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LA REENCARNACIÓN SUPREMA - Capítulo 34

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Capítulo 34: Capitulo 6: Nihilidad (Parte 3) – Impostor Perfecto

La ominosa calavera de ki negro continuaba ejerciendo una presión aplastante sobre Zhen y Kai, acercándose implacablemente.

Si ambos no estuvieran tan agotados y restringidos, podrían intentar escapar haciendo uso de sus leyes. Pero actualmente su energía se encontraba en estado su punto más bajo, haciendo que resistir se convierta en una tarea imposible.

A un solo paso de ser devorados, la atmósfera cambió drásticamente. Una figura emergió de la nada. Vestía una túnica andrajosa cuya capucha ocultaba su rostro, pero su aura era tan plácida como un estanque en calma frente al abrumador poder destructivo del maestro Xin.

En medio del caos, nadie había desviado su atención, pero aun siendo Semidioses con sentidos divinos capaces de detectar una mosca a cien metros, ninguno notó su llegada.

Este hombre parecía haberse materializado del mismísimo vacío.

De pronto, una serie de formaciones ocultas bajo su túnica brillaron con un resplandor argénteo. En un parpadeo, una armadura plateada ensambló su estructura sobre el cuerpo del extraño.

«¿Qué tipo de armadura es esa? No reconozco ninguna de las aleaciones que la conforman», pensó Xin, fascinado y aterrado por el increíble diseño, trazado con marcas rúnicas doradas de una precisión milimétrica, místicas y majestuosas a la vez.

El enigmático hombre avanzó a paso lento hacia la colosal calavera. Levantó una sola mano y los patrones rúnicos de su armadura destellaron, como si fuera un sumidero, comenzó a absorber el denso ki negro.

Al notar la anomalía, Xin intentó desesperadamente estabilizar su técnica. Fue inútil. La ley de la oscuridad que había infundido en su ataque se había vuelto un caos incontrolable. Si su mente no hubiera estado tan perturbada, quizá habría encontrado una salida, pero el pánico ya había echado raíces. Finalmente, la calavera se disipó como humo en el viento, dejando el campo de batalla en un silencio sepulcral.

Para este momento, las bocas desencajadas de todos los subordinados del imperio, ya habían alcanzado el máximo de su elasticidad, sin poder creer lo que veían sus ojos. Incluso el Gran Maestro Xin, con una mente experimentada que había permanecido inalterable durante milenios, no pudo evitar mostrar una expresión de shock.

Xin había vivido incontables eras. Sin embargo, al cruzar su mirada con los ojos tranquilos de este hombre, algo antiguo se agitó en su interior.

«¿Qué es esta sensación? ¿Dónde he sentido esto antes?».

Una imagen fugaz cruzó su memoria. En ella él, apenas un niño, alzaba la vista hacia su padre con admiración. Recordó esa vieja sensación de inexperiencia e inferioridad frente a una sabiduría absoluta.

Este sentimiento lo había acompañado durante la parte inicial de su vida, pero conforme se había vuelto más sabio e inteligente, había disminuido hasta desaparecer por completo, pero ahora, frente a un sujeto que ni siquiera desprendía un ki atemorizante, volvía a sentirse como un niño indefenso observando los ojos de su padre.

—Ma… Maestro —tartamudeó Kai, mientras la alegría barria el asombro de su rostro.

—Maldito anciano sueltame —dijo Zhen mientras se sacudia el cuerpo de Ziranis que le impedia ver bien la escena correctamente. Su cuerpo cayo inerte al suelo, parecia ser que algun punto habia muerto sin que nadie lo notara.

El Gran Maestro Xin, por su parte, seguía atrapado en su estupor. Ni siquiera los mejores maestros del Reino Marcial Divino, trabajando en conjunto, habrían podido soportar su técnica final. Pero este individuo no solo la había borrado con una mano, sino que su flujo energético interno no había fluctuado en lo más mínimo.

Era inconcebible. Su vasta experiencia le dictaba que esto solo era posible si la diferencia de poder era un abismo insondable.

—¿Maestro? —murmuró Xin, haciendo un esfuerzo sobrehumano por recuperar la compostura—. «Así que este es el maestro del que hablaban. Quizás no estaban exagerando…» pensó mientras el sudor se escurria por su rostro.

—¿Quién eres tú? —dejó escapar la primera pregunta que cruzó su mente.

El hombre volteó a verlo sin ninguna prisa y luego de unos segundos de silencio respondió el hombre con una serenidad inquietante.

—Nadie importante, de hecho nunca nos hemos visto antes, sin embargo me debes una deuda de sangre tan grande que jamás te perdonaré.

El gran maestro Xin ni siquiera se molestó en preguntar en qué consistía esa deuda de sangre, después de todo había devastado tantos planetas y causado tanta destrucción, que sus enemigos se contaban en miles de millones, por lo que no tenía sentido desperdiciar saliva en ese tema.

