LA REENCARNACIÓN SUPREMA - Capítulo 32
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Capítulo 32: Capitulo 6: Nihilidad (Part 1) – Sombras de Muerte
Una presión abrumadora se extendió por la sala, haciendo que el sudor empezara a escurrir por la frente de los tres generales.
Incluso Zhen y Kai se sintieron un poco presionados. No había duda de que el sujeto que acababa de llegar era formidable.
—Gran Maestro, discúlpenos, por favor. Aún no nos hemos encargado de los invasores —dijo algo nervioso el tercer general, mientras se dirigía respetuosamente hacia el recién llegado.
—No hace falta. Puedo darme cuenta de que no serían capaces de vencerlos —dijo el Gran Maestro, mientras posaba su mirada en los dos invasores.
Inmediatamente después, se colocó frente a los generales y habló con voz imponente: —Conozco a todas las figuras más poderosas entre los artistas marciales, pero nunca he visto a ninguno de ustedes. ¿Son practicantes ocultos del Reino Marcial Divino?
Zhen y Kai permanecieron en silencio por unos segundos, hasta que Kai se adelantó y respondió, observándolo con recelo:
—No. Nosotros somos de sectas marciales de este planeta.
—Interesante. Si ese es el caso, no hay necesidad de que seamos enemigos. Su fuerza es sobresaliente, hasta el punto de que parecen capaces de pelear contra enemigos de mayor nivel. Para haber llegado a este punto en un planeta como este, su talento es más que increíble. Es una lástima que esté siendo desperdiciado en un lugar así.
—¿Qué tal esto? Les prometo que, si acceden a unirse a mi imperio, no solo perdonaré a este planeta, sino que también les otorgaré cargos de generales en mi ejército. Con ello podrán acceder al mejor equipamiento y a recursos de cultivo que incluso los artistas marciales del Reino Marcial Divino envidiarían.
Zhen y Kai escucharon esas palabras, pero después de conocer a Asher habían disfrutado de recursos de una calidad tan alta que no se sintieron tentados en lo más mínimo. Además, ambos tenían un sentido de justicia alineado con el bien. Jamás se unirían a un imperio que era conocido por causar masacres y sufrimiento allá a donde fueran.
—Jajaja, ¿así que quieren que nos convirtamos en generales? Creo que eso es muy poco. ¿Qué tal esto? Aceptaré si me ofreces tu puesto y te vuelves mi subordinado —dijo Zhen mientras lanzaba una carcajada.
—¡Bastardos! ¿Cómo se atreven a hablarle así al Gran Maestro? ¡Ahora mismo les cortaré la cabeza para arrojárselas a los perros! —gritó enfurecido el general del Sexto Regimiento.
Sin esperar órdenes, el general desenvainó una espada carmesí que irradiaba un calor abrasador y se lanzó al ataque, dejando una estela de fuego en el aire.
Por su parte, el Maestro Xin no mostró ni un rastro de furia. Observó en silencio, con absoluta calma, curioso por ver el resultado.
Zhen ni siquiera parpadeó.
«Mm, su flujo de ki indica un ataque lateral con gran concentración del elemento fuego en el filo. Ja, qué ataque tan simple y lleno de aperturas», pensó Zhen, analizando la técnica enemiga en una fracción de segundo gracias a las enseñanzas de Asher.
No se movió. Permaneció estático, con los brazos cruzados, hasta que la hoja ardiente estuvo a solo medio metro de su cuello.
¡ZAS!
En un movimiento que desafió la percepción visual, Zhen bajó el codo derecho y elevó la rodilla derecha simultáneamente. La velocidad fue tan abrumadora que generó un vacío en el aire, apagando las llamas de la espada al instante por falta de oxígeno.
El general del Sexto Regimiento no vio nada. Lo único que supo fue que su avance se detuvo en seco. Su espada, una reliquia de grado celestial, estaba atrapada firmemente entre el codo y la rodilla de Zhen, inmovilizada como si estuviera soldada a una montaña.
—¿Qué…? —el general tiró del arma con todas sus fuerzas, pero no se movió ni un milímetro—. ¡Suéltala, desgraciado!
Zhen lo miró a los ojos con una sonrisa burlona.
