Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

LA REENCARNACIÓN SUPREMA - Capítulo 35

  1. Inicio
  2. LA REENCARNACIÓN SUPREMA
  3. Capítulo 35 - Capítulo 35: Capitulo 6: Nihilidad (Parte 4) - Más Allá del Poder
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 35: Capitulo 6: Nihilidad (Parte 4) – Más Allá del Poder

—¡Me… me rindo, me rindo, tú ganas! ¡So… solo haz que esto acabe, por favor! —gritó Xin, cediendo al fin ante el pánico. Su legendaria compostura, forjada durante eones de tiranía, se había quebrado por completo.

En ese preciso momento, la densa negrura que asfixiaba el área se disipó tan abruptamente como si de una simple ilusión se tratara. La luz del día regresó de golpe, y con ella, los sentidos de todos los presentes volvieron a la normalidad al instante siguiente.

«Ah… ah… finalmente terminó», fue el pensamiento compartido que cruzó por las mentes de Zhen y Kai, mientras hacían un esfuerzo supremo para estabilizar su respiración caótica. El eclipse absoluto apenas había durado unos pocos minutos, pero en el interior de ese abismo sensorial, habían sentido que transcurría una auténtica y agónica eternidad.

Por su parte, el orgulloso ejército de subordinados del Imperio Xian ofrecía un espectáculo lamentable. Aquellos guerreros estoicos, curtidos en la conquista de innumerables mundos, se encontraban esparcidos por el suelo, aferrándose a la tierra.

Sus armas yacían olvidadas en el polvo. Tenían los rostros pálidos como ceniza, empapados en un sudor frío, y sus ojos desorbitados aún reflejaban el terror residual del vacío.

Sin embargo, lo que terminó de quebrar sus espíritus de manera irreversible no fue solo la oscuridad, sino el eco desgarrador de su invencible maestro suplicando piedad como un simple mortal.

Por otra parte su Maestro sufrio las consecuencias de quemar toda su esencia de sangre. Frente a las miradas atónitas de todos la piel de su rostro y sus manos se marchitó a una velocidad aterradora, llenándose de surcos profundos que lo hacían lucir como la corteza de un árbol marchito pudriéndose desde adentro.

En un solo instante, el temible Gran Maestro del Imperio Xian pareció envejecer incontables eones, reduciéndose a un anciano decrépito cuya menguante fuerza vital se escurría irremediablemente como arena entre los dedos.

Su mirada ya no lucía imponente ni confiada; en cambio, el temor y la vergüenza deformaban sus facciones.

—Eso es todo… has ganado. Puedes matarme —dijo con una voz tan decrépita y rasposa que ni él mismo pudo reconocer como suya.

Ahora que había perdido toda su vitalidad y dignidad, el único anhelo que quedaba en su marchito corazón era el consuelo de la muerte.

—¿Estás seguro? —preguntó Asher—. Si lo deseas, puedo dejarte vivir un poco más… aunque dudo que tu cuerpo soporte siquiera un año.

Su tono era gélido y neutral, pero Xin no pudo evitar sentir que cada palabra era una burla directa hacia él.

—¿Acaso no decías que tenías una deuda de sangre que jamás me perdonarías? —replicó Xin, con una chispa de enojo impotente—. ¿Acaso irás en contra de tus propias palabras?

—Está bien. Puedo matarte si tanto lo deseas, pero antes, déjame revelarte cuál será tu verdadero destino.

Asher hizo una breve pausa, mirándolo desde las sombras de su capucha.

—¿Sabes lo que sigue después de la muerte? Yo sí. De hecho, lo conozco muy bien. La verdad es bastante simple: la reencarnación. Tu alma volverá a la vida en un nuevo recipiente, despojada de todos los recuerdos de esta existencia.

—Supuse que sería algo así… —murmuró Xin, aferrándose a un absurdo e ingenuo hilo de esperanza.

—Pero no es tan simple —lo cortó Asher, destrozando esa ilusión—. Lo que te espera no es la paz. En tu caso, que has sembrado tanta destrucción, no habrá descanso ni perdón. Tu alma reencarnará, sí, pero el karma negativo que has acumulado es tan inmenso que solo te aguardan innumerables vidas de dolor y sufrimiento absoluto.

