LA REENCARNACIÓN SUPREMA - Capítulo 33
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Capítulo 33: Capitulo 6: Nihilidad (Parte 2) – Peso de la Eternidad
El silencio que siguió a la implosión del Sol Negro era absoluto. El Gran Maestro Xin permanecía con las palmas aún extendidas, observando el punto donde el espacio mismo había sido devorado. En su rostro, las Marcas Abisales palpitaban con un fulgor violento, sin embargo, la satisfacción no llegaba a calar en su rostro.
—Finalmente —murmuró el General del Tercer Regimiento, soltando un suspiro de alivio que le devolvió el color al rostro—. No ha quedado ni un rastro de su existencia.
El Maestro Xin, sin embargo, no bajó la guardia. Sus ojos se estrecharon. Él no sentía el rastro de la muerte. Cuando un guerrero perece, hay una disipación de energía, un último eco de esencia vital que se funde con el universo. Aquí, solo había… nada.
—Revisen los alrededores con sus artes de detección —ordenó Xin, su voz cortando el aire como una cuchilla.
—Pero Gran Maestro, es imposible que…
—¡HÁGANLO! —rugió Xin, y el metal bajo sus pies se retorció ante el estallido de su Ki.
A unos pocos kilómetros de distancia, en la cima de una montaña, el aire se rasgó con un destello plateado. Dos figuras rodaron por el suelo, jadeando violentamente.
Zhen se puso de pie con dificultad, apoyándose en su rodilla. Su ropa estaba chamuscada y restos de oscuridad todavía se aferraban a sus hombros como cenizas incendiarias. A su lado, Kai mantenía una mano en el suelo, mientras luchaba por recuperar el aliento.
—Eso estuvo… demasiado cerca —tosió Zhen, escupiendo un poco de sangre—. Si hubieras tardado un instante más en abrir ese portal, nos habríamos convertido en comida para ese sol de mierda.
Kai no respondió de inmediato. Sus ojos todavía brillaban con la luz de la ley que acababa de invocar.
[Peak Space Law: Gate]
En el último momento Kai había logrado plegar dos puntos del espacio, para crear un portal que le permitió escapar en el momento exacto en que el Sol Negro alcanzaba su punto crítico.
—No celebres todavía —dijo Kai, recuperando el aliento—. Es imposible que esto pueda engañar a ese sujeto. Aprovecha este tiempo para recuperarte, la batalla continuará pronto.
—Lo sé —Zhen esbozó una sonrisa feroz mientras su Ki dorado comenzaba a arder de nuevo.
***
Mientras tanto, en un sector alejado del Arca, una mano temblorosa y cubierta de sudor se aferró al borde de una brecha. Asher, con el cabello revuelto y la túnica desordenada que apenas colgaba de sus hombros, se impulsó hacia el interior con un último gemido de esfuerzo.
—Por… fin… —jadeó, dejándose caer de bruces sobre el frío metal mientras intentaba recuperar el aire que sus pulmones ya no recordaban cómo procesar —. Esos… mocosos… juro que los haré…
Se puso de pie con la dignidad de un gato mojado, mientras sus ojos escudriñaban el pasillo, esperando encontrar una horda de soldados imperiales.
Sin embargo, el silencio era absoluto. No había guardias. No había generales. Ni siquiera había un perro sarnoso para ladrarle.
Asher parpadeó, confundido y enfocó sus sentidos para notar como toda la flota enemiga se habían movido a kilómetros de distancia hacia abajo.
—¡Hijos de P…!
***
Mientras descendía del Arca, Xin cerró los ojos, ignorando los murmullos de sus generales. No necesitaba espejos de adivinación ni el reporte de sus subordinados.
—El espacio todavía vibra con su cobardía —siseó Xin.
En un parpadeo, su figura se deshizo en una nube de cenizas negras que fueron succionadas por las sombras del suelo.
Kilómetros más allá, en la cima de la montaña, Zhen y Kai apenas terminaban de estabilizar su Ki cuando la atmósfera cambió.
Las sombras de las columnas comenzaron a alargarse de forma antinatural, retorciéndose como serpientes hambrientas hacia sus pies. La temperatura descendió de golpe.
—Tan rápido… —susurró Kai, desenvainando su espada mientras sus nudillos se volvían blancos por la presión.
Del centro de una mancha de oscuridad absoluta que brotaba del suelo, la figura del Gran Maestro Xin emergió con la lentitud de un espectro surgiendo de una tumba.