—Como quieras.
Zhen liberó la presión de golpe.
El general, que estaba tirando con toda su fuerza y ki, perdió el equilibrio violentamente ante la repentina falta de resistencia. Tropezó hacia atrás, agitando los brazos de forma casi cómica para no caer.
El rostro del general se tiñó de un rojo intenso, una mezcla de vergüenza y furia asesina.
—¡TE MATARÉ! —rugió, empuñando su espada con ambas manos mientras su ki estallaba como un volcán en erupción.
El cielo se tiñó de rojo. El general canalizó toda su esencia vital en un solo golpe definitivo.
—¡ARTE FINAL: INCINERADOR DEL CIELO!
Una ola de un fuego carmesí que parecía ser capaz de derretir rocas a distancia, descendió sobre Zhen. El aire se calcinó al instante, e incluso las ropas de algunos guardias de bajo nivel, se encendieron en llamas espontáneamente, mientras les causaban graves quemaduras.
Zhen vió en camara lenta como el ataque descendía, cuando su puño salió disparado hacia el pecho de su oponente.
«¡Jajaja, estás perdido!», pensó el general con regocijo sádico. «¡Mi ataque te incinerara antes de que su puño pueda siquiera rozarme!»
A unos metros de distancia, Kai suspiró y negó con la cabeza, cruzándose de brazos.
«Qué idiota. Ni siquiera se dio cuenta de que su arma sufrió daños severos en el intercambio anterior. Esto terminará pronto», pensó Kai con aburrida calma.
¡CRACK!
El sonido fue ensordecedor, pero no fue el de la carne siendo rebanada, sino el del metal divino cediendo ante su propio límite estructural.
La espada del general aterrizó en el hombro de Zhen con una fuerza titánica. Sin embargo, el arma había sufrido una microfractura fatal cuando Zhen la atrapó anteriormente. Incapaz de soportar la fuerza de reacción del impacto contra el robusto cuerpo del discípulo, la hoja debilitada se partió en dos pedazos sin dejar siquiera un rasguño en la piel de su objetivo.
En ese mismo y exacto instante, el puño de Zhen conectó.
No hubo resistencia alguna. El brazo de Zhen atravesó la armadura plateada, la piel, los músculos y las costillas como si fueran papel mojado, saliendo limpiamente por la espalda del general.
El fuego en el aire se disipó instantáneamente. El general miró hacia abajo, con los ojos desorbitados, observando el enorme agujero sangriento donde solía estar su corazón.
—No es posib… —intentó decir, pero la sangre brotó a borbotones de su boca, ahogando sus últimas palabras.
Zhen retiró su brazo con un movimiento seco, sacudiendo la sangre de su mano con indiferencia.
El cuerpo del general del Sexto Regimiento colapsó contra el suelo, inerte. No había duda alguna de que estaba muerto antes de tocar la tierra.
—Demasiado frágil —murmuró Zhen, mirando el cadáver con decepción—. ¿Y estos son tus generales? Espero que tú dures un poco más.
El Maestro Xin no mostró ningún tipo de furia, como si el que acababa de morir fuera un completo desconocido. En cambio, su curiosidad se acentuó mientras miraba a Zhen.
«Interesante. Es capaz de matar a un general que lo supera en un nivel con facilidad».
Aunque hubo cierto descuido por parte del general del Sexto Regimiento, matar a un semidiós no era nada fácil. A un practicante normal le sería difícil incluso si lo superara en dos o tres niveles. Incluso él mismo tendría dificultades para lograr una hazaña similar.
«Su talento debe ser solo un poco inferior a el de Tian… ¿o quizás lo iguale? Lo mejor será que los pruebe yo mismo».
Una milésima de segundo después, ya estaba encima de Zhen y un gigantesco puño de ki negro como el alquitrán cayó sobre él.
Zhen apenas pudo reaccionar a tiempo y levantó su guardia para defenderse lo mejor que pudo, pero al enfrentarse al ataque supo que no aguantaría mucho.
La presión del golpe hizo que el suelo reforzado del arca empezara a ceder, mientras los brazos de Zhen apenas podían resistir. Justo cuando pensó que sería aplastado, la presión desapareció.
