LA REENCARNACIÓN SUPREMA - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 Capítulo 5 Insondable Parte 1 - Limites
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26: Capítulo 5: Insondable (Parte 1) – Limites 26: Capítulo 5: Insondable (Parte 1) – Limites —Asher…
Asher, despierta.
Una voz suave, como un susurro cargado de ternura, resonó en la mente de Asher, arrancándolo de su letargo.
—¿Qué…?
¿Hermana?
Parpadeó varias veces mientras se incorporaba, su mirada nublada enfocándose lentamente en el rostro familiar de Miri, su hermana mayor.
La luz del amanecer enmarcaba su silueta, y una sonrisa traviesa se dibujaba en sus labios.
—Obviamente.
¿Quién más se molestaría en venir hasta aquí por ti?
—respondió ella con tono burlón, mientras se cruzaba de brazos.
—¿Qué…?
¿Dónde…?
—Asher frotó sus ojos, aún desorientado, como si su mente estuviera atrapada entre dos mundos.
—Jajaja, sigues medio dormido —rió Miri, agachándose para tomar su mano—.
Vamos, holgazán.
Mamá nos está esperando en los campos.
Antes de que pudiera responder, Miri lo jaló de la mano con la energía de siempre.
Asher apenas pudo mantenerse en pie, pero algo en él se rehusaba a apartar la mirada de ella.
Sus ojos recorrían cada detalle de su rostro, como si temiera que pudiera desvanecerse en cualquier momento.
Su corazón latía con fuerza, pero su mente era un mar de preguntas y dudas.
Cuando parecía que su mente iba a encontrar un punto de calma, otra voz lo arrancó de su ensoñación.
—Asher.
Era una voz llena de tanta calidez que su pecho se contrajo al escucharla.
—¿Madre…?
—La palabra salió casi en un susurro, cargada de incredulidad.
La figura de Teara, apareció ante él, con la misma mirada serena que siempre parecía contener una pizca de preocupación.
—¿Qué te pasa, hijo?
Pareces haber visto un fantasma —dijo Ters mientras lo examinaba con atención, ladeando la cabeza.
—Ha estado raro desde que despertó.
Tal vez ya se le fue la olla con tantos golpes que se da a diario —bromeó Miri, riendo.
—No bromees con eso, Miri —advirtió Ters, con un ligero tono de reproche.
—Está bien, está bien, lo siento —respondió Miri, sacando la lengua en señal de disculpa, pero sin perder su sonrisa.
Mientras ambas discutían, Asher se quedó inmóvil, observándolas en silencio.
Había algo casi hipnótico en esa escena.
Sus risas, sus gestos…
Para él, eran como un eco de un tiempo perdido, un recuerdo que alguna vez había sido su mayor tesoro.
Su corazón se llenaba de tanta calidez que casi le dolía.
Por un instante, creyó que todo era real.
Que había regresado.
Entonces, como un vidrio que se rompe, todo desapareció.
Asher abrió los ojos de golpe, el frío de la realidad golpeándolo con una dureza insoportable.
—¡Maldición!
—rugió con furia, mientras apretaba los puños y se limpiaba las lágrimas que amenazaban con escapar.
Esta era la nueva forma en que su mente lo atormentaba.
Anteriormente cada vez que él soñaba siempre tenía pesadillas horribles.
Pero eso ya no le afectaba en lo más mínimo, debido a que había conocido los peores escenarios del universo.
Por lo cual una simple pesadilla no era capaz de hacer tambalear su mente.
Quizás por eso ahora el destino había encontrado otra nueva forma de perturbarlo.
Esta consistía en que siempre soñaría con los buenos momentos que vivió con su única familia, haciéndole llegar hasta la euforia.
Pero siempre que estaba a punto de aceptar esta felicidad, el sueño terminaba abruptamente, devolviéndolo nuevamente a su absoluta soledad.
Para alguien que añoraba intensamente esa realidad, estos sueños eran sumamente crueles.
Dicen que la mayor felicidad se da cuando se recupera algo que se creyó perdido.
