LA REENCARNACIÓN SUPREMA - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Capítulo 5 Insondable Parte 2 - Milenios de Forja
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27: Capítulo 5: Insondable (Parte 2) – Milenios de Forja 27: Capítulo 5: Insondable (Parte 2) – Milenios de Forja Poco después, Asher sintió una ola de energía surgir a través de su cuerpo mientras cada poro de su piel se abría, expulsando las impurezas acumuladas durante siglos.
Su piel comenzó a brillar con un tenue resplandor casi divino, mientras la energía vital lo transformaba desde adentro.
Normalmente, a medida que los artistas marciales cultivan y acumulan energía espiritual, también recolectan impurezas y bloqueos en sus meridianos y órganos internos.
Pero al entrar en la Primera Etapa, el cuerpo se somete a un proceso de purificación, eliminando esta suciedad y permitiendo que la energía fluya de manera suave y eficiente.
Asher se puso de pie lentamente, observando cómo las sombras de su sufrimiento parecían desvanecerse.
No pudo evitar reír: una risa profunda cargada de alivio.
Había hecho lo imposible.
—¿Lo ves?
—dijo al aire, como si hablara directamente con el dios que lo había condenado—.
No importa cuánto intentes detenerme…
siempre encontraré una manera.
Y esta vez, no había ni rastro de duda en su voz.
Por primera vez en toda su existencia, Asher sintió como si su cuerpo despertara de un sueño eterno.
Sus músculos, antes débiles y quebradizos, ahora parecían cobrar vida, tensándose con una fuerza desconocida.
Sus sentidos también se transformaron drásticamente; era como si una gruesa cortina que cubría su percepción del mundo hubiera sido arrancada.
Sus ojos capturaban cada detalle con claridad cristalina: las hojas temblando en la brisa, las motas de polvo bailando en el aire, los contornos afilados de las montañas distantes.
El viento susurraba en su oído con una profundidad que nunca antes había percibido, y podía escuchar su propio corazón resonando como tambores de guerra.
Mientras su cuerpo procesaba estos cambios, una nueva sensación brotó desde su interior.
Asher sintió algo en el centro de su abdomen: un punto de calor pulsante que parecía atraer todo el Ki que había absorbido.
El Dantian.
Este núcleo invisible e intangible era el centro de energía de todo artista marcial.
Por primera vez, Asher entendió verdaderamente lo que significaba estar en el camino del cultivo.
Había cruzado la barrera que separaba a los humanos comunes de aquellos que trascendían sus límites.
Ahora era un cultivador.
A pesar de la euforia que lo invadía, Asher no dejó que el orgullo nublara su mente.
Este logro, aunque monumental para él, era simplemente el primer paso.
Sabía que estaba al comienzo de un camino largo y arduo.
Estaba en el Primer Nivel del Reino Elemental, apenas un punto de partida en el vasto mundo del cultivo marcial.
Recordó los nombres de los reinos que le esperaban, como escalones hacia los cielos: [Lore: Reinos de Cultivo] – Reino Elemental – Reino Humano – Reino Tierra – Reino Cielo – Maestro Marcial – Ancestro Marcial – Emperador Marcial – Semidios – Reino Trascendente Cada uno representaba una barrera más alta, un abismo más profundo que cruzar.
Si cada paso hasta ahora había requerido siglos de sufrimiento, ¿cuánto más le costarían los siguientes?
Pero en lugar de intimidarlo, esa realidad lo emocionaba.
Asher sabía que su objetivo final no era simplemente sobrevivir o hacerse más fuerte; era alcanzar un nivel de poder tan absoluto que ni siquiera los dioses pudieran dictar su destino.
Apretó los puños, sintiendo la energía fluir a través de su cuerpo, y dejó escapar una leve sonrisa.
—Es solo el comienzo —murmuró, con voz firme y decidida.
Las vidas de Asher continuaron pasando.
Ahora que había descubierto cómo liberarse de su debilidad, era mucho más fácil lograrlo en cada una de sus existencias.
Y aunque no tenía talento, tenía Tiempo, así que usó todo lo que tenía para aumentar su nivel de cultivo.
Al principio, no pareció muy difícil.
Le tomó varios años pasar del primer nivel del Reino Elemental (Clase F) al último nivel del Reino Tierra (Clase D).
Pero cuando intentó pasar al siguiente reino, sintió una sensación extraña.
Era como si algo dentro de su alma lo estuviera presionando hacia abajo.
Al principio, intentó ignorarlo y continuó tratando de avanzar, pero cuanto más lo intentaba, más aumentaba la incomodidad, hasta convertirse en un dolor que se intensificaba poco a poco.
Aun así, no se resignó y siguió practicando, ignorando este problema gracias a su gran fuerza de voluntad.
Pero después de varias décadas de intentar avanzar, probando todo tipo de métodos, determinó que no había manera de ir más lejos.
Era como si dentro de su propia alma hubiera un muro insuperable impidiéndole el avance.
—¡Jajajaja!
Por supuesto.
Tenía que ser así —rió con una expresión tranquila, pero internamente estaba extremadamente abrumado.
Finalmente había confirmado algo que sospechaba desde hacía mucho tiempo.
La razón por la que no podía avanzar más era su Alma.
Cada característica física, talento y poder sobrenatural nacía del alma.
Su poder no podía aumentar más porque el talento de su alma era extremadamente bajo.
Finalmente entendió que no importaba cuánto entrenara su cuerpo y su Ki, nunca podría avanzar si no lograba mejorar las características de su alma.
Pero, ¿había alguna forma de lograr esto?
—Absolutamente imposible —dijo con voz desolada.