Asher dio un paso al frente; su voz resonó en el silencio como una sentencia ineludible:

—Durante muchas vidas, cuando despiertes en el cuerpo de un niño, probablemente llorarás y te preguntarás: “¿Por qué a mí? ¿Qué hice para merecer esto? ¿Por qué tengo que sufrir tanto?”. Para tu yo del futuro, esas preguntas jamás tendrán respuesta. Vivirá en la ignorancia de su propio infierno. Pero tú, ahora, lo sabes. Sabes que será por los mundos que arrasaste y las almas que dejaste sin hogar. Sabes que se deberá a tus manos manchadas de sangre. Sabes que será el precio exacto por todo el dolor que has causado.

—Pero quizás no me creas, así que, ¿por qué mejor no te lo muestro? —susurró Asher.

Lentamente, estiró un dedo. Un destello de luz etérea y pálida salió disparado, perforando la frente del Gran Maestro Xin antes de que este pudiera siquiera parpadear.

En ese instante, la conciencia de Xin fue brutalmente arrancada de la realidad. No experimentó una simple ilusión; su mente fue forzada a sumergirse en los confines de un alma maldita. Xin, quien durante milenios había sido el soberano de su propio destino, experimentó de golpe el peso aplastante de nacer con un destino ya escrito y entrelazado con la desgracia absoluta.

El tormento de casi cien existencias se vertió en su mente en una sucesión caótica, vívida y agonizante-

La impotencia absoluta lo absorbió cuando sintió el escozor de un látigo desgarrando su espalda, colapsando bajo el peso de ladrillos con un cuerpo famélico y enfermo, para luego exhalar su último aliento en un charco de su propia sangre.

Sintió la agonía del espécimen cuando sus nervios gritaron al sentir cuchillos y martillos desollando su carne viva sobre la fría mesa de un mago depravado, rogando por una muerte que tardó demasiado en llegar.

El ciclo del sufrimiento continuó en innumerables vidas. Xin sintió el veneno hirviendo en sus venas, el fuego consumiendo su piel, las fauces de bestias salvajes triturando sus huesos y la asfixia lenta y desesperante de un virus mortal.

Pero el verdadero infierno que amenazaba con hacer estallar la mente del Gran Maestro no era el dolor físico, sino era la desesperanza pura y asfixiante que le dio el impulso del suicidio, la necesidad imperiosa de escapar de aquel tormento, solo para ser golpeado por la cruel revelación que Asher conocía tan bien, la muerte no era el final. Era solo el reinicio del mismo infierno.

La mente milenaria de Xin, forjada en la victoria, la soberbia y el control absoluto, fue aplastada por el peso de un alma que solo anhelaba dejar de existir. Para cuando la luz etérea se disipó y su conciencia regresó al presente, el Gran Maestro ya no era más que un cascarón vacío, incapaz de procesar el abismo de melancolía y desolación que acababa de presenciar.

—¿Ahora te pregunto de nuevo: de verdad quieres morir y comenzar el ciclo?

El silencio de Xin no era de desafío, sino de un terror primitivo que le paralizaba hasta la última fibra del alma. Su orgullo marcial, forjado a lo largo de milenios de conquistas, se había desintegrado por completo bajo el aplastante peso de esos recuerdos ajenos.

La muerte, que hace solo unos instantes consideraba un descanso honorable, ahora se revelaba como la fría puerta de entrada a un laberinto de tortura eterna. La simple idea de despertar débil, indefenso y condenado a sufrir sin escapatoria una y otra vez, destrozó el último vestigio de cordura que le quedaba.

—¡NOOO, no, no, no puede ser! ¡Por favor, por favor dime qué puedo hacer para evitar esto! —gritó Xin, arrastrándose patéticamente por el suelo, con el rostro bañado en lágrimas de auténtico pánico.

—Es imposible. No puedes evitarlo —sentenció Asher con una frialdad implacable, cortando de tajo cualquier ilusión.

—No puede ser… —respondió Xin. Su voz fue apenas un hilo roto, mientras su mirada perdía el ínfimo brillo vital que aún le quedaba, sumergiéndose por completo en el abismo de la desesperación.

Asher guardó silencio por un instante, observando al decrépito anciano temblar a sus pies, antes de dejar caer una última frase.