—Es un truco de escape admirable —dijo Xin, su voz resonando mientras su figura se materializaba—. Pero deben entender algo. En este lugar, no hay rincón donde puedan esconderse de mi.
Xin levantó su aura, y la sola intención asesina fue suficiente para que Zhen y Kai sintieran como si su peso se triplicara, obligándolos a clavar sus pies en la roca para no caer de rodillas.
***
—Maestro Ziranis, por favor vuelva sabe que no puede estar demasiado tiempo fuera de su cámara medicinal, de lo contrario es probable que su fuerza vital se agote extremadamente rápido —dijo una joven sirvienta, mientras instaba al decrépito anciano a detenerse.
—Silencio, muchacha tonta… cof cof, como es posible que me quede tranquilo cuando… cof, cof, nuestro Gran Maestro está luchando. Cof, cof, definitivamente tengo que verlo con mis propios ojos —respondió el anciano, mientras no podía evitar toser entre cada frase.
Aunque su cuerpo parecía estar al borde del colapso, sus ojos seguían teniendo un brillo vivaz de anhelo.
***
En tierra la pelea se había reanudado.
Aunque Zhen y Kai seguían en el lado perdedor en todos sus intercambios, lo cierto era que el Gran Maestro Xin tampoco estaba en una situación muy ventajosa.
Después de todo usar las marcas abisales tenían un elevado costo energético, que ya había drenado la mitad de su energía, aunque parecía que sus oponentes estaban en una situación ligeramente peor, si continuaba a este ritmo no podía asegurar que obtendría la victoria.
Además si bien su cuerpo aún se veía robusto y poderoso, lo cierto era que la vejez ya había comenzado a causar que su resistencia y fuerza comiencen a disminuir, sumando más puntos a su preocupación.
En un lado los general del tercer y quinto regimiento los alcanzado, pero mientras observaban la batalla, habian empezando a angustiarse.
—Parece que el Gran maestro Xin está Comenzando a agotarse —dijo de repente el quinto general mientras un sentimiento inquietante se empezaba ha acentuar en su rostro.
El general del tercer regimiento no respondió pero su mirada dejaba entender que tenía la misma preocupación.
—¿Quizás deberíamos intervenir? —cuestionó el quinto general.
—Ah, quizás tengas razón, pero no hace falta que intervengas. Tu fuerza no es suficiente como para causar un desbalance notable, y no eres lo suficientemente hábil como para escapar si te ves en una situación peligrosa. Déjame actuar a mí.
Aunque está frase podría parecer humillante para el general del quinto regimiento, lo cierto era que estaba totalmente de acuerdo.
En esta batalla donde poderes de tan alto nivel chocaban constantemente a velocidades vertiginosas, él apenas era capaz de ver vagamente las siluetas de los participantes, y si trataba de intervenir era muy probable que terminara perdiendo la mitad de su vida.
Por lo cual estuvo de acuerdo de inmediato y no se sintió para nada ofendido.
—Estaré atento para encontrar el momento adecuado para intervenir.
***
Mientras tanto la batalla continúo causando estragos en el paisaje, hasta el punto que cinco montañas habían desaparecido junto con el bosque circundante, dejando solo un páramo destruido a la vista.
Ambos bandos se miraban fijamente mientras respiraban agitadamente. Zhen y Kai lucian incluso más lamentables debido a las varias heridas sangrantes que habían acumulado.
A pesar de todo, Zhen aún se mantenía en pie ligeramente tembloroso.
En comparación la condición de Kai parecía estar aún peor. Él parecía agotado mientras soportaba su peso usando su espada como bastón, apoyando a su vez una de sus rodillas en el suelo.
Xin observó a Kai con una frialdad absoluta, relajando ligeramente su posición.
—Debo admitirlo, su tenacidad es… inesperada —dijo Xin, su voz vibrando con una calma inquietante que contrastaba con la destrucción a su alrededor.
—Han logrado aguantar tanto tiempo. Pero su tenacidad es solo un camino más largo hacia la tumba. ¿Realmente creen que tienen alguna probabilidad de victoria?
Mientras sus palabras captaban la atención de los discípulos, la sombra de Xin bajo sus pies se estiró de forma imperceptible, fundiéndose con las grietas de la roca calcinada. El Ki negro se escurrió como aceite líquido, moviéndose en contra de la luz, rodeando la posición de Kai por los puntos ciegos de su visión.
—Están solos en este páramo —sentenció Xin, y en ese instante, el Ki sombrío saltó desde el suelo.