Kai había reaccionado, atacando al Maestro Xin con su espada en un intento de cortarle la cabeza. Lastimosamente cuando su ataque aterrizó, solo logró rozar una imagen residual en el aire.
Al instante siguiente, sintió una presión abrumadora en la espalda. Instintivamente, su brazo se movió lo más rápido que pudo mientras giraba su espada para defenderse.
¡Clank!
El agudo sonido de una espada chocando contra el guante de una armadura resonó en toda la gigantesca sala, y Kai no pudo evitar salir despedido por la absurda fuerza del impacto. Voló casi un kilómetro por el aire antes de estrellarse contra uno de los muros internos del arca.
Por suerte, las dimensiones colosales de la nave le dieron tiempo suficiente para reorientarse en el aire y aterrizar apoyando ambas piernas, por lo que no resultó gravemente herido. Aun así, el impacto hizo que sus pies dejaran profundas abolladuras en las impenetrables paredes de metal.
Por su parte, Zhen ya se había recuperado y se lanzó de nuevo a la ofensiva, con su brazo rodeado por una energía peculiar y distorsionada.
—[Peak Time Law: Void echo] —anunció Zhen.
El Maestro Xin lo miró con calma y simplemente usó la palma abierta para recibir el puño. El impacto frontal fue completamente frenado y desviado hacia un lado, desequilibrando a su oponente.
Pero cuando se dispuso a contraatacar, notó algo extraño y su instinto, afilado por miles de batallas, le advirtió de un peligro inminente. Movió la cabeza instintivamente a un lado y, al instante siguiente, un poderoso impacto rozó su rostro, dejando una pequeña herida sangrante.
Zhen intentó aprovechar la confusión para dar seguimiento a su ataque, pero su oponente lanzó una ráfaga de ki negro que lo obligó a retroceder de un salto.
El Maestro Xin tocó la herida de su rostro mientras la comprensión parecía alcanzarlo.
—Es una técnica interesante. No se me había ocurrido que la Ley del Tiempo pudiera usarse de esta manera —dijo, acariciándose la barbilla—. Tu golpe físico existe simultáneamente en dos instantes distintos del flujo temporal. Así que, si bloqueo el primero y bajo la guardia, seré irremediablemente alcanzado por el “eco” del futuro, ¿cierto?
Zhen miró a Xin con evidente sorpresa. No había esperado que descubriera tan rápido la compleja naturaleza de su técnica. Su experiencia de combate debía ser incomparable, salvo por una única excepción, claro está.
—Me asombra que lo hayas descubierto. Eres la segunda persona que ha sido capaz de descifrarlo tan rápido.
—Oh… ¿y quién fue la primera? —preguntó Xin con genuina curiosidad.
Él conocía a todas las figuras célebres del universo, y sabía con absoluta certeza que su experiencia los superaba ampliamente a todos. Después de todo, había vivido casi tres veces más que cualquiera de ellos, gracias al uso de técnicas oscuras prohibidas y a los masivos sacrificios vitales de razas enteras.
—Obviamente, esa persona es nuestro Maestro —dijo Zhen, con un profundo orgullo impregnando su voz.
—Interesante. ¿Quizás su maestro sea el Soberano de las Arenas Eternas? —preguntó Xin. Era el único experto en la Ley del Tiempo que conocía con tal nivel.
—Ja. Estoy seguro de que ese viejo no es digno ni de limpiar el suelo por dónde camina nuestro Maestro —intervino Kai, quien acababa de regresar de un salto desde el otro extremo de la sala.
—¡Pff, jajaja! Mira qué tonterías dicen estos imbéciles. El Anciano de las Arenas Eternas es conocido por ser un experto de un nivel tan alto que solo sería segundo a nuestro Gran Maestro Xin. Sin embargo, pretenden decir que su maestro es capaz de superarlo ampliamente. Deben de ser unos simples campesinos de un mundo rural que no conocen nada de lo que hay fuera de su pequeño pozo. —se burló el general del Quinto Regimiento.
—Cállate, basura. Solo dices eso porque no has visto de lo que es capaz nuestro Maestro —gruñó Zhen.