—Pero quizás… puedas mitigarlo.

La cabeza del Gran Maestro se alzó de golpe.

—¿Cómo? ¡Por favor, dímelo! Haré lo que sea —suplicó, aferrándose a esa minúscula palabra como un náufrago a un madero en medio de una tempestad. Ya no le importaba su orgullo, solo quería escapar de aquel infierno inminente.

—Solo debes acumular karma positivo —explicó Asher con un tono desapasionado, dictando una ley universal—. En otras palabras, tienes que hacer exactamente lo opuesto a lo que has hecho durante toda tu existencia.

Salva vidas en lugar de segarlas, construye en lugar de destruir. Mientras más bien hagas en este universo, menor debería ser la condena que arrastre tu alma en el próximo ciclo.

Al escuchar estas palabras, el Gran Maestro Xin asintió frenéticamente. Sus ojos, antes llenos de orgullo y tiranía, ahora derramaban lágrimas de gratitud hacia el ser insondable que tenía delante. Se inclinó torpemente contra el suelo, aferrándose a esa redención kármica como su única salvación.

Desde afuera, la figura encapuchada de Asher, bañada por el resplandor argénteo de su armadura, lucía como la encarnación misma de la magnanimidad divina. Parecía un soberano tan elevado, tan por encima de los mundanos rencores mortales, que estaba dispuesto a perdonarle la vida a la peor escoria del universo.

Sin embargo, la realidad bajo las placas de metal era diametralmente opuesta.

Por dentro, Asher hervía en una rabia impotente y venenosa. Cada fibra de su alma le exigía levantar la mano, condensar su energía y pulverizar el cráneo de ese anciano decrépito para cobrar, de una vez por todas, la sangre de su madre y su hermana. Quería matarlo. Anhelaba con todas sus fuerzas verlo exhalar su último aliento bajo su bota.

Pero la cruda y humillante verdad era que no podía.

Su cuerpo físico, un frágil recipiente que apenas rozaba el Reino Tierra, había cruzado su límite absoluto hacía mucho tiempo. El brutal contragolpe absorbido por las Fibras de Convergencia había dejado sus músculos desgarrados, sus órganos magullados y sus huesos al borde del polvo.

En ese preciso instante, mantenerse de pie ya requería un esfuerzo titánico, por lo tanto, intentar canalizar la energía suficiente para lanzar un ataque letal era físicamente imposible.

Si movía un solo dedo para atacar, su cuerpo colapsaría por completo, su farsa de Clase SS se desmoronaría en pedazos, y tanto él como los agotados Kai y Zhen quedarían a merced de los guerreros sobrevivientes del Imperio Xian.

Así que, con los dientes apretados hasta hacerse sangrar las encías, Asher tragó su sed de venganza y se aferró a la única salida táctica que le quedaba.

Venderle a Xin una falsa misión de redención no era un acto de piedad, sino el farol más grande, doloroso y desesperado de todas sus existencias. Era la única forma de mantener intacta su ilusión de invulnerabilidad y lograr que el monstruo se retirara por su propia cuenta, aterrado por el castigo Divino.

Aún así, había un pequeño y oscuro detalle, una omisión calculada en la que Asher le había mentido descaradamente.

Las leyes del universo eran implacables, por lo tanto no seria posible acumular karma positivo realizando buenas acciones si el acto nacía del egoísmo y el miedo al castigo. La verdadera redención requería un arrepentimiento genuino y desinteresado, conceptos que un tirano como Xin dificilmente lograría comprender.

Por lo tanto, lo mas probable era que los esfuerzos del Gran Maestro cayeran en un saco roto y su condena no disminuya en lo más minimo.

«Esto es lo mínimo que te mereces bastardo, por haberles hecho eso a mi madre y a mi hermana», pensó Asher desde las sombras de su capucha.

Se tragó el sabor a cobre de su propia sangre, con el corazón retorciéndose en una mezcla de odio ardiente y amargura. Estaba furioso, asqueado consigo mismo por su patética debilidad física y por la cruel necesidad de tener que recurrir a una mentira, en lugar de arrancar esa miserable vida con sus propias manos para consumar su venganza.

