó, “El general Tolomeo líder militar del país americano, nos ofreció protección, pero a cambio quiere que el millón de lobos seamos su batallón de vanguardia contra Eurasia”, Armand preguntó, “¿Algo más?”, Goliat con algo de renuencia dijo, “Me ofreció a la doncella Diana, para que sea mi esclava, luego de ser nombrado el Rey Lobo, nos darán armamento de última generación y nos volverán más fuertes, con esta sustancia”, sacó entonces una Cápsula de cristal, con un líquido espeso, color plateado.

La sala olió a zarpas.

Diana, con los puños apretados, miraba la cápsula como si fuera una daga.

Selene, en sus brazos, no entendía más que el miedo en el rostro ajeno.

Cuando Goliat quiso tomar la cápsula para mostrársela a Armand con gesto de reto, Armand no esperó más: colocó la palma sobre su pecho con tal impulso que los huesos y sus órganos implosionaron, luego salió disparado contra la ventana del piso veinte.

No hubo picante gore: el viento se llevó el cuerpo de Goliat y el grito quedó suspendido en la ciudad como la cadena de un martillo que cae.

El silencio tocó en la suite; las copas tintinearon.

Diana tenía una mirada sombría, estaba comenzando a encender su enojo abrumador hacia Goliat, cuando este reaccionó y quiso tomar el líquido, Armand le dio un golpe con la palma abierta en el pecho, con tal fuerza que Goliat salió volando por la ventana desde el piso veinte, mientras Diana sufría un insoportable dolor de cabeza.

Diana gimió por un dolor de cabeza insoportable.

El gesto de Armand había sido definitivo y no había retroceso; La violencia tenía sentido y costo.

“Algo más?” preguntó Armand, sin levantar la voz.

En la calma que siguió, Diana recuperó algo de equilibrio.

“Tolomeo nos protege a cambio de todo” dijo ella, la voz quebrada.

“Quiere a mi pueblo como escudo y a mis hombres como espada”.

Armand, mirando a la niña, le sostuvo la mirada un segundo y la desvió hacía su madre.

“Tú y Selene están seguras” dijo con dureza.

“Pero esto no quedará impune”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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