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LA REENCARNACIÓN SUPREMA - Capítulo 36

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Capítulo 36: Capítulo 6: Nihilidad (Parte 5) – Ecos de calamidad

—¡Maldición! ¡Maldición! ¡MALDICIÓN! —Los alaridos, imbuidos de un poder abrumador y una furia desquiciada, sacudieron el espacio mismo, haciéndolo temblar con una intensidad aterradora.

—¡Maldito seas, Xeltar! —volvió a rugir Tian, con la voz desgarrada por una frustración venenosa.

Estaba furioso. ¿Y cómo no iba a estarlo, si todos sus meticulosos planes se habían desmoronado en pedazos?

Hasta hace unos pocos años, todo marchaba a la perfección. Había sido liberado de la sofocante prisión de Ifrid por Meir, con el único propósito de conformar una vanguardia con la fuerza suficiente para cazar a los formidables seres que habitaban el Planeta de la Evolución.

Él, junto a Meir el Hume, Xeltar el Orco de Sangre y Beltseri la Elfa de la calamidad, habían forjado una alianza temporal con la meta absoluta de alcanzar la mítica Clase SSS. Un reino inexplorado que dejaría en ridículo incluso al poder legendario de los Avatares Divinos.

Al principio, la cacería transcurrió sin contratiempos. Masacraron a varias criaturas, cosechando y devorando la codiciada Energía de la Evolución. Gracias a ello, todos lograron ascender hasta alcanzar el poder de un Avatar Divino, destacando Tian como el indiscutible soberano del grupo, ostentando un poder que eclipsaba a los otros tres.

Pero todo se había ido al demonio por culpa de esa Hume.

Con solo evocar su rostro, Tian irradiaba un aura asesina tan densa que el aire a su alrededor amenazaba con cristalizarse.

No deseaba nada más en este vasto universo que triturar cada uno de sus huesos y bañarse en su sangre. Sin embargo, se le negaba incluso ese sádico consuelo. Porque ella ya estaba muerta.

Por su maldita culpa había sufrido la derrota más humillante de su existencia. Se vio forzado a quemar su esencia de sangre en ese enfrentamiento, un sacrificio brutal que le causó un doloroso retroceso en su cultivo marcial y una castración permanente de su talento innato.

Y ahí no acababa su desgracia. Como consecuencia de esas heridas, la cómoda brecha de poder que lo separaba de su equipo se había cerrado hasta casi desaparecer. De hecho, ese detestable Xeltar lo había alcanzado por completo en términos de poder puro.

Este giro de los acontecimientos envenenaba sus ambiciones. Desde el inicio, su plan maestro consistía en utilizar a esa patética coalición como peldaños y, una vez agotada su utilidad, masacrarlos a todos para erigirse como la única deidad absoluta de la creación. Pero ahora esa traición era un suicidio táctico. Por más que intercambiara golpes con Xeltar, le resultaba físicamente imposible asestarle un golpe letal.

—¡Ese maldito Orco! ¿Acaso es inmortal? —bramó, apretando los puños hasta hacerse sangrar las palmas.

Para coronar su cadena de infortunios, el equipo entero se había estrellado contra un muro de acero infranqueable. Un cuello de botella monumental en los niveles superiores del Reino Avatar Divino.

Sus cuerpos estaban saturados hasta el límite con la Energía de la Evolución, pero a la vez, eran incapaces de asimilarla por completo quedando atrapados en los niveles superiores de Avatar divino (Clase SS).

Sin embargo, en las últimas semanas, Tian había detectado ciertos comportamientos inusuales y furtivos en Meir.

«Quizás ese escurridizo bastardo ya descubrió el secreto para romper esta barrera…», reflexionó Tian, con los ojos entrecerrados y la mente trabajando a toda velocidad. «El problema es que, con mi fuerza actual, aunque puedo doblegarlo en combate directo, garantizar su muerte antes de que logre escapar se ha vuelto un riesgo demasiado alto si decide huir».

Estaba a punto de formular una nueva estrategia para acorralar al Hume, cuando sus pensamientos se detuvieron en seco.

Tian alzó el rostro de golpe, mirando hacia una dirección en el cielo. Sintió una inmensa marea de energía que reverberaba a través de una parte lejana universo.

Y no era una sola firma de energía… ¡eran dos!

—¿Qué significa esto? —murmuró Tian, con los ojos ensanchados por una mezcla de incredulidad y recelo—. Dos mortales… ¿rompiendo al mismo tiempo? ¿Quiénes demonios acaban de ascender?