En cambio aprovecho toda su fuerza de voluntad, para plantear otra pregunta.

—¿Has alcanzado el nivel de un Avatar Divino?

Era la única conclusión lógica. ¿Qué otra entidad, sino una deidad encarnada, podría criar a unos discípulos tan monstruosos?

—Puedes Preguntale eso al Demonio, cuando lo encuentres en el otro mundo —Respondió Asher mientras parecía imperturbable por fuera, pero por dentro estaba dando todo de si, para continuar con su farsa.

«Ah… Funcionó mejor de lo que pensé» pensó mientras veía como la primera gran habilidad de su carta del triunfo se activó sin ningún problema.

Aquella armadura era su obra cumbre. Para forjarla, había utilizado las aleaciones más raras obtenidas a lo largo de centenares de vidas de acumulación. El proceso de creación fue una obra de arquitectura tan compleja que haría enrojecer de vergüenza a los orgullosos herreros enanos más legendarios.

Todo había comenzado con su idea más descabellada: la creación de un sistema espiritual artificial.

El concepto base era pura lógica. Dado que su bajo talento innato le impedía canalizar energías destructivas de alto nivel, construiría una infraestructura externa que sí pudiera hacerlo. Como quien diseña el plano de un circuito perfecto, se propuso replicar la intrincada red de venas espirituales.

Resultó ser una tarea titánica. Durante vidas enteras, Asher buscó los componentes adecuados, pero ninguno parecía encajar. El mitril carecía de la conductividad espiritual necesaria, el oricalco era demasiado frágil bajo tensión, y la adamantita resultaba inmanejable.

Finalmente, empleando métodos poco ortodoxos, y muchos metales raros, logró una aleación perfecta. Había fabricado el material ideal para estructurar su intrincada red de circuitos espirituales.

Pero esta proeza, imposible para cualquier otro artesano, exigía no solo un nivel inhumano de precisión, sino también un conocimiento anatómico que únicamente Asher poseía.

Tras incontables fracasos que habrían quebrado la cordura de cualquier erudito, y montañas de metales invaluables reducidos a escoria, el intrincado circuito espiritual artificial finalmente cobró vida.

Con su primer latido de energía fluyendo a través de los metales, se encendió la primera de las cuatro grandes propiedades que consagraban a esta creación como una verdadera armadura suprema.

[Circuito Sinérgico]

Gracias a esta asombrosa propiedad, Asher lograba sortear de un tajo la mayor limitación de su propio cuerpo.

El sistema no solo actuaba como un conducto capaz de canalizar energías de un nivel destructivo muy superior sin colapsar, sino que le permitía procesar y ejecutar múltiples habilidades complejas al mismo tiempo.

La ventaja táctica que esto le otorgaba en combate era sencillamente inmensurable. Mientras que los genios más prodigiosos del cultivo requerían de una concentración absoluta para desatar una sola técnica devastadora, Asher podía superponer un ataque letal y una defensa absoluta en perfecta sincronía.

Era capaz de abrumar a adversarios abismalmente más fuertes, aplastándolos con un aluvión de poder constante e impredecible que aplastaba todo el sentido común de ese mundo.

Claro, si es que la patetica energía de el reino tierra de Asher fuera capaz de hacerlo. Pero he aqui, que entraba a tallar la segunda gran propiedad de la armadura suprema, la que seria el verdadero motor de su farsa.

[Núcleo de Retribución]

Para dotar a su obra de esta capacidad, Asher había incrustado meticulosamente gemas elementales del más alto grado en nodos específicos del circuito artificial.

En teoría, ensamblar estos componentes parecía un proceso directo, pero en la práctica resultó ser una pesadilla de compatibilidad.

El problema era que al igual que una red de venas espirituales genuina, el sistema artificial poseía su propio flujo “orgánico” y rechazaba violentamente la integración de cualquier cuerpo extraño. Tras innumerables fallos y ajustes de diseño, Asher logró forzar la armonía del sistema entrelazando complejas formaciones y matrices mágicas que actuaban como puentes entre las gemas y el circuito.

Finalmente el resultado justificó cada gota de sudor y frustración.

Gracias a esta propiedad, Asher no dependía únicamente de su propia energía, si no que la armadura era capaz de absorber la energía externa y almacenarla en las gemas elementales. En esencia, podía absorver la fuerza de sus enemigos y para luego ser usadas en su contra.

Sin embargo, esta maravilla arquitectónica tenía un cuello de botella estricto, debido a que tras canalizar una técnica de tan alto nivel, la gema correspondiente quedaba completamente saturada por el estrés energético, limitando su uso a una sola vez al día por cada elemento.

