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La prometida del General Divino - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 La luna de miel
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9: La luna de miel 9: La luna de miel La capitana Pantera sonriendo tiernamente susurró: “General, nuestra división de inteligencia interceptó información clasificada de los enemigos.

Sobre un atentado contra usted, por eso los jefes enemigos de la línea del frente occidental están vigilando y han enviado a Los Bárbaros para que se infiltren en nuestro país.

Se convocó una reunión de emergencia y tengo la misión de protegerte con mi vida, además de asistirte en tu proceso de recuperación, pronto llegarán los otros miembros de los felinos protectores”.

Armand susurró, “¿Protección?”.

Con lo poderoso que es el cuerpo de Armand, creo que sería difícil atacarme, pero recordando el porque estoy aquí, entonces supongo que no era del todo inmortal, le hizo gracia que tanto poder lo había llevado a tener muchos enemigos, así que debía ser cuidadoso y si quería protección debía fortalecer a su guardia y él mismo.

Sin embargo respondió de forma dominante y arrogante: “¡Ya nadie en el mundo puede hacerme daño!”.

Sonaba orgulloso y confiado.

Storm sabía lo fuerte que era Armand y lo admiraba por eso, asimismo tenía sentimientos más profundos incluso sabiendo que él había preferido a Chitara la desertora que traicionó a los felinos, porque cuando Armand supo de su traición que casi le costó la vida y la de sus compañeros; su semblante se endurecía mucho, cada vez que alguien la recordaba.

Pero ahora ella se encontraba en sus brazos sintiendo su aroma varonil, su fuerza en los brazos, no quería que el tiempo pasara, es más deseaba fundirse con él para poder sentirse la mujer más feliz del mundo e instintivamente levantó sus brazos para rodear su cuello y acercarse más.

Ya estaba aquí, así que le susurró: “General Divino, llevas años matando enemigos en la Línea del Frente Occidental, puede que tu forma de hacer las cosas no encaje bien con el estilo de vida de la ciudad.

Así que puedo quedarme a tu lado y ayudarte con tus asuntos cotidianos”.

Luego de repente se llenó de valor para acercarse más, y como en un dulce sueño junto a sus labios con los de Armand, quien sintió el suave aroma de una mujer enamorada hasta los huesos, por lo que había una satisfacción indescriptible en su corazón y respondió ávidamente.

Julián reflexionó: “Ella está perdidamente enamorada de Armand, no soy quien para rechazarla”.

Luego de un tiempo indeterminado en un beso tan apasionado, cuando su respiración se hacía más pesada, aflojó su agarre y le dijo a Storm que la esperara en la habitación del primer piso.

“Sí, señor” Susurró Storm en el acto, con un saludo militar.

Sabiendo que Armand estaba de acuerdo en que se quedaría con él, Storm estaba encantada, su sonrisa no le cabía en el rostro y la felicidad hacía latir descontroladamente su corazón.

Armand se sintió conmovido al ver sus ojos y su sonrisa tan hermosos y dulces, de pronto salió de su desconcierto murmurando, “Ahora, esta es la zona prohibida de Luna, así que no subas la próxima vez”.

“¿Eh?” Storm estaba desconcertada.

“General Divino, tú que comanda un millón de felinos.

¿De verdad vas a casarte con Luna para devolverle el favor al viejo?” “Es idea del maestro, sabes que le debo mis dos vidas a ese viejo.

¿Qué puedo hacer?” Armand se sintió impotente.

“De todos modos, Luna dijo que lo hacía por interés y se divorciaría”.

“De acuerdo.

¡Te espero!” Storm saltó de la barandilla y se fue al cuarto de Armand.

Armand quiso seguirla pero cuando estaba a punto de bajar, vio el perchero y el sensual juego de lencería azul en el suelo, junto al collar de Jade.

Era la ropa íntima de su bella esposa nominal.

Storm debió de mover el colgador en la batalla anterior, de ahí que su lencería estuviera en el suelo.

Armand se agachó, recogió las prendas íntimas y quiso volver a colgarlo.