***

En la quietud absoluta del espacio dimensional de Asher, el aire hervía.

Lo que antes era un santuario de paz, se había convertido en el epicentro de un huracán de pura energía espiritual. Un resplandor cegador había teñido el espacio en dos colores primordiales que danzaban y chocaban entre sí en perfecta armonía.

En el centro de este vórtice, sentados en posición de loto y flotando a varios metros del suelo, se encontraban Kai y Zhen

Tras haberse enterado del verdadero cultivo de su maestro, Zhen y Kai habian alcanzado un nuevo nivel de motivación, esto sumado a la tecnicas de cultivo perfecta que Asher les brindaba había bastado para que su cultivo marcial ascendiera a un ritmo que no tenia precedentes. Permitiendoles atravesar finalmente la cima del Reino Semidiós.

!CRACK!

Un sonido sordo, como el de cristales rompiéndose dentro de sus propias almas, resonó en la dimensión.

El cuerpo de Zhen estalló en un aura afilada e imponente. Sus meridianos se expandieron, devorando la energía circundante como un agujero negro sediento, transformando su ki mortal en algo mucho más denso, antiguo y puro. A su lado, Kai experimentó la misma metamorfosis; su presencia se volvió vasta y profunda como un océano insondable, desprendiendo una presión que habría aplastado a cualquier cultivador de rango inferior en un instante.

Lentamente, ambos abrieron los ojos. Sus pupilas destellaron con una luz divina antes de volver a la normalidad, pero el aura que los rodeaba ya no pertenecía a la esfera de los mortales. Habían cruzado el umbral. Ahora eran verdaderos Avatares Divinos.

Descendieron al suelo con una gracia sobrenatural, sintiendo el flujo del universo pulsar al unísono con los latidos de sus corazones. Ya no solo manipulaban las leyes, ahora se sentían parte de ellas.

Asher los observó con una sincera y profunda satisfacción. Aunque él mismo no podía avanzar ni una minúscula pizca en su propio cultivo marcial, se sentía genuinamente eufórico por el arrollador progreso de sus discípulos.

Después de todo, mientras más fuertes se volvieran, el constante temor de que su maldición innata los pusiera en peligro mortal disminuía en igual medida. Garantizar la supervivencia de ambos se había convertido en su máxima y absoluta prioridad. Tanto era así, que había dejado de invertir los incalculables y valiosos recursos acumulados a lo largo de sus innumerables vidas en su patético y roto cuerpo; en cambio, los había volcado por completo en Zhen y Kai, sin dudarlo ni un solo segundo.

Su preocupación por el bienestar de sus discípulos había llegado a tal extremo que también había aumentado drásticamente sus sesiones en la cámara oculta de su espacio dimensional. Aquel lugar no era un santuario de meditación, sino una cámara de castigo mil veces más atroz que cualquier infierno conocido por los mortales.

Allí, Asher no torturaba su cuerpo físico, sino directamente su alma.

Los castigos que se infligía a sí mismo causaban una agonía tan absoluta y desgarradora que habría arrastrado a la locura irreversible a la inmensa mayoría de los artistas marciales más estoicos del universo. Sin embargo, este tormento autoimpuesto era el único método que conocía para mitigar y contener los efectos residuales de su abrumadora mala suerte sobre las personas que lo rodeaban. Por esa razón, Asher había ido incrementando constantemente el tiempo que pasaba recluido en esa pesadilla.

Apretó los puños bajo la túnica, recordando los rostros que aún atormentaban sus pesadillas. No iba a permitir, bajo ninguna circunstancia, que la tragedia que le arrebató a su madre y a su hermana volviera a repetirse.

—Maestro —habló Kai, con una voz que ahora resonaba con un eco de poder celestial—. Gracias a su inconmensurable guía, finalmente hemos avanzado.

Asher asintió con satisfacción ante sus discípulos.

—Bien. Ahora es momento de que se acostumbren a su nueva fuerza —dictaminó con voz calmada—, pero dudo que este espacio dimensional sea capaz de soportar la magnitud de sus poderes. Busquemos un planeta desierto.

—Como usted ordene, Maestro —respondieron al unísono, inclinando la cabeza con profunda reverencia.

***

Cuatro meses después, Asher se encontraba flotando en medio del aire.

El escenario que se desplegaba ante sus ojos no era diferente al mismísimo infierno.