—¿Y dónde está ese “supuesto Maestro”? —retó el general—. Probablemente esté tan asustado que ni siquiera se atreva a dar la cara.
—Ja, lo más probable es que el Maestro ya esté aquí y nos esté observando en silencio ahora mismo. Tienen suerte de que sea un hombre muy pacifista y no desee ensuciarse las manos involucrándose en conflictos mundanos —respondió Kai, esbozando una sonrisa cargada de arrogante confianza.
***
Mientras tanto, a unos cuantos miles de metros más abajo…
—Malditos… hijos de pe… rra… ¿Por qué dia… blos no me llevaron? —jadeó Asher, agotando su energía mientras intentaba alcanzar la nave en el cielo—. Ya verán… les haré llo… rar sangre en su siguiente entrena… miento…
***
—En fin. Es una verdadera pena que no tengan la inteligencia suficiente para unirse a nuestro imperio… supongo que tendré que borrarlos de la existencia —dijo el Maestro Xin tras un suspiro, con una voz cargada de una indiferencia aterradora.
De pronto, el aire alrededor de su rostro pareció fracturarse. Unas grietas de oscuridad líquida brotaron de sus sienes, extendiéndose por sus mejillas como raíces venenosas que palpitaban con un brillo purpúreo.
[6th Verse of the Dark Tome: Abyssal Marks]
—¡Oh! ¡El Maestro va a liberar las Marcas del Abismo! —exclamó el General del Quinto Regimiento, con una mezcla de éxtasis y terror—. El destino de esos necios ya ha sido sellado por el vacío.
—Es cierto —añadió el General del Tercer Regimiento, cuya voz temblaba ligeramente—. No lo había visto usar esa transformación desde que enfrentó él solo a los tres Maestros más fuertes del Reino Marcial Divino. Se dice que el Gran Maestro es capaz de extraer el 80% del potencial de esta técnica… ningún otro ser en el Imperio ha logrado tal proeza.
«Aunque se rumorea que el joven Maestro Tian puede alcanzar el potencial absoluto», añadió para sí mismo en el silencio de su mente.
Mientras los generales hablaban, el Ki de Xin dejó de ser una presión para convertirse en una sustancia. El aire se volvió espeso, aceitoso, dificultando cada inhalación. Zhen y Kai sintieron que el sudor se enfriaba en sus rostros, pero no apartaron la vista.
—Esto es malo, Zhen —advirtió Kai, con la mandíbula tensa—. Es mucho más fuerte de lo que imaginamos. Mantén tu Ki circulando en su máxima frecuencia y no bajes la guardia ni un instante… o este será nuestro fin.
Zhen no respondió. No necesitaba hacerlo. Sus ojos reflejaban una concentración absoluta, la calma antes de la tormenta.
¡Zas!
El Maestro Xin no se movió, simplemente dejó de estar lejos. Un estallido sónico desgarró el aire cuando su puño, envuelto en una negrura absoluta, se dirigió a la sien de Kai con una potencia capaz de pulverizar lunas.
Xin vio el impacto en su mente, la cabeza de su rival explotando en una nube de Ki. Pero entonces, la realidad se volvió bizarra. Sintió que su puño atravesaba el espacio, pero no encontraba el blanco. Era como si Kai estuviera allí, pero sus coordenadas espaciales hubieran sido reescritas.
—[Peak Space Law: Chaotic Space] —exclamó Kai.
Alrededor de Kai, el espacio se había plegado sobre sí mismo en ángulos imposibles. La imagen de Kai se distorsionó, alargándose y comprimiéndose como un reflejo en un espejo roto. Xin observó con genuino interés cómo sus propios nudillos parecían curvarse en direcciones opuestas a su sentido común al entrar en el rango de la técnica.
—¡Que técnica tan interesante! —exclamó Xin, soltando una carcajada—¡Déjame ver qué más puedes ofrecer!
Xin se lanzó de nuevo, descargando una ráfaga de golpes, pero el espacio caótico de Kai los desviaba todos. Las trayectorias de los ataques se volvían erráticas, saliendo disparadas hacia los lados o hacia arriba.
—Jajaja, ¡increíble! —Xin detuvo su ráfaga y extendió sus dedos como garras—. Veamos cómo lidias con esto.