De repente, sintió una energía asesina en su espalda.

Se volvió para ver a Luna con una pistola paralizante y una mirada fría.

Estaba distraído y pensó rápidamente “¿Pero qué demonios?

¿Cómo pude ser tan descuidado?” Armand susurró: “Hola, escuché ruidos y vine para ver que todo estuviera bien”.

¡Bzzt!

Luna disparó y Armand lo esquivó con una sonrisa diciendo: “Hermosa esposa, vine a darte tu beso de buenas noches y cumplir con nuestra Luna de Miel”.

Sonó una voz furiosa y avergonzada apuntando hacia las escaleras, que sobresaltó a todos.

“¡Pervertido, degenerado!

¡Lárgate de aquí de una vez!”.

Armand, pasó por un lado, se acercó a su larga cabellera y le dijo “tiene el dulce aroma de mi bella esposa”.

Luna lo miró de tal forma que si la mirada fundiera el metal, él sería fundido al instante, así que tuvo que bajar con pesar.

“¡¡Ahhhhhgg!!” Luna se quedó mirando su ropa íntima y sintió que su corazón se llenaba de una ira que jamás había sentido.

Se calmó un poco y se metió a su cuarto para dormir pero sus emociones fuertes no la dejaron.

Mientras tanto Armand llegó a su habitación y estaba sonriendo de oreja a oreja porque había hecho que Luna se enojara tanto, pensaba que para que Luna se enamorara realmente tenía que cambiar su forma de verlo y para ello necesitaba quitarle esos sentimientos de altivez y desdén debido a sus prejuicios.

Storm que estaba esperando a que llegara, lo abrazó desde atrás mientras subía sus manos hacia los pectorales de Armand y este agarró sus suaves manos, se volteó para poder abrazarla por la cintura y levantarla para fundirse con un beso apasionado, para luego con un movimiento de brazos la llevó a recostarse en el suave lecho de amor prometido.

En la habitación el aire se encontraba cargado de calor y un embriagador aroma a pasión, las cortinas se mecían suavemente con la brisa que se filtraba y la tenue luz proyectaba sombras sensuales.

La luz de la luna era testigo del febril encuentro de dos cuerpos que se retorcían sobre la cama, uno era un joven atractivo con un cuerpo cincelado y esculpido a la perfección por la dedicación a los ejercicios del exigente rigor de su maestro y las actividades marciales del ejercito, que se encontraba sobre una hermosa mujer de ébano con un cuerpo atlético, delgado pero con las curvas de ensueño, ubicados en el lugar correcto.

Un rostro ruborizado, un cuerpo temblando, completamente deshecha y moviéndose al ritmo del deseo primario.

La capitana Pantera estaba reducida a un cuerpo tembloroso, perdida en el abismo del placer; sus ojos almendrados, habitualmente firmes y penetrantes se encontraban nublados y desenfocados por la lujuria, mientras miraba al hombre que amaba secretamente desde hace mucho tiempo, con quien había compartido muchas escenas propias de la batalla, a quien había cuidado desde que fue elegida como parte de su guardia personal y ahora le juraba no solo amor eterno sino también lealtad absoluta por darle la oportunidad de estar tan cerca como lo había soñado tantas veces.

En su situación extasiada, empezó a sentir que su delineado cuerpo mostraba mayor fuerza y una sensación de calor circulaba en su vientre, luego en su pecho hasta que finalmente cayó rendida cuando la calidez tocó su frente y coronilla.

Ahora entendía que compartir su primera vez con el general, no solo le permitió disfrutar los placeres más dulces, el afecto, la pasión, el amor, el deseo, el sentido de pertenencia, a su vez le estaba ayudando a fortalecer su cuerpo; consideraba que en realidad un hombre así, era una dicha tenerlo junto a ella, pero quizá no podría ser exclusivamente para ella.

Luego de tres horas de compartir caricias y fundirse en el calor de la pasión y con la respiración normalizándose, por fin la alcanzó el sueño, cuando pensaba que este amor era mucho más delicioso que el que había soñado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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