Este ya era el tercer planeta desolado que visitaban para sus entrenamientos. En cuanto a los dos anteriores… digamos que no había quedado mucho de ellos para contar la historia.

Afortunadamente, las leyes naturales de este mundo eran mucho más robustas y estables, por lo que, hasta ahora, había resistido bastante bien los embates de los dos nuevos Avatares Divinos. Sin embargo, Asher sabía perfectamente que, a este ritmo de destrucción, el planeta apenas resistiría menos de un año antes de desintegrarse en el vacío del espacio.

Bajo sus pies, la corteza terrestre se resquebrajaba y se dividía constantemente. Violentos ríos de lava emergían de las profundidades como colosales pilares de fuego ardiente, desafiando a los vientos huracanados que azotaban la atmósfera, los cuales eran completamente incapaces de sofocar el infierno desatado.

En medio de este cataclismo de escala planetaria, Asher lucía completamente imperturbable.

Por supuesto, su aparente calma soberana no se debía en absoluto a una capacidad sobrehumana para soportar estas extremas condiciones ambientales. La única razón por la que no había sido incinerado por el calor o aplastado por la presión era la robusta e invisible barrera de ki que Zhen y Kai habían erigido meticulosamente a su alrededor antes de empezar a entrenar.

De no ser por ese escudo, Asher ya habría muerto y estaría abriendo los ojos en su siguiente reencarnación.

Después de todo, la brecha de poder entre él y sus discípulos se había ampliado abismalmente una vez más. Si antes, cuando ellos apenas eran Semidioses, él se sentía como una simple hormiga intentando sobrevivir entre titanes, ahora se sentía como un minúsculo e irrelevante microorganismo flotando junto a dos soles a punto de estallar.

—Es suficiente. Pueden tomar un descanso —sentenció Asher.

Tanto Zhen como Kai detuvieron de inmediato su devastador entrenamiento, disipando sus auras mientras se reunían rápidamente cerca de su maestro, flotando en el aire enrarecido del planeta en ruinas.

—Ya controlan bien su nueva fuerza, e incluso consiguieron avanzar al segundo nivel del Reino Avatar Divino —asintió Asher con voz calmada—. Por lo tanto, como prometí, comenzaré a enseñarles a usar las Leyes Supremas.

Las expresiones de Zhen y Kai cambiaron de golpe. Intercambiaron una mirada cargada de asombro e indisimulable emoción, sintiendo que sus corazones latían con fuerza.

Asher había pensado en enseñarles estas leyes hace mucho tiempo, pero siempre había temido las catastróficas consecuencias. Después de todo, el precio por invocar estas fuerzas conceptuales era demasiado alto. Para él, usar una Ley Suprema era el equivalente exacto a que un frágil insecto intentara disparar una poderosa escopeta; inevitablemente, terminaría siendo aplastado y borrado de la existencia por el brutal retroceso un instante después.

Sin embargo, con el asombroso nivel de fuerza física y espiritual que acababan de alcanzar sus discípulos, estaba completamente seguro de que, por fin, serían capaces de soportar semejante carga sin que sus cuerpos colapsaran.

De pronto un estruendo ensordecedor interrumpio sus pensamientos. Como un meteoro de pura maldad, una figura se estrelló contra la corteza terrestre con una fuerza verdaderamente monstruosa. La onda de choque fue tan violenta que instantáneamente pulverizó el suelo ya fracturado, creando un cráter gigantesco de kilómetros de ancho que hizo saltar columnas de magma hacia el cielo. En medio del cataclismo, rodeado de una columna de polvo y humo que ocultaba el sol, emergió una figura. Su presencia, llena de un aura opresiva, se fijó en Zhen y Kai.

De pronto, un estruendo ensordecedor interrumpió sus pensamientos. Como un meteoro de pura maldad, una figura se estrelló contra la corteza terrestre con una fuerza verdaderamente monstruosa. La onda de choque fue tan violenta que instantáneamente pulverizó el suelo ya fracturado, creando un cráter gigantesco de kilómetros de ancho que hizo saltar columnas de magma hacia el cielo. En medio del cataclismo, rodeado de una inmensa nube de polvo y humo que ocultaba el sol, emergió un hombre. Su presencia, rebosante de un aura abrumadora y oscura, se fijó de inmediato en Zhen y Kai.

—Interesante —murmuró la figura, alzando la vista con una sonrisa macabra que helaba la sangre—. No creí que me encontraría tan pronto con alguien más que hubiera alcanzado el nivel Avatar Divino… e incluso son dos.