Fue precisamente esta habilidad la que Asher acababa de utilizar hace unos instantes. Al absorber selectivamente la energía de los puntos más débiles de la calavera de ki, logró desestabilizar la técnica por completo hasta hacerla colapsar sobre sí misma.

Sin embargo, el riesgo había sido colosal. En el instante en que su mano entró en contacto directo con la letal técnica del Gran Maestro Xin, la fuerza pura del impacto casi le arranca el brazo de cuajo. De hecho, sus huesos se habrían hecho polvo de no ser por la entrada en acción de la tercera gran propiedad de su creación.

[Fibras de Convergencia]

Esta propiedad dotaba al usuario de un aumento de defensa excepcional mediante una red de hilos metalicos tejidos en un patrón diseñadp para absorber y distribuir cualquier impacto a lo largo de toda la superficie de la armadura. Fue por esta exacta razón que, al tocar con su simple mano la aniquiladora energía oscura de la calavera, el daño no se concentró en su extremidad.

En su lugar, la inmensa fuerza destructiva de la técnica de Xin fue redirigida y distribuida equitativamente por todo su cuerpo. Aunque la armadura logró disipar la mayor parte del letal impacto, la energía residual lo castigó con una brutalidad implacable. Por esto mismo actualmente , bajo las majestuosas placas plateadas, la piel de su cuerpo entero se había agrietado, cubriéndose de una gran cantidad de heridas lacerantes y vasos sanguíneos rotos. Cada músculo de su anatomía gritaba en agonía, pero este dolor no logro que Asher mostrara la más mínima mueca. Después de todo el dolor era un eterno compañero al que estaba demasiado acostumbrado.

Pero, el costo de soportar semejante carga habia deteriorado su estado actual, y si no fuera por la absoluta necesidad de mantener intacta su fachada, Asher habría preferido no activar esta propiedad en absoluto. Para él, habría sido mucho más pragmático simplemente desactivarla y permitir que el ataque le arrancara el brazo limpiamente.

Pero un ser supremo y milenario no pierde extremidades al bloquear un simple ataque. Para engañar a un monstruo astuto como el Gran Maestro Xin y garantizar la supervivencia de todos, tenía que proyectar la imagen de una invulnerabilidad absoluta, sin importar el infierno que estuviera devorando su cuerpo por dentro.

Sin embargo, este no era el momento de lamerse las heridas; tenía una deuda pendiente por cobrar. Los rostros de su madre y su hermana destellaron en su mente, nítidos y desgarradores, rompiendo su autocontrol. Finalmente, Asher permitió que el odio más puro y una sed de sangre abrumadora afloraran a la superficie. Y por primera vez en el incontable ciclo de todas sus existencias, esa furia asesina no estaba dirigida hacia sí mismo.

Durante vidas enteras había cargado con el peso aplastante de la culpa, pero hoy, por fin, se permitió responsabilizar a otro de su tragedia. Después de todo, el monstruo que se alzaba frente a él era el verdugo absoluto de su desgracia, el responsable de arrebatarle cruelmente el único y efímero rincón de felicidad que había conocido en la inmensidad de toda su existencia.

—Ja… de alguna forma siempre supe que este momento llegaría —murmuró, su voz cargada de una extraña resignación mientras aceptaba su ineludible final.

«Es una lástima. Solo espero que Tian sea capaz de alcanzar estas alturas algún día», pensó, con un fugaz atisbo de melancolía cruzando su mirada milenaria.

—¡Protejan al maestro! —bramaron desesperados varios de los subordinados del imperio, liberando sus auras y preparándose para abalanzarse hacia una muerte segura.

—¡Alto! Es inútil —ordenó Xin con voz de trueno, deteniéndolos en seco—. Ante un Avatar Divino, no son más que hormigas intentando detener una tormenta. Retírense de inmediato y busquen a Tian. A partir de hoy, él es el nuevo Maestro del Imperio Xian.

—¡Maestro…! —sollozaron los guerreros, reacios a abandonarlo.

—¡Retírense de inmediato, es mi última orden! —bramó, con un tono que no admitía réplica. Luego, se volvió lentamente hacia la figura encapuchada de Asher. Contra todo pronóstico, una sonrisa fiera y estoica se dibujó en su rostro.

—Aunque sé que probablemente sea inútil… concédeme el honor de presenciar la verdadera fuerza de un Avatar Divino —exigió, plantándose con firmeza y enderezando su postura con orgullo.

—No, eso algo que un bastardo como tú no merece —respondió Asher.

—ah?… bien, entonces veamos si eres capaz de sobrevivir sin usar tu verdadera fuerza.

Su ki, que se había agotado y debilitado enormemente a lo largo de la encarnizada batalla, volvió a estallar de pronto. Pero esta vez, la energía ardió con un resplandor carmesí deslumbrante y mortífero, irradiando una intensidad incluso mayor a la que poseía en su apogeo absoluto.