Con lágrimas de gratitud en sus ojos marchitos, el decrépito Gran Maestro Xin hizo una torpe e indigna reverencia, rozando el polvo con la frente.

—Gracias… gracias, Gran Avatar Divino. Pasaré cada segundo que me quede intentando enmendar mis pecados —balbuceó con voz temblorosa, aferrado a su falsa esperanza.

Con un esfuerzo patético, Xin se puso en pie y dirigió una mirada desesperada a sus atónitos subordinados.

—¡Nos vamos! ¡Inmediatamente! —ordenó, con lo poco que quedaba de su antigua autoridad.

Antes de dar la orden de retirada total, su mirada se posó en el cuerpo inerte del viejo Ziranis, que yacía en la tierra a unos metros de distancia. Al verlo, el terror cósmico que consumía la mente de Xin fue eclipsado por un instante por una punzada de dolor profundo y genuino despues de todo era su único y verdadero amigo.

Con paso tembloroso, Xin se acercó y miró el rostro marchito de su leal compañero.

—Recojan el cuerpo de Ziranis —indicó Xin con voz ronca y quebrada, sorprendiendo a sus oficiales, quienes jamás habían presenciado tanta fragilidad en su maestro—. Llévenlo a la nave con el mayor de los cuidados. Asegúrense de darle los ritos funerarios más nobles que nuestro imperio pueda ofrecer. Me acompañó fielmente hasta su último aliento… le debo, al menos, este último honor.

Dos de los guerreros se apresuraron a cargar el cadáver del decrépito sirviente con suma reverencia, aún temblando de pánico por la presencia del “Avatar Divino”.

Luego, Xin buscó con la mirada entre los sobrevivientes y se giró hacia un joven oficial que aún se mantenía en pie. Era Corin.

—Escúchame bien, Corin. La orden que di al inicio de la batalla queda revocada —declaró Xin, tosiendo débilmente mientras se apoyaba en el mismo joven al que casi había matado horas antes por su insolencia—. Tian ya no será el Maestro del Imperio Xian.

Corin abrió los ojos de par en par, incapaz de creer lo que escuchaba, olvidando el miedo y el dolor de sus costillas fracturadas por un breve instante.

—¿Revocada? Pero, Gran Maestro… ¿quién ocupará el trono entonces?

—Comuniquen a la flota que mi hija, Leiry, asumirá el mando absoluto a partir de hoy —sentenció Xin.

—¿La Joven Ama Leiry? —balbuceó Corin, completamente atónito ante el giro de los acontecimientos—. Pero… usted mismo dijo que ella carecía de la determinación… que era demasiado misericordiosa…

—¡Por eso mismo debe liderar! —lo interrumpió Xin con un siseo aterrorizado, lanzando una mirada furtiva y llena de pánico hacia la inamovible figura de Asher—. Si Tian asume el mando y continúa con nuestra tiranía, no solo arrastrará mi alma a la condenación, sino que es muy probable que provoque la ira de ese Avatar Divino.

Si eso ocurre, él no dudará en borrar a todo nuestro Imperio de la existencia. Necesitamos la compasión que solo Leiry posee para limpiar nuestros pecados y evitar sus represalias. Que asuma el trono y detenga todas las masacres de inmediato. ¡Es mi última voluntad!

Despues de escuchas sus palabras los orgullosos guerreros del Imperio Xian, aquellos que alguna vez habían sido el terror de incontables mundos, ya no dudaron ni un solo segundo más, despues de todo su terror hacia Asher tambien era inmenso. Sin atreverse a cruzar miradas con la imponente figura plateada de Asher, huyeron despavoridos. En cuestión de instantes, las arcas espaciales del imperio desaparecieron en el horizonte.

El campo de batalla, antes sumido en un caos apocalíptico, quedó inmerso en un silencio absoluto y sepulcral. El viento sopló suavemente, disipando los últimos restos del hedor a sangre y ki oscuro.

Kai y Zhen, aún en el suelo, miraban la espalda de su maestro con una reverencia que rozaba el fanatismo. En sus mentes, él no solo acababa de demostrar un poder inalcanzable, sino también una sabiduría y una piedad insondables.