El conocimiento que Asher había acumulado de sus múltiples vidas no era despreciable, pero después de examinar todas sus memorias, llegó a una conclusión ominosa: Según su conocimiento, no había forma de que un ser vivo pudiera modificar su alma después del nacimiento.
La única forma en que cambiaba era cuando se reformaba en el Purgatorio después de la muerte.
Pero para Asher, esto era imposible ya que su alma nunca podía entrar al Purgatorio.
Bueno, en realidad, hay otra excepción, pensó.
—Artífice Astral —susurró, examinando la información que obtuvo del legado de su padre Arslan.
Según los registros del fundador, este talento se caracterizaba por tener un alma excepcionalmente maleable, capaz de adaptarse y cambiar su estructura sin colapsar.
Esta elasticidad única permitía al poseedor controlar y moldear no solo su propia alma, sino también las almas de otros.
Otorgaba habilidades como leer almas, ver a los muertos y, lo más impresionante, modificar talentos copiando o reformando los poderes de las almas retenidas dentro.
Otorgaría una ventaja abrumadora.
Desafortunadamente, había un problema grave.
Según las propias palabras del fundador, usar esta habilidad causaba un gran daño al usuario.
Requería una capacidad de procesamiento y coordinación que excedía los límites humanos.
Incluso intentar simular el estado mental requerido para tal manipulación causaba a Asher un desgaste mental extremo, llevándolo a un agotamiento profundo y una reducción en su agudeza mental.
—Es inútil.
Nada de esto me ayudará a modificar mi alma —dijo Asher descorazonado.
La evidencia indicaba que ser un Artífice Astral era un rasgo innato.
No podía ser aprendido ni transmitido.
—Maldición.
¿Realmente no puedo avanzar más?
Tal vez debería rendirme —susurró con voz desanimada.
Mantuvo un pequeño silencio, hasta que finalmente, explotó.
—¡Pfft, jajajaja!
¡Casi me lo creo yo mismo!
¡Ya quisieras, maldito Dios!
¡¿Realmente crees que después de llegar tan lejos, me rendiría por este pequeño obstáculo?!
—rió, mostrando un cambio abrupto de humor.
—¡Bien!
¡Entonces intentemos otro método!
Como no podía aumentar más su nivel marcial, decidió buscar otras formas de aumentar su poder.
Primero, recurrió a la Magia.
Pasó vidas enteras investigándola, convirtiéndose en Mago, aprendiendo a controlar elementos y leyes.
Pero cuando se preparó para formar su Tercer Círculo Mágico, su progreso se detuvo abruptamente, tal como con su entrenamiento de Ki.
Era cierto que tanto en la magia como en las artes marciales era necesario superar cierto nivel de talento para avanzar —talento del cual Asher carecía totalmente—.
Aun así, no se rindió.
Durante cientos de vidas, continuó intentando perfeccionar sus capacidades hasta el límite.
Cuando descubrió que no podía mejorar más en el dominio de una ley o elemento, simplemente cambiaba a otro.
Pero siempre sucedía lo mismo.
Era como si una barrera le impidiera avanzar sin importar lo que hiciera.
Siempre permanecía atascado en los niveles inferiores.
Cuando terminó de dominar cada disciplina de la magia, aprendió diferentes profesiones.
De esta manera, se convirtió en un maestro en Herrería, Alquimia, Creación de Formaciones e Inscripción.
Se dedicó a aprender cada oficio con una devoción inquebrantable.
En la Herrería, podía forjar armas de calidad inigualable; en la Alquimia, crear elixires que curaban heridas imposibles; y con las Formaciones e Inscripciones, establecer trampas mortales y grabar runas que canalizaban energías arcanas.
Desafortunadamente, incluso aquí su progreso estaba limitado.
Un herrero sin la fuerza suficiente no podía moldear los materiales más resistentes.
Un alquimista necesitaba Ki o Magia poderosa para combinar ingredientes raros.
Incluso las formaciones dependían de la fuerza energética del usuario.
A pesar de sus limitaciones, Asher no se rindió.
Continuó su búsqueda de conocimiento, explorando cada rincón del mundo.
Quizás el único poder donde Asher realmente logró un logro notable fue en las Artes de Adivinación.
Heredadas de su padre, estas artes le permitían discernir características de las almas.
Una vez que aprendió a leerlas correctamente, Asher podía determinar las capacidades y talentos de cualquier ser vivo con solo un vistazo.
Sin embargo, la adivinación no proporcionaba fuerza física ni poder de combate real.
En conclusión, aunque Asher entendía perfectamente cada detalle de cómo funcionaban las leyes universales, no tenía los medios para explotar su máximo potencial debido a las limitaciones de su propia alma.
Tenía Técnica y Conocimiento, pero carecía de la Sustancia necesaria para convertirlos en poder tangible.
A lo largo de cientos de vidas, su poder se consolidó gradualmente.
Su comprensión de las leyes que gobernaban el universo se profundizó hasta tal punto que parecían fusionarse con su propio ser.
Con el tiempo, cada técnica se convirtió en una extensión natural de sí mismo.
Asher había alcanzado un estado donde sus habilidades eran una segunda naturaleza.
Su mente ya no necesitaba dirigir cada acción.
En su lugar, su Instinto tomaba el control.
Esto le permitía concentrarse en la estrategia y anticipar los movimientos de sus oponentes, otorgándole una ventaja crucial en cualquier confrontación.
Esta maestría, obtenida a través de una práctica interminable, se convirtió en el otro pilar de su poder.
El límite actual de su verdadera fuerza…
ni siquiera él lo entendía.
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