Pero en el caso contrario y alguien encontraba algo que realmente anhelaba, para luego darse cuenta de que todo era falso, era como ir desde el cielo al infierno.
De esta manera el destino jugaba nuevamente con su mente, torturándolo sin piedad.
Asher se limpió el rostro para evitar que sus lagrimas se derramaran y luego hizo un gesto obsceno hacia el cielo mientras profería con ira —¡Maldito seas, estúpido Dios!
—¡Pero estás muy equivocado si crees que con esto conseguirás que me rinda, maldito idiota!
Sin perder más tiempo, cerró los ojos y retomó su labor.
Con manos firmes, continuó trabajando en la compleja tarea de curar sus venas espirituales.
Asher ya había perfeccionado sus conocimientos médicos hasta niveles inimaginables, mucho más allá de lo que cualquier médico o alquimista ordinario podría comprender.
Había aprendido a preparar medicinas que no solo curaban, sino que transformaban.
Sus elixires podían fortalecer cuerpos debilitados, prolongar vidas, e incluso revertir enfermedades devastadoras.
Pero actualmente su atención estaba en curar sus limitaciones.
Finalmente, después de incontables intentos y fracasos, algo finalmente empezó a cambiar.
Sus venas, que durante mucho tiempo habían estado rotas y lisiadas, comenzaron a responder.
Con cada momento de concentración, la energía parecía fluir mejor, como si un río seco volviera a llenarse de agua.
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero entonces ocurrió.
Un día, mientras ajustaba con precisión quirúrgica los circuitos de energía en sus venas espirituales, sintió el cambio definitivo.
—¡Al fin lo conseguí!
¿Viste eso, maldito dios?
¡Ya no soy un lisiado, al fin logré reparar mis venas espirituales!
—gritó Asher emocionado, en medio de un bosque.
Su intenso entrenamiento médico para reparar sus venas profundas finalmente había dado frutos después de miles de autopsias en su propio cuerpo vivo, lo que hizo que Asher se sintiera eufórico.
Después de unos minutos de festejo infantil, Asher se calmó y dijo —Bueno, ahora al fin puedo comenzar con mi entrenamiento de Ki.
Según lo que decía ese manual primero debo tratar de sentir su existencia y absorberlo mediante mis venas espirituales, ¿Cierto?
Se sentó con las piernas cruzadas en el suelo, su espalda recta y sus manos descansando sobre sus rodillas.
Cerró los ojos y dejó que su mente se enfocara únicamente en el entorno.
Poco a poco, algo empezó a cambiar.
Una energía suave, imperceptible al principio, comenzó a rodearlo.
Era cálida, vibrante, como un río invisible que corría a través del aire.
Un destello de alegría cruzó su rostro.
Finalmente podía sentirlo.
—Ahí está —susurró, emocionado.
Sin dudarlo, dirigió su voluntad hacia la energía circundante e intentó absorberla.
Pero entonces, un dolor desgarrador explotó en su pecho.
—¡Aaagh!
—gritó Asher mientras el dolor lo obligaba a doblarse hacia adelante.
Una porción de sus venas espirituales, recién reparadas, se rompieron de nuevo, como un vidrio fino al recibir demasiada presión.
«¿Qué salió mal?
¿Acaso cometí un error?» —pensó mientras luchaba por calmarse, repasando mentalmente cada paso que había seguido.
Él pensó un largo rato, pero no pudo llegar a una respuesta, por lo que se concentró en volver a reparar sus venas para continuar su entrenamiento.
Esta tarea no era muy difícil para Asher, debido a que sus venas habían estado 100 veces peor anteriormente, por lo que reparar este nivel de daño era un asunto trivial.
Con manos firmes y la mente enfocada, reparó el daño en sus venas espirituales.
El proceso le tomó varias horas, pero finalmente lo logró.
Una vez más, se sentó con las piernas cruzadas y trató de absorber el Ki.
El resultado fue el mismo.
El dolor lo golpeó como un martillo, y sus venas espirituales se rompieron una vez más.
Esta vez, no pudo contenerse.