[2nd Verse of the Dark Tome: Obsidian Tendrils of the Abyss]
En ese momento notó como un Ki negro se arrastró por el suelo formando unas cadenas negras atándose a sus tobillos.
—¿Qué? —un cuestionamiento de sorpresa salió de su boca, cuando se encontró restringido.
Antes de que tuviera tiempo de recuperarse notó como un peligro inmenso se abalanzaba sobre él.
El Gran Maestro Xin no había perdido ni un instante para cargar contra él, en el momento que fue atrapado.
Por suerte Zhen no iba a quedarse quieto mirando este desarrollo y rápidamente se interpuso, lanzando sus mejores ataques para detener la carga de su enemigo.
Sin embargo…
«¡Esta es mi oportunidad!» pensó con malicia el general del tercer regimiento mientras su figura se desdibujaba, lanzándose al ataque. Su objetivo era claramente Kai.
Para ello llevaba un tiempo concentrando sigilosamente su Ki en su espada, esperando el instante en que los ojos de los discípulos se fijaran únicamente en el Gran Maestro. Y por fin, el momento había llegado. En el fragor de la batalla, el General vio cómo Kai parecía ignorar su presencia, totalmente centrado en la carga de Xin.
Sin embargo, detrás de la mirada supuestamente indefensa de Kai, un recuerdo nítido de dolor y sabiduría se activó como un mecanismo de defensa.
El eco de una voz sarcástica pero certera resonó en su mente con la claridad de una campana, transportándolo a un entrenamiento de hace meses…
***
—Finalmente su control sobre sus leyes a alcanzado un nivel aceptable —dijo Asher, aunque su rostro no mostraba satisfacción alguna.
Zhen y Kai sonrieron ante este pequeño elogio, permitiéndose un segundo de alivio. Pero la voz de Asher volvió a golpear, más fría que antes.
—Y sin embargo siguen siendo vulnerables y descuidados. Hasta el punto que no sé cómo han sobrevivido hasta el día de hoy.
Con esa frase, la sonrisa en las caras de los discípulos se invirtió totalmente.
—Pero maestro, nuestra defensa también ha mejorado mucho durante este periodo —replico Zhen.
—¿Eso crees?, bien, demuéstralo. Kai lánzale un ataque.
Casi no había terminado de articular la frase, pero Kai ya había lanzado un golpe relámpago directo a la cara de Zhen.
Zhen casi no tuvo tiempo de reaccionar pero aun así fue capaz de mover su mano para atrapar el puño de Zhen.
¡Paf!
Un anonadado Zhen de pronto se tocó su mejilla izquierda que acababa de ser abofeteada por su maestro.
—Lo vez, te centraste tanto en el ataque de Kai, que ni siquiera notaste cuando mi mano se desplazó para golpearte.
Luego de lanzar un suspiro continuo —Ese es su problema, concentran su atención demasiado, por lo cual son vulnerables a ataques externos. ¿Creen que en un campo de batalla sus enemigos los esperarán en fila para un duelo justo? ¡Por supuesto que no! Los apuñalarán por la espalda mientras están ocupados celebrando su propia fuerza.
—Deben de ser más astutos y estar al tanto de todo lo que sucede en su entorno, solo de esa manera no serán tomados por sorpresa y podrán aprovechar todos estos factores a su favor.
—A partir de ahora, intervendré en cualquier momento de sus combates. Si logro tocarlos, significa que están muertos. Y si están muertos para mí, tendrán que “resucitar” ayudándome en la forja durante un mes como castigo.
Una cara de pánico apareció en ambos discípulos cuando escucharon eso, mientras se estremecían como si recordarán una experiencia traumática.
—Pero definitivamente no lo volveré a hacer tan fuerte — susurro Asher de manera casi imperceptible, mientras escondía su mano detrás de su espalda, para evitar que notarán su muñeca rota.
***
Aunque Zhen y Kai en su momento odiaron ese entrenamiento, actualmente estaban muy agradecido con su maestro, ya que fue esto lo que hizo que sus sentidos se expandieran violentamente en el presente.
De esta manera, mientras el General del Tercer Regimiento creía estar moviéndose en un punto ciego, ambos ya lo estaban “viendo” con la piel, con el aire, con el instinto.
La sangre brotó en un chorro denso y oscuro, tiñendo el suelo mientras el general del Tercer Regimiento se quedaba petrificado, incapaz de procesar la realidad.
Hace apenas un latido, su mente celebraba la gloria de haber eliminado a uno de esos molestos oponentes, sin embargo, la herida en su pecho le indico que la realidad era distinta.