Para encender esa última y efímera llama, el Gran Maestro Xin acababa de quemar hasta la última gota de su esencia de sangre restante.

Definitivamente, este era un ataque que rozaba lo suicida, en especial para alguien cuya fuerza vital ya se encontraba en su ineludible etapa de decaimiento. Pero el Gran Maestro Xin anhelaba con todo su ser vislumbrar esa cima marcial que nunca pudo alcanzar. Ahora que la muerte le respiraba en la nuca, decidió apostarlo absolutamente todo en un último asalto.

No recurrió a trucos engañosos ni a técnicas elaboradas, simplemente concentró su ki oscuro al límite absoluto, forzándolo a un nivel sin precedentes en su propia sombra. Pronto, a sus espaldas, emergió un colosal avatar, una figura titánica mil veces más grande que el propio Xin, proyectando una presencia abrumadora que parecía querer aplastar el mundo entero.

Asher dejó escapar un leve suspiro al presenciar aquel despliegue.

—Ah… quién diría que, a pesar de haber vivido tantos milenios, aún ignoras lo que es realmente la oscuridad —murmuró, con un tono gélido y soberbio—. Permíteme instruirte un poco.

[Supreme Dark Law: Light Devourer]

En la palma de Asher, el ki oscuro que le había arrebatado a Xin instantes atrás comenzó a condensarse violentamente, colapsando sobre sí mismo hasta formar una esfera de oscuridad absoluta.

Al instante, la luz del día fue erradicada por completo, como si aquella pequeña esfera hubiera devorado toda la claridad del mundo hacia su interior. Era una negrura tan densa, profunda y antinatural que cegaba cualquier sentido divino, despertando el terror más primitivo y ancestral latente en el alma humana. Nadie era capaz de ver nada en absoluto, parecia que solo existía el vacío.

—Lo que tú llamas oscuridad no es más que una farsa —resonó la voz de Asher desde la nada, implacable—. Es solo una sombra patética que no puede existir sin una luz que la proyecte. La verdadera oscuridad no requiere de una fuente de luz… simplemente la consume.

Un escalofrío glacial recorrió la espina dorsal de todos los presentes. Incluso Zhen y Kai, a pesar de tener la certeza de que esta anomalía cósmica era obra de su propio maestro, no pudieron evitar que un pánico frío e instintivo se apoderara de ellos.

Por su parte, el terror que embargaba a los guerreros del Imperio Xian era cien veces mayor. Si esta técnica se hubiera limitado a robarles el sentido de la vista, no habría bastado para infundirles semejante nivel de pánico. Después de todo, como artistas marciales de alto nivel, estaban acostumbrados a “observar” el mundo a través del resto de sus agudizados sentidos. El sutil roce de una brisa, el ritmo de un latido lejano o el aroma a hierba aplastada eran faros perceptivos que siempre estaban presentes, guiándolos en medio del combate.

Sin embargo, acababan de comprender que esta oscuridad absoluta no solo devoraba la luz, sino que distorsionaba sus percepciones de una manera antinatural. Habían perdido por completo el sentido de la orientación, quedando atrapados en el vacío, ni siquiera podían discernir si el cielo estaba sobre sus cabezas o bajo sus pies. Los jadeos y las respiraciones agitadas de sus compañeros resonaban como ecos engañosos, imposibles de ubicar, e incluso su sentido divino que era la herramienta suprema que les permitía percibir el flujo de las energías, se había vuelto caótico y confuso.

El Gran Maestro del Imperio no era la excepción. Incluso sus sentidos, forjados durante milenios y por lejos los más agudos entre todos los presentes, se habían vuelto completamente inútiles en este vacío.

«Cálmate. Esta técnica solo confunde mi percepción, no es más que eso. Lo único que debo hacer es sellarlos por completo y guiarme ciegamente por mi memoria espacial», razonó en medio de la negrura tras un breve y desesperado análisis.

Inmediatamente después, selló sus cinco sentidos físicos, aislándose del exterior, lo que le permitió recuperar un atisbo de claridad mental. Únicamente mantuvo activo su sentido divino, pero al concentrar su atención en él para ubicar su colosal ataque, llegó a una conclusión que le heló la sangre.

—¿Qué…? —Un susurro atónito escapó de sus labios al caer en la cuenta de una monstruosa realidad: el gigantesco avatar de sombras y la inconmensurable energía que había quemado para su último asalto… habían desaparecido sin dejar rastro.

Fue en ese instante de terror absoluto cuando recordó las últimas palabras que aquel sujeto le había dirigido desde el abismo:

—Lo que tú llamas oscuridad no es más que una farsa. Es solo una sombra patética que no puede existir sin una luz que la proyecte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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