—¡&@$#/°&#@!
—Asher profirió una serie de majaderías mientras se levantaba de golpe, pateando el suelo con furia.
—¿Por qué?
¿Por qué otra vez?
¡Maldición!
—exclamó Asher, su voz cargada de frustración mientras golpeaba el suelo con su puño.
Lo que Asher desconocía era que su condición, conocida como venas espirituales de cristal, hacía que sus conductos fueran cinco veces más delgados que los de cualquier persona normal.
Estos conductos tan delgados, no podían soportar las turbulencias naturales del flujo de Ki.
Ninguna técnica de cultivo era perfecta.
Por lo cual siempre habría irregularidades en la circulación y pequeñas colisiones de energía.
Eran estas imperfecciones, las que hacían que las venas espirituales de cristal, fueran una sentencia de fracaso absoluto para cualquier aspirante a artista marcial.
En toda la historia, nadie con esa condición había logrado superar esta limitación.
Pero Asher era tan terco, que las mulas solo podrían agachar la cabeza avergonzadas a su lado.
Después de calmarse, una determinación férrea reemplazó su enojo.
Se sentó con las piernas cruzadas y continuó intentándolo, cambiando el orden de circulación y ajustando la forma en que absorbía el Ki en cada intento.
Con cada fracaso, reparaba sus venas espirituales, y con cada reparación, aprendía algo nuevo.
De sus múltiples experiencias en torturas, Asher sabía que existían ciertos niveles de dolor, los peores serían sin dudas los que lastimaban al alma, este tipo de dolor era muchas veces más fuerte que el umbral máximo que se podía experimentar con el dolor físico, siendo tan doloroso que incluso él se estremecería al recordarlo.
En segunda instancia de dolor, se encontraba el de las partes del cuerpo relacionadas con el cultivo marcial, como los meridianos, las venas espirituales o el Dantian.
Si alguien causara daños a cualquiera de estas partes, el receptor sufriría un dolor muy superior incluso a la rotura de un hueso.
Si bien no eran tan fuertes como los dolores del alma, aun eran un nivel más que suficiente como para hacer enloquecer al más duro de los hombres, causando que hasta Asher soltara algunas veces algunos gemidos de dolor.
Pero aun así, no era suficiente para hacer que se diera por vencido.
De hecho, estaba un poco agradecido de que así fuera, ya que de esta manera no tendría que buscar constantemente lugares donde gastar su mala suerte.
Aunque sus venas espirituales se rompían repetidamente, y el dolor le arrancaba gemidos involuntarios, Asher no se rindió.
En lugar de eso, lo veía como un campo de batalla donde podía descargar su maldición.
Si iba a sufrir de todos modos, prefería dirigir ese sufrimiento hacia un propósito.
Años se convirtieron en décadas.
Décadas se transformaron en siglos.
Gracias a su dominio de la medicina espiritual, Asher aprendió a extender su vida utilizando elixires que fortalecían sus células y ralentizaban enormemente su envejecimiento.
Esto le permitió dedicar siglos enteros a perfeccionar su técnica.
Donde otros habrían abandonado tras unos pocos intentos, él persistió.
Cada fracaso le enseñaba algo nuevo, cada error revelaba un detalle que otros habrían pasado por alto.
El tiempo pasó, y los frutos de su arduo trabajo comenzaron a manifestarse.
Poco a poco, Asher logró estabilizar el flujo de Ki en sus venas espirituales.
Lo que antes era un torrente destructivo ahora se convirtió en un arroyo sereno.
Cada avance, aunque le costaba décadas, lo acercaba a su meta.
Después de siete siglos de interminables intentos, de incontables noches de dolor y sacrificio, Asher finalmente lo logró.
Forjo una técnica de cultivo perfecta, una obra maestra sin precedentes.
Nadie antes había conseguido una hazaña similar.
No porque fuera imposible, sino porque nadie había sido lo suficientemente insensato,o lo suficientemente fuerte, para soportar tanto sufrimiento.
Lo que antes era su condena, se convirtió en su mayor ventaja.
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