Lo que más le desconcertaba no era el fin de su vida, sino la naturaleza del ataque: un puño de Ki negro, absoluto y devastador, le había atravesado el torso de lado a lado.
Reconocía esa energía. Pertenecía, sin lugar a dudas, al Gran Maestro Xin. La confusión fue su último pensamiento antes de que la luz se apagara en sus ojos y su cuerpo colapsara, convertido en un despojo inerte sobre el páramo.
A pocos metros, el Gran Maestro Xin permanecía en un estado de perplejidad absoluta. Su brazo derecho estaba sumergido hasta el codo en un portal dimensional, mientras que la espada divina del Tercer General le atravesaba el hombro izquierdo, derramando una sangre purpúrea que siseaba al contacto con el aire.
La ejecución de la trampa había sido quirúrgica.
Kai había interpretado su papel a la perfección.
Primero fingió un agotamiento terminal para tentar a Xin, mostrando una desesperación falsa al verse atrapado por las cadenas de sombras. Pero mientras el mundo creía que estaba indefenso, Kai estaba tejiendo la red.
En el instante preciso en que ambos ataques convergieron, Kai plegó el espacio con una maestría violenta, creando un nexo que conectaba su propia espalda con el frente de Zhen.
El resultado fue que el golpe de Xin, destinado a Kai, fue redirigido por el portal para aniquilar a su propio general. Simultáneamente, la estocada del general, que buscaba el corazón de Kai, emergió frente a Zhen solo para ser desviada hacia el hombro de un Xin totalmente desprevenido.
En un solo movimiento, los discípulos habían matado a el general enemigo y herido gravemente a la leyenda del Imperio.
—¿Qué? —Incluso el experimentado Maestro Xin no había previsto que algo así pudiera ocurrir por lo que no pudo evitar soltar un murmullo con confusión.
Pero Zhen no se iba a quedar de brazos cruzados y aprovecho este momento para lanzar un ataque relámpago con decisión de aniquilar a su enemigo.
El Gran Maestro Xin se movió para tratar de defenderse, pero la herida en su hombro drenaba su vitalidad. Con su Ki inestable y la guardia fracturada, supo que su defensa había caído a un nivel peligroso, era la primera vez en milenios que sentía la sombra de la muerte rozándole la nuca. Sin embargo, antes de que el puño de Zhen conectara, el cielo pareció desgarrarse.
Ziranis se irguió por última vez. En un acto de devoción fanática que desafiaba a la lógica, el anciano quemó lo último de su energía de Semidiós de noveno nivel, para generar una ráfaga de Ki violenta que empujó a Zhen varios metros hacia atrás. Casi al mismo tiempo, lanzó su cuerpo marchito desde las alturas, aferrándose a Zhen con la fuerza de un cadáver que se niega a soltar la vida, bloqueando sus movimientos por completo.
Zhen forcejeó desesperadamente, pero el déficit de energía tras su ataque anterior le impidió encontrar la fuerza para liberarse de inmediato del abrazo suicida del anciano.
Xin observó la escena con los ojos desorbitados.
En ese instante, una transmisión de sonido, débil y cargada de sangre, resonó directamente en su mente con la voz de su subordinado más leal.
—Gran Maestro, recuerde sus propias palabras… “La piedad es un defecto, una grieta en la armadura por donde entra la muerte”.
Xin entendió de inmediato lo que insinuaba y
el impacto emocional lo golpeó como un mazo.
Ziranis, quien lo había seguido desde el inicio de su ascenso, estaba ofreciendo su propio cuerpo como carnada.
El precio de una larga vida, es una soledad incomprensible, después de todo, el maestro Xin había usado técnicas profanas para aumentar su esperanza de vida, hasta el punto que ya había enterrado a cientos de sus tataranietos hace milenios. Nadie había sido capaz de permanecer a su lado por ni siquiera una tercera parte de su vida.
Xin había visto venir generaciones de generales y sirvientes durante tanto tiempo, que ya se había insensibilizado a la muerte, hasta el punto que ni siquiera pestañaría incluso si todos sus hijos murieran.
Pero había una excepción a esa regla, y era el más leal de sus sirvientes y quizás al único que consideraba su amigo.
Ziranis era el único que había soportado el peso del tiempo a su lado, mientras todos desaparecían, él siempre había permanecido, sirviéndole y aconsejándole.
Era el único en el cuál tenía confianza absoluta. Xin podía concebir que sus esposas o sus hijos más cercanos lo traicionaran, pero sabía que Ziranis jamás haría lo mismo.