[5th Verse of the Dark Tome: Onyx Leviathan Claws]
Dos colosales garras de Ki negro, con el aspecto de extremidades demoníacas de un abismo olvidado, se materializaron en el vacío. Con un movimiento de pinza, se cerraron sobre Kai para aplastarlo como a un insecto. Kai intentó desplazarse, pero la presión gravitatoria de las garras era tan inmensa que sus movimientos se volvieron pesados.
Justo cuando las garras estaban a punto de colisionar, el entorno cambió.
—[Peak Time Law: Temporal Swamp] —exclamó Zhen mientras se acercaba.
El aire alrededor del ataque de Xin se volvió espeso, casi sólido. Las garras de ónice, que se movían a velocidades lumínicas, parecieron entrar en un mar de lodo invisible. Su avance se ralentizó drásticamente, permitiendo que Kai se deslizara fuera del área de impacto justo a tiempo.
¡BOOM!
Las garras chocaron entre sí con un estruendo que sacudió los cimientos del Arca, pero su objetivo ya se encontraba a diez metros de distancia.
«Otra técnica de alto nivel… estos sujetos tienen un control incomparable sobre sus leyes”, pensó Xin, y por primera vez, su serenidad eterna comenzó a mostrar una grieta de inquietud. Si sobreviven, pueden llegar a ser una gran amenaza para nuestro imperio ».
Sin perder tiempo, el Gran Maestro Xin se lanzó con su máxima velocidad hacia Zhen, pero cuando se acerco, sintió como su cuerpo se ralentizara, no solo eso, la velocidad de circulación de su energía, e incluso sus pensamientos parecían haber sufrido un destino similar.
Aun así, la fuerza bruta de Xin era tal que su velocidad seguía siendo espantosa. Zhen apenas logró esquivar un tajo ascendente que le cortó algunos mechones de cabello. El Maestro Xin no se detuvo y continúo lanzando varios ataques
— [3rd Verse of the Dark Tome: Ebony Void Step]
Xin desapareció, tragado por el suelo de sombras, y reapareció instantáneamente en el punto ciego de ambos discípulos. En su mano se materializó una hoja de oscuridad pura, tan vasta que parecía capaz de dividir el horizonte.
— [1st Verse of the Dark Tome: Dark immortal sword]
Lanzó un tajo horizontal absoluto. El ataque, cargado con el peso de la muerte, se ralentizó momentáneamente por la influencia del Ki de Zhen, dándole a Kai el tiempo necesario para torcer el espacio con violencia para desviar la hoja.
Aún así, el tajo rozó el hombro de Kai y la espalda de Zhen antes de continuar su camino, dejando una cicatriz kilométrica en el casco del Arca.
Pero Zhen y Kai no tuvieron tiempo de apreciarla ya que el ki del gran maestro Xin se estaba incrementando nuevamente.
— [7th Verse of the Dark Tome: Blasphemous Black Sun]
Las sombras se extendieron como tentáculos, envolviendo a Zhen y Kai en una esfera perfecta de oscuridad absoluta que bloqueó la luz de las estrellas. Los discípulos quedaron atrapados en un vacío donde sus sentidos dejaron de funcionar.
Xin comenzó a cerrar sus palmas lentamente. En respuesta, el “Sol Negro” comenzó a contraerse, consumiendo todo en su interior.
—Es el fin. Nadie ha logrado escapar jamás del Sol Negro —sentenció el General del Tercer Regimiento—. Incluso dos Semidioses Pico perecieron dentro de esa técnica… estos campesinos no tienen esperanza.
Bajo la mirada impasible del Gran Maestro, la esfera se redujo con una velocidad aterradora, devorando la materia y la luz, hasta que finalmente implosionó sobre sí misma.
El siniestro estallido dejó tras de sí un vacío esférico y absoluto en la cubierta del Arca, borrando de un plumazo cualquier rastro de presencia. En el tenso y sepulcral silencio que siguió a la destrucción, no quedó ni una sola brizna de ki plateado o dorado flotando en el ambiente.
Allí donde segundos antes estaban los discípulos, solo quedó la silenciosa y abrumadora evidencia de la nada absoluta.
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