Para Zhen y Kai, las palabras de aquel sujeto encendieron todas sus alarmas. Apenas llevaban cuatro meses de entrenamiento infernal y habían logrado afianzarse orgullosamente en el segundo nivel del Reino Avatar Divino. Sin embargo, la sola presencia de este intruso les dejó muy en claro que se encontraban frente a un veterano absoluto de este reino.

La presión que Tian ejercía sobre el ambiente era densa y punzante. Su nivel de cultivo pertenecía indiscutiblemente a las etapas superiores del Reino Avatar Divino. Zhen frunció el ceño, sintiendo cómo el aire a su alrededor se volvía inusualmente pesado, obligándolo a hacer circular su ki a toda velocidad para contrarrestar la opresión. A su lado, Kai instintivamente adoptó una postura defensiva, con los músculos tensos y el rostro serio, reconociendo que enfrentaban a un monstruo que los superaba por un amplio margen de niveles.

Pero si para los dos jóvenes Avatares Divinos esto era una presión amenazante que los ponía a prueba, para Asher era un auténtico castigo universal.

Debajo de su andrajosa túnica, su frágil cuerpo de nivel Reino Tierra estaba gritando en pura agonía. Aunque la robusta barrera de ki que sus discípulos habían erigido filtraba casi la totalidad de aquella inmensa presión, la minúscula fracción que lograba colarse era suficiente para llevarlo al límite de sus fuerzas.

Sus órganos internos protestaban con cada latido, y el inconfundible sabor metálico de la sangre inundó la parte posterior de su garganta. Si la barrera de Kai y Zhen llegaba a parpadear o debilitarse aunque fuera por un milisegundo durante un posible combate, la simple onda expansiva del aura de Tian lo borraría de este mundo.

«¡Maldita sea mi estúpida suerte!», maldijo Asher furioso en sus adentros, tragándose la sangre y el dolor con una fuerza de voluntad forjada en sus innumerables vidas de sufrimiento.

Sin embargo, a los ojos de todos, su fachada permaneció inquebrantable. Mantuvo su postura relajada flotando en el aire, con el rostro inescrutable oculto bajo las sombras de su capucha, devolviéndole la mirada a Tian no como alguien que teme por su vida, sino con la fría indiferencia de un ser superior observando a una molestia pasajera.

Pero, esta vez, su farsa no funcionó.

—¡Jajaja! ¿Por qué este patético insecto se atreve a actuar de forma tan imponente? —se burló Tian, dirigiendo de golpe toda la fuerza opresiva de su aura oscura directamente hacia Asher.

La presión en el aire aumentó brutalmente. Atravesando la barrera protectora, el débil cuerpo de Asher fue incapaz de resistir y colapsó de inmediato, cayendo pesadamente sobre una rodilla mientras el oxígeno era expulsado de sus pulmones de forma violenta.

—¡¿Maestro?! —el grito ahogado de Zhen y Kai resonó al unísono. Sus rostros palidecieron de golpe, desfigurados por un pánico absoluto. Sabían perfectamente que el cuerpo de su maestro apenas rozaba el Reino Tierra, si la presión de este monstruo lograba atravesar sus defensas por completo, Asher moriría aplastado en un instante.

Sin perder una sola fracción de segundo, ambos canalizaron su ki al límite absoluto, vertiendo un violento torrente de energía pura para fortalecer la barrera que rodeaba a su maestro. El escudo invisible zumbó con fuerza, estabilizándose de golpe y bloqueando el aura asesina de Tian. Gracias a la rápida reacción de sus discípulos, la aplastante presión sobre Asher disminuyó drásticamente, permitiéndole tomar una bocanada de aire rasposo.

«Ah, maldición… Sabía que no habría forma de engañar a un verdadero Avatar Divino cara a cara», pensó Asher, apretando los dientes y temblando mientras hacía un esfuerzo sobrehumano por no desmoronarse por completo contra el suelo.

Gracias a la reciente comprensión que había adquirido al guiar el avance de sus discípulos, había entendido una cruda verdad: los sentidos físicos de un Avatar Divino rozaban la omnisciencia. Engañarlos a tan corta distancia era una tarea sencillamente imposible. Estaba absolutamente seguro de que este monstruo podía escuchar el ritmo desacompasado y errático de sus latidos, ver el enrojecimiento febril de su tez bajo la capucha a causa del esfuerzo extremo, e incluso percibir el olor metálico de la sangre que se había visto forzado a contener en su boca.