Por eso en cuanto supo lo que tenía que hacer, una soledad milenaria lo embargó, pero tuvo que apartar estos sentimientos por qué la compasión no tenía lugar en el trono del Imperio Xian.
[Final Verse of the Dark Tome: Grin of the Void Reaper]
Desde la sombra de Xin emergió un cráneo de oscuridad absoluta de proporciones tan titánicas que las montañas aledañas parecían pequeñas a su lado. Sus cuencas vacías emitían un lamento que helaba el espíritu.
El cráneo abrió sus mandíbulas, desencajándose en una mueca silenciosa que parecía curvar la realidad hacia su centro. Una fuerza de atracción irresistible arrastró a Zhen, que aún luchaba contra el agarre férreo de Ziranis, y a un Kai herido que intentaba inútilmente levantarse.
Las mandíbulas del Segador del Vacío amenazaron con cerrarse de golpe sobre ellos, con el fin de sellarlos en una prisión de oscuridad pura.
***
Mientras todo este apocalipsis sucedía, Asher finalmente había logrado alcanzar a pie el escarpado lugar de la batalla hacía unos pocos minutos. Pero, agazapado detrás de unas rocas, pronto se dio cuenta de que, contrario a su instintivo plan original de ayudar, lo único que su frágil cuerpo podía hacer era observar en silencio.
Después de todo, la escala de la lucha que se estaba desarrollando frente a sus ojos excedía por mucho sus capacidades físicas mortales. No era una exageración decir que la más leve brisa de energía residual de cualquiera de esos ataques divinos sería suficiente para destrozar su cuerpo en cien pedazos. Por lo que, frustrado, no podía hacer otra cosa más que apretar los puños y poner toda su fe en la fuerza de sus discípulos.
Con alivio, había observado cómo el elaborado plan de Kai se desarrolló exitosamente, logrando matar limpiamente a un molesto comandante y causándole una herida crítica al imponente Maestro del Imperio. Esa maniobra magistral le había permitido ver un destello de esperanza real en la victoria y supervivencia de sus alumnos.
Pero entonces un anciano decrepito arruino todo, dandole la oportunidad de contra atacar al Maestro Xin, mandando sus esperanzas a la basura.
«Esto se ve muy mal. !Maldición Zhen y Kai han alcanzado sus limites!» reflexionó mientras su expresión se volvia cada vez más oscura.
Él estaba viendo de primera mano cómo el Gran Maestro Xin, a pesar de sus heridas y su agotamiento, comenzaba a canalizar toda su energía vital restante para formar un cráneo gigante y aterrador, claramente destinado a erradicar y borrar de la existencia a sus discípulos.
Por un efímero y amargo instante, Asher pudo volver a sentir la asfixiante impotencia causada por su propia debilidad mortal. El último y traumático recuerdo del día en que perdió a su madre y a su hermana pequeña se asomó violentamente en su mente, inundando sus sentidos y reviviendo el que, incluso después de eones, aún consideraba como el momento más doloroso y desgarrador de toda su interminable existencia.
—¡No! ¡Esta vez no será igual! —susurró para sí mismo, con la voz firme.
En un solo segundo, su inofensiva aura pareció cambiar por completo, desterrando de tajo toda su aparente inseguridad y temor. Hasta su postura encorvada pareció erguirse, transformándose por completo.
En general, a Asher no le importaba ni le temía a la muerte. Después de todo, incluso si su frágil recipiente muriera aplastado hoy, ¿acaso significaría alguna pérdida real para él? A lo mucho, solo tendría que soportar el fastidio de desperdiciar otros mil años de tedioso cultivo para volver a alcanzar su nivel actual en su siguiente y aburrida vida.
Pero esta vez era diferente. Porque si él no intervenía ahora mismo, los que morirían de forma definitiva serían sus discípulos. Huir y sobrevivir por su cuenta ya no era una opción en su mente.
«¿Y qué si su fuerza bruta me supera mil veces?», pensó, mientras una fría resolución se instalaba en sus ojos. «Llevo una eternidad sufriendo y preparándome precisamente para un momento como este. Hoy le mostraré a ese maldito Dios que no importa cuántas absurdas maldiciones el universo haga llover sobre mí… las destruiré absolutamente todas».
Sin permitirse ningún otro pensamiento de duda, Asher salió de su escondite y avanzó hacia el campo de batalla con un paso firme, dispuesto a demostrarle al Imperio lo que el peso de la eternidad era capaz de lograr.
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