—Maestro… su magnanimidad es verdaderamente divina —comenzó a decir Kai, poniéndose de pie con torpeza, con la voz quebrada por la admiración—. Perdonarle la vida a un monstruo como él para que purgue sus peca…

Sus palabras murieron abruptamente en su garganta.

Tan pronto como la última presencia del Imperio Xian abandonó el rango de su percepción, el imponente resplandor argénteo de la armadura suprema parpadeó. Las majestuosas runas doradas perdieron su brillo de golpe, y un chasquido metálico resonó en el silencio cuando la armadura desaparecio, dejando a la luz su andrajosa túnica nuevamente.

Asher no pronunció una sola palabra. Simplemente se tambaleó hacia adelante.

Un violento torrente de sangre oscura brotó de debajo de su capucha, manchando la tierra a sus pies. El cuerpo del supuesto “Avatar Divino”, fue incapaz de soportar un segundo más el infierno físico que lo devoraba por dentro, perdió toda la tensión. Cayó pesadamente hacia el frente, desplomándose contra el suelo de tierra como una marioneta a la que le acaban de cortar los hilos.

—¡MAESTRO! —un grito de preocupación escapó al unísono de los pulmones de Zhen y Kai, mientras corrian desesperados hacia él.

***

Unos días después, Asher despertó en una cama dentro de su espacio dimensional.

Inmediatamente verificó el estado de su cuerpo y comprendió que ya se encontraba fuera de peligro. Aunque sus músculos y meridianos aún estaban heridos, no le representaría ningún problema levantarse y caminar.

No había dado ni diez pasos cuando sus discípulos aparecieron de forma repentina.

—¡Maestro, no debería levantarse! ¡Aún no se ha recuperado del todo! —exclamó Kai, acercándose rápidamente para instarlo a volver a la cama.

—Es cierto, Maestro. Su cuerpo recibió demasiado daño, por favor regrese a descansar. Si necesita cualquier cosa, solo díganos —continuó Zhen, sumando su súplica a la de su compañero.

—¿A qué viene todo esto? Deberían saber que estas heridas no son nada; he sufrido cosas mucho peores en el pasado.

—Pero…

Asher examinó la mirada de sus discípulos, genuinamente confundido. Nunca antes los había visto mostrar una expresión de tanta preocupación. Generalmente, lo único que veía en sus ojos era un profundo respeto y una devoción casi fanática.

—¿Qué les pasa? Están muy raros hoy.

Ambos permanecieron en silencio unos instantes, intercambiando miradas como si dudaran sobre cómo formular sus siguientes palabras. Finalmente, Zhen se adelantó, armándose de valor.

—Maestro… ¿puedo preguntarle si su nivel de cultivo está realmente solo en el Reino Tierra?

—¿Ah? ¿Qué clase de pregunta es esa? —respondió Asher, perplejo—. ¿Acaso no es obvio que es así? Llevo entrenándolos por más de dos años, ¿cómo es posible que ni siquiera se hayan dado cuenta de algo tan simple?

Si bien era cierto que, cuando los conoció, había adoptado la fachada de un experto todopoderoso para sobrevivir, la realidad era que nunca se había molestado en esconder su bajo nivel de cultivo.

Él creía que ambos ya debían haber descubierto este punto hacía mucho tiempo. Después de todo, su nivel de poder había permanecido estancado en el Reino Tierra durante estos dos años, siendo claramente perceptible incluso cuando usaba su ki activamente frente a ellos.

—Eh… pero eso es imposible. Un cultivador del Reino Tierra jamás sería capaz de humillar al Gran Maestro del Imperio Xian, quien también es… o bueno, era, el artista marcial más poderoso de nuestros tiempos —balbuceó Kai, negándose a aceptar que el ser divino que adoraba fuera un simple mortal.

—Solo fueron trucos y engaños —respondió Asher con total naturalidad, encogiéndose de hombros levemente—. Mi poder real no es ni de cerca suficiente para rasguñar a un Semidiós. Si ese anciano se hubiera dado cuenta de la farsa en algún momento, me temo que los tres habríamos muerto en ese mismo instante.

—Pero… la Ley Suprema que convocó… ¡Eso es algo que ni siquiera los mejores artistas marciales del universo pueden hacer! —insistió Zhen, buscando desesperadamente aferrarse a la ilusión.