Sumado a eso, el Sentido Divino de un experto en las etapas superiores era infinitamente más agudo y refinado, desnudando cualquier ilusión espiritual y volviendo su histórica farsa prácticamente inútil. El telón había caído.

—¡Zhen! ¡Kai! ¡Esta es una orden absoluta! —gritó Asher con una urgencia desesperada, rompiendo por completo su habitual tono gélido y estoico—. ¡No duden ni un solo segundo y huyan de inmediato! ¡Este sujeto no es alguien a quien puedan enfrentar!

—Maestro —dijo Kai, con una serie de emociones indescifrables cruzando por su rostro—. Sé que es el deber fundamental de un discípulo debe ser obediente y seguir siempre las órdenes de su maestro. Pero déjeme decirle que, ahora mismo, no hay forma alguna de que lo abandonemos y huyamos para salvar nuestras vidas.

—Estoy de acuerdo. Si saliera huyendo, ya no tendría cara para seguir viviendo —dijo Zhen, apretando los puños con una determinación inquebrantable.

—Estaría demasiado avergonzado, hasta el punto de que no me atrevería a levantar a mis hijos, besar a mi esposa, o siquiera mirar mi propio reflejo sin sentir asco. Todo este poder divino que usted nos ayudó a alcanzar no sirve de absolutamente nada si lo usamos para huir como cobardes cuando más nos necesita. Preferiría que mi alma sea destruida en este mismo cráter antes que cargar con el pecado de abandonarlo.

—Ah… —suspiró Asher, sabiendo perfectamente que no tenía forma de convencerlos. La aplastante impotencia de ser incapaz de proteger a los suyos lo volvió a golpear como un mazo directo en el pecho.

Aún ni siquiera conocía las intenciones exactas de su enemigo, pero Asher conocía muy bien la maldad. En todas sus existencias había convivido estrechamente con ella, por lo que, con una sola mirada, pudo sentirla bullir en los ojos oscuros de ese hombre.

Este sujeto no tenía buenas intenciones. Sus incontables experiencias le gritaban ese hecho, y en una situación así, la única opción lógica era huir. Había aprendido con sangre que su maldita suerte siempre, invariablemente, traería el peor resultado posible.

Si algo lucía peligroso, definitivamente lo era; pero incluso si algo lucía tranquilo, había inmensas probabilidades de que terminara en una tragedia fatal. Esa era la regla fundamental que regía todas y cada una de sus existencias.

Por lo tanto, desde el segundo en que este sujeto llegó estrellándose contra el planeta, Asher nunca dudó de que traería la calamidad consigo. Aún así, tragándose su desesperación, decidió poner una minúscula y patética brizna de esperanza en su siguiente pregunta:

—¿Cuáles son tus intenciones?

Al escuchar esa pregunta, el rostro de Tian se retorció de inmediato, pasando de la diversión a una mueca de asco absoluto.

—¿Mis intenciones? —repitió Tian, y su voz resonó con un desprecio tan denso que parecía envenenar el aire—. ¿Desde cuándo un asqueroso cerdo del Reino Tierra tiene el derecho de hacerle preguntas a un Dios? El simple hecho de que te atrevas a respirar el mismo aire que yo, y encima me dirijas la palabra, ya es una blasfemia imperdonable.

—Sin embargo… —continuó Tian, cambiando su tono a uno de condescendencia sádica mientras posaba su oscura mirada sobre Zhen y Kai—. Ustedes dos son una historia muy diferente. Lograr alcanzar el Reino Avatar Divino demuestra que tienen un talento bastante decente, digno de llamar mi atención. Pero es una lástima que desperdicien su potencial arrodillándose y llamando “Maestro” a un insecto tan patético como este.

Tian extendió los brazos, mostrando una sonrisa desquiciada, exactamente con la misma actitud con la que le había ofrecido a Élis unirse a él frente a los cadáveres de su equipo.

—Estoy de un humor excepcionalmente bueno hoy, así que les haré una oferta sumamente generosa. Corten la cabeza de esta basura con sus propias manos en este mismo instante y entréguenmela. Si lo hacen, y juran arrodillarse ante mí con lealtad absoluta, les perdonaré la vida. Incluso les permitiré el honor de servirme y les mostraré el verdadero camino del poder. ¿Qué dicen? Es una oportunidad magnánima que ningún otro ser en este universo rechazaría.

El silencio que siguió a esas palabras fue sepulcral. Pero no era un silencio de duda.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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