—Ah, eso. Bueno, en realidad eso tampoco fue mi poder. Solamente usé la energía oscura que le robé a Xin momentos antes para poder alimentarla.

De hecho, las Leyes Supremas eran fuerzas conceptuales que Asher rara vez se atrevía a invocar. No porque le faltara conocimiento o no quisiera usarlas, sino porque el contragolpe de canalizar energías tan absolutas era simplemente demasiado para su débil cuerpo. En el pasado, invocar una Ley Suprema equivalía a firmar su propia sentencia; solo podía usarlas una vez por cada vida, ya que su cuerpo colapsaba irremediablemente y moría poco después de liberar tal magnitud de poder.

La única razón por la que esta vez el resultado había sido distinto fue porque no utilizó su propia energía, ni la canalizó a través de sus frágiles meridianos internos. En su lugar, utilizó la inmensa energía robada del enemigo y dejó que el circuito espiritual artificial de su armadura suprema soportara toda la carga del proceso.

Ambos discípulos se quedaron petrificados, procesando la magnitud de las palabras de Asher. El silencio en la habitación se volvió tan denso que casi podía cortarse.

En el mundo del cultivo, la jerarquía era una verdad absoluta e inquebrantable: el poder bruto lo dictaba todo. Un artista marcial del Reino Tierra frente a un Semidiós no era ni siquiera una hormiga desafiando a un dragón; era simple polvo intentando detener un huracán.

Y, sin embargo, el hombre de túnica andrajosa que estaba sentado casualmente frente a ellos había tomado esa diferencia abismal y la había aplastado.

De pronto, una ola de terror frío y sofocante recorrió la espina dorsal de Kai y Zhen. No era el miedo instintivo ante un aura destructiva que los aplastara físicamente, sino un pavor existencial hacia la mente que habitaba en ese cuerpo débil. No podian ni imaginar que hubiera pasado si Asher hubiera sido un Avatar Divino todopoderoso, si ese hubiera sido el caso su victoria sobre Xin habría sido lógica, algo natural. Pero saber que un simple mortal del Reino Tierra había manipulado, aterrorizado y quebrado mentalmente al tirano más grande de su era hasta hacerlo arrastrarse y rogar por su vida… eso era mil veces más monstruoso.

Requería una crueldad calculadora, una voluntad inhumana y una sabiduría que trascendía los límites del sentido común. Era un ser que jugaba con las deidades como si fueran piezas de ajedrez ciego.

Zhen tragó saliva con dificultad, sintiendo que la garganta se le secaba por completo. Kai apretó los puños, temblando ligeramente. En lugar de sentirse decepcionados por la falta de ki abrumador de su maestro, la reverencia en sus corazones se disparó hasta alcanzar un nivel de fanatismo absoluto.

Casi al unísono, ambos cayeron pesadamente de rodillas, golpeando el suelo con la frente en la reverencia más profunda y sincera que habían hecho en todas sus vidas.

—¡Maestro…! —murmuró Kai, con la voz temblando de pura devoción—. Someter al cielo mismo con un cuerpo mortal… su grandeza está más allá de lo que nuestra pobre comprensión puede abarcar.

—Estábamos ciegos al buscar solo el poder superficial, Maestro —añadió Zhen, apretando los dientes, sin atreverse a levantar la mirada del suelo—. Desde hoy, lo seguiremos ciegamente hasta el fin del universo, sin importar lo que pase.

Asher parpadeó, completamente desconcertado ante la repentina y exagerada muestra de devoción. Se rascó la cabeza por debajo de la capucha, observando a los dos semidioses arrodillados frente a él como si le estuvieran rezando a una estatua sagrada.

«¿Ah? ¿Por qué parece que ahora me miran con más respeto que antes?», pensó Asher, genuinamente confundido. «Se acaban de enterar de que mi cultivo está estancado en el Reino Tierra y de que, literalmente, ambos son miles de veces más fuertes que yo… Quizás se golpearon la cabeza muy fuerte durante la batalla anterior. Sí, debe ser eso. Debería encontrar alguna excusa para revisar sus cerebros más tarde».

Dejando escapar un suspiro resignado ante la incomprensible lógica de sus discípulos, Asher se limitó a asentir lentamente.

—Levántense. Aún tenemos mucho trabajo por hacer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo